Otra de tan pocas...
Otra tarde demasiado desocupada. Otra noche sin sueño. Esta tarde, después de autopreocuparme (¡me he visto las 3 de American Pie!) y autotranquilizarme (ya no me hacen tanta gracia), he decidido que tengo que buscarme un hobbie. Ya sé que me apunté a sacar el BTP precisamente porque me aburría... Pero si llego a saber que las clases son sólo una vez cada 3 días, me lo replanteo: me sigo aburriendo el resto de la semana...
Mi problema es que llevo mucho tiempo (¿5 años? ¿6? ¿7?) teniendo las tardes ocupadas, ya sea en la universidad, o trabajando. Y no he conseguido adaptarme todavía. Este año, para que no pasara lo de los anteriores (que faltaba a muchas clases porque tenía que entrar a trabajar) decidí cambiarme al turno de mañana con todo lo que eso conllevaba: nuevos horarios, nuevos profesores y nuevos compañeros. Y ahora que hace un mes que se me acabó mi anterior trabajo, y tengo todas las tardes libres de lunes a viernes... Me empiezo a arrepentir. Me aburro. Y encima en soledad...
En clase me hacen el vacío, literalmente. Soy la cara nueva y cada día, 150 personas se encargan de recordármelo: dejando libre toda la hilera de sillas en la que yo me siento, dejándome sola en varios subgrupos de los grupos de prácticas... Hay individuos odiosos por el mundo, y también otros peores. Intentaré sobrevivir.
El nuevo curro está muy bien. El sueldo podría estar pelín mejor, pero bueno, alguna pega tenía que tener. Hay excelente compañerismo y coordinación entre cocina y comedor, un factor imprescindible para que todo salga bien. Bueno... Boreal, con su voz de pito y personalidad histérica me suele sacar de mis estables casillas siempre, pero es algo que consigue también con el resto de empleados. He optado por no tenérselo en cuenta.
Comparto piso con 3 chicas más. Una de ellas vive en otra isla y sólo viene en examenes. Marta va a su bola, y Marilia se pega las tardes en su habitación (con esporádicas visitas a la nevera) colgada a internet y charlando con su pandilla imaginaria...
Qué suerte vivir aquí...
Mi problema es que llevo mucho tiempo (¿5 años? ¿6? ¿7?) teniendo las tardes ocupadas, ya sea en la universidad, o trabajando. Y no he conseguido adaptarme todavía. Este año, para que no pasara lo de los anteriores (que faltaba a muchas clases porque tenía que entrar a trabajar) decidí cambiarme al turno de mañana con todo lo que eso conllevaba: nuevos horarios, nuevos profesores y nuevos compañeros. Y ahora que hace un mes que se me acabó mi anterior trabajo, y tengo todas las tardes libres de lunes a viernes... Me empiezo a arrepentir. Me aburro. Y encima en soledad...
En clase me hacen el vacío, literalmente. Soy la cara nueva y cada día, 150 personas se encargan de recordármelo: dejando libre toda la hilera de sillas en la que yo me siento, dejándome sola en varios subgrupos de los grupos de prácticas... Hay individuos odiosos por el mundo, y también otros peores. Intentaré sobrevivir.
El nuevo curro está muy bien. El sueldo podría estar pelín mejor, pero bueno, alguna pega tenía que tener. Hay excelente compañerismo y coordinación entre cocina y comedor, un factor imprescindible para que todo salga bien. Bueno... Boreal, con su voz de pito y personalidad histérica me suele sacar de mis estables casillas siempre, pero es algo que consigue también con el resto de empleados. He optado por no tenérselo en cuenta.
Comparto piso con 3 chicas más. Una de ellas vive en otra isla y sólo viene en examenes. Marta va a su bola, y Marilia se pega las tardes en su habitación (con esporádicas visitas a la nevera) colgada a internet y charlando con su pandilla imaginaria...
Qué suerte vivir aquí...





