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RboSS, desde 1986
tres veces destilado pero auténtico
Acerca de
Un gilipollas que intenta abarcar en un blog las filosofias profundas sobre la vida en general, y que con la ansiedad de descubrirlo todo rapidamente se le va la mano con las comas. (definición MªLaura)
Sindicación
 
Transilvania IV
Mi madre dice q tu, señor de las tinieblas eres mi padre. ¿Por qué no te conozco?, nunca estuviste a mi lado cuando te necesite, cuando tuve que aprender a vivir en las sombras, a saber quien era, nunca estuviste. Desde el reino del mal noto tu influjo que me da fuerzas para seguir pero de verdad que hay días que no puedo.

Hoy ha sido uno de esos, un enviado de la corte de Brasov vino a entregarme una serie de tratados para firmar una alianza entre las familias históricas. Me parece una buena idea, pero, ¿como serán las siguientes generaciones?.
Lo malo es que el enviado (el señor Hans Saucescu) no ha vuelto. Le tengo colgado de la almena norte para recoger su sangre y administrarla (era un hombre muy grande y sería mala cosa desaprovecharlo)

Ha sido la primera vez que he visto a mi sobrino chupar sangre y desgarrar el cuello a un humano, Hans aún vivo para que la sangre fluya. Muy emocionante.

Conde Drácula, cartas a Lucifer, Volumen I epístola XXIII



 
Fantasía y realidad
Martín estudia en su casa en un día de Febrero y los últimos rayos del sol antes decaer del todo, dan sobre su espalda proyectando su silueta sobre el ordenador y la pared del cuarto de estudio que comparte junto a sus hermanas. Su móvil siempre cerca para mandar mensajes o llamar en los descansos (que generalmente ganan terreno al tiempo de estudio) suena sobresaltándole.

Es Esther una vecina de la urbanización que está como un tren, dice que esta sola y que si se ven por la noche. Martín seguro de si mismo responde y afirma que él también esta solo que venga cuando quiera a su casa y que incluso se quede a dormir.

(Ola guapa! Yo tb stoy solo asi q bnt si kieres a ultima ora. Qdat a dormir si lo ves bien q hac bstant q no ns bmos. Qtal l studio? Yo+q harto. Bueno hasta ahora 1bso).

Martín piensa para sus adentros el planazo que se le ha preparado para ese sábado en el que a lo más que aspiraba era a ver la película del Blockbuster y que ésta fuese buena.
Manda el estudio a la mierda y se va a duchar. Mientras se ducha oye a su hermana gritarle que se marcha de cena y que luego saldrá con Esteban (su novio) que no sabe si volverá.
Perfecto se queda solito, sus padres están de viaje de fin de semana. Ni haciéndolo a posta hubiera salido mejor. Se afeita, se pone guapo pero de andar por casa tampoco es plan de vestirse como si fuese a salir. Recibe la contestación de Esther. Se pasará sobre las 11 y sí, se queda a dormir.

(Martiiin! Studio 1pko+ y sbre ls 11 me paso oki? Y sí q mqdo a sobar no m aptc na dormir oi sola. Ta luego guapo!)

En un estado de semi-exaltación, Martín recurre al equipo de audio del salón (el que normalmente no le dejan usar) y pone Deftones ?White Pony? a todo gas. Mientras lo escucha, elucubra como será la noche, se le va la cabeza, se imagina revolcándose por los sillones, moqueta y cama con Esther entre sus brazos besándose durante horas. Desde que la conoce le gusta, es la típica amiga de la urbanización a la que ves poco pero cuya amistad es muy sincera, con la que sobretodo en verano intima más entre la piscina y los partidos de tenis del club.
Su perro ladra en el jardín, Martín piensa en que Esther esta a punto de llamar al timbre y que ha adelantado su hora de llegada pero no lo hace, sale a ver que pasa. No hay ni un alma en el portón del jardín ni por la calle y encima hace bastante frío, se da cuenta de porque ladra su perro son algo más de las 10 y no le ha dado de cenar, se ríe pensando en el fallo técnico de no haberle dado su plato de pienso y se da cuenta de que algo nervioso por no decir mucho sí que está.

Para hacer tiempo enciende la televisión, realmente sorprendido observa como el equipo al que es aficionado (el Madrid) está jugando y lo retransmiten por la TV. Ni se ha pispado de ello, Esther le ha abstraído del todo. Hasta que llegue, cree oportuno verlo un rato, total no tiene nada mejor que hacer. A las 10´50 acaba el partido, no le importa lo más mínimo en esa noche pero encima su equipo ha ganado (3-1). Vuelve a la cocina desde el otro salón donde está la televisión y mientras anda por el pasillo suena el timbre. Ahora si que si.

Al instante la abre, trae puesto un jersey de lana rojo de los de punto gordo y el palestino alrededor del cuello, los dos entran en casa y también su perro, ya es hora de dejarle pasar para que duerma en la cocina, al lado del radiador.
Ninguno de los dos ha cenado, deciden llamar a la pizzería del centro comercial de la entrada del club y piden una 4 quesos. Hablan de diversos temas, la pizza llega toman la mitad y dejan lo demás para después que la noche es muy larga.
Martín la invita a ver la película que tenía pensada ver ?El coleccionista de Huesos? una de suspense con Denzel Washington y Angelina Jolie.
Como la casa es tan grande y la calefacción no abarca a calentar cogen una manta y se tapan los dos con ella. Antes de darle al play vuelven a la cocina a hacer unas palomitas en plan cine en casa.
La película es de un asesino en serie, transcurre con algún que otro sobresalto y como a la mitad llega el gran susto. Esther se estira y apoya su cabeza sobre el brazo de Martín al que ya le da igual que el asesino mate a 5 que a 50.
Ya que parece que ella toma la iniciativa, Martín se recuesta también y la envuelve con su brazo, reposándolo sobre su suave cintura. Finaliza el film y los dos se quedan quietos como esperando algo. Martín piensa en lanzarse pero no puede con los nervios, decide esperar a ver si ella se lanza, al no ver respuesta se levanta a meter el DVD en la carátula y dice de ir hacia la cocina.
Martín recuerda que en el congelador su hermana dejó un Häagen Dazs de Strawberry cheese cake, lo saca que fijo que a Esther le gustará. Con una cuchara para cada uno lo devoran hasta no dejar prácticamente ni rastro, le dan el bote al perro para que chupe los restos, ambos se ríen de la cara de placer que pone el can.
Acto seguido van al salón grande (donde Martín había escuchado la música a todo trapo y donde había soñado con ella) hablan de estudios, padres, el instituto que les aburre, los profesores, pero en poco tiempo dejan la charla porque el frío se nota cada vez más.
Son cerca de las 3 de la madrugada y la cama llama a gritos, para seguir la conversación o lo que surja (espera Martín).
Va al cuarto de su hermana a por un chándal para ella y suben al cuarto de sus padres (ya que no están, la cama de matrimonio y el edredón nórdico son la mejor opción). Se cambian sin salirse de la habitación (más bien se desvisten en parte).
Martín en el baño antes de meterse en la cama piensa en que ahora llega lo bueno, que lo más seguro es que acaben por liarse, es a lo que aspira.

