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*QUITAPENAS *
MI AMARILLA VIDA ENTRE "JAPONESIDOS"... LOS DE LOS "OJITOS DE REGALO"
Acerca de
X: Periodista, Profesor de Comercio Internacional y Marketing, "Aviador de Pucheros", mitad torero, mitad samurai... En fin, un "toro bravo" perdido en los confines del Sol Naciente. Locations of visitors to this page
Sindicación
 
“Otro odioso día de tren…y van…”


Hay dias que amanecen retorcidos y no hay cristo que los endereze. Ayer fue uno de esos. Subo al tren en Yokohama con destino a Akihabara. Son las 6 de la tarde y el tren con dirección a Tokyo va semivacío. De momento. Me “aparco” en un rincón, como tengo por costumbre. Llegamos sin novedad hasta Kawasaki donde sube en tropel una horda de salarymanes, la mayoría empleados de Fujitsu, por sus “pisacorbatas”, que hacen que tengamos que apretarnos como sardinas en lata.

También suben “masajistas” de varios países. Rusas, tailandesas, colombianas y brasileras. Es sorprendente las que hay y aún no entiendo porque se las disfraza con ese nombre cuando claramente su actividad es únicamente sexual. Empezarán su trabajo a las 7 de la tarde en Roppongi y casi todas se van acicalando mientras conversan despreocupadamente. Llegamos a Shinagawa, y salen raudas para coger el Yamanote-sen, el tren circular que recorre el centro de Tokyo y que las llevará a su destino laboral.



El tren se sigue llenando y es casi imposible moverse. Detrás de mi se coloca un asalariado “japo” y a cada vaivén me va clavando su maletín en la pantorrilla. Se hace el dormido y como si nada. Ni se inmuta. Como se baje antes que yo en cualquiera de las siguientes estaciones, le toca el premio. Llegamos a la estación de Shimbasi y se prepara para bajar. Va cogiendo posición para salir de los primeros. Llega mi oportunidad. Según sale, le pongo disimuladamente la zancadilla, sale trastabillado y acaba en el puto suelo. Los demás pasan a su lado sin inmutarse. No sabe de donde le ha venido, se levanta y me mira pero me hago el sueco. Se cierran las puertas y arranca de nuevo el tren. Adiós, hijo de puta.

Llegamos a la estacion de Tokyo y entra un ex-luchador de sumo, inmenso, Mirada inquisidora, pelo engominado y recogido en una coleta, vestido de negro, con anillos de oro en todos los dedos y un enorme medallón que parece el de un cofrade de la Virgen del Rocío. Estará de “mamporrero” en algun clan yakuza, por la pinta que lleva. Mastica chicle ruidosamente. Saca un periódico tipo sabana, lo despliega y se pone a leer. Los demás, temerosos, le hacen sitio. Se pone detrás de mi y observa los anuncios de prostitutas. Lo visualizo perfectamente a través del reflejo en los cristales.

De pronto apoya el periódico sobre mis hombros y mi cabeza como si fuera un “sujetalibros”. Aguanto estóicamente porque me bajaré dos estaciones más allá y estoy claramente en inferioridad. Creo que busca provocarme por ser extranjero. Llegamos a Akihabara. Sé que no se bajará en esta estación porque ni ha intentado doblar el periódico y ni se ha movido. En el momento en el que el tren está parando pego un cabezazo hacia atrás, que le pilla desprevenido, y el periódico se le cae de las manos. Me fulmina con la mirada pero salgo rápidamente y comienzo a andar hacia la escalera, sin mirar atrás. La multitud me sigue. Son las 7 de la tarde y llego a mi destino. Adiós cabrón.

A las 11, tomo el tren para regresar a Yokohama. Me acomodo en los asientos para jubilados. Hay sitio para tres personas. Me coloco en uno de los asientos laterales y cierro los ojos. En Tokyo sube un “salaryman” y se planta en el otro lateral del asiento. El del medio sigue libre. Coloco mi mochila en él. Me estoy adormilando. Cuando llegamos a Simbashi, me golpean varias veces en la rodilla, bruscamente. Otro salaryman que, a cajas destempladas, me dice que le deje sitio libre que se quiere sentar.

