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QUIZÁS... PENSABA EN TI
Mi vida, mis sueños, mi gente, mi mundo, yo y mis circunstancias...
Acerca de
Sindicación
 
Miedo, Oscuridad, Nada...
Esto es lo único que he encontrado al verme...


 
...
No puedo trabajar... me cuesta respirar, dejar de pensar. Necesito espacio y/o toparme de nuevo con sus ojos, más despacio, más tranquila. Reconocerme entre sus brazos para recordar el objetivo y la razón de mi apuesta. Necesito un beso, una mano amiga que arranque esta ansiedad... Y pararme, y detenerme, y volver a casa; YA, AHORA, y observarle mientras “colorea” uno de sus cuadros y mirarme en sus ojos y ver mi imagen. Ayer me dijo que yo era su mujercita....; yo hoy no tengo ni puta idea de quien soy
 
...
Algo está pasando, algo no va bien. Y esta vez no es él, soy yo. Me niego a creer que haya perdido la capacidad de amarle o de entenderle. Me niego a pensar que los malditos científicos tienen razón y que el amor es una pura cuestión matemática. Me niego a perderle por una rabieta o por una sensación pasajera porque en el fondo no puedo imaginarme la vida sin él, porque A. sigue siendo mi referente, mi único referente. Y sí, quizás, sólo esté cansada de tanta lucha y mi cuerpo esté empezando a pedirme, casi a gritos, que ahora es él quien debe mimarme, respetarme y ganarme.

Y hoy miro la calle desde los cristales de mi oficina... y me siento vacía, rara, extraña y diferente.; con ganas de llorar

Tal vez lo único que necesite es recuperar nuestro día a día..
 
Cosas que hacer este fin de semana
Ver una buena película
Terminar de leer ese libro que empecé hace un mes
Recuperar el silencio
Comer, comer mucho y bien
Ir a la peluquería y dejar que me mimen
Sentarme en el banco de un parque
Dejar correr el agua caliente de la ducha
Darme un baño
Probarme todos los vestidos que tengo guardados en el armario
Mirarme en el espejo
Disfrutar de mi y de mi cuerpo

Todo a SOLAS, porque me apetece, porque lo necesito, porque A. se marcha este fin de semana (al final no se fue el viernes pasado), porque quiero sentirme una e independiente... Y sí, claro que le echaré de menos, pero estos días son sólo para mí.


 
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Hace ya algunos años alquilé una peli: La Celda. No la aguanté ni 5 minutos. La cara de aquel niño, el desierto, los sueños...

Hoy la ponen en la tele... y estoy deseando llegar a casa... para verla con A. Y abrazarle y besarle y decirle que él es lo más bonito que ha pasado por mi vida, aunque a veces sea capaz de sacarme de quicio.

 
...
“Es la primera vez que te veo así, con esa cara; estás rara, te pasa algo”. Y sí, claro que me pasaba. En mis ojos se podía leer, casi literal, ese “estoy hasta los huevos” del que os hablaba ayer. Hizo muchas preguntas, estaba preocupado (lo vi en su gesto), extrañado, a punto de romperse.... Tal vez se esperaba lo peor. Respiró cuanto le conté que no podía tratarme así, que no podía criticar cada uno de mis pasos, ni avasallarme con sus principios y su sentido del buen gusto. Respiró, sí, y me dijo que me quería y que no tenía importancia (me acordé entonces de aquella frase: “cochinos polvos sin importancia”, que utilizó una vez). Se fue pronto a casa porque no pudo aguantarme la mirada, porque él cuando hay un problema escapa, se marcha, y deja que la calma regrese. Y hoy... debería sonreír (antes sus te quieros eran suficientes) pero, la verdad, no me apetece...

Supongo que hay días...
 
...
Estoy... hasta los huevos de escuchar

Que no le gusta mi pelo,
Que odia mis zapatillas
Que le molesta mi vestido
Y mis medias
Y mi bolso
Y mi abrigo
y....

