Boceto
Esta noche, ¿quién te observa, quien acecha entre los árboles?
Soy yo, Melkor es mi nombre, El Príncipe del Caos, El Amo de Las Sombras, soberano del mal y morador en el Norte.
Una lista eterna de vidas llevo en mi cuenta, infligir tortura hasta el deseo de morir siempre fue mi debilidad. Los gritos de dolor siempre fueron un placer para mí, el embriagador aroma a miedo en el aire es mi adicción, ese ambiente que mata haciéndome sentir tan vivo y poderoso.
Me sacio con las almas que arden en mis fuegos, bebo las lagrimas de dolor, pena y pánico de los difuntos que al expirar dejaron sus ojos abiertos, me lavo con la sangre que mana de los que murieron en mis manos.
Y aunque mi alma es oscura como la noche, aunque siembro caos y sufrimiento por donde paso, a pesar de que mi simple recuerdo produce repulsión en tu mente, a pesar de que la soledad fue la única que me acompaño en mi reino escondido bajo tierra y de que siembro el caos en la noche, a pesar de ello, soy vulnerable a ti, a tu ser que no es mío, y la envidia me quema, soy vulnerable... o lo era.
Y esta noche te busco Varda, hoy eres mi presa... prepárate... corre, busca seguridad en los brazos de Manwë, tu señor, aunque de nada servirá, es la hora, el momento en el que consumare mi venganza, serás mía o de nadie mas, has perdido tu poder sobre mi porque estoy maldito, sacrifique mi alma para conseguir el poder suficiente para destruir mi corazón en la hoguera de los recuerdos plagados de ti.
-Cortesia de Caranthir Eressë-
Soy yo, Melkor es mi nombre, El Príncipe del Caos, El Amo de Las Sombras, soberano del mal y morador en el Norte.
Una lista eterna de vidas llevo en mi cuenta, infligir tortura hasta el deseo de morir siempre fue mi debilidad. Los gritos de dolor siempre fueron un placer para mí, el embriagador aroma a miedo en el aire es mi adicción, ese ambiente que mata haciéndome sentir tan vivo y poderoso.
Me sacio con las almas que arden en mis fuegos, bebo las lagrimas de dolor, pena y pánico de los difuntos que al expirar dejaron sus ojos abiertos, me lavo con la sangre que mana de los que murieron en mis manos.
Y aunque mi alma es oscura como la noche, aunque siembro caos y sufrimiento por donde paso, a pesar de que mi simple recuerdo produce repulsión en tu mente, a pesar de que la soledad fue la única que me acompaño en mi reino escondido bajo tierra y de que siembro el caos en la noche, a pesar de ello, soy vulnerable a ti, a tu ser que no es mío, y la envidia me quema, soy vulnerable... o lo era.
Y esta noche te busco Varda, hoy eres mi presa... prepárate... corre, busca seguridad en los brazos de Manwë, tu señor, aunque de nada servirá, es la hora, el momento en el que consumare mi venganza, serás mía o de nadie mas, has perdido tu poder sobre mi porque estoy maldito, sacrifique mi alma para conseguir el poder suficiente para destruir mi corazón en la hoguera de los recuerdos plagados de ti.
-Cortesia de Caranthir Eressë-
Orgullo
-¿Por qué me haces esto?¿Por qué me tratas así? Yo que te he creado. Yo que te he convertido en el rey de reyes.
-Tú me has convertido en lo que hoy soy. Soy el más grande de tus descendientes y todo tu legado me pertenece. Puedo utilizarlo como me venga en gana.
-¿Así es como actúas ante mi generosidad? Tiempo atrás intenté cambiarte, ahora solo intento sobrevivir a ti. Antaño hermanos tuyos intentaron vencerme, y todos y cada uno de ellos sucumbieron ante mi sempiterna justicia.
-¿Cómo te atreves a amenazarme? Puedo moldear tu vida a mi antojo. Recuerda que yo soy superior a todos mis hermanos y si alguno de ellos se enfrenta a mí, conocerá mi ira.
