Me gusta pasear por estas calles.
Hace frío en mi ciudad y sus habitantes surgen de las calles asustados y pocos acostumbrados a llevar tanta ropa. Como cebollas pomposas andan sin rumbo esperando encontrar estufas en las calles, pero encuentran un lugar poco acostumbrado al frío que espera con ansias el próximo verano, que comenzará en febrero. Mientras, yo, desordeno mis cajones buscando el recuerdo que hará encontrar mi disfraz de invierno.
“Me gusta pasear por estas calles”, pienso mientras llueve y viajo sin paraguas, sin rumbo y sin ganas de encontrarme a nadie. No estoy preparada para el frío, pero realmente adoro esta época de tranquilidad, antes de la próxima estación de verano que aquí dura más o menos ocho meses.
Esta noche ha sido una de las heladas que yo recuerde, la he disfrutado como nadie, no suelo llevar el pelo suelo, pero hoy mis pequeños rizos se contoneaban a su antojo, nadie los tenía atados. Tengo la gran facultad de tener siempre las manos y la nariz fría, así que con esa excusa me acojo a las tuyas, a tu cintura y a tu hombro para caminar contigo, pero tu me llevas, paseando como si yo no caminase, como si yo tan sólo flotara en el gélido ambiente de este triste y azul invierno que es como yo, fugaz y desanimado.
“Me gusta pasear por estas calles”, pienso mientras llueve y viajo sin paraguas, sin rumbo y sin ganas de encontrarme a nadie. No estoy preparada para el frío, pero realmente adoro esta época de tranquilidad, antes de la próxima estación de verano que aquí dura más o menos ocho meses.
Esta noche ha sido una de las heladas que yo recuerde, la he disfrutado como nadie, no suelo llevar el pelo suelo, pero hoy mis pequeños rizos se contoneaban a su antojo, nadie los tenía atados. Tengo la gran facultad de tener siempre las manos y la nariz fría, así que con esa excusa me acojo a las tuyas, a tu cintura y a tu hombro para caminar contigo, pero tu me llevas, paseando como si yo no caminase, como si yo tan sólo flotara en el gélido ambiente de este triste y azul invierno que es como yo, fugaz y desanimado.
Próximamente.
En Octubre escribí una historia de amor, decidí probarme y poder ver si yo era capaz de hacerlo, y además esta escrita al revés, del Capitulo V al I. Una muy buena amiga mía me ha dicho que no puedo dejarla así, ella quiere saber con quien se queda realmente Ornella, pero como estuvimos debatiendo… yo tampoco lo se. Así que próximamente escribiré el final de esa historia, es larga y creo que quien no se la haya leído ya, no pensará hacerlo, pero es por avisar que, para quien le interese, dentro de poco sabremos que pasa.
Pd: Acepto ideas, si alguien piensa quien el su hombre ideal que me lo diga. Luego la historia hablará por si misma y yo poco podré hacer. Gracias por leer esto.
Pd: Acepto ideas, si alguien piensa quien el su hombre ideal que me lo diga. Luego la historia hablará por si misma y yo poco podré hacer. Gracias por leer esto.
Por si la quieres.
Me gusta pasear descalza cuando llueve, así mientras alguien llora calladamente, aunque toda la ciudad escuche, yo camino con la alegría de compañera, esperando que hayas guardado bien las nubes de tormenta, pues, totalmente contraria al mundo, yo soy feliz mientras lloran las nubes.
Guarda bajo llave nuestros paseos, nos harán falta cuando estés lejos y sólo la voz nos acerque un poco el uno al otro, mientras el mundo se aleja, pero los sonidos unen.
Guarda nuestras miradas, esas con las que no hace falta hablar, esas donde las palabras sobran, esas en las que pocas personas descubren que nos hemos encontrado, las que nos son fieles, las que entendemos y las que al recordar, te encuentro.
