Blogs.ya.com Quitar publicidad
Quizás no es el momento.
Acerca de
La estupidez es infinitamente mas fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene sus límites, la estupidez no.
Sindicación
 
Olores, colores y melodias.
Tengo instantes guardados en mi retina, en mi memoria y en mi oído. Todo lo que recuerdo se compone por momentos de melodía, guardo cada uno con una canción de fondo, sonara de verdad o simplemente en mi cabeza. Para mí sería imposible vivir sin música. Cada persona desprende un olor, un color, una sensación y algunos, sólo algunos, una melodía muy especial.
Los momentos dolorosos se tintan con canciones que ya no puedo escuchar, porque instintivamente me pongo a llorar como una niña acorralada. Los inolvidables se tiñen de lozanas canciones.
La Banda Sonora de mi vida es peculiar, a veces creo que es un brote taciturno de locura, o tal vez una manera de escapar a la horrible realidad, teñida de azul oscuro como una noche sin luces. Quizás, simplemente sea mi manera de ser y como nací en un día alborotado, ajetreada soy yo, mis pensamientos y mis manías de chiquilla caprichosa.
Una vez me contaron que una melodía mueve el mundo, pero, claro, como escuchamos constantemente ese armonioso sonido, nos hemos acostumbrado a él y lo hemos tachado de silencio. Pero si algún día esa melodía no sonase más nos volveríamos locos al conocer el verdadero significado de la palabra soledad, pues siempre nos acompaña. Algunos llegaron mas lejos incluso y dijeron que el Canon era esa melodía que mueve el mundo, algo tan perfecto no podía estar hecho por personas…
 
¿Alguien sabe donde terminan las llamadas perdidas?
Mis llamadas perdidas suenan a las primeras notas de una canción de Joaquín Sabina, y mis mensajes a una canción olvidada que todavía espera que alguien suspire con ella. Ahora me alegro de haber cambiado de número hace unos meses, o quizás días, horas…. El Tiempo pasa voluble y fugaz cuando dichosa es la situación, pues a partir que mi móvil no esta atestado de personas histéricas que quieren darme toques en la cabeza para que me acuerde de ellas –o Dios sabe para que-, vivo en una tranquilidad que no se puede pagar con dinero. Desde que tengo uso de estos aparatos he pensado que son cadenas pintadas de colorines, y como estaba de moda ser preso, todo el mundo los exhibía, y el que más orgulloso estaba era el preso que además de cadenas, tenía bola.
Ahora hemos pasado de ser presos, a ser marionetas de circo, pues de aquí a pocos meses nuestros maridos, novios, amantes, amigos, padres o vecinos sabrán en que locura estamos metidos con tal de llamarnos y que nosotros, necios e insensatos, abramos el móvil y veamos su cara de recién levantados, pero con un cotilleo. Pues amigos míos ¡las cárceles se han modernizado! Y por un módico precio le vendemos las cadenas, la bola, el traje y la celda.
Su utilidad es variada, sobre todo para padres preocupados, coches que están cansados de andar o novias celosas. Ahora el trabajo nos lo llevamos a casa, pues como olvidemos apagar nuestro chisme a colores nos agobiaran hasta cansarnos.
La Apocalipsis se acerca, damas y caballeros, uno de los grandes salteadores del sistema ha caído –una buena amiga mía- y se a atado a una bola que a veces habla, pero rara vez le hace caso.
Reivindicar un mundo sin cadenas es, a todas luces, imposible, la comodidad para gastar dinero más fácilmente nos abruma. Esta semana estoy cansada de estos bichejos, de aquí toda esta parrafada inútil.