La Sombra del Recuerdo
Es noche de Luna llena. Enhiesta en el firmamento, blanca y radiante como perla marina se erige. El camino pedregoso daña mis pies y paso a paso entre la ligera bruma que los árboles no dejan huir, me acerco a mi destino.
Lentamente voy llegando a la gran ciudad y comienzo a oír ya el algarabío propio de la urbe.
Debo dirigirme a la posada principal donde he de verme con mis viejos amigos. El motivo, una cena inesperada para reunir por última vez a los compañeros de la Blanca Estrella. 7 éramos en un comienzo; ahora, solo 4 seguimos con vida.
Con lento pasear me aproximo a la posada. Abro la pesada puerta de madera y entro sin titubear. Durante unos segundos me sentí perdido y fuera de lugar hasta que alguien grito mi nombre.
Eldacar, estamos aquí-dijo Atanalcar-.
Mire a mi izquierda y allí estaban todos: Atanalcar, Manwedil y Tindómiel. Era el último en llegar.
Me senté en aquella mesa y empecé a mirar a mis compañeros. Su mirada triste hacia prever que aquella noche sería la última.
Por fin, el camarero se acercó. Los hombres pedimos vino de Dorwinion y Tindómiel hidromiel de los elfos del bosque.
Cuando nos sirvieron nuestras bebidas hubo un largo y estremecedor silencio que me atreví a romper
¿Quién nos ha reunido hoy aquí?-pregunté-
Yo -contestó Manwedil-Tenemos que partir Eldacar. A cada uno de nosotros nos ha sido encomendado un destino diferente. Tú te quedaras aquí Eldacar, en Gondor. ¡Han disuelto la Blanca Estrella! Así que para despedirnos he organizado esta última velada. -añadió Manwedil-.
Estoy contento de que lo hayas hecho. ¡Los últimos 4 miembros reunidos por última vez!-contesté-.
A continuación comenzamos a hablar y a beber en un tono alegre. Recordamos todo lo vivido juntos. Risa, alegría, lágrimas, tristeza e incluso vergüenza. Cuantos sentimientos producidos por el recuerdo.
Al cabo de un tiempo nos trajeron la cena, y he de decir que fue copiosa y exquisita.
¿Os acordáis de Arantar, Vardamir y Eldaron? A ellos les hubiese gustado estar aquí.-dijo Tindómiel-
Recordémosles entonces-dije- Recordemos sus últimos momentos con la Blanca Estrella.
Comenzaré yo-dijo Atanalcar-dejad que recuerde a mi hermano Arantar. Y Atanalcar comenzó a hablar.
Nos habían enviado como avanzada para conocer los designios del ejército corsario. Arantar y yo, cubiertos con capas pardas, íbamos precavidos entre la penumbra de la noche. Llegando al bastión corsario nos agazapamos en la copa de un árbol. Esperamos y observamos sus movimientos hasta que reunimos la información suficiente. Bajamos del árbol pero la suerte quiso que al descender yo pisara unas ramas secas que alertaron a los corsarios. Huimos tan rápido como pudimos pero una flecha guiada por el viento encontró su destino en el corazón de mi hermano. Cayó al suelo y allí entre mis manos manchadas de sangre se le escapó la vida. Cuanto le echo de menos.
Pude observar que los ojos de Atanalcar, mientras nos relataba la historia, derramaban unas cristalinas lágrimas que rápidamente se seco. Y cuando Atanalcar acabó su relato; todos, como si ya estuviese previsto, nos levantamos de nuestras sillas y con las copas en alto gritamos ¡Por Arantar!
Nos volvimos a sentar y Tindómiel con dulce voz dijo:-Dejadme recordar a Vardamir-.
Fría mañana primaveral de hace ya 3 años. Estábamos todos en una pequeña cabaña en el bosque disfrutando de unos días de descanso cuando un correo apareció. En él instaba a Vardamir a ir al desierto de Harad. Debía hacer de protector de una familia de gondorianos.
Partió al amanecer y entre despedidas sus últimas palabras fueron:-Nos veremos muy pronto-.
Un mes después las campanas redoblaban dando la bienvenida a la familia de gondorianos. Pero cual fue nuestra sorpresa al comprobar que Vardamir no estaba con ellos. Corriendo nos acercamos y preguntamos por él, y su única respuesta fue:-Un día, ya cerca de Gondor, se fue sin decir nada y partió de nuevo al Este.
Eso fue lo último que supimos de Vardamir. Y aunque salimos en su busca no dimos con él.
¿Estará vivo? ¿Dónde? ¿Muerto tal vez? Solo se que le echamos de menos.