Se apoltrona en el centro y coloca su maletín sobre sus piernas…y las mias. Le digo que ni me toque, que lo ponga de otra manera, que me molesta. Ya metidos en faena, le suelto que dónde tiene la educación. Le explico que las cosas se piden por favor, en japonés o en inglés, que me da igual pero no a golpes. Mientras le digo esto le lanzo tres codazos al flexo solar y le pregunto que qué opina del método, que si le parece correcto. Y, que si tiene algun problema, nos bajamos en la próxima y lo hablamos. Le fluye el genio, pero es incapaz de hacer nada. Llama por el móvil un par de veces y me mira de reojo contínuamente, de mala hostia. Ni me inmuto. Pasando de él.

Hace ademán de recoger sus cosas para bajarse en Kawasaki, la próxima estación. Sabiendo como son de vengativos los japoneses me pongo a la defensiva, me subo las mangas y me preparo para devolver el golpe, si es que me lanza un recadito. Se levanta y ocurre lo que no me esperaba. Me pide perdón en inglés y me tiende la mano. Nos damos un apretón de manos y le digo que no se preocupe, que tan amigos. Por lo menos aprendió la lección.

Sigo en tren hasta mi barrio, veintitrés minutos más. Al llegar cojo mi bicicleta y me lanzo a tumba abierta por el “shotengai”, calle comercial abajo. Tengo hambre. Decido ir a comer un ramen al restaurante de mi amigo japonés, “Pepe el Guarro”, algún día os diré porqué, pero hace un “kakuni ramen”… exquisito.
 
“Cuervos: una plaga sin solución”…


Si alguna vez viajáis a Japón es posible que al amanecer, a eso de las 4.30 de la madrugada, cuando el rojo sol comienza a aparecer, oigáis una serie de ruidos ensordecedores que os hagan despertar sobresaltados. Podréis escuchar batir de alas, graznidos por doquier, o cualquier sonido extraño. Todo junto. Son los cuervos, innumerables, disputándose la comida entre los restos de basura. Y siempre a la misma hora pues el cuervo es exquisíto y escrupuloso para establecer su horario de comida. Las 4,30 de la madrugada. Ni antes ni después.

Este problema, que se acrecenta día a día, es desagradable y exasperante para los ciudadanos que vivímos en ciudades como Tokyo o Yokohama. Un reciente estudio ha calculado que entre ambas ciudades suman la increíble cifra de 60.000 cuervos habitando en ellas y en aumento constante. Su crecimiento contínuo se debe al arcaico sistema de recogida de basuras en Japón.

En cualquier país civilizado la basura se tira a los contenedores instalados para el caso  o, a lo sumo, se depositan en el suelo en bolsas negras o de color oscuro que evita que la luz penetre en ellas y acelere la descomposición, a la par de impedir que se vea lo que hay en su interior. Asimismo, el servicio de recogida suele ser nocturno, mientras los ciudadanos duermen y los trabajadores del servicio de recogida pueden realizar su trabajo más tranquilamente. Eso, como dijimos en cualquier país civilizado, pero en Japón, no.

En Japón el servicio de recogida de basuras se efectúa durante la mañana, entre las 9 y las 11, ya bien entrado el día. A veces, incluso al mediodía, la basura todavía continúa en las calles. Además, no se introduce en contenedores, porque no los hay ni en las grandes ciudades, ya que el servicio de basuras no está automatizado. La recogida se hace a mano, generalmente a través de operarios coreanos que son propietarios de su propio ( y pequeño ) camión de recogida. Y, por si fuera poco, es obligatorio tirar la basura en sacos transparentes, para vigilar lo que se tira, ya que hay un día establecido para cada tipo de resíduos, por lo que la basura orgánica se recoge, a lo sumo, tres veces por semana.

Todo ello es un caldo de cultivo idóneo para la proliferación de cuervos, ratas y gatos que se disputan el sustento diario al amanecer. Mientras no cambie el sistema de recogidas y la adecuación de infraestructuras y logística, el problema seguirá aumentando. Pero lo único que hace la administracción nipona es solicitar a los vecinos que tiren sus bolsas de basura alrededor de las 8 de la mañana y que la coloquen bajo redes colocadas al efecto. Medida poco efectiva porque la gente está harta de tener la basura orgánica oliendo mal en casa durante dos o tres días, y la saca a la calle la noche anterior a la recogida, como es lógico y comprensible. Y, te da la risa, cuando una funcionaria de la Oficina Medioambiental de Tokyo, la Sra Iwakami dice: “no toda la culpa es de los cuervos, sino también de la gente, que cada vez saca más y más basura”. ii Querrán que nos la comamos, no te jode!!



