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QUIZÁS... PENSABA EN TI
Mi vida, mis sueños, mi gente, mi mundo, yo y mis circunstancias...
Acerca de
Sindicación
 
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Yo dormía y sonó mi teléfono. Era A. No quería acostarse sin escuchar mi voz..... Aún sonrío.
 
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Sé que a veces es difícil de entender, que hay días que me siento la mujer más feliz del mundo y otros en los que desearía terminar con todo. Hoy no es un buen día. A. no está, tampoco me ha llamado, uno de mis mejores amigos está aquí y aún no le he visto porque, entre otras cosas, es “una cabeza loca”. Tengo ganas de verle, de abrazarle, y ya le he dejado miles de llamadas y mensajes (hablo de mi amigo)… y hoy, que necesito estar con alguien, y escupir la ansiedad (creo que son las hormonas) que llevo dentro no tengo a nadie, ni siquiera a él para hacerlo. Miro mi móvil… espero una llamada, de T. o de A. (eso ya no importa). Aún es pronto, me digo a mi misma…(ilusa). Me he enterado hoy que venía y he comprado cervezas, y aceitunas, y un poco de ron para recibirle, y he puesto mi mejor cara… y mi mejor sonrisa. Hoy, está claro, no es un buen día…

 
......
Él bebía una coca cola. ¿Qué tendrá/s que crea tanta adicción? ¿La coca cola? No, tú, respondió mirándome a los ojos. Y yo a eso lo llamo AMOR...
 
El problema de nombrar a las cosas...
El pelmazo de Garci (lo siento, pero no soporto a la gente con ese aire intelectual y altivo, que pretende darte una lección magistral cada vez que abren la boca) mencionaba ayer, en su programa (tampoco lo soporto) una frase de Woody Allen. Era algo así como que el amor duradero es siempre el no correspondido. Y en fin, puede que tenga razón. De todas formas no voy a entrar a valorar sus palabras, sino la reacción de A. No sé si os lo he contado alguna vez. A. tiene una facilidad pasmosa para tomar una frase, diseccionarla, analizarla, y hacer una tertulia con él mismo alrededor de su significado. Y ayer habló del amor. Decía que el amor sólo dura un instante, un momento, y que al día siguiente puede desaparecer de un plumazo, (como veis, le da menos vida que los científicos) porque a lo mejor ya no deseas estar con esa persona ni volver a verla. Podrías enamorarte platónicamente de cualquier mujer que pasara por la calle, decía, y yo... le miraba un tanto incrédula, un poco triste, porque yo no entiendo el amor así, aunque supongo que, simplemente, son maneras diferentes de nombrar ese sentimiento/ necesidad que nos hace estar juntos.
 
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Observo la lluvia tras los cristales de mi oficina, observo la vida pasar casi a ras de mi calle, lo observo todo, pero sólo me detengo cuando siento su imagen sobre mi cabeza. Y entonces me siento sola porque él no está aquí, a mi lado, para abrazarme. Le echó un vistazo rápido a mi corazón; parece que late con más fuerza ahora que pienso en él, en sus besos, y en mí. ¿Quien dijo que el amor es lo más hermoso del mundo?; se equivocaba. El amor es una condena de por vida. Pierdes independencia, individualidad, aquella capacidad de la infancia que te hacía ver cada segundo como una aventura, pierdes conciencia, fuerza... No sé, tal vez sea una percepción muy personal o sólo exclusiva de las mujeres. Los hombres parece que lo entienden de otra manera. Me gustaría ser hombre, pienso en silencio, para tomar distancias de las cosas, incluido A., para pasar las horas muertas frente a un televisor sin más objetivo que ver a unos tíos metiendo goles (y encima disfrutando), para salir del trabajo y tomar cervecitas con los colegas que no veo desde ayer (y si se tercia, terminar en aquel puticlub de la esquina, donde están las 40 tías mejores del mundo), para eructar sin tener que esconderme en el baño, y para descubrir que coño (o coños) pasa por esas malditas cabezas. Ah!!! Y para mear de pie, sí, para eso también.
 
