LA BUENA VIDA “A CONTRACORRIENTE”
La trayectoria de La Buena Vida parece tener dos etapas bien diferenciadas. La primera parte prácticamente desde sus inicios como grupo hasta 1.995. Aquí entran sus dos elepés homónimos de 1.993 y 1.995, junto a algunos singles y ep´s, como el celebrado “Magnesia”, primera muestra fehaciente de su evolución compositiva. Fue un periodo éste de encasillamiento inmediato y adulación exagerada, que compartieron mayormente con los también donostiarras Le Mans y Family. Practicaban un pop inusual por estos pagos debido a su sencillez y simplicidad asumidas, con textos en castellano que contagiaban simpatía e influencias netamente británicas. Pop breve con un encanto que residía en su liviandad.
Posteriormente, la segunda etapa llega hasta hoy, presentándonos a una formación superviviente de aquella generación que al cabo dejó su media docena de trabajos fundamentales para entender el pop español de los noventa; y destaca el hecho de recibir una atención mediática inversamente proporcional a la notable madurez de sus planteamientos. Con “Soidemersol” (Siesta-Polygram, 97), llega el salto multinacional, hecho que les permite, imagino, contar con los servicios de la orquesta en toda regla que siempre habían deseado. Aquí alcanzan una serenidad que se antoja necesaria e inevitable para cualquier grupo que base su trabajo en la melodía. El pop naïf tan traído y llevado de sus primeros trabajos, crece imparable, madura de la forma más natural; la sencillez compositiva permanece, pero se muestra realzada, la recurrente orquesta espera las canciones en un segundo plano para engrandecerlas, llevarlas en volandas. Un trabajo reflexivo y melancólico, cuajado de grandes canciones, y que es, probablemente, su mejor disco.

Tras el habitual desengaño multinacional llega “Panorama”, la emotividad y serenidad siguen ahí, no se puede hablar de evolución. Pero lo que permanece vale, es una veta sin agotar. Como las rotundas misivas sentimentales y descripciones certezas que son los textos, enmarcados en una evocación que persiste indeleble, con una labor melódica y arreglística, una vez más, exquisita. Este trabajo se presenta menos inspirado y compacto que su predecesor, carece de su hilo conductor. Hay varios cortes instrumentales, más variedad rítmica, resulta más luminoso y optimista; la delicadeza pop sigue siendo su base, su aspiración. Vuelven los aires brasileños o lounge, y algo de funky, como en “Arroz amargo”. Los arreglos orquestales no desmerecen y mantienen su ya insustituible presencia. La electrónica, más o menos insinuada, y siempre tangencial, destaca en los ritmos dance de “Guillermine”, o en las programaciones de “Mi punto de vista” o “Despedida”; sin olvidar “Métronome”, el mejor instrumental del compacto, y que recuerda a Stereolab en algo más que su título. Éstas son prácticamente las mejores composiciones, a las que cabe añadir los momentos sublimes que encierran “Tormenta en la mañana de la vida” (gran título) y “Bodas de plata”; así como el corte extra no acreditado, que esconde uno de los mejores momentos de “Panorama”. JUANFRAN MOLINA.
LA BUENA VIDA “Panorama” (Siesta, 1999).
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN NOVIEMBRE DE 1.999.
Posteriormente, la segunda etapa llega hasta hoy, presentándonos a una formación superviviente de aquella generación que al cabo dejó su media docena de trabajos fundamentales para entender el pop español de los noventa; y destaca el hecho de recibir una atención mediática inversamente proporcional a la notable madurez de sus planteamientos. Con “Soidemersol” (Siesta-Polygram, 97), llega el salto multinacional, hecho que les permite, imagino, contar con los servicios de la orquesta en toda regla que siempre habían deseado. Aquí alcanzan una serenidad que se antoja necesaria e inevitable para cualquier grupo que base su trabajo en la melodía. El pop naïf tan traído y llevado de sus primeros trabajos, crece imparable, madura de la forma más natural; la sencillez compositiva permanece, pero se muestra realzada, la recurrente orquesta espera las canciones en un segundo plano para engrandecerlas, llevarlas en volandas. Un trabajo reflexivo y melancólico, cuajado de grandes canciones, y que es, probablemente, su mejor disco.

Tras el habitual desengaño multinacional llega “Panorama”, la emotividad y serenidad siguen ahí, no se puede hablar de evolución. Pero lo que permanece vale, es una veta sin agotar. Como las rotundas misivas sentimentales y descripciones certezas que son los textos, enmarcados en una evocación que persiste indeleble, con una labor melódica y arreglística, una vez más, exquisita. Este trabajo se presenta menos inspirado y compacto que su predecesor, carece de su hilo conductor. Hay varios cortes instrumentales, más variedad rítmica, resulta más luminoso y optimista; la delicadeza pop sigue siendo su base, su aspiración. Vuelven los aires brasileños o lounge, y algo de funky, como en “Arroz amargo”. Los arreglos orquestales no desmerecen y mantienen su ya insustituible presencia. La electrónica, más o menos insinuada, y siempre tangencial, destaca en los ritmos dance de “Guillermine”, o en las programaciones de “Mi punto de vista” o “Despedida”; sin olvidar “Métronome”, el mejor instrumental del compacto, y que recuerda a Stereolab en algo más que su título. Éstas son prácticamente las mejores composiciones, a las que cabe añadir los momentos sublimes que encierran “Tormenta en la mañana de la vida” (gran título) y “Bodas de plata”; así como el corte extra no acreditado, que esconde uno de los mejores momentos de “Panorama”. JUANFRAN MOLINA.
LA BUENA VIDA “Panorama” (Siesta, 1999).
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN NOVIEMBRE DE 1.999.