-¿Esa es la poca humildad que queda en ti? Recuerda, tu y tus hermanos sois solo uno. No podéis existir los unos sin los otros. ¿Acaso no puedes vivir en paz sin destruir mi belleza?
-¿Paz? Tú misma dijiste que soy yo el rey. Todo lo demás es efímero ante mi y mi imperio que se extiende más allá de donde alcanza la luz del sol.
-Si continuas por ese camino no tendré más remedio que castigar tu osadía. Recuerda de donde vienes y que todo lo que has conseguido, es gracias a mí. Y del mismo modo en que te lo he dado, te lo arrebataré.
-No te tengo miedo...
-¡Pues deberías! Largo tiempo he dejado crecer tu orgullo. Pues... tus manos me enseñaron a sangrar, tu mente el placer de la destrucción; y mi última vida se aferra a ti Y aunque te haya creado y tu me destruyas, si yo caigo tu caerás conmigo.
(Y así habló la madre tierra, Gaia, al ser humano)
_______________________________________________________
Con la colaboración de Morwen Eledhwen que hizo de Madre Tierra.
Atentamente y siempre Vuestro: Elros Tar-Minyatur.
-Tú me has convertido en lo que hoy soy. Soy el más grande de tus descendientes y todo tu legado me pertenece. Puedo utilizarlo como me venga en gana.
-¿Así es como actúas ante mi generosidad? Tiempo atrás intenté cambiarte, ahora solo intento sobrevivir a ti. Antaño hermanos tuyos intentaron vencerme, y todos y cada uno de ellos sucumbieron ante mi sempiterna justicia.
-¿Cómo te atreves a amenazarme? Puedo moldear tu vida a mi antojo. Recuerda que yo soy superior a todos mis hermanos y si alguno de ellos se enfrenta a mí, conocerá mi ira.
-¿Esa es la poca humildad que queda en ti? Recuerda, tu y tus hermanos sois solo uno. No podéis existir los unos sin los otros. ¿Acaso no puedes vivir en paz sin destruir mi belleza?
-¿Paz? Tú misma dijiste que soy yo el rey. Todo lo demás es efímero ante mi y mi imperio que se extiende más allá de donde alcanza la luz del sol.
-Si continuas por ese camino no tendré más remedio que castigar tu osadía. Recuerda de donde vienes y que todo lo que has conseguido, es gracias a mí. Y del mismo modo en que te lo he dado, te lo arrebataré.
-No te tengo miedo...
-¡Pues deberías! Largo tiempo he dejado crecer tu orgullo. Pues... tus manos me enseñaron a sangrar, tu mente el placer de la destrucción; y mi última vida se aferra a ti Y aunque te haya creado y tu me destruyas, si yo caigo tu caerás conmigo.
(Y así habló la madre tierra, Gaia, al ser humano)
_______________________________________________________
Con la colaboración de Morwen Eledhwen que hizo de Madre Tierra.
Atentamente y siempre Vuestro: Elros Tar-Minyatur.
Carta a un amor perdido
No es mi guerra, no es mi esperanza la que cae bajo el yugo opresor del tirano. Las espadas clamaran venganza y las lanzas volverán a brillar en el cielo. Los yelmos plateados se pondrán en marcha una vez más. Muerte, muerte y gloria nos esperan en el campo de batalla dicen. Y yo digo: ¿Gloria? No lo sé, pero la fría hoja de la parca nos espera impaciente con una pérfida sonrisa mas allá del Hades.
Enviados somos a una guerra que no es la nuestra. Sacados de nuestros hogares por la fuerza por defender una tierra que ni siquiera conocemos. ¿Por qué he de partir a un destino llamado ruina? Unos lo llaman valentía, ansias de ser recordado en canciones. Otros porque es nuestro deber defender el honor de nuestra tierra. Quizás si la tierra nunca fuese llamada nuestra no habría que luchar por ella. Quizás en un tiempo muy lejano la paz vuelva.
