¿Practicar deportes? ¡¡¡¡¡¡Saniiiiiiiiiiiiiiiiiiiisiiiiiiiiiiiiiiiiimoooooooo!!!!!! 100% recomendable...
Hace ya más de un mes, en pleno apogeo carnavalero, mientras unos estaban reventados de bailar y otros de tanto comer torrijas (o rebanadas, o tortas de carnaval; como vos guste llamarlas), me encontraba parveando por casa (parvear: hacer algo carente de interés científico) cuando mi amiga Meri me llamó. Me propuso ir a patear. No era el planazo de mi vida...,(y yo estaba muy agustito haciendo nada) pero no era cuestión de hacerle un feo a la chica (además, tampoco tenía ganas de pensar una excusa “coherente” de las mías, tipo: “Uis..., es que verás..., si vieras el montonazo de apuntes que tengo que pasar a limpioooo...” ;cuando por todos es sabido ya, que la regla nº 1 de mi automanual de estudiante es “jamás de los jamases pasarás un apunte a limpio”) Pues nada, que pillé mi cochecito-leré y me reuní con ella. La zona por donde pateamos más a menudo, vale su peso en oro, la verdad: vistas alucinantes (nada recomendables para quien tenga vértigo ni para hipertensos), aire limpito, poca presencia humana,..., y se puede contemplar un atardecer que hipnotiza...
En un momento dado de la jornada, nos paramos a hablar de no sé qué cosa. A lo lejos se veía a una mujer acercándose con sus dos perros (sueltos): un cachorro y otro modelo “hipopótamo”. A mí éste segundo me dio mucho respeto. De repente, “el hipopótamo” empezó a correr hacia nosotras (me lo veía venir). Le grité a Meri que tuviera cuidado con el perro (sí, sí; como si yo me hubiera traído la armadura puesta de casa, y a mí no me pudiera hacer nada...), y pese a que las condiciones geográficas jugaban a mi favor (Meri iba unos pasos más adelantada que yo, lo lógico era que el perro “fuera a por ella”), el perro “vino a por mí”. Lo único que recuerdo tras “el arrebato del hipopótamo” fue la frase de la mujer a mi amiga: “¡¡Qué tieeeernoooo!! Mira como juega con ella...” ¿¿¿¿¿¿¡¡¡¡¡¡Qué mire como juega, si casi me arranca una piernaaaaaa!!!!!!?????? Será hij-pííííííííííííííí...
Me ataqué (y yo cuando me ataco “me ausento”; es como una pérdida de conocimiento, pero con conocimiento). La mujer me enseñó el “DNI” de sus perros, que estaban vacunados etc, y me dió lo necesario para contactar con ella por si se complicaba la cosa. Al día siguiente, fui al médico para que me viera mi superrodilla hinchada y morada “marca Drácula”. Me pusieron la vacuna del tétanos, me dijeron que regresara a vacunarme en un mes y me mandaron a casita...
Como en otras dos ocasiones esta semana, hoy me levanté dispuesta a ir a vacunarme. Aún no había pasado por la puerta de entrada del centro de salud, ya se oía la escandalera (traducción: alboroto constante e intenso) de todos los que estaban en la sala de espera (en mi pueblo somos así, siempre haciéndonos notar...) Fuí a pedir hora para mañana con mi doctora, y pregunté en información o recepción por la enfermera (es que nunca he sabido cómo nombrar ese sitio). Primera ignorada de la jornada. Inexplicablemente, al fin la administrativa se sintió aludida, y me dió cita como si me estuviera haciendo el gran favor de mi vida. Dándome cuenta de mi “prometedor futuro” ahí, preferí no insistir más preguntando por la enfermera, y me di la vuelta con la intención de buscarme la vida.... Pero ¡¡surprise!! La visualicé a lo lejos y corrí tras ella hasta darle alcance:
YO: - Mire queee...-
ENFERMERA: -“Dos gardeeeeenias para tiiiiii, con ellas quiero deciiiiiiiiiiiiir...”-
Y: - Lo que hay que aguantar....-
Que no estoy yo en contra de que la gente cante en el trabajo ni del ausentismo laboral, no me vayas a malentender...¡¡pero que no me ignoren, coña!! De todos modos la perseguí (¿¿yo persiguiendo a una enfermera para que me vacune??; ¡¡estoy muy maaaaaaaaal!!) Entramos en su despacho y ataqué de nuevo:
YO: -Que hoy me toca...-
-----------------------mi voz se encontró con el eco de la habitación-----------------
Vale, sé pillar una indirecta... Me senté en la sala de espera, sorprendentemente sin cabreo ni nada (es que me acababa de levantar, y no tenía mi organismo pa subidones de adrenalina justificados...) Llevaba ya un rato ahí, sumergida en el apasionante mundo de una revista del corazón de hace algunos años (hay que ver lo que hace la frustración...); cuando oí una frase que sobresalía del mundanal ruido de aquella sala, que llamó mi atención y la de los presentes:
ENFERMERA: - ¡¡Muchacha!! ¿¿Qué haces ahí sentada leyendo que no me has dicho nada?? ¿¿No sabes que tenías hora desde la semana pasada??