Hablan tapados hasta los ojos durante un rato y Esther afirma que tiene calor se va al baño. Martín opta por recostarse un poco apoyando la espalda sobre el cabecero y con las piernas formando un triángulo equilátero con el colchón. Al volver, Esther se coloca sobre su vientre y coge la almohada apretándola suavemente contra sus pechos. Los dos cuerpos quedan armonizados como una T, continúan hablando largo y tendido novi@s, sexo, líos, hasta que Esther empieza a sollozar. A su padre le han descubierto un tumor y no saben si será benigno o maligno. Martín sabe que se acabó su aspiración, Esther necesitaba alguien con quién hablar del tema. La abraza y ambos vuelven a colocarse en posición de dormir.
Son casi las 5. Sus caras están tan cerca que Martín siente la respiración de Esther sobre su boca y su barbilla. Incluso un par de veces sus narices se rozan en la inmensidad de la oscuridad. La conversación va perdiendo intensidad y llega un momento en el que dejan de hablar. Martín todavía está despierto, en un pensamiento repentino alarga el cuello y adivinando los labios de Esther la da un beso como robado y no encuentra respuesta, se había dormido.

 
Marina no puede dormir

Marina es una joven que ya ha superado los estudios de bachillerato. Vive en Pamplona una ciudad del norte español famosa entre otras cosas por ser la ciudad de los San Fermínes y ser la capital de Navarra, la única comunidad autónoma que aún conserva totalmente los fueros autóctonos de la historia del Derecho español.
Tiene una vida normal, familia, amigos, lios de vez en cuando (lo que tenemos todos) pero cuando llega la hora de dormir se le plantea un problemilla.

Hacia las doce de la noche, dispuesta a ir pensando en descansar y dormir hasta la mañana siguiente, se dispone a acostarse, pero le es imposible conciliar el sueño.
Sus vecinos, Ana y Tomás, una pareja típica de las miles de la geografía española llegan al culmen nocturno. Es llegar la medianoche y dedicarse a hacer el amor.
Marina comparte con ellos la pared que divide ambas viviendas y prácticamente todas las noches escucha (a veces con interés pensado en que ella también podría devolverles la moneda, y a veces sin interés pero es lo que le viene dado) como los vecinos le privan de unos valiosos minutos de sueño. Marina agradece que los preliminares no sean tan ruidosos como el acto sexual al que asiste como espectadora secundaria, ya que su estancia en su cuarto desde después de cenar sería algo más que embarazosa.

Según sospecha Marina, Tomás debe ser un semental porque hace que Ana grite y le recrimine cada noche, fundiendo su amor en una cama. A Marina le gustaría conocerle porque cree que hombres así no debe haber muchos.
Mientras Marina cuenta ovejitas y espera que su vecino disminuya su potencial y en pocos minutos acabe, sus padres, en la habitación al lado de la suya también escuchan.

Es muy cómica la situación al levantarse a la mañana siguiente (sabiendo que todos han escuchado los gemidos de Ana) y desayunar en los albores de un nuevo día con cierta sonrisilla que se escapa por la comisura de los labios recordando lo acaecido noche tras noche en la vida rutinaria de la familia.
Incluso alguna vez, Marina ha comentado algo con su madre, pero hablar de temas sexuales a su edad con su progenitora le da una ligera vergüenza y no lo cree recomendable. Con las que si lo habla es con sus amigas, a las que les provoca una carcajada detrás de otra.

Hoy al volver a casa ha tomado una decisión. Llamar al timbre de sus vecinos del 5ºD. Su amiga Idoia le dijo entre risas “pues ya sabes, si no puedes con el enemigo; únete a él“. Va a seguir el refrán al pie de la letra, el jueves serán tres en la cama (al menos es su intención), ya está bien de aguantar noche tras noche.
En vez de salir del ascensor y girar a la izquierda, esta vez va de frente. Después de alguna duda sobre que decir y si de verdad hacer lo que tiene previsto llama dos veces.
Ana le abre la puerta y tras una breve conversación accede a la proposición de Marina, ésta atónita ante la accesión queda perpleja y se da la vuelta hacia el 5ºC, si ya de por si era algo inviable según sus pensamientos, la ha invitado a cenar. ¡Que pasada!.



Lo curioso va a ser la cara que tenga Marina el viernes por la mañana, cuando desayunando sus especial K recuerde la noche anterior, mire a su madre, suspire y diga “hoy he dormido como un bebé. Mamá, ¿tu has oído algo?”


(Marina vestida de traje regional)
 
TREN AL NORTE



Cuando Junio se consumía, él inició su aventura europea con un grado de libertad jamás obtenido hasta entonces, liberado al cien por cien de ataduras paternas que a estas alturas ya cansaban. El viejo continente esperaba su discurrir por las naciones ya conocidas para él.
Dieciséis días con sus dieciséis noches, cerca de cuatrocientas horas de disfrute permanente mitad amistad con respectivos amig@s, mitad sentimiento de ser Aladinos como si cada tren fuera una alfombra mágica que les trasladase a otro lugar.
Andenes diáfanos en los primeros albores del día o a última hora, ya con el sol bajo, donde no se sabe porque el espíritu europeo hacía que la ciudad, sus estaciones de tren y las calles en general se mostrasen desnudas de gente ya agazapada en sus casas hacía rato. Atardeceres con el traquetreo característico de los vagones y esas jornadas interminables en donde simplemente saber que ese preciado invento (la cama) te esperaba en el lugar de destino merecían el sobreesfuerzo de llevar a parte de a ti mismo, parte de tu armario y parte de tu baño simulando viajar por parejas (uno y su mochilón).