Así acabó la historia de Tindómiel. Y esta vez, también pude observar sus lágrimas corriendo por su hermosa cara. Y otra vez nos volvimos a levantar y con las copas en alto gritamos al unísono: ¡Por Vardamir!
Esta vez Manwedil, con su voz fuerte y poderosa dijo:-Ruego que me dejéis recordar a Eldaron-.
Y así, comenzó la historia de Eldaron.
Fuimos enviados a luchar contra los orcos de Mordor. Eldaron y yo estábamos al mando de 500 hombres de Gondor y nuestra empresa, frenar el avance de las hordas orcas. Llegamos al atardecer donde debíamos atacar a los orcos. Esperamos pacientes hasta que la batalla comenzó. La suerte no nos quería acompañar, ya que los orcos eran superiores tanto en número como en armamento. Luchamos y luchamos pero a nuestro alrededor solo caían hombres de Gondor. Teníamos pocas esperanzas de sobrevivir así que tocamos a retirada. Reunimos a todo el que todavía respiraba e intentamos huir. Y allí defendiendo la retirada Eldaron fue muerto mientras luchaba con un orco. Otro orco le había atacado por la espalda y le había atravesado con su arma.
Vi el cuerpo de Eldaron desplomarse sobre un manto cobrizo de hojas otoñales. Y allí encontró su descanso eterno. ¡Que mandos te tenga en su gloria!-dijo Manwedil-.
De nuevo, bajo los negros ojos de Manwedil una lágrima recorrió sus mejillas. Y de nuevo todos nos levantamos y con las copas en alto, de nuevo volvimos a gritar: ¡Por Eldaron!
Se hizo tarde y el sol ya casi mostraba sus primeros rayos de luz.
Será mejor que nos retiremos.-dijo Manwedil-.
Los demás asentimos. Nos levantamos de nuestras sillas y entre abrazos, lágrimas y despedidas uno a uno fueron saliendo de la posada con paso lento, abatido y la cabeza recogida bajo las capas. Así desaparecieron para no volver jamás.
Yo me quede un tiempo más en aquella mesa. Me quede pensando en todo lo vivido, los buenos y malos momentos, las risas y los llantos, el placer y el dolor que sentí con ellos. De todo aquello, ya solo queda la sombra del recuerdo. Y en este momento me levanto, alzo mi copa y mientras una lágrima recorre mi rostro grito al cielo- ¡Por todos ellos!-.
Lentamente voy llegando a la gran ciudad y comienzo a oír ya el algarabío propio de la urbe.
Debo dirigirme a la posada principal donde he de verme con mis viejos amigos. El motivo, una cena inesperada para reunir por última vez a los compañeros de la Blanca Estrella. 7 éramos en un comienzo; ahora, solo 4 seguimos con vida.
Con lento pasear me aproximo a la posada. Abro la pesada puerta de madera y entro sin titubear. Durante unos segundos me sentí perdido y fuera de lugar hasta que alguien grito mi nombre.
Eldacar, estamos aquí-dijo Atanalcar-.
Mire a mi izquierda y allí estaban todos: Atanalcar, Manwedil y Tindómiel. Era el último en llegar.
Me senté en aquella mesa y empecé a mirar a mis compañeros. Su mirada triste hacia prever que aquella noche sería la última.
Por fin, el camarero se acercó. Los hombres pedimos vino de Dorwinion y Tindómiel hidromiel de los elfos del bosque.
Cuando nos sirvieron nuestras bebidas hubo un largo y estremecedor silencio que me atreví a romper
¿Quién nos ha reunido hoy aquí?-pregunté-
Yo -contestó Manwedil-Tenemos que partir Eldacar. A cada uno de nosotros nos ha sido encomendado un destino diferente. Tú te quedaras aquí Eldacar, en Gondor. ¡Han disuelto la Blanca Estrella! Así que para despedirnos he organizado esta última velada. -añadió Manwedil-.
Estoy contento de que lo hayas hecho. ¡Los últimos 4 miembros reunidos por última vez!-contesté-.
A continuación comenzamos a hablar y a beber en un tono alegre. Recordamos todo lo vivido juntos. Risa, alegría, lágrimas, tristeza e incluso vergüenza. Cuantos sentimientos producidos por el recuerdo.
Al cabo de un tiempo nos trajeron la cena, y he de decir que fue copiosa y exquisita.
¿Os acordáis de Arantar, Vardamir y Eldaron? A ellos les hubiese gustado estar aquí.-dijo Tindómiel-
Recordémosles entonces-dije- Recordemos sus últimos momentos con la Blanca Estrella.
Comenzaré yo-dijo Atanalcar-dejad que recuerde a mi hermano Arantar. Y Atanalcar comenzó a hablar.