YO: (pa mis adentros) – Me puedes, tía...- Y me levanté.
Entré al despacho. En mi pueblo, el centro de salud es algo así como “Aquí hay tomate”, pero en versión más modestita: llega la gente; se sienta, suelta los últimos cotilleos que ha oído; recoge los que oye de los demás..., y así hasta que le toque su turno para entrar al médico (o ATS, o enfermería..., lo que sea). Por supuesto, una consulta no es una consulta sin cotilleos previos sobre la vida del paciente y en este caso, sobre mi vida (que los sanitarios de este centro no son de aquí, pero se han sabido adaptar perfectamente):
ENFERMERA: (Cruzando las piernas) -Bien, y... ¿qué te trae por aquí?-
YO: - (pensando: “ná”, que me aburría durmiendo y me dije...¿por qué no vas a que te ignore un ratito la enfermera?) -... Pueeees..., ¿la vacuna del tétanos?-
E: - Sísísísísísísísísí,...¿Y qué te ha pasado en la nariz? –
Y: - “Ná”..., un encontronazo con la de la express...- (jijijiji)
E: (Abalanzándose sobre la mesa) -¿¿¡¡Lo quéééééé!!??-
Y: - Misterios de la vida; la pata de mi enfurecida gata se encontró mi nariz en su camino...-
E: - Ah, bueno, era eso... Oye... ¿y de novios qué tal?-
Y: (¡¡Ahí me has dado cacho-carne!!) -.......................... Pasapalabra.............-(Ya cabreada, con mirada de “está usted entrando en zona peligrosa” ) –Verá, tengo pelín de prisa...-
E: - Yap...A ver niña, que hay más gente esperando... Ya he hojeado tu historial ... (¡¡si se lo sabe de memoria, la tía!! Menos mal que yo le doy a la automedicación y no aparezco mucho por allí...) y chica..., que el tétanos te tocaba dentro de dos años... Y como ya el mes pasado te pusieron una... Hasta el 2015 no te puedes vacunar más-
Y: - (Y yo aquí desatando mis nervios...) -¿¿¿¿¿Ah sí????? ¿Pero entonces por qué el enfermero me dijo que volviera hoy a ponerme otra?... No entiendo nada... Pero de todos modos me voy yendo...-
E: ZZZzzzZZZ ... ¡¡Mañana tienes cita con la doctora a las 11.30, no te olvides!!-
Y: - Ajá; compruebo la eficiencia del personal de este centro... Qué suerte vivir aquí...-
PD: MUCHAS GRACIAS A TODOS POR SUS COMENTARIOS. ¡¡¡MUUUUAAACKSSS!!!