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Al parecer el amor es sólo el producto de unos pocos elementos químicos que libera nuestro organismo; un sentimiento pasajero que dura entre 3 y 12 meses. Lo dice una antropóloga norteamericana, pionera en la investigación con escáneres para localizar el amor en nuestro cerebro.
Está claro que estos investigadores no han experimentado jamás algo parecido, que nunca han estado en mi piel, y que nunca han visto cómo mis ojos miran a A. cada vez que cruza la puerta de mi casa. ¿Elementos químicos? Si fuera tan fácil, me habría puesto ya un antídoto…
El amor es otra cosa… y si no que pasen y vean…
 
La Odisea de los Viernes
19 h: salgo de trabajar
Metro, autobús, gente que grita por los vagones sin motivo aparente. En realidad, no gritan, sólo hablan en alto (se nota que ha empezado el fin de semana)
20 h: compro unas cervezas en una tienda cerca de casa. Me gusta abrir una cerveza mientras conecto el ordenador.
20:15 h. Una ducha para expulsar todos los malos rollos del día. No hay nada mejor que el agua caliente para comprobar que sigues viva y sobre todo que estás limpia.
20: 45 h. Enciendo mi ordenador; miro mi blog, otros blogs, os escribo, chequeo mi correo, releo ese libro que empecé hace un año y que lleva parado algo más de cuatro meses – falta de inspiración- (Puedo hacer poca cosa más porque esto de la tarifa plana es una tortura)
21:00 h. Miro la tele; ni siquiera me molesto en encenderla porque ya sé que no hay nada interesante (memorizo la parrilla de TV en el trabajo todos los días y no, no me preguntéis porqué; costumbres suicidas, imagino)
21:15 h. A partir de aquí mi viernes empieza a ser una odisea o un constante ir y venir de planes que introduzco en mi cabeza. A. no suele avisar...; su llegada o no llegada siempre es una sorpresa. Sí, ya sé que es de locos, pero yo ya me he acostumbrado.
22 h. Empiezo a ponerme nerviosa si A. aún no ha dado señales de vida. Me maldigo por haber rechazado la invitación de una amiga que llamó esta mañana (prometía una noche salvaje) o por no haber montado un fiestón en mi casa o no haberme largado el fin de semana a casa de mis padres. Y sigo maldiciéndome hasta aproximadamente las…
22:30 h. Entonces todo depende de mi estado ánimo pero, yo que soy un animal nocturno, suelo lanzarme sobre el móvil para encontrar ese plan alternativo. ¿Viernes?, me digo a mi misma… Lo que sea, pero en casa no. Y lo que ocurre a partir de entonces vuelve a ser una odisea…

 
...


Y hoy siento que volvemos a caminar juntos de la mano y que nuestros ojos observan un mismo futuro. ¿Espejismos tras las sombras? Es posible..., pero ahora puedo mirarme, y ver mi pasado y sonreír..., porque hoy ya nada importa...
Creo que los dos, sin avisarnos, hemos hecho un pacto: EMPEZAR DE NUEVO y...
está funcionando...


 
¿?
¿Y si buscamos una casita a las afueras, y nos la compramos? Casi me caigo de la silla. Le pregunté varias veces si hablaba en serio. Completamente, fue su respuesta. Tuve que estar varios minutos sin parpadear porque puso una cara un poco extraña. ¿Te gustaría?, peguntó. Claro, le dije, claro que me gustaría. Bien, contestó, habrá que ir mirando…

Por si acaso… sigo sin creérmelo.

PD: Un beso para mi amigo “habanero” (tengo un contador que me lo chiva “to”)

 
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No sé cómo tienes tanta paciencia conmigo; esas fueron sus palabras. Yo le abracé, porque no hay explicaciones, porque no hay razones objetivas ni teorías matemáticas. Porque detrás de mi paciencia, de mi espera, y de mi compromiso solo estoy yo y este amor y este sentimiento poderoso que me congela la sangre cuando él no está…
 