La mayoría de las ciudades parecían propias de relatos medievales, ancladas siglos atrás pero llenas de historias en cada esquina. Palacios, calles, museos… de gran legado cultural en los que él, el chico de los ojos verdes, no era más que una insignificancia ante tanta voluptuosidad.
Un viaje inolvidable, lleno de momentos en los que a modo de fotografía eran archivados por cada uno; formando ya parte de su existencia.
Un amanecer en el Norte francés en algún lugar entre Reims y Lille a bordo de un tren en el que reinaba el silencio propio de un nuevo día con una veintena de personas dormitando maltrechos en unos asientos no demasiado cómodos para caer en las garras de Morfeo.
Una playa desierta del litoral holandés en las últimas estribaciones del Canal de La Mancha ya a puertas del Mar del Norte, donde siete amigos, música y un paquete de Marlboro hicieron uno de los mejores momentos de una vida.
Volver a recorrer el barrio bohemio y sentarte a los pies del Sacre Coeur. Enfrente la inmensidad de París, la inmensidad de la ciudad de la luz. A tu espalda esa iglesia como fuera de otro lugar, más propia de Oriente e incluso que fuese la hermana pequeña del Taj Mahal. Un alto en el camino en la Rue Lepic, para sentarnos en el Café des deux moulins sintiéndote dentro de una película y que quizá Amelie Poulain nos sirviese un café.
Las tardes de brujas, donde el aire medieval y su propio nombre hacían del grupo de chicos un escuadrón de caballeros de la Edad Media recorriendo plazas, canales y calles como de otro mundo, volviendo a lo que fue Flandes y las hazañas del Gran Capitán.
Amsterdam, la ciudad soñada para muchos, Ana Frank y su casa, cuadros de ese hombre que prescindió de su oreja, que para el que escribe son un punto y aparte en la pintura, los innumerables canales, el barrio rojo, la multiculturalidad y el sentir de que el Interrail estaba pasando demasiado deprisa. Como siempre ocurre, los mejores momentos eran devorados por el tiempo al igual que un gusano se come poco a poco la manzana. Cierto anhelo por no haber cogido el billete de un mes, 30 días de libertad y autonomía total para poco después darse cuenta de que el cambio de vida se presentaba ante nuestros ojos, manifestándose por ejemplo en dicho viaje.
 
Sucesos Caseros
Mi casa, hora sin determinar de la tarde.
Estaba yo en un descanso típico del estudio en estos días pre-exámenes cuando se me ocurrió poner un ratillo la Nico´s session (un cd de Housete del bueno, que a mí que no me suele gustar nada, me enganchó desde que lo esuché la primera vez).
Andaba yo con mi Burn y el cigarrito de rigor cuando de repente oí unas voces que provenian del patio de vecinos.
Las palabras en un tono bastante alto (vamos que el pibe gritaba que no veas) eran " él de la músicaaaa que se asome, él de la musicaaaa que se asome".

Opté por intentar ver quien gritaba antes de asomarme porque evidentemente "el de la músicaaaa" era yo.
Ví al vecino del segundo un pseudomakoy que aparca la moto en el portal todos los días (tiene mi edad) asomado cara arriba, (yo vivo en el cuarto) con medio cuerpo fuera de su terraza, agarrado a una de las sujecciones de la ventana.
Al verme su cara afirmó satifacción y saliendo aún más de su propia terraza me dijo a grito pelao " tio que musicón me mola mazo" a lo que yo respondí "verdad que sí" y a lo que siguió un "estaría to guapo que me hicieras una copia". Yo pensé para mis adentros (los cojones 33 te hago una copia) y me volví a mi cuarto.
Opté por quitar dicha session y cambié a Radiohead esperando que eso a mi super amigo del segundo le gustase menos.
No os podeis imaginar lo que me sigo riendo cada vez que lo recuerdo
 
TEORIA Y PRACTICA DE UNA NOCHE DE FARRA


Capítulo primero. Pasos pertinentes:

1. Dirigirse a una fiesta universitaria donde haya mucha mucha gente, música y abundancia de alcohol.
2. Ir acompañado de un grupúsculo de colegas (ya sabeis que lo ideal son unos 3 o 4 a lo sumo 5). A poder ser amigos de siempre que te conozcan cuando vas borracho para evitar malos entendidos.
3. Conocer a alguien en dicha fiesta, algún amigo que estudie en la facultad en la que es la fiesta, o sino, amig@s de la nueva vida ?uni people?.
4. Si en tu grupúsculo de amigos se lleva el fumar porros, no debe faltar el amigo que pilla y comparte con los demás y evidentemente papel y tabaco.

Después de estas pautas iniciales relataré un caso tipo de los miles que se pueden dar para que tengais una idea. Hay cuatro implicados a los que llamaremos A1, A2, A3, A4.

Capítulo segundo. La siempre complicada tarea de llegar al lugar de destino.

El amigo que estudia en la facultad donde es la fiesta se pone malo malísimo a última hora y no puede ni moverse de casa. Los cuatro restantes, que iban a acompañarle, deciden finalmente ir sin dicho amigo que se queda en casa.
Dos de ellos (A1 y A2) quedan para ir a por las entradas (las había pillado el amigo que estudia en la facultad de la fiesta, el que está enfermo) que precisamente no vive cerca.
Al salir del metro A2 recibe una llamada de un tercer amigo (A4) que dice de pasar a recogerles en coche (sin carné, cogiendo el coche de su madre).
En un juego de ?a ver quien tiene más cojones? A2 acepta. A1 y A2 hablan del tema totalmente incrédulos.
En un pequeño intervalo el cuarto amigo (A3) llama para quedar ya cerca de la fiesta, pero no pueden hablar ya que están a punto de entrar a casa del amigo enfermo.
Tras una corta entrevista entre colegas, A1 y A2 vuelven a bajar de su casa y es entonces cuando A2 habla con A3 tranquilamente.
A3 advierte, ?¿soy yo el único que no está loco en este grupo??, no, no es así pero ya hemos nombrado que era un ?a ver si tienes cojones a venir a buscarnos en coche?.
Poco después A2 vuelve a recibir una llamada de A4 que afirma haber salido del garaje y se encamina a recogerles, vuelve a llamar A3 para quedar allí (cerca de la fiesta) ya que él no quiere viajar en el coche. A1 y A2 dirimen si la recogida en coche será real porque puede ser una locura.
Como a la media hora llega un taxi que se para ante A1 y A2, de él desciende A3 gastándose unos 10euros. Todo había sido una farsa lamentable. A1 A2 y A3 se dirigen al metro, A4 fijado en el lugar de destino a una hora a la que se llegaría perfectamente en coche deberá esperar un buen rato.

Capítulo tercero. La fiesta en sí misma.

