La venganza se sirve fría (Relato)
Mi historia de venganza, como la gran mayoría, parte de sentimentos bajos y rastreros como son el odio y la envidia. La historias de venganzas por honor son solo parte de los libros y los cuentos y leyendas para niños. El ser humano es (somos. Soy) mucho más simple que eso y hace demasiado tiempo que desterró la palabra honor de su diccionario como para recordarla, y menos para una venganza. Al leer esto os preguntareis qué tiene entonces de especial mi historia. Es cierto no tiene nada de especial, ni siquiera es novedosa, incluso es probable que hayais oído alguna parecida pero dicen que todo hombre tiene una historia que contar. Y, si dentro de un largo tiempo me pidiesen que contase alguna, supongo que sería esta.
Nos conocimos cuando eramos unos críos en el colegio. Durante esos años no eramos ni tan siquiera amigos. Simplemente compartiamos clase y cruzabamos las palabras justas y necesarias, es decir, nada más allá de "Déjame un bolígrafo" y poco más. Con la llegada de la pubertad me empecé a sentir atraido por ella, pero esa atracción se hacía extensible también al resto de chicas de la clase y practicamente a las del resto del mundo (por aquello de la efervescencia de las hormonas)
Os ahorraré los detalles del como, pero el caso es que empazamos a salir el último año de secundaría, el justamente anterior a empezar la universidad. Era mi primera relación "seria" así que podeis haceros una idea de la ilusión con la que la tomé. Todos hemos pasado por eso, así que no podría deciros nada que no sepais. Pero como todas las historias esa terminó. Para ser concretó la terminó ella. No importá con qué excusa (todos las rupturas se hacen con excusas). Lo que importá es que dolió. Y como pasa con estas cosas el dolor se convirtió en odio de una manera rápida y natural.
La universidad, luego el trabajo, el tiempo y mi odio nos separaron aún más. Supongo que para ella me convertí en otra cara más en las fotos de clase. Para mi era el foco de las iras de esa parte de mi que se había quedado en la adolescencia.
Pero el azar quiso que nuestros caminos se volvieran a cruzar. Y ahí vi mi oportunidad. Todo empezó cun un café, al que la invité con la excusa (una vez más las excusas) de ponernos al día. Habían pasado años y ambos pasabamos la treintena. Ella se había casado, tenía dos hijos, un matrimonio feliz y ejercía de ama de casa a pesar de haber terminado brillantemente sus estudios. "Cada uno elije su vida" me dijo "y yo prefiero estas con mis hijos" Yo me limitaba a escuchar. En todos esos años había ganado experiencia en el trato con las mujeres y sabía mostrame encantador.
Ese primer café llevó a otros, en los que había cada vez conversaciones más y más personales. Me había ganado su confianza. Era su confidente. El mejor que podía tener ya que no me relacionaba con nadie de su círculo ni familiar ni de amistad. Como sabeis todos los matrimonios tienen un resquicio, algo en lo que no encajan perfectamente, y yo encontré el suyo. Más bien ella me lo mostró. Desde que había tenido a su segundo hijo, ella pensaba que él no la veia igual de atractiva que antes. Así que aproveché ese resquicio para introducirme en él hasta convertirlo en un gran barranco.
A los pocos meses era su amante. Era como un gusano dentro de una manzana, comiendola poco a poco desde dentro. Llegados a ese punto la manejaba como quería: descuidaba sus labores del hogar, conyugales y, lo que es peor, con sus hijos. Recuerdo que en más de una ocasión la llamron del colegio para que fuese a recoger a sus hijos mientras estaba todavía entre las sabanas de mi cama.
Mi jugada maestra llegó cuando la convencí para que dejara a su marido y viniera a vivir conmigo. Convencerla fue más dificil de lo que pensaba, pero lo hizo. Le contó toda la verdad a su marido una mañana y esa misma noche se acostaba conmigo con sus maletas al pie de la cama.