Mi propósito
Os contaría que le amo, que esta mañana cuando le he visto abrazado a mi sobre mi cama me he sentido la mujer más feliz del mundo, que ahora que se ha marchado siento una pena inmensa y cierta incertidumbre porque él sigue teniendo una vida paralela que no controlo. Y aparecen las preguntas y las dudas y los miedos. Pero, ¿sabéis qué? No voy a dejar que eso me consuma. Me quedo con su beso y con una de esas preguntas que él lanza cuando quiere decirte algo sin afirmarlo: Pero, ¿cómo es posible que te quiera tanto?. Con eso y con un propósito que me he hecho a mi misma: no voy a permitir que se aleje de mi vida. Tal vez tenga que aprender a ser más puta, más señora o más mujer (no lo sé), pero voy a hacerlo, por él, por mí y sobre todo por los dos. Y empiezo hoy…

Mi felicidad lleva su nombre, mi calor sólo aparece cuando él me acaricia y esas malditas mariposas no dejan de bailar…, ni un solo segundo.
Y no, no puedo, ni quiero, dejar de sentirme así…. Y por eso, sólo por eso, hoy más convencida que nunca empiezo a andar de nuevo, casi sin pedir nada a cambio… Con saber que está, me vale.
¡Dichoso amor!



 
Volver a sonreír
Es increíble como una sola palabra puede cambiar el color de un rostro, como una sola acción puede transformar el curso de la historia, y como una llamada puede, en mi caso, ser la dueña y responsable de mi sonrisa.
Cuando abrí la puerta y entró y me abrazó, en un abrazo largo, intenso y dulce que duró algunos minutos sentí que él había vuelto y esta vez para quedarse. Cuando me dijo, en mitad del silencio, “Creo que ya no puedo vivir sin ti”, recuperé el aliento y expulsé todas las lágrimas que me quedaban porque comprendí que a pesar de las distancias, sus devaneos y su forma de estar sin estar, él seguía y sigue queriéndome, que en el fondo y de alguna manera irremediable y quizás cruel (claro, me digo, el amor es cruel) nos unimos aquel primer día que nos conocimos.

Probablemente sólo tengo que acoplarme a su forma de entender una relación porque como dice P. si no lo hago cada vez que no llame o utilice un tono de voz distinto me saldrá una úlcera. ¿Por qué yo? ¿Por qué tendría que acoplarme yo? Simplemente porque estoy dispuesta…porque yo no creo, yo sé que ya no podría vivir sin él.

De todas formas, tengo claro que no voy a renunciar a mi vida. Los llantos y la pena también me han hecho entender que yo, aunque sea a su lado, debo seguir mi propio camino.
 
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Volvía a casa pensando en escribiros una historia, mi historia, mis penas, mis lágrimas…, pero he recibido la llamada que tanto esperaba y prefiero, porque me conozco, no precipitarme. Porque sé que hoy podría contaros mil desdichas y mañana arrancaros de un golpe la sonrisa. Por eso, sólo por eso, os cuento mañana, ¿vale?

PD: Un beso camino de La Habana… (gracias)

 
Silencio
Mi teléfono sigue sin sonar... Creo que él ya ha tomado una decisión y por eso calla y opta por el silencio. Es la despedida más fácil pero también la más cruel de todas. No hay oportunidades, ni abrazos, ni guiños, ni hasta luegos... Sólo un adiós eterno y frío y lento....

Me gustaría pensar que va a volver para darme ese beso que tanto necesito, para tenderme su mano y señalarme de nuevo el camino. Me gustaría, sí, que regresara con un te quiero, pero el tiempo pasa.... y él no está.

No pasa nada si lloro un poquito, ¿verdad?



 
Lo siento...
Hacerse la víctima, utilizar a la gente… sí, eso es lo que hago, según los pocos amigos que tengo. Está claro que no me ven llorar por las noches ni cómo me abrazo a la almohada para evitar que mis entrañas estallen. Ellos no ven, no, cada vez que llego a casa y veo uno de sus cuadros. Ellos no me miman cuando mi único consuelo es la oscuridad y ellos no están cuando siento morirme, a cada minuto, a cada segundo…
Sólo llamo cuando empiezo a sentir esa ansiedad, ese dolor infrahumano que hace peligrar hasta mi cabeza…
No les pido que me entiendan, pero tampoco que me hagan sentir peor de lo que ya me siento. Quizás, la culpa sea mía… Al fin y al cabo yo he creado todo esto.

