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RboSS, desde 1986
tres veces destilado pero auténtico
Acerca de
Un gilipollas que intenta abarcar en un blog las filosofias profundas sobre la vida en general, y que con la ansiedad de descubrirlo todo rapidamente se le va la mano con las comas. (definición MªLaura)
Sindicación
 
Shue
Lonikai cerró la puerta de su casa dando las cuatro vueltas a la llave. Caminó por donde siempre, tenía tiempo hasta llegar donde había quedado con Jim para ir de compras.
Había tenido un sueño muy muy húmedo con una de las mujeres de su entorno. En la ducha no tuvo otra opción que masturbarse para relajar lo que un amigo suyo denominaba “el hueso que te sale en la polla si no te masturbas cuando es debido”.
Lonikai sufrió los efectos del calor de finales del séptimo mes del año (Julio). Pensó que lo de caminar como habitualmente hacia en invierno hasta la plaza Ross no era una buena idea y decidió coger el suburbano para que le llevase a su destino.
Hasta aquí todo era normal, pero después las cosas evolucionaron de un modo jamás pensado para Lonikai.
En el andén observó a una chica que tendría su edad. Le gustó bastante. Discutía con un gañán con barba algo más mayor, Lonikai pensó para sus adentros -“es el novio fijo”-. Ya que no había mucho más que hacer, se sentó en el suelo debajo del chorro de aire acondicionado, lo suficientemente cerca para oír, pero a distancia prudencial para no parecer un adobado e intrometido.
Llegados a un punto y tras ir aumentando el volumen de las palabras la chica tiró una botella de agua a las vías con rabia se levantó y dio la espalda al supuesto novio. Pasó por delante de Lonikai meneando su culo de una manera sobrenatural, unos vaqueros gastados y un cinturón de tachuelas que junto a los dos nalgas, le hicieron revivir por un instante el sueño de la noche anterior.

En ese mismo momento llegó el metro, ella paró en seco y ambos se subieron en el mismo vagón. El gañán de las barbas se quedó en tierra. Lonikai seguro de ser un tío atractivo buscó su mirada en el vagón para ver si la chica guapa le correspondía. No fue el caso estaba demasiado ensimismada y tenía los ojos algo brillantes, como de pre lágrimas.
Lonikai como hombre del siglo XXI que era iba previsto de kleenex. Atravesó el vagón y le ofreció uno acompañado de –“si que le tienes que querer para que te haga llorar”- a lo que ella respondió moviendo la cabeza como un “bueno más o menos” y acto seguido se sonó los mocos.
-Me llamo Lonikai, aunque todos me conocen como Ikai.
-¿Te he pedido yo a caso tu nombre?. Estoy yo buena como para flirtear con otro tío ahora. Gracias por el kleenex.

Esa fue la gran conversación. El metro discurrió por las estaciones hasta que llegaron a Ross-Dam donde ambos se bajaron. Ella caminaba más rápido, le ganó terreno. Lonikai miró su reloj le quedaban diez minutos para la hora a la que había quedado. Decidió seguirla. Salió del metro y la vio entrar en una tienda en la que él también compraba. La plaza Ross quedaba al final de la calle, entraría echaría un ojo e iría al encuentro con Jim. Se cruzó con ella y ahora sí, encontró su mirada.
Lonikai encontró una chupa que le gustó. Cogió la M y la L y se fue a los probadores –“a ver cual de las dos M en plan petada o L en plan suelto”- La chica le siguió con la mirada agarró lo primero que vio y fue hacia los probadores.

La cortina se corrió violentamente y Lonikai se giró casi asustado. Vio a la chica y se le iluminó la cara. Ella se lanzó hacia él. Echaron un polvo salvaje dentro del probador. El espejo empañado y ella contra otra de las paredes y él de pie, sujetándola por la cintura. Los dos se tapaban mutuamente la boca para que los gemidos no se oyeran demasiado.

Una vez terminaron salieron con un ligero intervalo y Lonikai además se compró la cazadora. Salieron de la tienda y ella le plantó un beso en los morros, Lonikai le metió el ticket de compra con su móvil apuntado en el bolso.
-Yo me llamo Shue.
Torció por una bocacalle con su hermosa figura y su espectacular culo.