Solo esperé un par de meses para decirle que quería dejarlo. ¿Mi excusa? Que habiamos ido demasiado rápido (realmente había sido yo el que había marcado el ritmo de la relación) Pero era tal el grado de amor que sentía por mi que no le permitía ni siquiera ver esa realidad tan a la vista. Se hechó ella misma la culpa, me dijo que cambiaría, me suplicó con lágrimas en los ojos.
Pero mi venganza se había culminado. Se había quedado si marido, había abandonado a sus hijos por un hombre, no tenía casa. Había perdido su vida. Yo seguía igual que antes de conocerla.
Y esta es mi historia. Supongo que ahora me considerareis una especia de monstruo. No me importa. Cuando planeas algo durante tanto tiempo solo te importa que salga bien, no lo que opinen los demás. Tambien pensareis que mi venganza fue desproporcionada. Es probable, pero ese odio había cobrado vida en mi interior y su hambre de venganza era inmenso y solo podía ser saciado con algo euivalente a su hambre.
¿Remordimientos? Ninguno. La venganza elimina cualquier sentimiento de remordimiento. Elimina cualquier rastro de empatía. Elimina cualquier resto de humanidad.
Saludos.
Nos conocimos cuando eramos unos críos en el colegio. Durante esos años no eramos ni tan siquiera amigos. Simplemente compartiamos clase y cruzabamos las palabras justas y necesarias, es decir, nada más allá de "Déjame un bolígrafo" y poco más. Con la llegada de la pubertad me empecé a sentir atraido por ella, pero esa atracción se hacía extensible también al resto de chicas de la clase y practicamente a las del resto del mundo (por aquello de la efervescencia de las hormonas)
Os ahorraré los detalles del como, pero el caso es que empazamos a salir el último año de secundaría, el justamente anterior a empezar la universidad. Era mi primera relación "seria" así que podeis haceros una idea de la ilusión con la que la tomé. Todos hemos pasado por eso, así que no podría deciros nada que no sepais. Pero como todas las historias esa terminó. Para ser concretó la terminó ella. No importá con qué excusa (todos las rupturas se hacen con excusas). Lo que importá es que dolió. Y como pasa con estas cosas el dolor se convirtió en odio de una manera rápida y natural.
La universidad, luego el trabajo, el tiempo y mi odio nos separaron aún más. Supongo que para ella me convertí en otra cara más en las fotos de clase. Para mi era el foco de las iras de esa parte de mi que se había quedado en la adolescencia.
Pero el azar quiso que nuestros caminos se volvieran a cruzar. Y ahí vi mi oportunidad. Todo empezó cun un café, al que la invité con la excusa (una vez más las excusas) de ponernos al día. Habían pasado años y ambos pasabamos la treintena. Ella se había casado, tenía dos hijos, un matrimonio feliz y ejercía de ama de casa a pesar de haber terminado brillantemente sus estudios. "Cada uno elije su vida" me dijo "y yo prefiero estas con mis hijos" Yo me limitaba a escuchar. En todos esos años había ganado experiencia en el trato con las mujeres y sabía mostrame encantador.
Ese primer café llevó a otros, en los que había cada vez conversaciones más y más personales. Me había ganado su confianza. Era su confidente. El mejor que podía tener ya que no me relacionaba con nadie de su círculo ni familiar ni de amistad. Como sabeis todos los matrimonios tienen un resquicio, algo en lo que no encajan perfectamente, y yo encontré el suyo. Más bien ella me lo mostró. Desde que había tenido a su segundo hijo, ella pensaba que él no la veia igual de atractiva que antes. Así que aproveché ese resquicio para introducirme en él hasta convertirlo en un gran barranco.
A los pocos meses era su amante. Era como un gusano dentro de una manzana, comiendola poco a poco desde dentro. Llegados a ese punto la manejaba como quería: descuidaba sus labores del hogar, conyugales y, lo que es peor, con sus hijos. Recuerdo que en más de una ocasión la llamron del colegio para que fuese a recoger a sus hijos mientras estaba todavía entre las sabanas de mi cama.
