Trilogía (Relato)
Era una tarde de invierno de esas en las que no aciertas la cantidad de ropa con la que salir de tu casa y tienes un frío que te ha calado hasta los huesos. Volvía de clase por el camino de siempre, andando a paso ligero en un vano intento de entrar en calor. Tampoco ayudaban las manos en los bolsillos ni el cuello encogido. A mi lado pasaban coches llenos de gente que, en el hipotético caso de que sintieran el mismo frío que yo, al menos llegarían a sus cálidas casas bastante antes que yo.
-Oye, ¿te llevo?
Una voz se dirigió a mi persona. Provenía del coche que en esos momentos estaba a mi izquierda. Me agaché con la curiosidad de ver quien era el conductor (por la voz conductora) que me hacía ese ofrecimiento. Era una chica de mi facultad a la que conocía de vista y a la que había podido ver en algunas ocasiones en la misma línea de autobús que me lleva a mi casa.
-¿Cómo?
Esa fue mi ocurrente contestación. Un cómo con entonación de desconcierto. Mi conciencia no paraba de insultarme por mi imbecilidad.
-Si quieres que te lleve.- sorprendentemente reiteró su oferta –Antes te veía de vez en cuando en el autobús así que imagino que tienes que vivir cerca de mí.
-No puedo menos que aceptar y agradecerte el gesto- me felicité por mi primera frase bien construida y sin cara de asombro.
Monté rápidamente en el coche ya que estábamos molestando a la circulación.
-Muchas gracias de nuevo- dije una vez sentado en el asiento del copiloto, y es que es de bien nacidos ser agradecido –Si no me llegas a recoger lo más seguro es que hubiese muerto de hipotermia.
Ella rió mi broma fácil.
Durante el camino nos presentamos. Escuché con fingida sorpresa su nombre, aunque ya lo sabía (con el tiempo ella me reconoció que actuó igual). Tuvimos una conversación estándar sobre estudios, asignaturas y tiempo libre.
Llegó el momento de bajarme. Me quité el cinturón y antes de abrir la puerta le dije:
-Quisiera agradecerte este viaje invitándote a cenar cuando quieras, ¿te parece?
-Claro, como no.
Nos intercambiamos los teléfonos y todo siguió adelante hasta hoy.
Así es como conocí a vuestra madre.
Por aquella época todos mis conocidos tenían carné de conducir. Todo el mundo excepto yo. Tenía la mentalidad de que antes leer cualquier libro que el de la autoescuela. Pero necesitaba el carné así que no me quedó más remedio que apuntarme a un intensivo.
El intensivo es algo muy triste. Un grupo de no menos de quince personas en una habitación lo suficientemente grande como para que quepan veinte ordenadores, delante de cada uno de los cuales se sienta una persona que pasa todo el tiempo haciendo tests sin mantener ningún tipo de contacto con las personas que tiene sentadas a su alrededor.
Ese día llegué a la autoescuela un rato antes para estar más tiempo amargándome haciendo pruebas.
Conforme me acercaba distinguí que una de mis “compañeras de clase” estaba en la puerta fumando un cigarro. Mi oportunidad de socializar. Cuando llegué a su altura ya me había dado tiempo a preparar una frase.
-Echando un cigarro antes de recluirnos en el ordenador, ¿te importa que me una?
-Claro que no.- me contestó
Encendí un cigarro como con desgana.
-¿No te parecen muy tristes estas clases con todo el mundo ahí sentado sin hablar para nada, sólo mirando al ordenador?- pregunté -Creo que si el curso durase más de 10 días alguno acabaría pegándose un tiro.
-Si que es verdad.- me contestó –Con lo que me gusta hablar a mí se me hace muy largo el tiempo que estoy aquí, pero el carné me lo paga la empresa y me hace falta así que no me queda más remedio.
-Pues sí.- frase típica de transición en lo que piensas algo
Seguimos fumando mirando el tráfico y la gente pasar.
-¿Y si nos tomamos la tarde de descanso?- propuse – Por el hecho de hacer siete u ocho tests menos y tomarnos un café no va a pasar nada.
-Un buen plan con el que escabullirnos.- me contestó con una sonrisa en la cara.
Fue el momento de mayor espontaneidad que he tenido con una mujer en mi vida. Y me sirvió para conocer a vuestra madre.
Esa noche salí con los amigos simplemente porque las ganas de quedarme en casa eran menores que las de salir.
Fue una noche en la que hicimos las mismas cosas que hacíamos de adolescentes pero con una edad cercana a la treintena. Para cuando terminamos de beber en la calle raro era el que no estaba seriamente perjudicado. Luego tuvimos la típica discusión sobre a qué sitio entrar. Muchas eran las opciones y ninguno era el líder que dirigiese a la tropa a su destino. No me quedó más remedio que en erigirme como el cabecilla y encaminarnos dónde se me antojó.