A veces pierdo las palabras olvidadas que decimos, me parecen adecuadas mientras espero trenes, aunque siempre acabo cogiendo aviones. No odio volar, pero nunca se en que momento puedo caer cuando estoy en el aire, quizás por eso te pido que guardes tantas cosas, que me cuentes cuentos o simplemente que me des las buenas noches a través de una estúpida melodía, que por desgracia elijo yo.
Yo tan sólo te guardo una tarde de sol, por si la quieres.
Guarda bajo llave nuestros paseos, nos harán falta cuando estés lejos y sólo la voz nos acerque un poco el uno al otro, mientras el mundo se aleja, pero los sonidos unen.
Guarda nuestras miradas, esas con las que no hace falta hablar, esas donde las palabras sobran, esas en las que pocas personas descubren que nos hemos encontrado, las que nos son fieles, las que entendemos y las que al recordar, te encuentro.
A veces pierdo las palabras olvidadas que decimos, me parecen adecuadas mientras espero trenes, aunque siempre acabo cogiendo aviones. No odio volar, pero nunca se en que momento puedo caer cuando estoy en el aire, quizás por eso te pido que guardes tantas cosas, que me cuentes cuentos o simplemente que me des las buenas noches a través de una estúpida melodía, que por desgracia elijo yo.
Yo tan sólo te guardo una tarde de sol, por si la quieres.
No buscaba la tranquilidad, pero allí estaba.
“-Dime un lugar donde te encuentres tranquila. –No contesté, muy personal como para decírselo a cualquiera.- ¿La playa?. –Asentí con cabeza.- Bien, comencemos…”
Siento haberle hecho tan poco caso, pero a mi la playa me encanta, pero no, no es donde yo me siento mas tranquila, no conozco ese lugar, pero está en mi cabeza, se como es, muy personal y muy íntimo.
Todo comenzó el día que tuve que aprender a relajarme, es una cuestión dura y difícil si ha de ser impuesta, al principio pensé en un bosque, pero me aterran los grandes bosques. ¿Y una playa? Pensé, pero no, no es tanto de mi estilo, entonces recordé lo que adoro el agua, pero las playas son muy públicas, al menos las que yo conozco, y buscar tranquilidad en ellas es un trabajo a todas luces difícil. Entonces recordé un sueño, un sueño bastante perturbador, no por él en sí mismo, sino por el significado, dicen, que tiene. En él vislumbraba, entre otras cosas, paisajes remotos, yo no he estado en ellos, pero para mí eran tan familiares… poblados antiguos, carreteras desérticas, catedrales fantasmales, cines abandonados y un pequeño lugar alejado de todo lo conocido. Allí nacían árboles con formas desatinadas, especiales y tintadas de un gris lóbrego, el cielo oscuro como una tarde de invierno que quiere llover, pero no lo hace, y en medio, reinando, un pequeño lago de aguas cristalinas donde el frío no existe, por mucho que ese paisaje tienda a ser helado. No había forma animal ninguna, sólo una figura, expectante y callada, esperando el momento oportuno para hablarme en una lengua no escrita, ni inventada por hombre alguno. Intentaba avisarme, ¿de un peligro quizás?, eso me dijeron.
Aún así de lo inhóspito del lugar yo al embutirme en él me sentía calma, tanto que cuando algún “constructor de mentes” intenta hacer mi estancia en sus dominios tranquila, yo dejo que hable, pero para mí, es ese lugar en el que reina la tranquilidad. No en playas ni en bosques, ni en desiertos, sino en aquel lugar que soñé hace hoy tantos años.
Siento haberle hecho tan poco caso, pero a mi la playa me encanta, pero no, no es donde yo me siento mas tranquila, no conozco ese lugar, pero está en mi cabeza, se como es, muy personal y muy íntimo.