Jim esperaba como un auténtico gilipollas en la plaza Ross sin saber lo que había ocurrido doscientos metros mas arriba. Por lo menos Lonikai tenía una buena razón otra cosa es que Jim le creyera, pero evidentemente eso le importaba bastante poco después de lo acontecido.

 
Anónimo, un tal Ryan

Querida Catherine:


Me preguntaste donde estaba y quiero contestarte. Estaba en un lugar donde todo era nada, donde cada palabra duele, y el cielo carece de color y esperanza.

Intenté salir de ahí pero me perdí. Durante semanas anduve perdido, sin rumbo. Los días pasaban sin que ocurriera gran cosa hasta que encontré el sentido d mi existencia. Cuando te conocí, me di cuenta de que había encontrado mi hogar.

Una sabia amiga me dijo una vez que todos tenemos nuestro hogar y ahora se que es verdad, espero que lo sepas cuando recibas esta carta. Una vez la recibas sabrás que he encontrado lo que buscaba. Encontré mi hogar cuando te encontré a ti.
Igualmente, espero que tu encuentres el tuyo pronto y corras hacia él lo más rápido que puedas. Escríbeme cuando lo tengas.



Un beso, Ryan.




 
Fantasía y realidad II


Martín se giró y intentó dormir, le dio tiempo a pensar si ella estaba dormida del todo o no, pero después de toda la noche haberse hecho la dormida no era lo que cuadraba.
No pensó en nada más, se durmió en pocos minutos.
Una puerta se cerró con estrépito como a mediodía, Martín se sobresaltó, supuso que su hermana había regresado. Continuó durante un buen rato estirado todo lo largo que era dentro de la cama contemplando, ahora ya con luz, la dulce cara de Esther dormida profundamente.
Al rato pensó en tomar un café en la terraza y se dispuso a ello. Una vez lo tuvo hecho, despertó a Esther y ambos salieron a la terraza, hacia un sol radiante, pero se necesitaba abrigo ya que en Febrero las mañanas aún eran frías.
El café iba disminuyendo pero con calma, entre algún cigarrillo y galletas “surtido Cuétara”. Parece mentira pero los dos tienen incontinencia verbal, cosa poco usual tras levantarse un día de fin de semana.

Martín recuerda que tiene un carrete de fotos a medias y le propone a Esther hacerle unas cuantas, ya que la mañana es magnifica y pueden salir unas fotos muy chulas. Esther acepta, pero antes va a buscar un pañuelo de punto suelto con colores en su mayoría
amarillos y lo enrolla a su cuello y lo pasa por su cabeza para proteger las orejas del frío. Esther parecía una mujer árabe.

Martín lo preparo todo, pero en realidad poco preparó ya que con apretar el disparador era suficiente. Esther estaba simplemente espectacular, y el sol perfecto.

Esther se sentó apoyada contra la pared de ladrillo de la terraza, el sol le daba de frente. Cerró suavemente los ojos, momento que aprovechó Martín para disparar por primera vez. Fue su mejor foto.
El pañuelo se fundía alrededor de su cuello con el jersey rojo de punto, después el pañuelo despegaba hacia arriba cubriendo su cabeza de la que escapaban unos cuantos mechones de su fino cabello negro por su lado izquierdo. Uno de ellos algo juguetón se cruzaba por su frente y caía sobre un ojo para reposar sobre su afilada nariz. Tenía una expresión como de afligida, quizá pensando en su padre, o simplemente la cara que se tiene un día de fin de semana. El piercing de la nariz parecía una isla en el mar de su rostro y los labios dibujaban una ligera mueca que no llegaba a sonrisa pero que acentuaban su belleza.

Martín hizo más fotos, pero ninguna como esta. Al rato Esther le avisó de que tenía que irse, que venían sus abuelos a hacerla una visita. Recogieron el desayuno, ella se preparó y salieron al jardín para despedirse.
Martín habló primero “Esther, un placer como siempre, ¡a ver si nos vemos más!” a lo que ella respondió “lo mismo digo, de verdad que me has sido de gran ayuda”.
Martín abrió el portón dejó salir a Esther y volvió a cerrar. Se dieron dos besos cada una a un lado de la valla y antes de girarse para caminar Esther le susurró: “Sentí tus labios en los míos anoche. No era el momento pero quiero quedar otra vez contigo y lo hablamos. Yo te llamo”

Martín no volvió a estudiar nada en todo el día.