dudosa

¿Por qué había de hacer lo que no quería? Era una buena propuesta pero se le ponía la mosca detrás de la oreja.
No poder tener ante sí todas las variables la desconcertaba y hacía tomar el camino de regreso.
No era una oportunidad que dejaba pasar.
Oportunidades ya no esperaba.
La vida ya había tomado su curso y tal como iban las cosas le bastaba y le sobraba.
En principio de un juego se trataba.
No pondría en cuestión los apoyos en que sustentaba su vida.
Hacer juegos malabares, no le podría llevar más que al peor de los lugares.
Sus necesidades estaban sobradamente cubiertas y se jactaba de vivir de pocas necesidades. Que si no se creaban con poca cosa se podía pasar.
Sentimientos arrancaba a través de notas y versos que componían canciones para ella y alguien más.
Tuvo sueños, pero no estos. La vida le fue tapando caminos de deseo que nunca fueron visitados.
Desmoronada en quimeras un buen día descubrió que escribir alivia el alma, dejando salir la tristeza que se cuela entre espacios de lo que no se quiere decir.
Se pelea con la tecla y cada día más afortunada tira del hilo de Ariadna consiguiendo logros que antaño ni tan siquiera soñaba.
De las mieles que no tuvo construye retratos de color pastel y enreda entre sus letras gestos de los que ni siquiera se hubiera atrevido a consentir.
La muerte próxima la atrae al eros que en su cuerpo toma cima.
Ella sabe porque si algo preside su vida es una mente dispuesta que anticipa.
Su cuerpo es de los que naturaleza no priva.
Dicen que si más joven. Que no aparenta los años, pero sabe que debe mantenerse en la distancia que ese juego ya ha pasado de largo.
Si tuviera ese momento en su mano lo viviría distinto, pero la vida es así, cuando la juventud te ofrece te falta experiencia y cuando has vivido te falta fuerza.
Recreará con cantos de sirena, consiguiendo y atrayendo a su vera sin poder abrir el manto o velo que deberá hacer de frontera.
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