Porque ya no sé cómo hacerlo bien ni que coño espera de mí.
Porque sus críticas y su tono sólo me hacen daño
Porque creo que debería empezar a mirarse él en el espejo
Porque no entiendo a que viene tanta mierda
Porque no sé qué hace conmigo si tanto le molestan mis zapatillas, mi pelo o mi vestido
Porque cada vez que me lo recuerda, lo único que consigue es que no me apetezca hacer nada de lo que me pide
Porque me canso de oírle
Porque no tengo ganas de saber qué será lo siguiente
Y porque al final ayer terminé llorando como una subnormal

Le quiero, mucho, es cierto, pero a veces... tengo la jodida sensación de que él no siente lo mismo.

PD: Aún no me he rendido








 
Un objetivo
Imagino que todos pasamos por etapas extrañas, donde crees estar más lejos que cerca y donde el silencio se hace indispensable....

Voy a respetarlo, voy a lucharlo y voy a ganarlo (de nuevo)... porque más allá de la pena, del dolor y de esos dichosos nudos en el estómago, tengo un objetivo: Nosotros

Gracias
 
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Anoche no pude dormir. Tenía una sensación de ahogo en mitad del estómago, un nudo maldito de incertidumbre, tristeza... No sé. Me siento débil. No termino de acostumbrarme a las miradas inoportunas de A. a otras mujeres ni a su manera de expresar el deseo que le produce la visión de otro cuerpo. Sus gestos, sus palabras entonces sólo consiguen hacerme pequeña y agacho la cabeza para no ver más, para evitar el daño y el dolor, para evitarle a él y a mí misma. Pienso ahora que es quizás esa actitud la que me obliga a mantenerme siempre alerta y la responsable de esa necesidad que tengo de escuchar sus te quieros a cada instante. Porque ¿cómo estar segura? ¿Cómo mantenerse?.

Os mentiría si os digo que hoy me siento bien.... porque en realidad me duele tanto... que estoy a punto de tirar la toalla



 
...
Estoy/ Me siento/ Noto como la tristeza se apodera de mi cuerpo, y como mi mente se resiste a caer en la desgana... Necesito verle y contarle y mirarle a los ojos y que me recuerde con su abrazo que la palabra Fin no existe en nuestras vidas.. JODIDO AMOR!
 
....
A. se marcha este fin de semana. Cuando A. se va las paredes de mi casa se hacen aún más pequeñas, y el olor de las sábanas se llena de recuerdos y de lágrimas. Siento una pena inmensa y mis manos dejan de ser manos para convertirse en las suyas. Le echo de menos a cada instante, casi de una manera obsesiva... Y yo intento buscar mi propio espacio, algo con lo que entretenerme y entonces caigo en la cuenta de que YO soy ÉL, incluso en la distancia... Me pregunto si él sentirá lo mismo.
 
.....
A veces necesito que me recuerde lo mucho que me quiere, rodearle con mis brazos, acercarme a sus ojos y ver como me sonríen. Necesidades absurdas, tal vez, porque a estas alturas de la “película” y de nuestra historia hay cosas que nunca debería poner en duda. En fin... que soy un poco “ñoña”.
 
......
Recuerdo a una morena... Peazo polvo... Y entonces tú le miras y le dices que es subnormal, que esas cosas no se cuentan y que como mucho le das permiso para vanagloriarse del temita en algún bar con sus amigotes, pero no delante de tu novia. Y el se ríe porque no acaba de entender mi reacción. Y entonces le explico que yo también he estado con otros hombres (4 seguiditos, le digo-ahora la que se ríe soy yo-), pero a él eso ya no le hace tanta gracia y lanza un “dejemos el tema”. Bueno, como quieras, lo dejamos, pero no vuelvas a hablarme de los polvazos que has “mantenido” fuera de mi cama, y me da igual que fuera antes de conocerme....Creo que captó el mensaje. A mí, la verdad, lo que más me jodió fue el peazo que usó antes del polvo.
 
