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No hay nada comparable a la sensación que me produce su olor al otro lado de mi cama cuando despierto. Nada como sentir sus pasos en mitad de la noche o el sonido de sus llaves detrás de mi puerta. O escuchar mi nombre para rogarme un beso y apretar sus labios como si fueran míos. Así ha sido esta mañana y estoy deseando que termine el día para que todo vuelva a repetirse.


