logotipo

img_google
RboSS, desde 1986
tres veces destilado pero auténtico
Acerca de
Un gilipollas que intenta abarcar en un blog las filosofias profundas sobre la vida en general, y que con la ansiedad de descubrirlo todo rapidamente se le va la mano con las comas. (definición MªLaura)
Sindicación
 
Sin luz solar





I. Tinta negra y pinturas sobre la mesa. Las palmas de mis manos están esponjosas.


El reflejo del sol sale por detrás de la torre del reloj y en la televisión dan el that´s english para los que madrugan. Una máquina asfalta la calzada de mi calle, me sorprendo y veo a una chica del piso de enfrente desnuda peinándose ante el espejo… ¿Quién soy? ¿Con quien habrá quedado ella? ¿Dónde trabaja? Me gusta ver a alguien e inventarme su vida.
Un montón de cartas se acumulan sobre la pletina del vinilo, facturas, cartas del banco, premios falsos de lugares que no existen… no me gusta que se me acumule la correspondencia en el buzón. Me siento como un visitante como si todo me fuera muy lejano. Soy algo con fecha de caducidad, en mi apartamento soy algo totalmente fuera de contexto, un extraño cada tarde ante la puerta, con la llave en la mano, ¿entro?, ¿salgo? Mis párpados se cierran, ¿qué día es hoy?
Me apoyo en la terraza, miro, observo escudriño y finalmente lo veo, los bares encienden sus luces para un nuevo día y yo, yo cierro mi ventana y me acuesto esperando a que ya no sea de día. Prefiero vivir de noche.




II. Sueño y me peleo con la cama, al final salgo perdiendo. Me sangra un codo cuando despierto.

Sueño que mi cuerpo se descompone en racimos de uvas, y que estas son arrancadas por una gran mano. Paso a ser vino, a ser servido en restaurantes donde me beben señoras con collares caros, también en la suite del Ritz, me besa y me saborea una rubia y deja la copa de nuevo en la mesilla. En el fonógrafo suena uno de mis discos preferidos.

Vuelvo al estado humano, camino hecho un dandy por una calle con apenas luz, zapatos italianos y un traje impoluto, una muchacha me grita “ché pibe” alarga su mano, engancha mi corbata y me planta un beso largo y dulce “gracias por lo de la otra noche” ¿quien es ella? ¿qué pasó la otra noche?.
Dos viejecitos buscan algo de comer entre la basura, ambos llenos de mierda se miran uno a otro, ella le habla (con apenas media docena de dientes) “me alegro tantísimo de haber envejecido junto a ti” . Le acaricia el pómulo izquierdo.
Estoy confuso me despierto, me he dado un golpe con el pico de la mesilla y mi codo sangra un poco, lo chupo –mmm- sabe a vino joven.
Me vuelvo a dormir, ahora soy el jersey de una chica con flequillo, es muy guapa.




III. Como algo y me voy a pasear.

En la nevera el queso brie se pone rancio y con moho. Abro una tarrina de helado de chocolate me lo como todo tras ver un rato fotos de hace unos años, me llevaré la cámara conmigo.
Andando, dejo atrás la colina del parque. Los niños dejan de jugar al fútbol y se retiran a casa para cenar. Unos cuantos pensamientos se pelean en mi mente por ordenarse, la luna da de lleno sobre mí, intento fotografiar mi silueta pero el flash me lo impide. Aquí viene: Brillas demasiado, se que nunca estaré allí, no se que hacer tarde o temprano caeré quiero volver a dormir, estar a parte de todo, fundirme en un puzzle contigo, eres parte del pasado pero no, mi corazón me niega esa afirmación, eres parte de lo ya guardado. Gastar mi tiempo en algo que me llene es lo único que necesito, dudo de que hacer, quizás la solución sea vivir al revés, ya lo hago, pero aún así la cosa no funciona.