La misma cola insufrible de siempre. Los mismos porteros rumanos de siempre. La misma clavada con el precio de la entrada de siempre. Y una vez dentro todo igual que siempre. Todo menos ella.
Era una mujer que me resultaba familiar. Trabajaba en el mismo bloque de oficinas en el que yo hice prácticas durante un año. A menudo me cruzaba con ella en el hall, o esperando uno de los ascensores. Eran solo segundos o en el mejor de los casos algún minuto pero no desaprovechaba el tiempo para recrearme mirándola.
Y por puro azar estaba allí. Simplemente me acerqué a ella y le dije:
-Perdona, ¿puedo hablar contigo?
Ella dejó de bailar, asintió con la cabeza y comenzó a prestarme atención.
-Verás no nos conocemos, pero durante un tiempo trabajamos en el mismo edificio. Me llamabas mucho la atención pero nunca intenté nada. Tengo ese defecto, que no me arriesgo por las cosas que me interesan. Luego dejé de trabajar allí y no te volví a ver hasta hoy. Y hoy no me permitiría no conocerte, porque si no te conociera hoy estaría eternamente enfadado conmigo mismo por no haberlo hecho. Supongo que ahora estarás muy sorprendida. No creo que nadie te haya entrado así nunca. Pero no quiero que te veas en la obligación de nada, ni presionada por nada así que me voy a limitar a apuntarte mi número de móvil. No tienes que llamarme si no quieres. Yo, al menos, he hecho lo suficiente como para acallar mi conciencia.
Me fui del local sin darle tiempo a nada, aunque sinceramente se quedó con cara de no tener palabras. Cuando a los pocos días me llamó me dijo que, efectivamente, nadie la había entrado así, con ese respeto y sinceridad. Quería que nos viésemos para conocernos.
Afortunadamente así conocí a vuestra madre.
Saludos
P.D. Aquí está el post más largo que he escrito nunca.
-Oye, ¿te llevo?
Una voz se dirigió a mi persona. Provenía del coche que en esos momentos estaba a mi izquierda. Me agaché con la curiosidad de ver quien era el conductor (por la voz conductora) que me hacía ese ofrecimiento. Era una chica de mi facultad a la que conocía de vista y a la que había podido ver en algunas ocasiones en la misma línea de autobús que me lleva a mi casa.
-¿Cómo?
Esa fue mi ocurrente contestación. Un cómo con entonación de desconcierto. Mi conciencia no paraba de insultarme por mi imbecilidad.
-Si quieres que te lleve.- sorprendentemente reiteró su oferta –Antes te veía de vez en cuando en el autobús así que imagino que tienes que vivir cerca de mí.
-No puedo menos que aceptar y agradecerte el gesto- me felicité por mi primera frase bien construida y sin cara de asombro.
Monté rápidamente en el coche ya que estábamos molestando a la circulación.
-Muchas gracias de nuevo- dije una vez sentado en el asiento del copiloto, y es que es de bien nacidos ser agradecido –Si no me llegas a recoger lo más seguro es que hubiese muerto de hipotermia.
Ella rió mi broma fácil.
Durante el camino nos presentamos. Escuché con fingida sorpresa su nombre, aunque ya lo sabía (con el tiempo ella me reconoció que actuó igual). Tuvimos una conversación estándar sobre estudios, asignaturas y tiempo libre.
Llegó el momento de bajarme. Me quité el cinturón y antes de abrir la puerta le dije:
-Quisiera agradecerte este viaje invitándote a cenar cuando quieras, ¿te parece?
-Claro, como no.
Nos intercambiamos los teléfonos y todo siguió adelante hasta hoy.
Así es como conocí a vuestra madre.
Por aquella época todos mis conocidos tenían carné de conducir. Todo el mundo excepto yo. Tenía la mentalidad de que antes leer cualquier libro que el de la autoescuela. Pero necesitaba el carné así que no me quedó más remedio que apuntarme a un intensivo.
El intensivo es algo muy triste. Un grupo de no menos de quince personas en una habitación lo suficientemente grande como para que quepan veinte ordenadores, delante de cada uno de los cuales se sienta una persona que pasa todo el tiempo haciendo tests sin mantener ningún tipo de contacto con las personas que tiene sentadas a su alrededor.
Ese día llegué a la autoescuela un rato antes para estar más tiempo amargándome haciendo pruebas.
Conforme me acercaba distinguí que una de mis “compañeras de clase” estaba en la puerta fumando un cigarro. Mi oportunidad de socializar. Cuando llegué a su altura ya me había dado tiempo a preparar una frase.
-Echando un cigarro antes de recluirnos en el ordenador, ¿te importa que me una?