Partiré presto a la batalla a lomos de mi caballo esperando que una flecha perdida no encuentre destino en mi pecho y deseando que la temible hoja de acero no quiebre mi escudo. Pero por sobre todo deseo regresar a casa contigo, amor mío. Quiero pasar mis últimos días como un hombre tranquilo, viendo crecer las cosas que con mis manos he creado. Viviendo sin esperar un mañana mejor, creyendo que el tiempo ya no es oro si no algo que pasa impasible ante mí. Deseo volver a ver tu rostro sonriente y tus labios pronunciando mi nombre. Pero si en algún caso, mi amor, no regreso de esta gesta mi alma te esperará más de los confines del cielo.
-Días después el caballero de la carta cayó en el frío suelo en el campo de batalla.-
Enviados somos a una guerra que no es la nuestra. Sacados de nuestros hogares por la fuerza por defender una tierra que ni siquiera conocemos. ¿Por qué he de partir a un destino llamado ruina? Unos lo llaman valentía, ansias de ser recordado en canciones. Otros porque es nuestro deber defender el honor de nuestra tierra. Quizás si la tierra nunca fuese llamada nuestra no habría que luchar por ella. Quizás en un tiempo muy lejano la paz vuelva.
Partiré presto a la batalla a lomos de mi caballo esperando que una flecha perdida no encuentre destino en mi pecho y deseando que la temible hoja de acero no quiebre mi escudo. Pero por sobre todo deseo regresar a casa contigo, amor mío. Quiero pasar mis últimos días como un hombre tranquilo, viendo crecer las cosas que con mis manos he creado. Viviendo sin esperar un mañana mejor, creyendo que el tiempo ya no es oro si no algo que pasa impasible ante mí. Deseo volver a ver tu rostro sonriente y tus labios pronunciando mi nombre. Pero si en algún caso, mi amor, no regreso de esta gesta mi alma te esperará más de los confines del cielo.
-Días después el caballero de la carta cayó en el frío suelo en el campo de batalla.-
La Sombra del Recuerdo
Es noche de Luna llena. Enhiesta en el firmamento, blanca y radiante como perla marina se erige. El camino pedregoso daña mis pies y paso a paso entre la ligera bruma que los árboles no dejan huir, me acerco a mi destino.
Lentamente voy llegando a la gran ciudad y comienzo a oír ya el algarabío propio de la urbe.
Debo dirigirme a la posada principal donde he de verme con mis viejos amigos. El motivo, una cena inesperada para reunir por última vez a los compañeros de la Blanca Estrella. 7 éramos en un comienzo; ahora, solo 4 seguimos con vida.
Con lento pasear me aproximo a la posada. Abro la pesada puerta de madera y entro sin titubear. Durante unos segundos me sentí perdido y fuera de lugar hasta que alguien grito mi nombre.
Eldacar, estamos aquí-dijo Atanalcar-.
Mire a mi izquierda y allí estaban todos: Atanalcar, Manwedil y Tindómiel. Era el último en llegar.
Me senté en aquella mesa y empecé a mirar a mis compañeros. Su mirada triste hacia prever que aquella noche sería la última.
Por fin, el camarero se acercó. Los hombres pedimos vino de Dorwinion y Tindómiel hidromiel de los elfos del bosque.
Cuando nos sirvieron nuestras bebidas hubo un largo y estremecedor silencio que me atreví a romper
¿Quién nos ha reunido hoy aquí?-pregunté-
Yo -contestó Manwedil-Tenemos que partir Eldacar. A cada uno de nosotros nos ha sido encomendado un destino diferente. Tú te quedaras aquí Eldacar, en Gondor. ¡Han disuelto la Blanca Estrella! Así que para despedirnos he organizado esta última velada. -añadió Manwedil-.
Estoy contento de que lo hayas hecho. ¡Los últimos 4 miembros reunidos por última vez!-contesté-.
A continuación comenzamos a hablar y a beber en un tono alegre. Recordamos todo lo vivido juntos. Risa, alegría, lágrimas, tristeza e incluso vergüenza. Cuantos sentimientos producidos por el recuerdo.
Al cabo de un tiempo nos trajeron la cena, y he de decir que fue copiosa y exquisita.
¿Os acordáis de Arantar, Vardamir y Eldaron? A ellos les hubiese gustado estar aquí.-dijo Tindómiel-
Recordémosles entonces-dije- Recordemos sus últimos momentos con la Blanca Estrella.