Nos habían enviado como avanzada para conocer los designios del ejército corsario. Arantar y yo, cubiertos con capas pardas, íbamos precavidos entre la penumbra de la noche. Llegando al bastión corsario nos agazapamos en la copa de un árbol. Esperamos y observamos sus movimientos hasta que reunimos la información suficiente. Bajamos del árbol pero la suerte quiso que al descender yo pisara unas ramas secas que alertaron a los corsarios. Huimos tan rápido como pudimos pero una flecha guiada por el viento encontró su destino en el corazón de mi hermano. Cayó al suelo y allí entre mis manos manchadas de sangre se le escapó la vida. Cuanto le echo de menos.
Pude observar que los ojos de Atanalcar, mientras nos relataba la historia, derramaban unas cristalinas lágrimas que rápidamente se seco. Y cuando Atanalcar acabó su relato; todos, como si ya estuviese previsto, nos levantamos de nuestras sillas y con las copas en alto gritamos ¡Por Arantar!
Nos volvimos a sentar y Tindómiel con dulce voz dijo:-Dejadme recordar a Vardamir-.
Fría mañana primaveral de hace ya 3 años. Estábamos todos en una pequeña cabaña en el bosque disfrutando de unos días de descanso cuando un correo apareció. En él instaba a Vardamir a ir al desierto de Harad. Debía hacer de protector de una familia de gondorianos.
Partió al amanecer y entre despedidas sus últimas palabras fueron:-Nos veremos muy pronto-.
Un mes después las campanas redoblaban dando la bienvenida a la familia de gondorianos. Pero cual fue nuestra sorpresa al comprobar que Vardamir no estaba con ellos. Corriendo nos acercamos y preguntamos por él, y su única respuesta fue:-Un día, ya cerca de Gondor, se fue sin decir nada y partió de nuevo al Este.
Eso fue lo último que supimos de Vardamir. Y aunque salimos en su busca no dimos con él.
¿Estará vivo? ¿Dónde? ¿Muerto tal vez? Solo se que le echamos de menos.
Así acabó la historia de Tindómiel. Y esta vez, también pude observar sus lágrimas corriendo por su hermosa cara. Y otra vez nos volvimos a levantar y con las copas en alto gritamos al unísono: ¡Por Vardamir!
Esta vez Manwedil, con su voz fuerte y poderosa dijo:-Ruego que me dejéis recordar a Eldaron-.
Y así, comenzó la historia de Eldaron.
Fuimos enviados a luchar contra los orcos de Mordor. Eldaron y yo estábamos al mando de 500 hombres de Gondor y nuestra empresa, frenar el avance de las hordas orcas. Llegamos al atardecer donde debíamos atacar a los orcos. Esperamos pacientes hasta que la batalla comenzó. La suerte no nos quería acompañar, ya que los orcos eran superiores tanto en número como en armamento. Luchamos y luchamos pero a nuestro alrededor solo caían hombres de Gondor. Teníamos pocas esperanzas de sobrevivir así que tocamos a retirada. Reunimos a todo el que todavía respiraba e intentamos huir. Y allí defendiendo la retirada Eldaron fue muerto mientras luchaba con un orco. Otro orco le había atacado por la espalda y le había atravesado con su arma.
Vi el cuerpo de Eldaron desplomarse sobre un manto cobrizo de hojas otoñales. Y allí encontró su descanso eterno. ¡Que mandos te tenga en su gloria!-dijo Manwedil-.
De nuevo, bajo los negros ojos de Manwedil una lágrima recorrió sus mejillas. Y de nuevo todos nos levantamos y con las copas en alto, de nuevo volvimos a gritar: ¡Por Eldaron!
Se hizo tarde y el sol ya casi mostraba sus primeros rayos de luz.
Será mejor que nos retiremos.-dijo Manwedil-.
Los demás asentimos. Nos levantamos de nuestras sillas y entre abrazos, lágrimas y despedidas uno a uno fueron saliendo de la posada con paso lento, abatido y la cabeza recogida bajo las capas. Así desaparecieron para no volver jamás.
Yo me quede un tiempo más en aquella mesa. Me quede pensando en todo lo vivido, los buenos y malos momentos, las risas y los llantos, el placer y el dolor que sentí con ellos. De todo aquello, ya solo queda la sombra del recuerdo. Y en este momento me levanto, alzo mi copa y mientras una lágrima recorre mi rostro grito al cielo- ¡Por todos ellos!-.
Comentario:
Cuanto mas lo leo mas me gusta este relato.Eres un genio.
Creo que ya somos 6.
Un beso
Tu dama
Creo que ya somos 6.
Un beso
Tu dama
Comentario:
K bonito!!!!!Pedazo escritor tenemos en nuestra tierra,y k modesto....N fín,un besito,golosón!!!