Sin palabras...
Dice Umbral en uno de sus libros que le molesta que algunos escritores recurran a la frase “No se puede explicar con palabras” porque lo único que demuestran es que no dominan el idioma o el arte de contar, que diría yo. Y sí, es posible, que tenga razón (siempre me gustó Umbral por su descaro), pero yo, Sr. Umbral, y con todos mis respetos, soy incapaz de poner nombre a esto. No valdría un te quiero, ni un te amo, ni un te necesito... porque ¿Cómo describir algo que está y se siente mucho más allá de cualquier palabra?

 
A
A. es como un niño pequeño, un bebé revoltoso con arrebatos de ira (sobre todo cuando se despierta), encerrado en un cuerpo de hombre. Me encanta su risa (y hacerle reír); sus ojos se iluminan, su cara se hace aún más redonda y en su mirada se refleja una felicidad casi inocente, que yo reconozco mía. A él le gusta picarme y hacer el papel del papá que regaña. Yo le dejo hacer y sonrío mientras susurro algún “hay que joderse”, que siempre termina haciéndole gracia. Me gusta llegar a casa y verle en el salón con sus pinturas, y que me persiga por el pasillo mientras me cuenta todo lo que le ha pasado durante el día (las discusiones con sus compañeros de trabajo, la visión de unos grandes pechos, el perro que se ha encontrado en mitad de la carretera...), y sentir como me abraza en medio de la cocina para recordarme que yo soy la mujer que estaba esperando. Suele quedarse dormido antes de las 11, abrazado a mí, siempre después de la cena. Intentar mantenerle despierto es complicado y poco recomendable; el mal humor es su peor defecto. No suele estar enfadado, pero de vez en cuando alza la voz para protestar por algo. Lo mejor es estar lejos, aunque yo prefiero quedarme y hacerle reír. Dormir con él tampoco es fácil, pero yo disfruto de sus ronquidos, de sus movimientos, de su manera de quitarme la almohada... y de cada uno de esos detalles que le hacen único. Le encanta hablar y que le escuchen, también que le mimen, y sentirse querido, y mirarse al espejo (se observa en todos y se coloca el pelo y pone caras y sentencia: “tengo que adelgazar”). Y ayer sentenció: mañana verdura, pasado verdura, al otro verdura... Ah! Y nada de carne!
 
.....
“Querer a alguien en un momento determinado siempre es fácil; un arrebato, un deseo sexual, un segundo... Lo realmente difícil es mantenerlo, conservar esa necesidad de ver y abrazar a la otra persona, llevar contigo su imagen en la cabeza. Es algo mucho más profundo que un te quiero, y eso es lo que yo siento.” Y me explicó así que cada día está más enamorado, que lo nuestro crece y avanza y que el pasado, aquel pasado que tanto temo, ya está bajo tierra. Se siente extraño, dice, por quererme de esta manera. Para él es una nueva vida...., una forma diferente de ver las cosas y de afrontarlas. “A veces me lo callo, porque en esto, y tal vez por primera vez, quiero ir despacio, pero yo...; en serio, cielo, eres mi vida, mi amor”. YO TAMBIÉN TE QUIERO, A., YO TAMBIÉN...
 
...
A veces me ahogo, me asfixio, siento que se hunden las paredes de mi casa y que bajo mi cama no hay nada más que polvo, el polvo de los recuerdos. Hay veces que desearía ser otra mujer, y tener una vida mucho más excitante de la que tengo, nuevos amigos o amigos simplemente, y recorrer con mis manos otro cuerpo que no sea el mío, más voluptuoso, más redondo y mirarme al espejo y encontrar otro pelo, otros ojos (azules, tal vez) y revolverme entre mis propias entrañas para descubrir que soy feliz, jodidamente feliz...