Todo comenzó el día que tuve que aprender a relajarme, es una cuestión dura y difícil si ha de ser impuesta, al principio pensé en un bosque, pero me aterran los grandes bosques. ¿Y una playa? Pensé, pero no, no es tanto de mi estilo, entonces recordé lo que adoro el agua, pero las playas son muy públicas, al menos las que yo conozco, y buscar tranquilidad en ellas es un trabajo a todas luces difícil. Entonces recordé un sueño, un sueño bastante perturbador, no por él en sí mismo, sino por el significado, dicen, que tiene. En él vislumbraba, entre otras cosas, paisajes remotos, yo no he estado en ellos, pero para mí eran tan familiares… poblados antiguos, carreteras desérticas, catedrales fantasmales, cines abandonados y un pequeño lugar alejado de todo lo conocido. Allí nacían árboles con formas desatinadas, especiales y tintadas de un gris lóbrego, el cielo oscuro como una tarde de invierno que quiere llover, pero no lo hace, y en medio, reinando, un pequeño lago de aguas cristalinas donde el frío no existe, por mucho que ese paisaje tienda a ser helado. No había forma animal ninguna, sólo una figura, expectante y callada, esperando el momento oportuno para hablarme en una lengua no escrita, ni inventada por hombre alguno. Intentaba avisarme, ¿de un peligro quizás?, eso me dijeron.
Aún así de lo inhóspito del lugar yo al embutirme en él me sentía calma, tanto que cuando algún “constructor de mentes” intenta hacer mi estancia en sus dominios tranquila, yo dejo que hable, pero para mí, es ese lugar en el que reina la tranquilidad. No en playas ni en bosques, ni en desiertos, sino en aquel lugar que soñé hace hoy tantos años.
Hipocondríacas de pasillo.
Ayer conocí a una mujer que le daban miedo los pasillos, vive en un casa llena de habitaciones con recuerdos de un futuro mejor que no alcanza porque sólo sabe mirar en sus libros de poemas, todos en blanco.
Aquella mujer que buscaba la alegría bajó rápido las escaleras intentando encontrar una mañana mejor a la de hoy, pero sólo vio incompetencia y pocos, y variados, amigos desconsolados. Se apretó los ojos pues todo se volvía de un verde oliva que no le gustaba, todo se volvía borroso como cuando no lleva gafas, todo se volvía silencio, pero todo hablaba. El miedo a encontrarse sola en una multitud le ha dado fuerzas para superar el entrar en edificios públicos, todos llenos de pasillos interminables, donde la gente reza por los rincones, grita en los marcos de las puertas la poca felicidad y lo mucho que echan de menos el volar a ras del suelo.
Volvió aquella mujer a casa encontrando verdades, sabiendo mentiras y escuchando rumores, le partieron el alma. Y hoy camina con alas rotas desengañada de su propio desengaño.
Dicen que la tristeza es la parte azul de mi alma. Se que la melancolía esta ligada a mis sentidos, y también que éstos no están donde deben, pues cruzaron la tierra hace media hora a 60 km/h para encontrar la tierra prometida, esa que sólo encuentro cuando no me ronda aquel vago recuerdo de odiar lo que mas amo.
Aquella mujer que buscaba la alegría bajó rápido las escaleras intentando encontrar una mañana mejor a la de hoy, pero sólo vio incompetencia y pocos, y variados, amigos desconsolados. Se apretó los ojos pues todo se volvía de un verde oliva que no le gustaba, todo se volvía borroso como cuando no lleva gafas, todo se volvía silencio, pero todo hablaba. El miedo a encontrarse sola en una multitud le ha dado fuerzas para superar el entrar en edificios públicos, todos llenos de pasillos interminables, donde la gente reza por los rincones, grita en los marcos de las puertas la poca felicidad y lo mucho que echan de menos el volar a ras del suelo.
Volvió aquella mujer a casa encontrando verdades, sabiendo mentiras y escuchando rumores, le partieron el alma. Y hoy camina con alas rotas desengañada de su propio desengaño.
Dicen que la tristeza es la parte azul de mi alma. Se que la melancolía esta ligada a mis sentidos, y también que éstos no están donde deben, pues cruzaron la tierra hace media hora a 60 km/h para encontrar la tierra prometida, esa que sólo encuentro cuando no me ronda aquel vago recuerdo de odiar lo que mas amo.





