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Las relaciones son complicadas, las personas somos complicadas y ayer me fui a la cama deseando que la calma volviera a nuestras vidas porque me cuesta mirarle a los ojos y encontrar ese poso de tristeza que no entiendo, que no comprendo y que, sobre todo, me cuesta aceptar. Sé que está pasando por una mala época: el trabajo, los recuerdos, las dudas...; todo se amontona en su cabeza y todo se trasforma en silencios, en besos callados, y en abrazos dormidos. La garra ha desaparecido y es como si yo tuviera de nuevo que esforzarme en dar fuerza a unas cenizas, sus cenizas. Y estoy cansada de luchar y de avanzar siempre con el viento en contra, pero sé que a estas alturas de esto que yo llamo nosotros “tirar la toalla” no sólo sería una estupidez; sería una decisión casi suicida.
Seguiré enfrentándome a sus fantasmas (también a los míos) y le demostraré que sigo siendo, que sigo estando, y que puedo y quiero ser lo que él está buscando.
No lo hago por él. Lo hago por mí.
Seguiré enfrentándome a sus fantasmas (también a los míos) y le demostraré que sigo siendo, que sigo estando, y que puedo y quiero ser lo que él está buscando.
No lo hago por él. Lo hago por mí.