En un momento dado de la jornada, nos paramos a hablar de no sé qué cosa. A lo lejos se veía a una mujer acercándose con sus dos perros (sueltos): un cachorro y otro modelo “hipopótamo”. A mí éste segundo me dio mucho respeto. De repente, “el hipopótamo” empezó a correr hacia nosotras (me lo veía venir). Le grité a Meri que tuviera cuidado con el perro (sí, sí; como si yo me hubiera traído la armadura puesta de casa, y a mí no me pudiera hacer nada...), y pese a que las condiciones geográficas jugaban a mi favor (Meri iba unos pasos más adelantada que yo, lo lógico era que el perro “fuera a por ella”), el perro “vino a por mí”. Lo único que recuerdo tras “el arrebato del hipopótamo” fue la frase de la mujer a mi amiga: “¡¡Qué tieeeernoooo!! Mira como juega con ella...” ¿¿¿¿¿¿¡¡¡¡¡¡Qué mire como juega, si casi me arranca una piernaaaaaa!!!!!!?????? Será hij-pííííííííííííííí...
Me ataqué (y yo cuando me ataco “me ausento”; es como una pérdida de conocimiento, pero con conocimiento). La mujer me enseñó el “DNI” de sus perros, que estaban vacunados etc, y me dió lo necesario para contactar con ella por si se complicaba la cosa. Al día siguiente, fui al médico para que me viera mi superrodilla hinchada y morada “marca Drácula”. Me pusieron la vacuna del tétanos, me dijeron que regresara a vacunarme en un mes y me mandaron a casita...
Como en otras dos ocasiones esta semana, hoy me levanté dispuesta a ir a vacunarme. Aún no había pasado por la puerta de entrada del centro de salud, ya se oía la escandalera (traducción: alboroto constante e intenso) de todos los que estaban en la sala de espera (en mi pueblo somos así, siempre haciéndonos notar...) Fuí a pedir hora para mañana con mi doctora, y pregunté en información o recepción por la enfermera (es que nunca he sabido cómo nombrar ese sitio). Primera ignorada de la jornada. Inexplicablemente, al fin la administrativa se sintió aludida, y me dió cita como si me estuviera haciendo el gran favor de mi vida. Dándome cuenta de mi “prometedor futuro” ahí, preferí no insistir más preguntando por la enfermera, y me di la vuelta con la intención de buscarme la vida.... Pero ¡¡surprise!! La visualicé a lo lejos y corrí tras ella hasta darle alcance:
YO: - Mire queee...-
ENFERMERA: -“Dos gardeeeeenias para tiiiiii, con ellas quiero deciiiiiiiiiiiiir...”-
Y: - Lo que hay que aguantar....-
Que no estoy yo en contra de que la gente cante en el trabajo ni del ausentismo laboral, no me vayas a malentender...¡¡pero que no me ignoren, coña!! De todos modos la perseguí (¿¿yo persiguiendo a una enfermera para que me vacune??; ¡¡estoy muy maaaaaaaaal!!) Entramos en su despacho y ataqué de nuevo:
YO: -Que hoy me toca...-
-----------------------mi voz se encontró con el eco de la habitación-----------------
Vale, sé pillar una indirecta... Me senté en la sala de espera, sorprendentemente sin cabreo ni nada (es que me acababa de levantar, y no tenía mi organismo pa subidones de adrenalina justificados...) Llevaba ya un rato ahí, sumergida en el apasionante mundo de una revista del corazón de hace algunos años (hay que ver lo que hace la frustración...); cuando oí una frase que sobresalía del mundanal ruido de aquella sala, que llamó mi atención y la de los presentes:
ENFERMERA: - ¡¡Muchacha!! ¿¿Qué haces ahí sentada leyendo que no me has dicho nada?? ¿¿No sabes que tenías hora desde la semana pasada??
YO: (pa mis adentros) – Me puedes, tía...- Y me levanté.
