El rincón de las hadas.
Desgraciadamente tenía razón, cuando el mundo tiembla no hay que meterse debajo de las sábanas y llorar. Pero, ¿quién podía reprocharle las ganas de escuchar música todo el día? ¿Quién podría hacerle cambiar de opinión?.
Esa persona ya estaba a años luz de su vida, reconstruyó su castillo de naipes y se encerró con muchas fichas, que tenía del casino al que iba todos los martes por la noche; olvidando así que una vez estuvo cerca, muy cerca de alguien, pero esa vez ni pudo apostar.
Esa persona ya estaba a años luz de su vida, reconstruyó su castillo de naipes y se encerró con muchas fichas, que tenía del casino al que iba todos los martes por la noche; olvidando así que una vez estuvo cerca, muy cerca de alguien, pero esa vez ni pudo apostar.





