nuit
La noche me acompaña vaya a donde vaya, es tan silenciosa y afable que me permite oír el ritmo de mis pasos, la armonía de mi respiración.
El miedo es comprensible pero inadecuado, al fin y al cabo pasajero si poseo cautela
Nadie es para mi y todo es mío. Llego a casa, me acerco a la nevera y bebo directamente de la botella de agua, agua fría. Me siento en el sofá y me quito los zapatos, justo después me dirijo al lavabo olvidando el paradero final de mi calzado y mis bártulos. Me bajo los pantalones, las bragas y me siento en la taza, dejo la puerta abierta como de costumbre. Poco tardo en escuchar el chincheteo de las uñas de mi perra al pisar el suelo. Llega delante de mi, se sienta y levanta su cabeza, me mira con sus grandes ojos negros, brillantes, y cuando escucha mis palabras “Què passa Lluna?” se sube a dos patas al bidé mirando fijamente el grifo. Le abro el agua. Ella bebe y yo orino. Acabamos a la vez y le limpio el morro, tiro el papel y cuando se va me limpio yo.
Salgo del lavabo, giro a la izquierda, son las 12. Mañana no hay que madrugar, ¿Qué tal un helado y unas vacaciones en Roma?
El miedo es comprensible pero inadecuado, al fin y al cabo pasajero si poseo cautela
Nadie es para mi y todo es mío. Llego a casa, me acerco a la nevera y bebo directamente de la botella de agua, agua fría. Me siento en el sofá y me quito los zapatos, justo después me dirijo al lavabo olvidando el paradero final de mi calzado y mis bártulos. Me bajo los pantalones, las bragas y me siento en la taza, dejo la puerta abierta como de costumbre. Poco tardo en escuchar el chincheteo de las uñas de mi perra al pisar el suelo. Llega delante de mi, se sienta y levanta su cabeza, me mira con sus grandes ojos negros, brillantes, y cuando escucha mis palabras “Què passa Lluna?” se sube a dos patas al bidé mirando fijamente el grifo. Le abro el agua. Ella bebe y yo orino. Acabamos a la vez y le limpio el morro, tiro el papel y cuando se va me limpio yo.
Salgo del lavabo, giro a la izquierda, son las 12. Mañana no hay que madrugar, ¿Qué tal un helado y unas vacaciones en Roma?