Pero hay otros daños colaterales. El aumento de los cuervos está cambiando el ecosistema local ya que otras especies de aves, como las palomas o los gorriones están desapareciendo de estas ciudades porque sus nidos son atacados por éstos y devoradas sus crias. A diferencia de otros cuervos, los de aquí, son más grandes y mucho más agresivos, atacando frecuentemente a las personas para robarles la comida, en plan oso Yogui, o si te acercas imprudentemente a su zona de nidificación en la época de cría.

No es rara la noticia que informa que alguien ha sido atacado por los cuervos ( mi hijo pequeño sufrió un ataque y dos picotazos en el brazo mientras jugaba a futbol ) e incluso se ha dado el caso de una familia que destruyó un nido de cuervo que había en su balcón y desde entonces cada vez que salen de su casa tienen que ir protegidos por un casco pues son atacados continuamente por los cuervos. Y la admistracción sin acertar con la solución del problema, con lo fácil que es matarlos de hambre, si se instalan contenedores herméticos. Ver para creer.
 
"Semana Santa MADE IN JAPAN"...

“Semana Santa Japonésida”…

En esta fechas de recogimiento y sosiego, procesiones de romanos y capirotes, playita y solaz, prohibición de carne y otras viandas, os envío una foto de mi prima Keiko, la de Kyoto, que participa como Guardia Pretoriana en la “Santísima Cofradía de los Mil Pendones”, para que os quede constancia gráfica de que aquí también se celebra la Semana Santa… pero a su puta bola.


 
“El taka-taka más cabrón”…


Si hay en Japón, el pais de los taka-takas, un personaje que tenga un odio furibundo hacia los extranjeros ése es Shintaro Ishihara, el gobernador de Tokyo, xenófobo al cien por cien, y, elegido por mayoría en las ultimas elecciones, llevándose el 70,21% de los votos. Esta situación nos da a conocer la realidad sobre el pensamiento de muchos japoneses hacia los extranjeros. Y lo que es peor: una encuesta realizada muestra que el 62,4% de los votantes de Ishihara quiere que el gobernador llegue a primer ministro.

Este hombre, verdadero peligro para la paz social, arremete furiosamente contra los inmigrantes, ya sean chinos, coreanos (sus eternos enemigos) o de cualquier otra nacionalidad. Una de sus frases más famosas es la que dice “tenemos que matar todos los cuervos que hay en Japón y dárselos de comer a los extranjeros”…



Y ha sido el protector del prófugo Fujimori durante el affaire con Perú sobre su extradicción. Ha dicho frases como ésta: "Las mujeres, una vez dejan de tener hijos, no sirven para nada". O como ésta otra, en alusión a los inmigrantes chinos ilegales: "No tienen ética y viven como animales". Muestras extraídas de su discurso militarista, xenófobo y discriminatorio.

Seguimos citando perlas de su discurso: “Uno de los aspectos que más desagrada a los ciudadanos de Tokio es la creciente inseguridad provocada por los extranjeros malos que se infiltran en nuestro país para vivir clandestinamente la culpa es de los iraníes, los paquistaníes y los chinos ilegales”…

“El problema con los extranjeros malos es que, una vez detenidos, no entienden japonés, por lo que hay que ponerles un intérprete, que cobra mucho dinero. En la cárcel surgen más problemas, porque los indios no quieren comer carne de vaca y los paquistaníes no quieren comen carne de cerdo”, continúa diciendo.

Después llega el turno de EEUU: "Los americanos vinieron, abrieron la Playstation2 y vieron que tiene un microchip que no tiene ningún otro país. Ya les gustaría a los chinos y a los norcoreanos. Si seguimos así nos lo quitarán. Los americanos sólo vienen a robar las patentes".

Ahora le ha tocado la vez a los franceses y a los italianos. Los dichos de Ishihara hicieron referencia a la crítica que suele hacerse a la forma de contar de los franceses. Por ejemplo, el número 80 se traduce como "cuatro veces 20". "No es una sorpresa, entonces, que el francés no sea un idioma internacional. Es un lenguaje que no puede numerar", dijo el gobernador de Tokio. Por ello, tiene una demanda de un grupo de 21 profesores franceses en los juzgados de Tokyo.

Y en estos dias las autoridades italianas están buscando una solución para terminar con una polémica sobre la fachada de color rojo del Instituto de Cultura Italiano de Tokyo, que no gusta a los habitantes del barrio de Chiyoda, donde está situada. Y cómo no, Shintaro Ishihara, se puso de parte de los residentes al afirmar que el color del edificio era "incompatible con la sensibilidad del pueblo japonés".