Entré al despacho. En mi pueblo, el centro de salud es algo así como “Aquí hay tomate”, pero en versión más modestita: llega la gente; se sienta, suelta los últimos cotilleos que ha oído; recoge los que oye de los demás..., y así hasta que le toque su turno para entrar al médico (o ATS, o enfermería..., lo que sea). Por supuesto, una consulta no es una consulta sin cotilleos previos sobre la vida del paciente y en este caso, sobre mi vida (que los sanitarios de este centro no son de aquí, pero se han sabido adaptar perfectamente):
ENFERMERA: (Cruzando las piernas) -Bien, y... ¿qué te trae por aquí?-
YO: - (pensando: “ná”, que me aburría durmiendo y me dije...¿por qué no vas a que te ignore un ratito la enfermera?) -... Pueeees..., ¿la vacuna del tétanos?-
E: - Sísísísísísísísísí,...¿Y qué te ha pasado en la nariz? –
Y: - “Ná”..., un encontronazo con la de la express...- (jijijiji)
E: (Abalanzándose sobre la mesa) -¿¿¡¡Lo quéééééé!!??-
Y: - Misterios de la vida; la pata de mi enfurecida gata se encontró mi nariz en su camino...-
E: - Ah, bueno, era eso... Oye... ¿y de novios qué tal?-
Y: (¡¡Ahí me has dado cacho-carne!!) -.......................... Pasapalabra.............-(Ya cabreada, con mirada de “está usted entrando en zona peligrosa” ) –Verá, tengo pelín de prisa...-
E: - Yap...A ver niña, que hay más gente esperando... Ya he hojeado tu historial ... (¡¡si se lo sabe de memoria, la tía!! Menos mal que yo le doy a la automedicación y no aparezco mucho por allí...) y chica..., que el tétanos te tocaba dentro de dos años... Y como ya el mes pasado te pusieron una... Hasta el 2015 no te puedes vacunar más-
Y: - (Y yo aquí desatando mis nervios...) -¿¿¿¿¿Ah sí????? ¿Pero entonces por qué el enfermero me dijo que volviera hoy a ponerme otra?... No entiendo nada... Pero de todos modos me voy yendo...-
E: ZZZzzzZZZ ... ¡¡Mañana tienes cita con la doctora a las 11.30, no te olvides!!-
Y: - Ajá; compruebo la eficiencia del personal de este centro... Qué suerte vivir aquí...-
PD: MUCHAS GRACIAS A TODOS POR SUS COMENTARIOS. ¡¡¡MUUUUAAACKSSS!!!
Tener coche pa esto...
Hoy he llegado a mi facultad (tarde, para no variar...), dispuesta a encontrar aparcamiento para entrar a clase (de antemano, llegar con esa predisposición un lunes, (y mucho más si tenemos en cuenta que la primera asignatura, a las 15.00 horas será estadística...(¿¿¡¡ pero quién hace los horarios en las facultades, por favor!!??, seguro que alguien que nunca las ha pisado...) ya es algo digno de ovación, para qué engañarnos) Pues eso, entré al aparcamiento, como un día más; concienciada y convencida de asistir a clase, como un día más; con la vista preparada para ir a la búsqueda y captura de un hueco mínimo en el que aparcar mi cochecito leré, como un día más; y en ello estaba... Pues iba yo tranquilamente por dicha zona (con dos hileras de aparcamientos laterales, una a la izquierda y otra a la derecha, totalmente sobrepobladas ; y una improvisada y salteada en el centro de ambas) estudiando la realidad aplastante; esquivando los coches que estaban ahí en medio: uno tras el otro; siendo perseguida por muchos más que venían a clase, poniéndome muuuuuy nerviosa a medida que iba llegando al final del aparcamiento y sin visualizar ni un huequecititititito (...) y entendiendo, cada vez más, el estado de desesperación de aquellos que habían abandonado casi a su suerte, sus coches encima de las aceras; a la par que me convencía a mí misma: “nada, que si hay hueco en la acera... pues va a ser que...” A lo lejos, de repente, vi unas luces de marcha atrás, “¡¡que suertuda que soy, un aparcamiento lateral de estos!!” Y me lancé indiscriminadamente hacia ellas “ese sitio es mííííííííííííííoooooooooooooo”. Y aparqué, tranquilita, sin remordimientos de conciencia ni similares y me fui encantada de la vida...