De todas formas, a todos, a los que podéis leerme, GRACIAS… y siento muchísimo, de verdad, no ser de otra manera… Joder, lo siento!

 
...
Hoy volvía del trabajo con el móvil sobre mis rodillas, deseando que el dichoso aparato empezara a sonar mientras recordaba el principio, nuestro principio. Cuando le vi la primera vez, y la noche que nos besamos y cuando hablábamos más de tres veces al día sin motivo ninguno, y cuando aparecía de repente sobre mi ventana con su sonrisa para darme un beso, y cuando él empezó a adueñarse de mi corazón y de mi vida… Y me preguntaba ¿qué ha pasado? ¿por qué ha dejado de llamarme y, sobre todo, por qué ha dejado de necesitarme a su lado? Y… sólo sé llorar…

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero no creo que pueda sanar esta sensación, esta tristeza de alguien que sabe que está dejando marchar al hombre de sus sueños (lo supe el primer día que le vi y hoy, aún, se que es y será el único) Y sí, es verdad, el mundo no se para por nadie, pero mi mundo está empezando a dar marcha atrás, y no sé como pararlo.
 
Un abrazo
Aún no me ha llamado. Y bueno, sé que está por aquí porque la última vez que hablamos me dijo que volvería el martes. Tampoco me preocupa (es una actitud normal en él), pero no deja de inquietarme. ¿Se ha olvidado de mi? ¿Ha decido seguir su vida sin dar explicaciones? ¿Ha conocido a otra mujer? Las preguntas se multiplican a cada hora que pasa, y surgen nuevas dudas, nuevas heridas... y mi mundo se desvanece porque estoy deseando cruzarme con sus ojos y ABRAZARLE Y DECIRLE QUE LE HE ECHADO MUCHÍSIMO DE MENOS.

 
¿Cómo?
LE ECHO DE MENOS Y LE NECESITO A MI LADO Y JODER, LE AMO
¿Cómo cambiar eso?

 
...
Ayer salí con unas amigas… S. y R. Todo un descubrimiento para mis sentidos y no sólo por el pedo que me pillé y la ostia que me metí en casa contra el ordenador (tengo el culo lleno de moratones y el ordenador sigue vivo-no es justo-) sino porque me di cuenta de que aún tengo la capacidad de hacer cosas sin A. Sólo es cuestión de proponérselo…Eso sí, le eché de menos, hablé durante horas de él, de lo que yo creo que son sus sentimientos y de mi nostalgia cada vez que cruza la puerta para decirme adiós. Inevitable, supongo…
El otro día os hablaba de las barbaridades que hacemos las mujeres para estar y ser más guapas. El resultado: P. tiene la cara roja y llena de ronchas porque se ha puesto una crema natural y buenísima (eso lo ponía en el prospecto, claro) que lo único que ha hecho por ella ha sido ponerla de mala leche.

PD: P. alguien debería decirle a S. (a mi no me hace caso) que tantos anillos en las manos le dan un aire a M.A que no le favorece.

 
Decidida
Él está allí, yo aquí, echándole de menos y pensando en lo que sería mi vida sin él, sin su abrazo, sin sus besos, sin sus muecas, sin su voz… y ¡no!, no puedo verme. Si alguien me hubiera advertido que el amor podía llegar a ser tan “despiadado” hubiese cerrado la puerta aquel primer día que le vi y aquella primera noche que nos amamos. Tengo algunos años, y he pasado por otras relaciones, por otras manos, y he sentido otros ojos sobre mi piel: el fuego, la pasión, el deseo, el dulce olor del cariño… Lo he sentido todo, pero nada comparable al cosquilleo que me produce su solo recuerdo. Y no… no es que esté en un momento bajo; sólo es una reflexión.

Yo estoy bien, y sobre todo, sigo caminando… aunque esté sola, aunque él no esté y aunque mi corazón me grite: ¡estúpida!, ¿no ves que es el amor de tu vida?, ¿le vas a dejar escapar?... No, le digo, pero... no estoy dispuesta a suplicar más, a pedir más… Estoy decidida a dejar de llorar. Y mañana, ya sabéis, lo mismo os cuento otra historia...