Nada más llegar A1 afirma ?hoy me emborracho? (recuerden dicha frase por favor). A2 se encuentra a la primera amiga de la universidad (seguiremos sin dar nombres la llamaremos B1)
Después de dejar los abrigos en el ropero, la opción más decente es pillar la primera copa. La gente que sirve las copas es excepcionalmente generosa, las cargan de cojones (la de A3 casi imbebible, las demás un pelín menos).
Los cuatro amigos se disponen a dar un rulo por la fiesta para ver a la gente que hay (miento generalmente suele ser para ver mujeres).
A2 se encuentra a una segunda amiga de la universidad (la llamaremos B2) que está acompañada de sus amigas de siempre (vean capítulo I apartado 2) y más amig@s.
Al poco tiempo A3 hace lo mismo, encontrarse a una amiga de su universidad (B3) con novio y amiga pertinente. Anotación, la primera copa ha muerto hace rato, los porros siguen su curso. Es recomendable ir al baño.
Segunda copa, el principio de la noche apoteósica.
Ron con coca-cola. A1 y A2 (los futuribles borrachos de la noche piden la copa, les acompaña una amiga de B2).
Vuelven con los otros dos. A2 recuerda a A3 que no iba a beber mucho por motivos farmacológicos, A3 lo constata y se cambian la copa (A2 bebe más rápido). En pocos minutos A1 y A2 gastan su copa, la levantan a modo de trofeo y la dejan caer haciendo notar que está vacía. B3 se acerca de vez en cuando y nos da de su copa, A3 y A4 beben poco (fuman más que beben) y dan tragos a A1 y A2.
La música (muy buena por cierto en su mayor parte) da alas a los cuatro individuos. B1 y B2 se acercan al grupúsculo a ratos a visitar a A2 y sus colegas. El alcohol hace efecto, se comienza a perder la vergüenza, el baile gana la partida, la música ayuda. Se llega al momento fiestón, auge de la noche. Segunda y tercera visita al baño.
Los 4 denotan divertirse de verdad, abrazos continuos, risas por aquí, risas por allá, bailes rítmicos realizados en plan coreografía, incluso dirty dancing?
En fin todos sabeis de lo que os estoy hablando.
La idea de la tercera copa se hace realidad, únicamente A1 y A2 la hacen efectiva (mala decisión a la larga). A3 y A4 salen a un hall anexo a charlar.

El hijo puta que sirve la tercera copa se propasa irracionalmente. A1 dice a A2 de pedir algo con naranja, A2 piensa un segundo y únicamente le sale vodka-naranja. Piden dos. Las copas encima les salen gratis, todavía tienen 5 tickets. El cabrón del camarero quita el precinto de la botella delante de ambos y les echa tal cantidad que A1 le recrimina haciendo aspavientos (ya iba borracho).
Se toman la tercera copa junto a A3 y A4, los porros en el caso de estos dos últimos hacen bastante efecto y las 2 copas ahí andan. A1 y A2 notan en demasía el alcohol, la última copa les acaba de matar. Los bailes continuan al ritmo de una música que sigue siendo decente (factor importante). El cansancio empieza a surtir efecto. B1, B2 y B3 continuan yendo y viniendo entorno al grupúsculo.
La fiesta esta llegando peligrosamente a su fin, unos bancos que hay por ahí hacen su función ayudando a los 4 amiguetes. De repente la música para, las luces se encienden, todo el mundo enrabietado silba, grita, y escupe insultos. A la mierda, toca ir al ropero a toda leche e ir saliendo. Evidentemente visita al baño, la más larga, los 4 en condiciones bastante lamentables. A B2 no la vuelven a ver, igual pasa con B3. De B1 se despiden en la puerta de la facultad.

Capítulo cuarto. ¿Y después de la fiesta qué?

A1 va bastante borracho. Nada más salir se come el suelo (lo hará unas 10 veces en lo que queda de noche, sin exagerar), obviaremos gran parte de las hazañas de A1 pero os podeis imaginar. A2 va muy perjudicado pero aguanta. A3 es un mix entre alcohol y porros, afirma ir más fumao. A4 padece los mismos síntomas que A3.
Perdidos lejos de la civilización comienzan a caminar, a A3 se le ocurre la ?gran idea? de ir a San Ginés, la famosa chocolatería del centro en la calle Arenal. Omitiré la retahíla de acontecimientos pero ya sabeis, empujones, tropezones, uno mea allí, otro mea allá, un cigarrito, sentarse en un banco, dar patadas a papeleras, meterse en un cubo, volcarlo con A1 dentro, un porro para ?rebajar los efectos?, enviar el cubo terraplén abajo (ya vacío), discutir acerca del itinerario a seguir, mucha risa, conversaciones supertranscendentales que solo se tienen al ir ciego, otro cigarrito, y ante todo soportar al más borracho que no suele beber, pero cuando bebe es mejor que te hayas confesado antes porque es como una pesadilla a pequeña escala.
De verdad, A3 y A4 se lo curran en la medida en la que pueden (tampoco es que ellos vayan como una rosa), A2 bastante tiene con aguantarse en pie a si mismo y caminar medianamente recto.
Los 4 tajaos consiguen llegar a Moncloa tras hora y media de andar (ya sabeis que se anda anormalmente lento cuando vas borracho; el camino en condiciones normales no llega a los 15-20 minutos).
Tras descansar un rato frente al edifico del ejército del aire emprenden la marcha por la calle Princesa. En seguida ven un búho, no hay duda lo cogen. A4 decide que ya es hora de irse a casa (vienen a ser como las 4 y pico) y continúa hasta Cibeles para después coger un taxi. A1, A2 y A3 se bajan en Callao para ir hacia San Ginés. Volveremos a obviar la despedida de A1 a A4 para no herir su honor. La situación ha cambiado en parte. A1 continua igual de mal, A2 en cambio ha dicho adiós al pedal, se siente mucho mejor, casi normal. A3 parece algo más espabilado que hace un rato.

Capítulo cinco. San Ginés y Cibeles.

Consiguen llegar a la chocolatería A1 se queda fuera hablando con su novia. A2 y A3 engullen una docena de churros (a pachas) y una porra para cada uno. A3 afirma sentirse mal, se sale a tomar el aire (se le nota algo pálido). A1 y A2 beben agua como si les fuese la vida en ello y salen a ver que tal anda A3.
A2 y A3 se fuman el enésimo de la noche, reposando junto a A1, es el momento más tranquilo de la noche. A1 continua diciendo que no le baja el pedo, A2 fuma y A3 parece que se va recuperando. A1 mea (puede que al final de la noche lo hiciera como 15 veces).
Son casi las 5 de la madrugada.

Optan por caminar (total de Sol a Cibeles hay un paso) y después de lo andado anteriormente ya daba lo mismo. Descienden comentando la noche, A1 continua algo cargante, con incontinencia verbal y algo pesado a la voz de ?tío pero ayudarme un poquito?. Paso tras paso llegan al Banco de España, han quedado a la una de la tarde con una amiga sevillana (B4). Cruzan y se despiden A1 va hacia el N-10, A2 hacia el N-22 y A3 hacia el N-9. Son las 5´15. Fin de la noche.

Capítulo seis. La verdad y nada más que la verdad.

