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Música para Psicocamaleones
Resumen de opiniones y compendio de artículos musicales y literarios de JUANFRAN MOLINA
Sindicación
 
CORCOBADO "LA VUELTA DE LA EXPRESIÓN"
Un artista es único desde el momento en que se expresa por sí mismo, por eso opino que el madrileño Javier P. Corcobado es uno de los pocos autores estrictamente necesarios, por no intercambiable, dentro del panorama musical español. Hombre de extremos, en él siempre han convivido una tendencia sonora rupturista por definición con un tratamiento cuidadoso y limpio de la voz, de la expresión del cantante; expone un punto de vista sin paliativos en el que se retuercen las posibilidades de los textos y se aborda sin tapujos la más radical sensibilidad. Cada elepé es una propuesta, un momento atrapado, un espacio peculiar, por lo que los cotejos de su carrera me parecen baldíos. Condenado al malditismo desde la primera vez que subió a un escenario, Corcobado es un reto, un reducto privado, la experiencia pura de la imaginación al servicio de la constante indagación de rincones desconocidos. Sin vuelta atrás.



Su nuevo elepé en solitario tras casi cuatro años, lo presenta sin el acompañamiento de los Chatarreros de Sangre y Cielo en la denominación, pero se rodea de muchos de los espíritus afines con los que ha compartido su carrera en los últimos catorce años. La electrónica adquiere un peso definitivo que ya se anunció en su anterior entrega, para unas composiciones siempre inquietantes y ásperas por momentos, pero que no llegan a arder en sí mismas con la frecuencia de antaño. Se abandona el desgarro y la voz no se desgañita ni se eleva al encuentro de ese dramatismo asumido como estilo, excepción hecha del final de “Dame un beso de cianuro”, y de la recreación de “Canción pequeña II”, rescatada del debut de Mar otra vez, su primera banda de peso. Aquí aparecen compañeros de viaje de aquella época como Julián Sanz, con presencia activa en toda la grabación, y las guitarras de Gabriel S. Arias y Javier Rodrigo todos miembros de aquella banda, al tiempo que nos concede la oportunidad de revivir aquel saxo dislocado y subyugante. El tratamiento esencialmente electrónico al que somete esta canción la hace mucho menos epatante que la original, porque las programaciones parecen dotar a su trabajo de un sentido del ritmo más jubiloso y liviano, menos suntuoso; una aparente placidez que provoca una expansión inusitada de los temas, los ilumina. A lo que cabe añadir la disposición de los textos, basados fundamentalmente en serenas narraciones de deseo y celebración. Así es el caso del single “Viajar”, en el que bordea la canción española, o la sedosidad pop de “Coches de choque”, “Tu alma en mí” o “Tu mar”. La balada grave de crooner anhelante y decadente se reduce a “En el bosque” y “Dame un beso de cianuro”, en la que el cantante romántico parece secundado por los taciturnos Stooges de “Fun house”, recobrando una tensión que sólo vuelve en “Maldita”, donde reactiva los desarrollos rítmicos de Cream. El bolero, menos trágico que de costumbre, aparece esta vez sabiamente envuelto en interesante contrapunto rítmico y guitarra funky en “Rumbo al corazón”, y el intérprete se deleita en incursiones jazzísticas a través del repertorio de Nat King Cole (“Nature boy”) y recreando a Vinicius de Moraes en “Apelo”.

CORCOBADO “Corcobator”(Recordings from the other side-Caroline, 1999).

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN AGOSTO DE 1.999.
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