 
"Su mujer perfecta"
Ayer vi una película que me hizo recordar la razón por la que no soy ni puedo ser perfecta, la razón por la que mi yo más individual se niega a ser una muñeca de porcelana, con los labios pintados y la tez blanca, el motivo por el que mi pelo adopta su gesto más rebelde cada vez que A. me dice que debería cambiarlo. La película en sí no tiene nada de novedoso, de hecho creo que es una copia de muchas otras que intentan transmitir el mismo mensaje. Pero a mí me gustó verla, porque me recordó lo importante que es ser uno/a misma. El título, Las Mujeres Perfectas, y las protagonistas unas esposas sumisas, elegantes y bellísimas que hacen las delicias de unos maridos un tanto grotescos que se encierran en una mansión para fumar puros, jugar a las cartas y hacer ese tipo cosas que se consideran exclusivas de los hombres (¿o tal vez debería decir machos?).
Y todo esto lo digo en frío y acompañada de cierta cordura, pero cuando pienso en él y en mi vacío cuando no está, me digo a mí misma que estaría dispuesta a implantarme uno de esos chip para ser “su mujer perfecta”. Supongo, y sólo supongo, que el amor es así de idiota…
 
... me gustaria
Me siento mejor. Me he despertado sin mirar el reloj, he ido a la compra, he vuelto a casa y he limpiado el salón, la cocina y el baño (incluso he cambiado los muebles de sitio). Prefiero modificar primero lo que me rodea y luego empezar conmigo; mi aspecto, mi forma de vestir, incluso ese bolso y ese pelo del que él me hablaba. Lo hago por mí, sí, necesito un cambio en mi vida y en mi forma de ver las cosas. También la manera en que me miran los demás. Voy a retomar mi vida. ¡Dios! Cuántas veces he dicho ya esto, y siempre termino hundida en el fango. Me releo y me asombro (no sé cómo podéis aguantarme).

Y HOY ME GUSTARÍA SER OTRA MUJER Y ESTAR EN OTRA CIUDAD Y TENER UNA VIDA Y UNA PAREJA NORMAL, Y ENCONTRAR LA RISA Y EL ABRAZO EN CUALQUIER ESQUINA Y SENTIRME LIBRE, LIBRE PARA CAMINAR SOBRE MIS PROPIOS PASOS….


 
...
Se marcha unos días aprovechando el puente para ir a ver a unos amigos. Bueno, al menos ha tenido el detalle de llamarme y “despedirse”. He sentido una punzada en el corazón (no sé cómo coño a estas alturas puede afectarme) ¿Qué te parece? Esa ha sido la pregunta y las tres opciones: bien, mal o regular. He optado por el regular. ¿Sólo regular?, me pregunta. Qué más da, pensaba yo, si vas a hacer lo que quieras (también lo he dicho). Y ahora… me siento jodidamente perdida, jodidamente vacía porque llevo demasiado tiempo sin verle (he estado trabajando fuera de Madrid) y noto como le pierdo y como me pierdo con él.

Vosotros habláis de ruptura; yo aún no sé como definirlo. No puedo hacerlo porque él no me deja tomar distancias, porque aparece con cielos, con “niños” y proyectos bajo el brazo, porque él sigue viéndome como a una compañera, a pesar de sus silencios y porque, en parte, yo me niego a perderlo, así sin más. Cuando le vi la primera vez (y de eso hace al menos tres años) pensé que era el hombre de mi vida y la verdad, me cuesta mucho imaginármelo de otra manera. Si no le quisiera tanto…

Siempre me quedará la voz suave del mar,
volver a respirar la lluvia que caerá
sobre este cuerpo y mojará
la flor que crece en mí, y volveré a reír
y cada día un instante volveré a pensar en ti,
y en la voz suave del mar
y en volver a respirar la lluvia que caerá
sobre este cuerpo y mojará
la flor que crece en mí
y volveré a reír
y cada día un instante volveré a pensar en ti.