Solamente los que habeis llegado hasta este punto sabreis la verdad.
Creo que muchos os abreis dado cuenta según transcurre la historia, que no hay nada de ficción. Es la extraordinaria noche que cuatro amigos pasamos el día 13 de Mayo.
La interpretación de quien somos A1 A2 A3 y A4 la dejo a vuestra elección.


 
Der Blaue Reiter (el jinete azul)

Munich, Alemania, primavera de 1910.


Herbert Heisch era un jurista bastante conocido en la ciudad bávara, aparte de por su labor profesional (fue uno de los teóricos solicitados para la codificación del Código Civil Alemán), sobretodo era famoso por ser el marido de una bella dama llamada Anne Von Bismarck, nieta del hombre que hizo posible la unificación de Alemania medio siglo atrás. Únicamente sus padres le llaman Herbert, su apellido fuerte y robusto, había ganado el pulso al nombre y era el que usaban todos sus conocidos.
El invierno ya no volvería hasta el mes de octubre y Heisch optó por recorrer el casco antiguo muniqués, hasta llegar a su lugar de destino. Dio su paseo matinal y llegó unos veinte minutos después a la Marienplatz, donde se encontraba el ayuntamiento, dentro del cual había quedado citado días atrás para resolver unos asuntos acerca de reformas sobre el derecho de familia en la región de Baviera.
Tras más de tres horas de ardua tarea Heisch salió de la casa consistorial acompañado de tres técnicos del ius civile. Se dirigieron a la Hofbräu Haus, una de las cervecerías más famosas de la ciudad, al cabo de un rato (el tiempo que le llevo ingerir dos pintas de cerveza rubia) se despidió de sus acompañantes y se encaminó a deshacer el recorrido que había hecho por la mañana y volver a su casa.
Cuando andaba ya bastante cerca de su residencia le pareció ver a Ingrid Tenfold, sí, en efecto, era ella.

Ingrid Tenfold era de lo más alemana, rubia, de grandes ojos azules, cara sonrosada, alta y de figura algo rara, las rectas ganaban a las curvas en su físico. Era desde prácticamente la cuna la mejor amiga de Anne, tanto vínculo había que más que amigas, se podía decir que eran hermanas (estudiaron en el internado juntas, se casaron pronto con hombres respetados, las dos tenían mucha afición por el arte, sobretodo pictórico…)

Cuando Heisch llegó a su altura la saludo amablemente y ella, sin ni siquiera devolver su saludo le advirtió:

-Ah, hola Heisch, acabo de dejar a Anne en vuestra casa. Hemos estado viendo a ese grupo de pintores del que te hablamos, creó que Anne les va a ceder un local cerca de la puerta de Sendlinger para que desarrollen allí su trabajo. Es emocionante, creo que son muy buenos.
Me esperan en la Haus Den Kunst, te veo el sábado. Diré a mi padre que te he visto, siempre me dice que un matrimonio son dos y que en este yo solo me llevo con Anne. Adiós.
Heisch pensó en esa última frase del padre, que razón tenía , creía recordar que la última vez que vio a Ingrid fue en las navidades anteriores, casi cinco meses hacía ya. También, le inquietó el fuerte olor a aguarrás que desprendía.

Llegó y el servicio le dijo que Anne estaba dándose un baño, ¿un baño a las dos de la tarde? Ya de por sí era raro, y más para su mujer que solo se bañaba antes de dormir.
Al comer observo algo rara a Anne como ensimismada y poco habladora, cuando normalmente ella no paraba y el solo apuntaba algo de vez en cuando.
Únicamente le planteó que si por favor le podía hacer el contrato del local (iba a alquilárselo a los pintores por un módico precio, casi regalado) que para algo estaba casada con uno de los juristas más notables de la región y probablemente del país.
Heisch evidentemente asintió y dijo que iría por la tarde o sino a la mañana siguiente.

Creyó oportuno ir por la tarde, total, no tenía nada mejor que hacer y así veía la zona oeste de la ciudad, donde hacía tiempo que no estaba.
Tomó el tranvía, le relajaba bastante ese traquetreo e ir viendo atardecer en su ciudad natal. Nada había cambiado, la puerta Sendlinger majestuosa separaba la verdadera ciudad medieval y las nuevas construcciones de los últimos dos siglos. Sobremanera destacaba la fábrica de Daimler (todo relacionado con elementos químicos y farmacéuticos) con sus mas de media docena de chimeneas de un tamaño excesivamente grande comparadas con el entorno.
Se dirigió hacia la avenida Postdam, donde sabía que su mujer poseía toda una zona baja de una manzana de edificios. Llamó a la puerta donde un cartel rogaba “estudio de pintura Der Blaue Reiter” (el jinete azul). Le encantó el nombre.
Le abrió un ario bastante joven, muy rubio, piel muy clara, ojos grises.

-Herbert Heisch, marido de Anne Von Bismarck.
-Vassily Kandinsky, co-director del estudio, pase.
En cuanto entraron, a Heisch le sobrevino el fuerte olor de nuevo de aguarrás que había olido horas antes. No sabía porqué pero algo le dio muy mala espina.
Otro individuo tapó un cuadro que residía sobre un atril, tras una fuerte voz del ario. Le ofrecieron café mientras revisaban el contrato y lo firmaban. En apenas media hora quedó todo finiquitado. El otro se llamaba Auguste Macke, el segundo co-director. Le acompañó a la salida y Heisch se sonrojo totalmente.

-¿Qué le ocurre amigo?
-No sé, el fuerte olor a aguarrás, creo que se me ha subido a la cabeza. Tomaré el aire que seguro que se me pasará.
-Muy bien, visítenos cuando usted quiera, buenas tardes.

Heisch no había sufrido un mareo por el aguarrás ni nada parecido, le había ocurrido algo peor. Auguste Macke olía exactamente igual que su mujer, el mismo perfume, justo el último que le había regalado una semana atrás. Algo pasaba, necesitaba pruebas. En cuanto dobló la esquina supo que volvería al estudio, pero esta vez de otro modo al de jurista.

Cenó algo en un mercadillo cercano y volvió al edificio donde estaba el estudio. Llamó a la puerta del conserje y con su labia característica le convenció totalmente de que le diese las llaves de repuesto de los locales de la planta baja.
Entró sigilosamente y cerró pero sin echar la llave por si acaso tenía que salir a marchas forzadas. Unas maderas no le habían dejado ver que tras ellas la galería se extendía enormemente. Era una vergüenza arrendar ese lugar al precio irrisorio que había dicho Anne. Supuso que estaba solo, eran más de las diez. Supuso mal.
Giró entorno a si mismo y observó la zona de trabajo, todo normal para ser un estudio, de repente se fijo en un cuadro bastante grande que estaba tapado por una tela, pensó en que seguro que era el que había tapado el segundo co-director a su llegada. Fue a ver que guardaban con tanto celo.