La jornada de clases pasó, más bien lenta y somnífera que otra cosa, pero pasó; y ¡¡¡bieeeeeeen!!, a última no tenía clase (la realidad era que me olvidé el cuaderno de una práctica que tenía a esa hora, y..., ya sabes lo que se rumorea..., “entrar pá ná...”) Recogí todas mis cosas ipso facto y desaparecí. Pero... ¡¡qué “agradable” sorpresa al descubrir que una renault express me había bloqueado gratuitamente, ahí, por la cara!! En momentos como estos piensas “bueno..., pero esto es solo una tuerca mal puesta para la pedazo pilota que tú eres...” Y empiezas el análisis factorial: “si tengo 10 cms de espacio a la derecha; 20 a la izquierda... y... así a ojo... medio metro entre la express y el culete de mi coche..., ...., ¿¿x³??... ¡¡ joer, tenía que haber prestando más atención hoy en clase de estadística!!” En vista de que esa “tuerca mal puesta” se había transformado repentinamente en un pinchazo en toda regla...Opté por la solución más española: el cabreo “pues ahora llamo a la grúa, ¡ale!” (qué ilusa que soy..., al pedirle el nº de teléfono a los de seguridad me dijeron que los gruístas pasan claramente del tema..., eso sí, me brindaron su ayuda incondicional para solucionar “mi pinchazo en toda regla”... la que por cierto, nunca vino...) Ya sólo me quedaba una salida: esperar... Pasaron 10 minutos...; media hora...; y cuando ya pasaba de los 50 minutos de espera... Una...¡ejem! chica..., se dirigió apaciblemente hacia la express; rebuscó algo en su bolso; sacó unas llaves (¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡sííííí, coincidían con las de ese coche!!!!!!!!!! ); miró la cara de “niña del exhorcista” que se me había quedado; entró, cerró la puerta y...,(se lo pensó la chavala) tras colocar sus cosas estratégicamente en el asiento del copiloto, arreglarse el pelo y remirarse en el retrovisor... ¡¡¡Arrancó!!! (toda una experiencia, oye...) ¡¡¡Dios existeeeeee!!! Se fue, y yo sin darle las gracias... ¿Crees que podré vivir con la conciencia tranquila, sabiendo que esta chica y sus “colaboraciones sociales” andan por los alrededores? Qué suerte vivir aquí...
La jornada de clases pasó, más bien lenta y somnífera que otra cosa, pero pasó; y ¡¡¡bieeeeeeen!!, a última no tenía clase (la realidad era que me olvidé el cuaderno de una práctica que tenía a esa hora, y..., ya sabes lo que se rumorea..., “entrar pá ná...”) Recogí todas mis cosas ipso facto y desaparecí. Pero... ¡¡qué “agradable” sorpresa al descubrir que una renault express me había bloqueado gratuitamente, ahí, por la cara!! En momentos como estos piensas “bueno..., pero esto es solo una tuerca mal puesta para la pedazo pilota que tú eres...” Y empiezas el análisis factorial: “si tengo 10 cms de espacio a la derecha; 20 a la izquierda... y... así a ojo... medio metro entre la express y el culete de mi coche..., ...., ¿¿x³??... ¡¡ joer, tenía que haber prestando más atención hoy en clase de estadística!!” En vista de que esa “tuerca mal puesta” se había transformado repentinamente en un pinchazo en toda regla...Opté por la solución más española: el cabreo “pues ahora llamo a la grúa, ¡ale!” (qué ilusa que soy..., al pedirle el nº de teléfono a los de seguridad me dijeron que los gruístas pasan claramente del tema..., eso sí, me brindaron su ayuda incondicional para solucionar “mi pinchazo en toda regla”... la que por cierto, nunca vino...) Ya sólo me quedaba una salida: esperar... Pasaron 10 minutos...; media hora...; y cuando ya pasaba de los 50 minutos de espera... Una...¡ejem! chica..., se dirigió apaciblemente hacia la express; rebuscó algo en su bolso; sacó unas llaves (¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡sííííí, coincidían con las de ese coche!!!!!!!!!! ); miró la cara de “niña del exhorcista” que se me había quedado; entró, cerró la puerta y...,(se lo pensó la chavala) tras colocar sus cosas estratégicamente en el asiento del copiloto, arreglarse el pelo y remirarse en el retrovisor... ¡¡¡Arrancó!!! (toda una experiencia, oye...) ¡¡¡Dios existeeeeee!!! Se fue, y yo sin darle las gracias... ¿Crees que podré vivir con la conciencia tranquila, sabiendo que esta chica y sus “colaboraciones sociales” andan por los alrededores? Qué suerte vivir aquí...





