Los Lunes
La época de Bocattera pasó. Al final sí que me echaron, aunque como siempre me moví (aunque en este caso con la inestimable ayuda de mi cuñada) para conseguir un curro antes de que hubiera pasado una semana. Así que acabé de vigilante en un museo. Y sí, es infinitamente mejor que el trabajo anterior.
Solo tengo un día de fiesta... además, el Lunes... pero las cosas como son, voy muuuuuuy descansada. Que no hago ni el huevo, vamos. Acostumbrada como estaba a correr como una desesperada, estresarme por si no se vendía, sacar tiempo de mi tiempo libre para intentar buscar soluciones... la verdad es que el cambio fue difícil al principio. Me sentía culpable porque me pagan por no estar haciendo nada, pero tres o cuatro libros más tarde, ventilados en la primera semana hicieron cambiar mi opinión. Dios bendiga los trabajos cómodos.
Ahora hemos cogido una nueva costumbre: los Lunes baja mi madre a verme y pasamos el día juntas. No todos, claro. El Lunes pasado no pudo venir porque estaba ocupada comprándole un consolador a la camarera de un restaurante que regenta un amigo suyo. Y lo digo así, a lo burro. Porque es lo que fue. ¿O es que es normal que tu madre te diga que no viene porque tiene que comprarle un consolador a alguien?
"Nada, mamá" le dije por teléfono "no te preocupes. Si la semana que viene tienes que comprarle lubricante a alguien o unas bolas chinas... Con libertad, lo primero es lo primero"
Solo se le escuchó un "cabrona" en medio de las risas.
Pero ayer sí que cumplió con la cita de los Lunes y me explicó como le había regalado el consolador a la chica. "Parecía que le había dado un pasmo... Comenzó a temblar y todo"
No pude evitar pensar que quizás, cansada de esperar, la chica en cuestión se había agenciado ya un aparatejo... y lo llevaba puesto y enchufado. Mal pensada que es una.