No lo podía creer, el mundo se le vino abajo, lo que jamás pensó, se había cofirmado. Su mujer le era infiel.
El cuadro mostraba a una mujer (Anne sin duda) totalmente desnuda con una rosa en la boca que reposaba sobre un sillón color verde. Se quedó totalmente anonadado.

De repente oyó algo al otro lado de la inmensa habitación. Las maderas estaban todas en su sitio así que alguien andaba por allí. De entre las sombras salió Auguste Macke, que viendo el cuadro destapado afirmó.

-Anne y yo nos vemos esporádicamente desde hace más de un año. Lo siento por ti pero es lo que hay.

Heisch enrabietado por la infidelidad y por esas últimas palabras de superioridad del pintor, se lanzó con todas sus ganas a por él.
Macke en un súbito movimiento desenvainó un cuchillo no muy grande que no vio el propio Heisch, tras un duro forcejeo le clavó la hoja en el muslo izquierdo y giró el cuchillo. Los tendones habían sido desgarrados, se quedaría cojo para toda la vida. No contento con esto Macke le dio un rodillazo que le acabó por tumbar.

-Anne es mi musa desde que la encontré. Antes no era nadie y desde que la conozco el arte no tiene misterios para mí. Me ha dado la vida que antes no tenía.

Acto seguido se lanzó hacia él y con la hoja vuelta del revés le seccionó el cuello, los borbotones de sangre se derramaron sobre el cuadro de su mujer. Fue lo último que vio Heisch, el retrato de su mujer manchado de su sangre. Murió al instante.
Auguste Macke cerró con llave y se marchó de allí, no sabía lo que le había ocurrido jamás pensó que pudiese llegar a ser tan violento.

En casa de los Heisch-Bismarck, Anne se despidió del servicio de la casa y les dijo que guardasen algo de cena para su marido, se sentía feliz pensando que le habían caído en gracia los pintores y tras el contrato habían ido a tomar algo.
 
Transilvania III
Ayer volví de la llanura que hay tras los alpes transilvanos, no muy lejos de la gran ciudad. Nunca he estado en Bucarest, la concentración humana me da algo de reparo.

Mi tío Wolfang en un ataque de ira colgó a gran parte de su séquito de las murallas del castillo, al enterarme decidí ir a hacerle una visita, me parece que está perdiendo el juicio. Al volver no pude evitar apropiarme del flujo rojo de una joven que andaba perdida cerca de Ploiësti. Su caballo notó mi presencia y tras relinchar a dos patas, salió desbocado hacia el negro bosque.
De un ligero salto me acerqué y al ver su lechoso cuello le hinqué con todas mis ganas mis incisivos. Se desmayó al instante. Al depositarla en el suelo, noté su sexo, podría haber…


Fue un día muy feliz.

Conde Drácula, cartas a Lucifer, Volumen II, epístola LXIV
 
Aula de estudio de la biblioteca de derecho

Situación de lugar

Este aula es la excusa perfecta para decir “voy a estudiar”, la verdad es que estudias pero como la mitad de la mitad de lo que estudiarías en una de las mesas de la biblioteca típica. Pongámonos en situación. Martes 10 de mayo. 10 de la mañana.

Contradicción primera.

Un cartel de mediano tamaño avisa “PROHIBIDO FUMAR” y no se que código/ley.
Pues bien según entras observas un pedazo de cenicero sobre la mesa, curiosamente la parte de arriba de la papelera que está al lado del baño, que está como descabezada, pobre papelera. Lo curioso es que nadie devuelve el ceni a su sitio.

Contradicción segunda

Una habitación con ventanas que dan a un pasillo interior, vamos que no hay ventilación. Hay radiador, en invierno muy útil, en verano con la aglomeración de individuos hace calor!. El aire acondicionado… en la biblio no hay.

Disposiciones del tiempo de estudio

1.Telmo reserva el aula con toda su buena intención
2.Yo pienso… seremos 3 o 4.
3.Individuos dentro del habitáculo: Nacho, Telmo, Nicolás, Alex, (el teacher) Sergi, Estanis, Maribel, Bárbara, Rodrigo e incluso durante un rato María y Fátima.
4.Todos tenemos móvil, peligroso.
5.Alex intenta dar clase de mates a la gran mayoría. Nacho y Rodrigo optan por Ciencia Política, Nico opta por ser él mismo (risas)

Factor “londres”

Como ya he dicho no hay ventilación en el habitáculo. Bárbara se enciende un piti, el ambiente se carga. Poco después Nacho y Rodrigo la siguen encendiendo otros dos.
Solo nos faltan el Támesis y el Big Ben.

Mediodía

El tema 3 de mates ha pasado a la historia y Ciencia Política empieza a cansar. La cafeta nos espera, un mus, algo de comer y para casa.

La universidad es algo excelente. Quedan tres semanas para exámenes.
Las campanas del infierno de Junio se aproximan…



 
Juan
Tórrido día de Agosto. Son cerca de las 2 de la tarde. El mar parece que esta en calma pero en cuanto entras se nota la lengua de resaca que te intenta atrapar.
Llevo en el agua desde antes de mediodía, dos horas y media para ser de los primeros días están bien, decido salir. Los roquedales marinos me han sido fructíferos. Tres nécoras de mediano-gran tamaño me han dado guerra sobre todo una pero al final las he ganado la batalla. Como en el hotel nos conocen las llevaremos y ala del mar a la mesa en pocas horas.
Me quito las aletas y veo en mi gemelo un arañazo, seguro que de alguna puñetera roca. Voy saliendo y me quedo un minuto en la orilla para ver el cabo de la zona derecha de la playa, justo por detrás ha estado durante un buen rato.
Veo un individuo bastante más cerca pero aún así lejos de la línea de playa. Observo con detenimiento.
-¿Un cazador con arpón, que aprovecha las horas de la comida para que nadie le moleste? Puede ser, creo apreciar que no lleva traje y que no se sumerge, siempre arriba, denota que no lleva aletas. Mal síntoma.
Acerco a mis tres pequeñas amigas (las nécoras) a la toalla porque me da en la nariz que voy a volver a mojarme antes de comer.
El hombre nada hacia la playa pero de verdad que no avanza ni dos metros. No creo que se de ni cuenta pero se pone a nadar y no avanza sino que casi se mueve horizontalmente cambiando de zona pero sin avanzar.

Como de costumbre estoy en una playa semi virgen, no hay vigilancia salvo fines de semana en los que la arena está mucho mas concurrida.
Espero un par de minutos para ver que hace el individuo, de momento escupo en las gafas para que no se me empañen porque me huelo que voy a tener que entrar.