Ishihara pidió a las autoridades del barrio de Chiyoda que solucionen el problema, ya que si no será la alcaldía la que se encargue de “solucionarlo. Por su parte, la embajada de Italia, propietaria del terreno, explica que este edificio de 12 plantas ha sido construido en "el respeto del reglamento japonés".

Y ...cuándo nos tocará a nosotros los hispanos escuchar sus barbaridades en directo…?
 
Es época de “o-hanami”…



Estos días Japón es una sinfonía en rosa. Estámos en la época de “o-hanami”, el florecimiento y caída de los pétalos de la flor del cerezo. Los hay por todos los lados, en los parques, en las orillas de los rios, en las calles o en cualquier lugar donde se pueda plantar un árbol, incluso en los cementerios. Todo es de color rosa pálido. Y por supuesto, cualquier cosa que quieras ver o comprar todo tiene color rosa. Puro comercialismo, puro negocio. El llamado mercantilismo rosa.

Aunque el “kafunsho” (alergia al polen del cedro) sigue haciendo estragos, no es óbice para que la mayoría de los japoneses salgan a los parques a contemplar la lluvia de pétalos. Desde hace días, todos ellos se preocupan de colocar debajo de su “zona preferida” de cerezos una gran lona plástica de color azul, con su nombre, que delimíte su territorio, atada por los cabos y sujeta al suelo, frente a la invasión enemiga. Como las golondrinas y las cigüeñas, “los japos”, siempre vuelven al mismo sitio. Nadie le quita el sitio a nadie. Todo se respeta escrupulosamente.



A pesar de ello, pugnan por el mejor lugar para poder contemplar el espectáculo, y los hay que se pasan un par de noches o tres, a pesar del frio o el fuerte aire, viendo la caída de pétalos al trasluz de los rayos de luna o de las bucólicas farolas. Para ellos es una de las épocas más esperadas del año ya que es de las pocas ocasiones que disfrutan de la compañía de la familia, los amigos o los compañeros de trabajo. Además, para los jóvenes, es una fuente de romanticismo que posibilita el nacimiento de nuevos idilios y recordarán siempre que se conocieron o se prometieron amor eterno en el “o-hanami”.

Pero el “o-hanami” tiene otro transfondo: es una excusa para emborracharse todo el mundo. En esos dos o tres días se bebe contínuamente. Los hombres cerveza y sake, las mujeres te o chu-hi y alguna que otra cerveza. Los niños todo tipo de bebidas refrescantes pues se divierten corriendo por los alrededores y, por supuesto, jodiendo al prójimo, sin que sus padres hagan nada por evitarlo. Personalmente, me han invitado todos los años a celebrar esta fiesta junto con grupos de alumnos o amigos japoneses… pero nuncahe ido, por varias razones.



Una de ellas es que no me gusta estar todo el santo día viendo las mismas caras y en el mismo sitio plantados sin hacer nada. Levantas la vista y ves a los mismos. Giras la cabeza a izquierda o derecha igual. Siempre los mismos gestos, siempre las mismas caras. Y cuando los grupos colindantes, por efecto de los vapores etílicos, empiezan a confraternizar ya empieza la vorágine. Cacareos por acá y por allá, risas sin sentido y conversaciones triviales. Después, si te he visto no me acuerdo.

Otra causa por las que no voy es por la comida. Si voy, tengo que preparar unas tortillas españolas, de patata, llevar embutidos etc… o hacer una paella. A cambio voy a comer “o-nigiri” (arroz blanco en forma de bola o triángulo con algún ingrediente dentro y cubierto por algas “nori” ) o sushi (arroz blanco con pescado o marisco crudo encima) o spaghettis frios “del siglo XVI” y una ensalada “del pais”, que no lleva ni sal, ni vinagre, ni aceite de oliva ni nada, solo aliñada con “dressingu”, una mezcla ya preparada y embotellada industrialmente. ii Vamos un asquito !!. Mejor comer en casa.



Y hay otra causa más importante: en todas las ocasiones en las que he participado en la “fiesta del traje” (yo traje esto, tu trajiste lo otro, él trajo lo de más allá) siempre… siempre, la comida que preparo yo es la que primero se acaba. Acuden como lobos agónicos, en manada, como si estuvieran esperándola, mientras que la de ellos sobra, porque todos llevan más de lo mismo. Después, al terminar, los restos se los reparten, así que vuelven a casa con parte de lo que han llevado. Desde luego, nunca cogeré nada, ni me apetece, tampoco.

Pero bueno, como son felices a su manera, que la disfruten muchos años y, con su arroz se lo coman.