-Claro que no.- me contestó
Encendí un cigarro como con desgana.
-¿No te parecen muy tristes estas clases con todo el mundo ahí sentado sin hablar para nada, sólo mirando al ordenador?- pregunté -Creo que si el curso durase más de 10 días alguno acabaría pegándose un tiro.
-Si que es verdad.- me contestó –Con lo que me gusta hablar a mí se me hace muy largo el tiempo que estoy aquí, pero el carné me lo paga la empresa y me hace falta así que no me queda más remedio.
-Pues sí.- frase típica de transición en lo que piensas algo
Seguimos fumando mirando el tráfico y la gente pasar.
-¿Y si nos tomamos la tarde de descanso?- propuse – Por el hecho de hacer siete u ocho tests menos y tomarnos un café no va a pasar nada.
-Un buen plan con el que escabullirnos.- me contestó con una sonrisa en la cara.
Fue el momento de mayor espontaneidad que he tenido con una mujer en mi vida. Y me sirvió para conocer a vuestra madre.
Esa noche salí con los amigos simplemente porque las ganas de quedarme en casa eran menores que las de salir.
Fue una noche en la que hicimos las mismas cosas que hacíamos de adolescentes pero con una edad cercana a la treintena. Para cuando terminamos de beber en la calle raro era el que no estaba seriamente perjudicado. Luego tuvimos la típica discusión sobre a qué sitio entrar. Muchas eran las opciones y ninguno era el líder que dirigiese a la tropa a su destino. No me quedó más remedio que en erigirme como el cabecilla y encaminarnos dónde se me antojó.
La misma cola insufrible de siempre. Los mismos porteros rumanos de siempre. La misma clavada con el precio de la entrada de siempre. Y una vez dentro todo igual que siempre. Todo menos ella.
Era una mujer que me resultaba familiar. Trabajaba en el mismo bloque de oficinas en el que yo hice prácticas durante un año. A menudo me cruzaba con ella en el hall, o esperando uno de los ascensores. Eran solo segundos o en el mejor de los casos algún minuto pero no desaprovechaba el tiempo para recrearme mirándola.
Y por puro azar estaba allí. Simplemente me acerqué a ella y le dije:
-Perdona, ¿puedo hablar contigo?
Ella dejó de bailar, asintió con la cabeza y comenzó a prestarme atención.
-Verás no nos conocemos, pero durante un tiempo trabajamos en el mismo edificio. Me llamabas mucho la atención pero nunca intenté nada. Tengo ese defecto, que no me arriesgo por las cosas que me interesan. Luego dejé de trabajar allí y no te volví a ver hasta hoy. Y hoy no me permitiría no conocerte, porque si no te conociera hoy estaría eternamente enfadado conmigo mismo por no haberlo hecho. Supongo que ahora estarás muy sorprendida. No creo que nadie te haya entrado así nunca. Pero no quiero que te veas en la obligación de nada, ni presionada por nada así que me voy a limitar a apuntarte mi número de móvil. No tienes que llamarme si no quieres. Yo, al menos, he hecho lo suficiente como para acallar mi conciencia.
Me fui del local sin darle tiempo a nada, aunque sinceramente se quedó con cara de no tener palabras. Cuando a los pocos días me llamó me dijo que, efectivamente, nadie la había entrado así, con ese respeto y sinceridad. Quería que nos viésemos para conocernos.
Afortunadamente así conocí a vuestra madre.
Saludos
P.D. Aquí está el post más largo que he escrito nunca.
Comentario:
...po cualquiera vale no pixa? Weno Conseglieri que pases Felices Fiestas.He saldado mi deuda contigo, de momento.
Comentario:
Hola!! Me ha gustado mucho tu relato! Muy entretenido y curioso!
Bss!
Bss!
Comentario:
Pues ha merecido la pena tu post más largo, XDDD
Mil besos y buen finde!
Mil besos y buen finde!
Comentario:
Hola! antes pasaba mucho por aquí, pero cerré el blog y, aunque despues abrí otro, dejé de visitar muchos de los links que tenia. hoy he visto un enlace tuyo en el blog de "parte de mi"
me ha gustado el post, jejee
saludos
me ha gustado el post, jejee
saludos
Comentario:
Se demuestra que estás hecho un putero...
Enhorabuena, me parece muy acertado.
Un abrazo!
Enhorabuena, me parece muy acertado.
Un abrazo!
Comentario:
bastante bueno, me ha gustado mucho. Un paso más cerca del premio planeta.
Comentario:
wenas!!!
hoy voy a ser la primera jaja
este relato si que me gusta.......
Un Saludo!
hoy voy a ser la primera jaja
este relato si que me gusta.......
Un Saludo!