Mi jugada maestra llegó cuando la convencí para que dejara a su marido y viniera a vivir conmigo. Convencerla fue más dificil de lo que pensaba, pero lo hizo. Le contó toda la verdad a su marido una mañana y esa misma noche se acostaba conmigo con sus maletas al pie de la cama.
Solo esperé un par de meses para decirle que quería dejarlo. ¿Mi excusa? Que habiamos ido demasiado rápido (realmente había sido yo el que había marcado el ritmo de la relación) Pero era tal el grado de amor que sentía por mi que no le permitía ni siquiera ver esa realidad tan a la vista. Se hechó ella misma la culpa, me dijo que cambiaría, me suplicó con lágrimas en los ojos.
Pero mi venganza se había culminado. Se había quedado si marido, había abandonado a sus hijos por un hombre, no tenía casa. Había perdido su vida. Yo seguía igual que antes de conocerla.
Y esta es mi historia. Supongo que ahora me considerareis una especia de monstruo. No me importa. Cuando planeas algo durante tanto tiempo solo te importa que salga bien, no lo que opinen los demás. Tambien pensareis que mi venganza fue desproporcionada. Es probable, pero ese odio había cobrado vida en mi interior y su hambre de venganza era inmenso y solo podía ser saciado con algo euivalente a su hambre.
¿Remordimientos? Ninguno. La venganza elimina cualquier sentimiento de remordimiento. Elimina cualquier rastro de empatía. Elimina cualquier resto de humanidad.
Saludos.
Etiquetas: remordimientos venganza
Comentario:
Siento discrepar contigo Maktub, pero el odio es necesario. Si todo fuera de color de rosa, no valoraríamos los buenos momentos porque no habría nada malo. A veces hay que tocar fondo para poder ascender más rapido... como las montañas rusas
Comentario:
Si es un relato ficticio me parece magistral lo bien que has transmitido la sensacion tan "asquerosa" y fría del odio. Si en realidad has sentido eso alguna vez..., pues qué lástima.
El odio no deberiá existir, es el gran mal del mundo, junto con la envidia.
Pero sin duda, escribes muy bien.
Un beso!
El odio no deberiá existir, es el gran mal del mundo, junto con la envidia.
Pero sin duda, escribes muy bien.
Un beso!
Comentario:
Lo has conseguido, transmitir esa frialdad que se siente al estar encegado por un sentimiento tan intenso como el odio, cuando nada tiene más importancia que llegar al punto que todo ese cálculo matematico de los hechos te ha hecho imaginar...la piel de gallina me has puesto.
Y después de leer todos tus post, aparte de decirte que si no quieres plantar un árbol, ni tener un hijo, por lo menos deleita este aburrido y gris mundo con un libro, te digo que voy a poner en favoritos.
Y después de leer todos tus post, aparte de decirte que si no quieres plantar un árbol, ni tener un hijo, por lo menos deleita este aburrido y gris mundo con un libro, te digo que voy a poner en favoritos.
Comentario:
Esa venganza que has descrito con tanta brillantez cómo frialdad, raya lo patológico, en cualquier caso es un signo de madurez no depender de la consumación de una venganza y de humanidad saber perdonar.
Comentario:
creo q todos tenemos un poco de ese tipo, no se puede juzgar a nadie, el dolor q t produce el salir de una relacion siguiendo amando a esa persona hace que no pienses racinalmente, sino q ese come come, se queda ahí... siempre, hasta q quizas tu reacciones, o tu venganza culmine... yo he sido muchas veces ese tipo.
Comentario:
ay ay ay...real como la vida...
rezumas talento.
besos.
rezumas talento.
besos.
Comentario:
Todos tenemos un gusano dentro; unas veces sale, otras no. Mientras no me coma por dentro todo irá bien...
Comentario:
Me has puesto los vellos de punta, eres el mejor.
Sigue así.
Gracias por todo.
Sigue así.
Gracias por todo.





