Cuento
En ocasiones...
En ocasiones se miraba en el espejo y notaba que le dolía el pecho. No era como esas veces en que se peinaba o se pintaba guiándose por su reflejo. Pasaba por el lado de un escaparate y por un segundo, una fracción de segundo, se veía tal como era. Y le dolía el corazón que por un momento se rebelaba y parecía que se fuera a detener.
Una voz en su cabeza a menudo le preguntaba "¿Por que tomaste este camino? ¿Por que me negaste la posibilidad de ser feliz?" Pero rápidamente la acallaba, la enterraba entre obligaciones y prisas y risas forzadas que se le escapaban de la boca haciéndole daño.
Y un buen día se miró en el espejo dispuesta a dejar salir todo lo que tuviera que salir. A fin de cuentas, no era feliz, ¿qué más daba destapar la caja de gusanos? Así que se sentó con los ojos cerrados respiró hondo y finalmente se miró a si misma.
Una mezcla de lástima y furia recorrió todos los perdidos rincones de su cuerpo y mente. "¿Qué me he hecho? ¿Soy yo la de la mirada triste y agotada?" Se preguntó en que momento sucedió. Cuando antepuso todo lo demás a su propia felicidad. Cuando decidió que se conformaría con algo que no le satisfacía porque no se atrevía a luchar por lo que realmente deseaba. Fueron unos minutos duros, que parecieron días y le hicieron reflexionar sobre lo que había hecho en toda su vida.
Se puso un plazo de una semana para comenzar un nuevo camino. Y aunque sabía que muchos lo considerarían una locura y un tiempo demasiado breve para variar el rumbo, pensó que bastante tiempo había perdido ya con consideraciones. Le urgía ese cambio, o lo conseguía o se abandonaba definitivamente y dejaba que sus ojos se ahogaran en el mar de tristeza que les impedía brillar.
Dejo el trabajo. Dejo su casa. Dejo su familia. No dijo nada a nadie porque ¿acaso lo hubieran entendido? Y se marchó. Se fue. Sin que nadie se diera cuenta ya que en su tristeza se había vuelto invisible hasta para los que le miraban directamente.
Anduvo y anduvo, recorrió ciudades y pueblos, montaña y mar. Comía de lo que le daban o de lo que encontraba. Cuando se acordaba, se lavaba como los gatos en los baños públicos. Pasó frio y hambre, vió las estrellas y las tormentas desatadas que le bañaban. Conoció a gente extraña, maravillosa, peligrosa o malvada.
Tras años y años de caminar, se paró en la orilla de un rio y vió un fugaz reflejo de si misma. Se le habían caido algunos dientes, estaba sucia, casi calva... Se miró con asombro y sonrió levemente. "Ahí te escondías... te he buscado durante tanto tiempo"
Se lanzó al agua olvidándose de que no sabía nadar, intentó beberse aquellos ojos que por fin brillaban felices. Y se ahogó pero no lo lamentó porque por fin había vivido.