Comenzaré yo-dijo Atanalcar-dejad que recuerde a mi hermano Arantar. Y Atanalcar comenzó a hablar.
Nos habían enviado como avanzada para conocer los designios del ejército corsario. Arantar y yo, cubiertos con capas pardas, íbamos precavidos entre la penumbra de la noche. Llegando al bastión corsario nos agazapamos en la copa de un árbol. Esperamos y observamos sus movimientos hasta que reunimos la información suficiente. Bajamos del árbol pero la suerte quiso que al descender yo pisara unas ramas secas que alertaron a los corsarios. Huimos tan rápido como pudimos pero una flecha guiada por el viento encontró su destino en el corazón de mi hermano. Cayó al suelo y allí entre mis manos manchadas de sangre se le escapó la vida. Cuanto le echo de menos.
Pude observar que los ojos de Atanalcar, mientras nos relataba la historia, derramaban unas cristalinas lágrimas que rápidamente se seco. Y cuando Atanalcar acabó su relato; todos, como si ya estuviese previsto, nos levantamos de nuestras sillas y con las copas en alto gritamos ¡Por Arantar!
Nos volvimos a sentar y Tindómiel con dulce voz dijo:-Dejadme recordar a Vardamir-.
Fría mañana primaveral de hace ya 3 años. Estábamos todos en una pequeña cabaña en el bosque disfrutando de unos días de descanso cuando un correo apareció. En él instaba a Vardamir a ir al desierto de Harad. Debía hacer de protector de una familia de gondorianos.
Partió al amanecer y entre despedidas sus últimas palabras fueron:-Nos veremos muy pronto-.
Un mes después las campanas redoblaban dando la bienvenida a la familia de gondorianos. Pero cual fue nuestra sorpresa al comprobar que Vardamir no estaba con ellos. Corriendo nos acercamos y preguntamos por él, y su única respuesta fue:-Un día, ya cerca de Gondor, se fue sin decir nada y partió de nuevo al Este.
Eso fue lo último que supimos de Vardamir. Y aunque salimos en su busca no dimos con él.
¿Estará vivo? ¿Dónde? ¿Muerto tal vez? Solo se que le echamos de menos.
Así acabó la historia de Tindómiel. Y esta vez, también pude observar sus lágrimas corriendo por su hermosa cara. Y otra vez nos volvimos a levantar y con las copas en alto gritamos al unísono: ¡Por Vardamir!
Esta vez Manwedil, con su voz fuerte y poderosa dijo:-Ruego que me dejéis recordar a Eldaron-.
Y así, comenzó la historia de Eldaron.
Fuimos enviados a luchar contra los orcos de Mordor. Eldaron y yo estábamos al mando de 500 hombres de Gondor y nuestra empresa, frenar el avance de las hordas orcas. Llegamos al atardecer donde debíamos atacar a los orcos. Esperamos pacientes hasta que la batalla comenzó. La suerte no nos quería acompañar, ya que los orcos eran superiores tanto en número como en armamento. Luchamos y luchamos pero a nuestro alrededor solo caían hombres de Gondor. Teníamos pocas esperanzas de sobrevivir así que tocamos a retirada. Reunimos a todo el que todavía respiraba e intentamos huir. Y allí defendiendo la retirada Eldaron fue muerto mientras luchaba con un orco. Otro orco le había atacado por la espalda y le había atravesado con su arma.
Vi el cuerpo de Eldaron desplomarse sobre un manto cobrizo de hojas otoñales. Y allí encontró su descanso eterno. ¡Que mandos te tenga en su gloria!-dijo Manwedil-.
De nuevo, bajo los negros ojos de Manwedil una lágrima recorrió sus mejillas. Y de nuevo todos nos levantamos y con las copas en alto, de nuevo volvimos a gritar: ¡Por Eldaron!
Se hizo tarde y el sol ya casi mostraba sus primeros rayos de luz.
Será mejor que nos retiremos.-dijo Manwedil-.
