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Música para Psicocamaleones
Resumen de opiniones y compendio de artículos musicales y literarios de JUANFRAN MOLINA
Sindicación
 
RELATO BREVE- UTOPÍA.
Pedro miraba atentamente su reloj, cuya correa presionaba con la mano derecha. Parecía querer de esta manera concretar más la hora, asegurarse de su veracidad. Su esposa, con el cabello recientemente tintado de cobrizo, le alisaba la chaqueta por detrás, le oprimía los hombros para infundirle ánimos. Salió de la habitación. Él, aún pensativo, la oía caminar ligera por el pasillo, oía el pulverizador de su perfume, utilizado diestramente, los clicks de sus pulseras cerrarse. El teléfono sonó. Paco al habla:
-¿Pedro?
-Sí
-Uff… La cosa está dura, pero saldrá, tranquilo.
-¿qué pasa?
-Va a haber que ceder más, Pedro. Dos puestos en el consejo y una dirección general. Aparte nos comprometemos a no atacar a su candidato hasta que no refuerce su posición en el partido.
-¿Nos conviene?
-Carlos es el mejor rival que podemos tener. No rebuscará más de lo necesario.
-De acuerdo. Eso me tranquiliza.
-Aún no hemos terminado.
-Llámame antes del mitin.

Clic!

-¿Era Paco cariño?, preguntó su mujer mientras terminaba de colocarse los pendientes. Pedro entrevió restos de erotismo salvaje en su leve sonrisa. Quiso poseerla. Quiso no ir al mitin. Telefoneó.
-Lorenzo, ¿puedo perderme el mitin?
-Ni lo sueñes Pedro. El pueblo te espera, la gente está a punto de caramelo.
-¿Tú crees?
-Has mejorado mucho en las encuestas. Paco está pactando.
-Ya salimos

clic!

Ella esperaba en silencio en el umbral de la puerta de entrada. Una mujer huidiza, un halo de perfume fresco y resolutivo.
-Conduce tú cariño. Paco no puede venir.
Otra vez el móvil:
-Pedro, hay que sustituir a Lorenzo.
-¿Por qué?
-Se la tienen jurada.
-Qué se te ocurre
-Buscarle colocación en la Junta. Déjamelo a mí.
-¿Todo cerrado?
-Te llamo en quince minutos.
-Ya estamos aquí.

Clic!

Pedro y su esposa bajaron del coche, una vez estacionado en un lugar reservado. Lorenzo les saludó y acompañó al interior de la sala. Pedro observó rápidamente los aplausos fatigados y esperanzados de los jubilados. La ruina de sus dientes. El endomingamiento de los líderes sindicales y sus mujeres. El brillo en los ojos de los jóvenes. Los murmullos de los afiliados que jalonaban la sala. Saludó con movimientos de cabeza y manos y se sentó a esperar su turno. El olor a tabaco le dio ganas de fumar.
El vibrador de su móvil cosquilleó su muslo derecho. Pedro se escabulló entre las sonrisas comprensivas de sus correligionarios.
-Pedro…
-Dime
-¿Cómo va?
-Ya casi me toca
-Todo cerrado
-¿Todo?
-Sí. Dentro de un rato te contaré.
-Vale. Escucho aplausos, creo que me toca. Debería largar ella.
-Ja,ja,ja.

Clic!

Pedro fue directamente al pequeño escenario. Los aplausos arreciaron, tanto que trato de amortiguarlos con las palmas de los dos brazos levantados. Observó rápidamente al público sentado en la sala que le jaleaba, los jóvenes que se amontonaban al fondo de pie, los colaboradores que ocupaban los laterales. Sonrió y alzó imperceptiblemente las cejas en dirección a su mujer. Colocó innecesariamente el micro:

-Hola amigos. Gracias ante todo por estar aquí. Antes de nada, os digo que me invade vuestra fuerza, vuestra ilusión. Y os pido algo muy importante: ¡¡ creed siempre, siempre, en la utopía!!.
Aplausos.

JUANFRAN MOLINA.
No