No sé..., tal vez sólo necesite verle
 
...
"Te quiero más que a nadie", y el silencio se apoderó de la habitación. Es la primera vez que habla de mí y del nosotros con tanta rotundidad. Y aunque se meta conmigo, aunque señale con muecas mis zapatillas, mi pelo o mi abrigo, y a veces utilice un tono arisco, yo sé, él sabe que estamos juntos en esto, que queremos tener un futuro, y un bebe, y una casa, y ...

 
Un regalo
Esta mañana he recibido un regalo. El viernes se marchó un compañero de trabajo; llevaba aquí seis meses. Un buen tío, pero con demasiadas miras para enclaustrarse en esto. En mi email un mensaje que me mandó justo antes de irse: “Gracias por ser estupenda”. Creo que es la primera vez que alguien me dice algo tan bonito y sobre todo tan de verdad. Gracias a ti, J., por todo, y suerte, mucha suerte.
 
...
Un fin de semana aburrido. Mi vida se está empezando a convertir en pura rutina y eso me asusta. No quiero pasarme los días sentada en un viejo sofá viendo la vida de otros por la televisión. Tampoco quiero asomarme a la ventana y preguntarme porqué no soy esa mujer que pasea por la calle buscando un libro, un viaje o a alguno de sus amigos. Me niego a ser “ama de casa” sin casa, y mujer “multiusos” sin uso. Me niego, en fin, a pasar así sin más por el tiempo y los años. Tengo que volver a encontrarme....

Con A. todo está bien, quizás mejor que nunca. Ya no necesito que me recuerde lo mucho que me quiere porque ahora son sus ojos los que hablan, incluso en mitad del silencio... Y puede que se trate de eso, que necesite recuperar, de alguna forma, y después de tanta lucha, un poco de mí misma.


 
...


Creer, Confiar, Amar

Hoy por fin siento el nosotros real, cercano e intocable

(Serán cosas del nuevo año)


 
Propósitos
Todos los años por estas fechas tengo arrebatos de cordura y me empeño en iniciar una lucha: ser más buena, comer más sano, un dejar de fumar que termina quedándose en un fumar menos, olvidarme de las cervezas nocturnas..., y me obligó a sacar del viejo baúl aquellos planes que nunca cumplí. Pero al verlos todos juntos, casi como en una lista de la compra, me da una pereza inmensa y termino rendida ante mi propio caos y hago mía la frase de un escritor “mi caos es sagrado” e intocable (añado yo). Y sé que al año que viene volverá a pasar lo mismo, como todos los años, como todos los meses y casi como todos los días que me propongo ser más buena, más sana y más decente.

Así que esta vez, si os parece bien, no voy a hacer ningún propósito (de enmienda).

 
...
Suelo comer las uvas antes que los demás. No espero a las campanadas. Prefiero saborearlas despacio y despedir el año a mi manera, sin ahogos, sin prisas, como casi todo lo que hago en mi vida. Además, no creo en la suerte, aunque sí en eso de estar en “el momento adecuado en el sitio oportuno”, que es más o lo menos lo mismo, pero más racional.
A. me esperaba en la estación. No hubo grandes abrazos ni besos sacados de una película romántica, pero vi sus nervios y un intento vago por disimularlos. Los hombres son así; cuando sus sentimientos los desbordan los ocultan y ponen esa cara de “qué pasa, cómo te ha ido”, como si el tiempo no hubiera pasado y el mundo siguiera igual. Pero en el fondo, sus entrañas se mueven tanto como las nuestras. Eso sí, a nosotras, nos gusta escupirlas en forma de abrazos, gritos, jadeos y algún que otro aspaviento salido de noto. Me hizo gracia, la verdad. Aún sonrío.

Me ha echado de menos. Lo sé porque me ha llamado todos los días y porque ayer cuando llegamos a casa, tumbado en el sofá, me dijo, casi en un suspiro “Ya te tengo aquí, mi cielo, ya te tengo aquí”.

¡Feliz año a todos!
Espero que podamos pasarlo juntos (y esta vez me refiero a vosotros)