Solo le veo la cabeza ha dejado de manotear, puede que desespere o que como hay que hacer descanse un poco manteniendo para ver si alguien le ve o poder salir él solo.

Lo tengo decidido “mar adentro” que voy por si acaso. Las aletas Nemrod me dan alas.
En unos cuatro minutos de reloj ya le veo de cerca, me hace aspavientos.
Poco después estamos frente a frente.

-Hola, ¿hay algún problema?
- Tío menos mal que me has visto –su voz tiembla muy mucho-. Hola me llamo Juan.
- Yo soy Rodrigo. ¿Cómo cojones se te ocurre entrar con la resaca que hay sin aletas ni nada?
- Yo que sé , he entrado, he hecho la cruz un rato y cuando me he querido dar cuenta no hacia pie y estaba realmente lejos, no avanzaba.
- Vale, vamos a dejarnos de charla y vamos para la orilla –le veo como desencajado, como calmado después de haber estado realmente acojonado-.
¿ Te cojo por el cuello y voy tirando de ti, vale? únicamente déjate llevar.

No volvimos a dirigirnos la palabra, hasta salir del todo. Hubo un momento que empecé a estar cansado y fui dando aletazos en diagonal para acortar la resaca.
Al salir me dio un abrazo a la altura del de una mamá o una mujer que te quiere.
Solo dijo gracias, pero esa sola palabra los dos sabíamos que significaba mucho más.

En mi historia de buceador aficionado ha habido dos más. Este es el único que no se puso violento. Continuará.


 
Transilvania II
Mi madre no solía besarme muy a menudo cuando era pequeño, y probablemente era fruto de tu poder, señor de las tinieblas.
El fino cuello tensionado y la clavícula descubierta eran demasiada tentación para las vampira de las vampiras, no podía acceder a chupar sangre de su propia sangre, cuanto la añoro.
Si que tuve más besos con mi hermana, la tentación era menor, los dos formábamos un equipo de ensueño. La vida en el castillo era muy aburrida pero con mi hermana todo era mucho más ameno. Duró pocos años, cuando me abandonó por el joven Vanderbilt y emigró con él a la Rumanía occidental. Nunca se lo perdonaré, desde entonces mi relación con la gente nunca fue la de antaño, de papá mejor no hablar.
A veces desearía no tener desarrollados los colmillos, no ser un vampiro, ser alguién normal sin pavor a estacas y ajos.

Conde Drácula, cartas a Lucifer, volumen I epístola XIII.

 
El ático
Silvia se levantó contenta. El sueño húmedo que tuvo por la noche le había arreglado el siempre aburrido y monótono levantar.
En el suelo del baño vio uno calzoncillos de hombre, tenía varios de antiguos novios, incluso alguno que se había comprado por sí misma. Siempre había pensado (desde que se puso uno años atrás) que eran realmente cómodos y confortables. No recordaba haberlo dejado allí. Le resultó raro.

Mientras se duchaba escuchó una tos de fumador, pensó en el vecino, pobre hombre. Aumentó, como era costumbre, el chorro de agua caliente hasta sentir la piel al rojo vivo para después acto seguido salir corriendo con el albornoz a por el café – únicamente el café-, ya iba tarde (incluso la rutina era ir con retraso, porque siempre iba tarde).
Se vistió y salió con tanta celeridad que ni siquiera se dio cuenta de coger las llaves que descansaban sobre el aparador.
Cada día le gustaba más su nueva casa, un ático en el centro, lo que siempre había querido. Llegó a la oficina agobiada, el metro había podido con su tranquilidad, le gustaba la gente pero no hasta el punto de viajar como sardinas en lata.
Entró al bufete, dispuesta a pasar la tarjeta magnética por el torniquete del hall central del edificio. Vio a un vigilante que sorprendido la advirtió:

-Perdone, ¿a donde se dirige? Hoy es domingo y ninguna oficina del edificio se encuentra operativa.
Silvia paró en seco, se puso a pensar. Si el vigilante estaba en lo cierto y era domingo ayer había sido sábado. De repente recordó, se había bajado de un taxi a altas horas, no había pagado ella, y la puerta de su casa no la había abierto. Todo cuadraba.

El sueño húmedo no había sido tal sueño, la tos no era de su vecino y los calzoncillos no eran de su colección. Se ruborizó tanto que el vigilante echó a reír, su mente calenturienta le dijo que a esa mujer la noche la había traicionado.
Nunca mejor dicho.


En el ático, la puerta volvió a sonar unos cuarenta minutos después. Una colilla en una de las macetas de la terraza y dos tostadas menos fueron los únicos cambios tras la salida de Silvia. Un hombre salió recién duchado, todavía perplejo porque la mujer con la que se acostó la noche anterior había desaparecido, y eso que solo había salido a la terraza a ver amanecer acompañado de un Marlboro –cierto es que dormitó algo en la hamaca- .
Cerró con las mismas llaves que Silvia olvidó y junto a un post-it con su teléfono, las depositó bajo el felpudo esperando que ningún indeseable las descubriera salvo la propia dueña.

 
Catherine
… durante meses anduve perdido, sin rumbo ni ritmo, sabiendo solo que la estructura se había roto, y pensando únicamente en el crack, sin ni siquiera darle vueltas. No sé, probablemente porque apenas distinguía entonces, si fue una mañana o una tarde cuando descubrí mi sentido de vivir, encontré mi lugar cuando te encontré a ti, como única manera de salvación del estado en el que me encontraba. Gracias Catherine, gracias por tu ayuda, por darle forma a lo que para mí era una nube de gas inflamable y para ti, un guisante. Verde redondo y tan pequeño que ni la más delicada de las princesas lo notaría, sería perceptible solo por nosotros.
Inflamable o no, la nube de mi corazón descargaba lluvia y granizo sobre mi interior, repercutiendo en ese guisante al que por no complicarme llamaré amor.
 
Transilvania

Como las piedras no hacen ondas expansivas cuando golpean contra el suelo, no me molestaré en hincarle el diente a ese chaval para que sobre la sangre derramada, si que se realizasen esas ondas expansivas que producían cierto placer, camino al éxtasis, que me impulsaba a seguir matando.
Me enseñaron a pensar en estanques y campos verdes cuando me sobrevinieran las ganas grandes pero los estanques me traicionaron, en los estanques las piedras si que hacían ondas expansivas, luego no podía reprimir mi sed de sangre.

Noté algo de frío y volví a entrar en casa, me esperaba la soledad y oscuridad del invierno rumano y los recibos sin pagar. Tropecé y me golpeé con la ventana, y fue una suerte que no hubiera luz que me dejara ver mi propia sangre, a la que sentía resbalando por mi cara, la primera vez. Nunca me había pasado. Deseé morir.


Conde Drácula, cartas a Lucifer, volumen II epístola XXVIII.