Los demás asentimos. Nos levantamos de nuestras sillas y entre abrazos, lágrimas y despedidas uno a uno fueron saliendo de la posada con paso lento, abatido y la cabeza recogida bajo las capas. Así desaparecieron para no volver jamás.
Yo me quede un tiempo más en aquella mesa. Me quede pensando en todo lo vivido, los buenos y malos momentos, las risas y los llantos, el placer y el dolor que sentí con ellos. De todo aquello, ya solo queda la sombra del recuerdo. Y en este momento me levanto, alzo mi copa y mientras una lágrima recorre mi rostro grito al cielo- ¡Por todos ellos!-.
Lentamente voy llegando a la gran ciudad y comienzo a oír ya el algarabío propio de la urbe.
Debo dirigirme a la posada principal donde he de verme con mis viejos amigos. El motivo, una cena inesperada para reunir por última vez a los compañeros de la Blanca Estrella. 7 éramos en un comienzo; ahora, solo 4 seguimos con vida.
Con lento pasear me aproximo a la posada. Abro la pesada puerta de madera y entro sin titubear. Durante unos segundos me sentí perdido y fuera de lugar hasta que alguien grito mi nombre.
Eldacar, estamos aquí-dijo Atanalcar-.
Mire a mi izquierda y allí estaban todos: Atanalcar, Manwedil y Tindómiel. Era el último en llegar.
Me senté en aquella mesa y empecé a mirar a mis compañeros. Su mirada triste hacia prever que aquella noche sería la última.
Por fin, el camarero se acercó. Los hombres pedimos vino de Dorwinion y Tindómiel hidromiel de los elfos del bosque.
Cuando nos sirvieron nuestras bebidas hubo un largo y estremecedor silencio que me atreví a romper
¿Quién nos ha reunido hoy aquí?-pregunté-
Yo -contestó Manwedil-Tenemos que partir Eldacar. A cada uno de nosotros nos ha sido encomendado un destino diferente. Tú te quedaras aquí Eldacar, en Gondor. ¡Han disuelto la Blanca Estrella! Así que para despedirnos he organizado esta última velada. -añadió Manwedil-.
Estoy contento de que lo hayas hecho. ¡Los últimos 4 miembros reunidos por última vez!-contesté-.
A continuación comenzamos a hablar y a beber en un tono alegre. Recordamos todo lo vivido juntos. Risa, alegría, lágrimas, tristeza e incluso vergüenza. Cuantos sentimientos producidos por el recuerdo.
Al cabo de un tiempo nos trajeron la cena, y he de decir que fue copiosa y exquisita.
¿Os acordáis de Arantar, Vardamir y Eldaron? A ellos les hubiese gustado estar aquí.-dijo Tindómiel-
Recordémosles entonces-dije- Recordemos sus últimos momentos con la Blanca Estrella.
Comenzaré yo-dijo Atanalcar-dejad que recuerde a mi hermano Arantar. Y Atanalcar comenzó a hablar.
Nos habían enviado como avanzada para conocer los designios del ejército corsario. Arantar y yo, cubiertos con capas pardas, íbamos precavidos entre la penumbra de la noche. Llegando al bastión corsario nos agazapamos en la copa de un árbol. Esperamos y observamos sus movimientos hasta que reunimos la información suficiente. Bajamos del árbol pero la suerte quiso que al descender yo pisara unas ramas secas que alertaron a los corsarios. Huimos tan rápido como pudimos pero una flecha guiada por el viento encontró su destino en el corazón de mi hermano. Cayó al suelo y allí entre mis manos manchadas de sangre se le escapó la vida. Cuanto le echo de menos.
Pude observar que los ojos de Atanalcar, mientras nos relataba la historia, derramaban unas cristalinas lágrimas que rápidamente se seco. Y cuando Atanalcar acabó su relato; todos, como si ya estuviese previsto, nos levantamos de nuestras sillas y con las copas en alto gritamos ¡Por Arantar!
Nos volvimos a sentar y Tindómiel con dulce voz dijo:-Dejadme recordar a Vardamir-.
