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*QUITAPENAS *
MI AMARILLA VIDA ENTRE "JAPONESIDOS"... LOS DE LOS "OJITOS DE REGALO"
Acerca de
X: Periodista, Profesor de Comercio Internacional y Marketing, "Aviador de Pucheros", mitad torero, mitad samurai... En fin, un "toro bravo" perdido en los confines del Sol Naciente. Locations of visitors to this page
Sindicación
 
Viernes noche en Kawasaki


Hoy es viernes y comienza, a las 6 de la tarde, la diversión japonesa semanal. A esa hora contemplo desde la ventana de mi oficina como diferentes grupos de empleados se dirigen a beber a las “izakayas” -tabernas baratas-, donde olvidarán las penurias y restricciones alcohólicas semanales. En poco más de una hora la mayoría de ellos tendrá un puntito lúcido,es decir, una cogorza fina, debido a las “yokkis” de entrada – jarras de cerveza-, como mínimo dos o tres, bebidas apresudaramente, y luego, vasos de saké o de shochu – aguardiente japonés- irán cayendo con auténtica fruición. Entre tanto habrán picado unos minúsculos aperitivos, “otsumami” que generalmente combinan vegetales diversos y carne en ligeras tiras. Para ellos es vital beber y hablar los viernes con los compañeros aunque el resto de la semana apenas tengan contacto entre sí.

Salgo de mi oficina a las 7,30 y ya muchos de ellos, sudorosos y rojos como tomates, se dirigen hacia el tren, agarrados del brazo, tambaleándose y farfullando palabras ininteligibles. Por la pinta que llevan, la mayoría llegará a casa en lamentables condiciones. Y el que no llegue, se habrá quedado aparcado en algun sitio a dormir la borrachera o se “transmutará” en el tren, entrando en estado semi-letárgico, y pasará de largo hasta el fin del mundo. Mientras caminan les ofrecen folletos de karaoke, tarjetas para acudir a night-clubs, a 16,000 yenes los 30 minutos o a 23,000 los 45, solo por hablar y beber o intercambiar una leve caricia con las hostess-girls, -filipinas, thais, rusas-. Las “masajistas” chinas que pululan por la avenida intentan hacerles pasar sus viernes- noche particular: “massage ikaga desuka…? Niman, niman, ii kimochi desune !!...” ( “Te apetece un masaje…? son 20,000… Está muy bien !!...”). A mi me conocen de verme pasar a menudo asi que ya ni me molestan. Pero al principio era terrorífico. En doscientos metros del tramo central de la avenida, que veinte mujeres te pregunten lo mismo todos los días es cargante. Incluso las hay que se te cuelgan del cuello o del brazo y se van andando contigo, insistiendo, insistiendo… pegajosamente.



He decidido irme a comer un ramen chino picante, “maa-ramen”, mi preferido en Kawasaki, al séptimo piso del More`s, un edificio comercial y de diversión que me queda muy cercano y luego me iré a casa en bicicleta, disfrutando de la noche y del ambiente, pedaleando sin prisas. Mientras me llega el humeante tazón rojo con los tallarines cortados a mano y picando a rabiar, pido una yokki y observo que poco a poco el lugar se va llenando de chicas oficinistas y de empleadas de las tiendas del edificio. Todavía les quedan unas horas de trabajo y salen a cenar rápidamente. A pesar del aire acondicionado todo el mundo suda por efecto del calor de la sopa y por sus agresivos componentes.

Cerca de la estación de tren, junto a unos jardines, como todas las noches, está el grupo de mendigos habitual tomando litros y litros de “chu-hi”, aguardiente con zumo de pomelo. Ya van bien servidos. Suele haber seis mendigos, incluída una mujer. A veces desaparece con alguno de ellos entre los arbustos para desfogarlo, por el módico precio de mil yenes, que siempre le entregan a prorrateo, al momento de levantarse del grupo. Al regreso nadie pregunta nada. Ni se inmutan. Un grupo bien avenido sin tabues moralizantes ni zarandajas por el estilo.


Me interno en una larga calle, iluminada con cientos de farolillos, donde estan la mayoría de los clubs nocturnos de la zona. A la puerta, tomando el fresco, decenas y decenas de mujeres ofrecen su mercancía mediante dos palmadas, !! pan pan !!, de ahí viene que antiguamente se denominara como chicas “pan-pan” a las que practicaban la prostitución. Aparcados, con vigilantes trajeados, hay una gran cantidad de coches negros, con cristales tintados, de gran cilindrada, casi todos de marcas extranjeras. Pertenecen a la “yakuza”, la mafia japonesa que controla el puterío, los juegos y el dinero negro a alto interés. En esos momentos pasa un coche policial, un “Patoka” – Patrol car-, que hace la vista gorda mientras pasa en su primera ronda nocturna. Los mafiosos ni se inmutan y las chicas menos. Se nota connivencia en el ambiente: “Si tu no nos molestas nosotros tampoco te molestamos. Cada uno a lo suyo”.



Al llegar al otro lado de la estación, al lado del “Symphony Hall” hay un grupo de asalariados de primer año sentados en el suelo. Ellos y ellas con su traje negro. Hay uno borracho total al que le han colgado una bolsa plástica de oreja a oreja para que vomite sin manchar. Tecnología punta. Al lado del grupo hay desparramadas una ingente cantidad de latas de cerveza y chu-hi. Se nota que están disfrutando. Viene un “recogelatas”,de los muchos que hay ahora y casi llena un saco. Mañana sábado las irá a vender ya machacadas junto con todas las que ha recogido durante la semana y se sacará unos pocos billetes para seguir subsistiendo.

Sigo pedaleando un rato y entro en un “convini” a comprar una cerveza. Sólo quedan de las caras. Los salaryman han acabado con las happosu, las baratas. Se nota que los gastos van haciendo estragos en sus bolsillos. Compro una Asahi de medio litro y la bebo tranquilamente, aislado del mundanal ruido. Una placidez de la que no saben disfrutar los japos en viernes.