 
4´15 AM.
Él cogió el búho como de costumbre para volver a casa tras un largo día añadido a la reunión en casa de un amigo, donde el alcohol y los petas tuvieron cierto protagonismo similar a ser un personaje más de los 10 que allí se encontraban.

Como era usual buscó asiento en la última fila del N-22, asiento privilegiado desde el que se divisa todo el bus y así ver a los especímenes madrileños que vuelven a casa demacrados en su mayoría por la loca y dura noche. Toda la zona trasera se encontraba vacía salvo una joven morena que reposaba en uno de los asientos en dirección contraria a la habitual, él al principio no la prestó atención y continuó en busca de su lugar.
Al ser puente notó que el número de viajeros era asombrosamente bajo comparado con cualquier viernes normal. Optó por abstraerse con su mp3 y dejar que el búho le llevase a casa por las calles dormidas de la gran ciudad.

Nada más dejar atrás correos y encaminarse a Recoletos a alguien se le calló algo al suelo, cosa que hizo girar la cabeza al muchacho desde los jardines de la casa de América al interior del autobús, fue entonces cuando la vio. Quedó perplejo.

La morena de espaldas de antes había requerido absolutamente toda su intención y ya no pudo dejar de mirarla hasta bajarse unos 15 minutos después.
Su pelo era de un negro débil, es decir negro propio, no del teñido que llega a ser mucho más intenso, el corte simplemente genial, como a lo emily the strange pero “raro” (ese “raro” le daba un morbo fuera de lo común). Un flequillo como de menos a más que iba cayendo de derecha a izquierda cada vez mas largo hasta unirse con la media melena capeada que le caía sobre los hombros, hasta que en su lugar se hizo una coleta. La frente pequeña que enseguida quedaba cortada por las dos cejas estilizadas, finas que le daban un toque intelectual increíblemente sensual.
La luz del bus y el propio estado de él no le daban claridad total para adivinar el color de sus ojos, a veces parecían verdosos, a veces incluso grises pero ante todo espectaculares, parecía un jaguar en la noche.
Toda la zona ocular era aún más preciosa por el ya demasiado difuminado contorno de ojos y el rimel de las pestañas, el ajetreo nocturno creó como una capa que la daba más profundidad, en un primer momento él incluso pensó que había llorado pero era imposible o sí, pero optó por la primera opción.
La nariz afilada y algo respingona desembocaba en unos labios de ensueño, no demasiado carnosos ni demasiado finos, simplemente perfectos y más cuando los retocaba con ese protector labial de ahora, simplemente radiante.

Tras la mayor parte del viaje el chico consiguió deshacerse del embrujo de su cara y observarla de cuerpo entero, cosa que me ha confesado le fue muy difícil de hacer.
Una barbilla bastante perfilada acorde con las suaves mandíbulas daba pie a un cuello como de cisne, algo largo quizá pero en absoluto desatinado. Los hombros la hacían aún más esbelta, y sobre ellos, reposaba un kimono negro que le rodeaba el cuello en forma de pico para después cerrarse con botones rojos que se disponían a descender sobre sus pechos y sobre su figura y que en último término comenzaban a girar hacia la izquierda como queriendo buscar su cadera y esconderse allí hasta el fin de los tiempos.
Los botones desaparecían y daban paso al ensanchamiento del kimono, más parecido ya a una falda, que llegaba poco más allá de las rodillas justo donde tocaba con unas medias evidentemente negras que le resaltaban el gemelo flexionado por tener los pies sobre el asiento de enfrente, los cuales cubría con unas zapatillas “Kill BiLL” de un amarillo resultón y alguna que otra tira negra a juego.

Absolutamente ensimismado nuestro protagonista miró por la ventana y observó q la zona era su manzana vio su calle, la parada era la siguiente, incluso pensó en continuar sentado para contemplar la belleza que había descubierto fortuitamente.
Caminó fumándose el “último” y entró en su casa. Otro día más se había consumido.


Soñó con ella, y eso que no logró verla sonreír ni siquiera un esbozo, hubiera sido demasiado. Ya en la cama pensó en una frase que le había dicho un amigo esa misma noche “yo creo que una de las razones por las que existe el humor es para hacer sonreír a las mujeres”. Estaba por supuesto, de acuerdo.


 
GRACIAS A....
Quiero aprovechar esta oportunidad para dar gracias al microondas, al tostador, y a los perros que corren detrás de los coches. A las películas de madrugada, a Murphy por su ley, a lo que te viene dado y al etcétera. A la colina, la carretera, los estadios, los caminos, las pistas, y al repartidor de pizzas. A todo lo que mantiene el orden. Gracias a los dioses griegos, a las montañas rusas, y a la llamada del despertador. A lo que sabemos, lo que no sabemos, y aquellos que preguntaron porqué. Al mar, la comida china y al olor a lluvia o césped mojado. A los pros y a los contras. A lo ligero y a lo pesado, es decir a los extremos. A todo lo que hay en medio y le da sentido. A la anarquía y la rebeldía. A Darwin, Newton y Einstein.


Gracias a quien eres, no a quien eras. A la música, los graffitis, al tren, y a la gota que colma el vaso. A reir como un loco, y a tener siempre una sonrisa. Gracias al que inventó el fútbol, los subtítulos, los dientes de oro, la cama, y los museos. A lo que se hace de la nada, a todo lo que conseguimos que parece poco, pero es mucho. A la suerte y al fracaso. A la preocupación por las cosas inútiles. A los videoclubs y a la gente que le gusta hablar y escuchar. Al hasta nunca y al para siempre. A la carta, la palabra y a la libertad de decir a la mierda.


Gracias a las escaleras, al ascensor, y a los que intentan llegar al quit de la cuestión. Al mando a distancia, al relax, a la siesta, al como y al porqué. A la chica del autobús, al vistazo, la mirada, el flechazo. A lo mejor y lo peor de nosotros. Al ego, al subconsciente, a mantener la fe y a volvernos locos. A recordar que no lo has visto todo. A la colonia, la excusa, a nuestro planeta, y a la primera persona que miró a las estrellas.
A las máquinas de refrescos, los supermercados, los árboles y a la fruta. Al día de fiesta y a la señal de tráfico. A ciertos animales (nosotros los humanos). Al inventor de la pelota, el aro, la raqueta, la portería, el palo de golf, el stick, el taco de billar y el edredón. Gracias a quién corre por algún motivo; al lugar hacia donde te dirijas sea cual sea. A lo real, la verdad o mentira, a ir sin rumbo y a los días que llueve. A soñar que vuelas y a poder cambiar las cosas. Gracias al que escribió las reglas, y al que las rompió, y a todo lo que nos ha inspirado alguna vez.