(Siempre me quedará. BEBE)
 
Y...


Y me muero por verle y por acariciar su pelo mientras me susurra al oído algún te quiero (aunque suene a mentira). Y me muero, sí, por sentirle, por abrazarle y por tenerle... , a cada maldito segundo.

Pero... el tiempo pasa, y mi teléfono sigue sin sonar....


 
Oír sin Escuchar
Hace más de cuatro días que no se nada de A. La última vez que le vi me habló de niños. No me tomas en serio, me dijo, pero yo quiero que tengamos un bebé. También mencionó algo de una casa y de una hipoteca (en nuestro caso, la hipoteca fantasma) y me regaló un par de cielos de esos que se lanzan al aire y que se te clavan en los ojos. No le creí, y sigo sin hacerlo. Sus palabras han dejado de tener sentido y sobre todo han perdido seriedad. Hace tiempo que aprendí a oírle sin escucharle porque esa es la única manera de seguir sobreviviendo. Le echo muchísimo de menos y, es verdad, quizás eso no cambie nunca, pero sé que las distancias y los silencios que él crea a mi alrededor me ayudarán a ver las cosas de otra manera....
 
Opio
Unamuno, en uno de esos libros que sólo se leen una vez en la vida, decía: “Sí, ya se que uno de esos caudillos de la que llaman la revolución social ha dicho que la religión es el opio del pueblo. Opio… Opio… Opio, sí. Démosle opio, y que duerma y que sueñe”. Y mi opio es A. y A. es mi mundo, y yo le amo por encima de todo y de todos (por encima de sus fotos, de sus putas, de su enfermiza manera de amar, de sus manías; por encima de sus cabreos, de sus reproches, de sus desplantes..). Lo he recordado porque una amiga (la bienfollá; un día, os contaré su historia) me ha dicho que yo a él le trato como a un semidiós. Y no, no lo niego, porque además sería absurdo. Y hoy, sentada ante vosotros, con el corazón en la mano os digo que si él me dijera ven, yo iría, aunque mi cabeza, mi mente, y la escasa cordura que me queda me impidieran seguir su camino…

Jodido amor este… que no me deja avanzar…
 
...
¿Habéis tenido alguna vez la sensación de pérdida? Yo la tengo ahora. No hay lágrimas, no hay un dolor excesivo; tampoco nauseas. Sólo una punzada en el pecho, suave, dulce, extraña. Una pena interna que ni siquiera se refleja en el rostro, pero que sientes sobre tus manos, que aparecen vacías y que se vuelven inertes. Y miras... y él no está.
 
Sin preguntas
Viejos amigos, noches de reencuentros, de escopetas de balines, todo entre risas y con la verbena de fondo. Todo sin él, aunque con él y su recuerdo en mi mente. Anoche cuando volví tenía un mensaje en el contestador: “llámame cuando llegues”. Le llamé y nos vimos. Me preguntó por mi fin de semana, mientras me decía al oído lo grande que era. “Qué grande;.. eres la persona más especial que he conocido nunca”. Y tenía la sensación de que aquella frase, repetida una y otra vez, escondía muchos peros. No pregunté. Prefiero no hacer más preguntas porque creo que sólo el tiempo podrá darme las respuestas. Él nunca ha sabido que quiere en la vida y pretender que ahora tenga una visión clara del futuro tan sólo sería una osadía por mi parte.
Le he echado de menos estos días; ahora le echo de menos y siento un nudo y un dolor (suave, eso sí) que me recuerda a cada segundo que sigo amándole. Sé que nunca podré renunciar a este amor, pero sé también que tengo que renunciar a él. Y... sigo caminando...

 
...
Anoche al final le vi. Volvió a recordarme lo grande y lo especial que era, lo mucho que le habla a su compañero de trabajo de mí. Sigo sin creerle. Dice que me pasa algo, que estoy extraña y que me siente lejos. Pero, en realidad, lo único que sucede es que he dejado de mirarle con aquella veneración que un día él vio en mis ojos y que ya se ha marchado.

Hoy me voy a las fiestas de mi pueblo... Os veo y os cuento el domingo!