Fría mañana primaveral de hace ya 3 años. Estábamos todos en una pequeña cabaña en el bosque disfrutando de unos días de descanso cuando un correo apareció. En él instaba a Vardamir a ir al desierto de Harad. Debía hacer de protector de una familia de gondorianos.
Partió al amanecer y entre despedidas sus últimas palabras fueron:-Nos veremos muy pronto-.
Un mes después las campanas redoblaban dando la bienvenida a la familia de gondorianos. Pero cual fue nuestra sorpresa al comprobar que Vardamir no estaba con ellos. Corriendo nos acercamos y preguntamos por él, y su única respuesta fue:-Un día, ya cerca de Gondor, se fue sin decir nada y partió de nuevo al Este.
Eso fue lo último que supimos de Vardamir. Y aunque salimos en su busca no dimos con él.
¿Estará vivo? ¿Dónde? ¿Muerto tal vez? Solo se que le echamos de menos.
Así acabó la historia de Tindómiel. Y esta vez, también pude observar sus lágrimas corriendo por su hermosa cara. Y otra vez nos volvimos a levantar y con las copas en alto gritamos al unísono: ¡Por Vardamir!
Esta vez Manwedil, con su voz fuerte y poderosa dijo:-Ruego que me dejéis recordar a Eldaron-.
Y así, comenzó la historia de Eldaron.
Fuimos enviados a luchar contra los orcos de Mordor. Eldaron y yo estábamos al mando de 500 hombres de Gondor y nuestra empresa, frenar el avance de las hordas orcas. Llegamos al atardecer donde debíamos atacar a los orcos. Esperamos pacientes hasta que la batalla comenzó. La suerte no nos quería acompañar, ya que los orcos eran superiores tanto en número como en armamento. Luchamos y luchamos pero a nuestro alrededor solo caían hombres de Gondor. Teníamos pocas esperanzas de sobrevivir así que tocamos a retirada. Reunimos a todo el que todavía respiraba e intentamos huir. Y allí defendiendo la retirada Eldaron fue muerto mientras luchaba con un orco. Otro orco le había atacado por la espalda y le había atravesado con su arma.
Vi el cuerpo de Eldaron desplomarse sobre un manto cobrizo de hojas otoñales. Y allí encontró su descanso eterno. ¡Que mandos te tenga en su gloria!-dijo Manwedil-.
De nuevo, bajo los negros ojos de Manwedil una lágrima recorrió sus mejillas. Y de nuevo todos nos levantamos y con las copas en alto, de nuevo volvimos a gritar: ¡Por Eldaron!
Se hizo tarde y el sol ya casi mostraba sus primeros rayos de luz.
Será mejor que nos retiremos.-dijo Manwedil-.
Los demás asentimos. Nos levantamos de nuestras sillas y entre abrazos, lágrimas y despedidas uno a uno fueron saliendo de la posada con paso lento, abatido y la cabeza recogida bajo las capas. Así desaparecieron para no volver jamás.
Yo me quede un tiempo más en aquella mesa. Me quede pensando en todo lo vivido, los buenos y malos momentos, las risas y los llantos, el placer y el dolor que sentí con ellos. De todo aquello, ya solo queda la sombra del recuerdo. Y en este momento me levanto, alzo mi copa y mientras una lágrima recorre mi rostro grito al cielo- ¡Por todos ellos!-.
Bienvenidos
Hola:
Con este primer post quiero inagurar el blog que espero que llegue a mucha gente y les guste. La temática sera sobre todo comentar escritos publicados por uno mismo y algun que otro tema de discusion. Bueno todo se vera sobre la marcha. No tardare en subir mi primera historia.
Atentamente y siempre vuestro:
Elros Tar-Minyatur, hijo de Eärendil, hijo de Tuor de la casa de Hador de Dor-Lómin.
Con este primer post quiero inagurar el blog que espero que llegue a mucha gente y les guste. La temática sera sobre todo comentar escritos publicados por uno mismo y algun que otro tema de discusion. Bueno todo se vera sobre la marcha. No tardare en subir mi primera historia.
Atentamente y siempre vuestro:
Elros Tar-Minyatur, hijo de Eärendil, hijo de Tuor de la casa de Hador de Dor-Lómin.





