Una de romanos.
Hoy me acordé de una vieja historia, me ha venido a la cabeza tras sentirme totalmente identificada con ella…
En la antigua Roma, la roma victoriosa, la Roma de Julio Cesar, cuando él mismo volvió victorioso de la Galia, tras ocho duros años de batalla, llevando consigo al principal cabecilla galo: Vercingetorix. (Y a parte de su familia).
Entre aplausos, alabanzas, palomas y demás halagos… entre la multitud… un grupo. Un grupo reducido de ciudadanos romanos gritaban:
-Julio Cesar, ¡eres un calvo maricón!.- pero en latín.
¿Qué razones llevaban a esas personas a insultar a Cesar? ¿No era un héroe? ¿No había llevado a Roma a una gran victoria? ¿No era él quién había estado ocho años de dura campaña? ¿Qué razón…?
La razón era simple. Los romanos eran ante todo… prácticos, mucho más de lo que todos nos imaginamos, su mentalidad era así. Y por lo tanto cuando alguien venía victorioso de una batalla, no debía sentirse como un Dios –que de eso tenían muchos-, ni debía pensar que ya no se podía superar. Así que contrataban a un grupo de personas para que le resaltase sus defectos (fueran ciertos o no) y le chillase que no era todo tan maravillo como se pensaban.
Eran ante todo… prácticos…
Hoy yo me sentía así, como ese grupo de civis romanos, pero sin paga, sin sestercios en la mano… ¿está bien tener esa mentalidad? Para mi, desde luego, sí.
En la antigua Roma, la roma victoriosa, la Roma de Julio Cesar, cuando él mismo volvió victorioso de la Galia, tras ocho duros años de batalla, llevando consigo al principal cabecilla galo: Vercingetorix. (Y a parte de su familia).
Entre aplausos, alabanzas, palomas y demás halagos… entre la multitud… un grupo. Un grupo reducido de ciudadanos romanos gritaban:
-Julio Cesar, ¡eres un calvo maricón!.- pero en latín.
¿Qué razones llevaban a esas personas a insultar a Cesar? ¿No era un héroe? ¿No había llevado a Roma a una gran victoria? ¿No era él quién había estado ocho años de dura campaña? ¿Qué razón…?
La razón era simple. Los romanos eran ante todo… prácticos, mucho más de lo que todos nos imaginamos, su mentalidad era así. Y por lo tanto cuando alguien venía victorioso de una batalla, no debía sentirse como un Dios –que de eso tenían muchos-, ni debía pensar que ya no se podía superar. Así que contrataban a un grupo de personas para que le resaltase sus defectos (fueran ciertos o no) y le chillase que no era todo tan maravillo como se pensaban.
Eran ante todo… prácticos…
Hoy yo me sentía así, como ese grupo de civis romanos, pero sin paga, sin sestercios en la mano… ¿está bien tener esa mentalidad? Para mi, desde luego, sí.





