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Sindicación
 
Al saber le llaman suerte.
¡Que suerte tienes! Quién te iba a decir a ti que terminarías en este puesto de empleo, quien te iba a decir que al final te serviría para tanto. Ya quisieran muchos tener la suerte que tienes tú.
Suerte, suerte, le llaman suerte porque me desprecian, porque no me valoran, porque no creen en mis propias capacidades, no se dan cuenta que todo lo que tengo lo he conseguido por mis esfuerzos en la vida.
Suerte es comprar un boleto de lotería y que salga el número que has comprado. Pero trabajar duramente ¿es suerte?. Yo he trazado mi camino, yo elegí ir hacia donde estoy, si me hubiera quedado haciendo otras cosas o simplemente me quedara quejándome por la vida que me ha tocado y la “mala suerte” no dirían que suerte has tenido.
Y entonces me he acordado de él, el fue mi amante hace algunos bastantes años.
-¿viste? Que suerte tengo, le dije yo.
-¿suerte? Al saber le llaman suerte, tú no tienes suerte, tú tienes saber, sabes hacer las cosas y por eso consigues lo que quieres. Él fue el primero que me hizo ver que utilizamos la palabra suerte en lugar de la de saber.
Claro que si además de “saber” tuviera “suerte”, entonces ya sería la leche.

Al pensar en él me he quedado unos minutos recordando el beso que me dio en lo alto de la Tour Effiel, me he deleitado por unos minutos volviendo a ese momento. Su novia siempre tuvo celos de mí y por eso al final tuve que romper todo tipo de relación, no había cabida para una amistad siquiera, teniendo él a su lado una mujer así.
Estábamos en una comida, la conversación de moda era lo grande que la tenía el conde Lequio. Ella dijo que la de su novio era mayor y que si no se lo creían me preguntaran a mí, que yo la conocía perfectamente. Supongo que fue un poco de venganza por su parte dejar que todo el mundo supiera que yo me había acostado con él. Él se había ido al baño y yo la miré con odio y me fui.
Cuando me lo volví a encontrar iba con su hermano en el coche, me preguntó que me pasaba con él y yo le dije,
-contigo nada, pero no me apetece ir a fiestas en las que tu novia le diga a los presentes que pueden corroborar lo grande que la tienes preguntándome a mí.
-¿Qué dices?
-nada adiós, si algún día lo dejas con ella y quieres que volvamos a ser amigos, llámame. Y seguí de largo consciente de que él no tenía ni idea de lo que hablaba.
Solo iba a hablar de suerte y saber, pero al final se me ha colado otra historia.
 
Comentario:
La teoría es que, mas o menos, conoces a cinco personas que conocen a cinco personas que conocen a cinco personas que conocen a cinco personas... y así sucesivamente hasta romper la cabeza. Menos mal que antes de que eso suceda una de esas cinco personas que conoce a cinco personas que conocen a cinco personas.. Te conocerá, con lo cual se demostrara que todos en mayor o menor medida, somos conocidos.

Algunos mas que otros, claro

(me va a estallar la cabeza)
 
Comentario:
Eso de a cinco personas de distancia de otra persona suena muy tentador.
y yo creo que no.......que no me conoces.
 
Comentario:
suerte...
otros lo llaman casualidad; o destino.

por otra parte, hay quienes sostienen que todos estamos a 5 personas de distancia de otra persona cualquiera. y yo.... yo creo que te conozco.

No