Ni un domingo sin rastro
Esta mañana me he levantado tempranito para acudir con mi chica a la castiza cita dominguera con El Rastro. He de reconocer que no me he levantado de muy buena gana ya que había dormido poco y no me había dado tiempo a desayunar con mis padres. Eso me jorobó bastante y claro, como siempre (me) pasa, lo pagamos con quien más queremos.
Así pasó, que no dí los buenos días que Marina siempre se merece. Pase lo que la pase ella siempre tiene gestos cariñosos y agradables que yo, en ocasiones, no sé devolver. Pero, y sé que no sirve de excusa, los valoro todo lo que se merecen y más, e intento día a día superarme y recibir a mi chica tal y como se merece; tal y como se porta conmigo. en fín, así de "tonta" es la mente humana a veces...
Tras un buen desayuno recupero fuerzas y alegría. El mal rollito se esfuma de mi cuerpo y tras pedir perdón a Marina por mi malhumorado recibimento matutino. Ni que decir cabe que ella ya suponía que yo iba a estar así y no dió (demasiada) importancia al asunto.
Al llegar a la Plaza de Cascorro iniciamos nuestra visita, rodeados de gente, olores a pachuli e inciendo, invadidos por el maremagnum de gente y de chillidos ofreciéndonos las mejores gangas en camisetas, pantalones, joyas... Me sorprende ver el producto estrella desde hace pocos meses: "El Calcetín para el Movil". Yo no tengo ninguno, pero por lo visto hace furor entre los jóvenes madrileños.
Después de hacer las pertinentes compras (un atrapasueños, unos pendientes, dos pulseras y pipas para el hamster) nos encaminamos hacia el puesto que unos familiares de Marina tienen en el rastro. ¡¡Por fín iba a conocer a sus tíos!! La visita no pudo ser más placentera. Me sentí genial, ya que para mí fué un paso más a nivel personal. Además, con lo bien que me trataron, dí otro paso más.
Pero eso no fué todo lo que viví en esta visita. En muchos rincones podías encontrar hojas para firmar en contra del traslado del rastro. Por lo visto, nuestroi alcalde lleva tiempo barajando la idea de llevarlo fuera de su sitio histórico. Por supuesto que firmamos ya que somos de los que opinan que las tradiciones populares no se pueden quitar así como así y que, de hacerlo, sería desarraigar el mercadillo más famoso de España. Un domingo sin rastro no es un domingo, aunque no lo visites, aunque no sepas que exista... Si desaparece, un poco de nuestro pasado se borra.
En fin, NI UN DOMINGO SIN RASTRO.
Así pasó, que no dí los buenos días que Marina siempre se merece. Pase lo que la pase ella siempre tiene gestos cariñosos y agradables que yo, en ocasiones, no sé devolver. Pero, y sé que no sirve de excusa, los valoro todo lo que se merecen y más, e intento día a día superarme y recibir a mi chica tal y como se merece; tal y como se porta conmigo. en fín, así de "tonta" es la mente humana a veces...
Tras un buen desayuno recupero fuerzas y alegría. El mal rollito se esfuma de mi cuerpo y tras pedir perdón a Marina por mi malhumorado recibimento matutino. Ni que decir cabe que ella ya suponía que yo iba a estar así y no dió (demasiada) importancia al asunto.
Al llegar a la Plaza de Cascorro iniciamos nuestra visita, rodeados de gente, olores a pachuli e inciendo, invadidos por el maremagnum de gente y de chillidos ofreciéndonos las mejores gangas en camisetas, pantalones, joyas... Me sorprende ver el producto estrella desde hace pocos meses: "El Calcetín para el Movil". Yo no tengo ninguno, pero por lo visto hace furor entre los jóvenes madrileños.
Después de hacer las pertinentes compras (un atrapasueños, unos pendientes, dos pulseras y pipas para el hamster) nos encaminamos hacia el puesto que unos familiares de Marina tienen en el rastro. ¡¡Por fín iba a conocer a sus tíos!! La visita no pudo ser más placentera. Me sentí genial, ya que para mí fué un paso más a nivel personal. Además, con lo bien que me trataron, dí otro paso más.
Pero eso no fué todo lo que viví en esta visita. En muchos rincones podías encontrar hojas para firmar en contra del traslado del rastro. Por lo visto, nuestroi alcalde lleva tiempo barajando la idea de llevarlo fuera de su sitio histórico. Por supuesto que firmamos ya que somos de los que opinan que las tradiciones populares no se pueden quitar así como así y que, de hacerlo, sería desarraigar el mercadillo más famoso de España. Un domingo sin rastro no es un domingo, aunque no lo visites, aunque no sepas que exista... Si desaparece, un poco de nuestro pasado se borra.
En fin, NI UN DOMINGO SIN RASTRO.