IV. Es jueves y los jueves yo solía ir a un lugar. Tengo dinero, todo bajo control. Hay mucha cola para entrar.


Conduzco, aparco y piso la mierda de un perro. Un ángel pasa ante mí, me guía hacia el lugar. Hoy es la fiesta de la barra de labios. No se si sonreír o llorar.
Muchas chicas, sus manos, sus brazos, sus bocas, sus cuerpos bailando bajo la luz intermitente y cegadora, chorros de luz de distintos colores, pantallas con imágenes psicodélicas, escaleras, pasillos, terrazas, el lugar está en un barrio residencial, en un polígono o algo parecido.
Estupefacientes, oscuridad, baños encharcados, parejas, lenguas retorciéndose de gusto manos que aprietan culos, barbas, perillas, patillas que tocan sutilmente cutis finos, sudor, la música como la salsa que nos mezcla a todos.
Te me apareces entre tanta gente, el aire es denso, eres mi droga, eres real, háblame. Tan suculenta y maravillosa, mi camiseta se moja -ups-.
Creo ver también a mamá. Lo estoy pasando bien. Los latidos de mi corazón van a la perfección con el sintetizador. Llevo bebiendo no se cuanto. Es el principio de una gran resaca. Me coges de la mano y resulta que ya no eres tú, bueno. Te lanzas a mi cuello, te abrazo, volamos, tu pelo me ciega ¿Sigues ahí? Ah vale, estás ahí abajo.
Negocio las curvas de la carretera con cuidado, tu casa es impresionante. No hay luz natural, únicamente velas. Me encanta. Te beso, me sietes dentro, descanso, me duermo. Me despierto se hace de día, debo volver.
Renegocio las curvas camino de vuelta, pienso en mis amigos, van a flipar cuando les cuente. Me apetece fumar, necesitaba una noche así. Busco el mechero en la guantera, sin querer mi coche se desvía de la calzada. Adiós, un placer.






 
Un año más... y van 20


Bueno yo lo siento pero no estoy inspirado (época de exámenes mala consejera para escribir cosillas) así que si queréis podéis ponerme a parir o decirme lo mucho que me queréis o lo que os de la gana decirle aquí al personaje number one “RboSS” que lamentablemente o a lo mejor no (prefiero pensar en que es el inicio de algo increíble), hoy a entrado en eso que dicen es la década gloriosa de la persona. 20 añitos, que suenan bien pero ese 2 ahí significa que ya llevamos tiempo dando guerra en las noches de farra, con los coleguitas (que ya es canteo casi la vida entera con ellos), con gente nueva, con gente que llega y se va, con la familia, contigo (Marta), mucho hacer el chorra (sin reírme y sin tomarme la vida con humor no sería el mismo), y las ya imposibles de contar (una a una) infinitas vivencias de una vida que para que voy a negarlo me sonríe bastante.
Solo he de decir que espero no perder lo que tengo (cada uno que busque su significación consigo mismo) y que en todo caso gane más de lo que ya tengo a modo de conocer gente tan de puta madre como los que andáis alrededor de mi vida.

1 beso a ellas por descontado y a vosotros también que sino os enfadais luego.

P.D. Este es el post número 50 así que para quedar bien me lo dedico a mi mismo. Gracias a los que escribís y comentais porque hace que
uno se sienta bien. Ciao amig@s.

 
Donosti


El hierro retorcido le recordaba a su vida diaria, rectas planificadas que suponían su vida durante la semana y curvas que significaban el disfrute en el fin de semana, planes surgidos de la nada, noches aburridas, noches para el recuerdo -cuando se quedaba con un vaso de alguna copa para recordarlo- (una noche loca en Barcelona, un día con sus hermanas, una noche veraniega en Nature, las innumerables pintas de cerveza negra…).
Se sentía totalmente libre y a gusto sentado en el espigón, cuando las olas rompían en los bloques de cemento su cara sentía el agua en suspensión y saboreaba las gotas saladas del mar. Pensó de repente en estar allí con su novia o con sus amigos fumándose un porro, sería bonito y divertido como tantas otras ocasiones donde comenzaba una buena noche, pero la soledad a veces tampoco era mala. Se quitó el abrigo y lo apoyó contra el muro del paseo. Se recostó y acomodó con su mp3 a bajo volumen.

Desando su camino para volver a casa, le quedaba un buen trecho. Mientras paseaba por la Concha veía recoger a los turistas sus sillas y sombrillas y salir de la playa con sus pieles tostadas al sol. Pasó junto al ayuntamiento y entró en el barrio viejo. Un grupo de ingleses borrachos le preguntaron por el Peine de los Vientos, les indicó como ir, pero les recomendó que fueran al día siguiente porque ya era demasiado tarde para verlo bien. Continuó por el paseo marítimo rodeando el monte Urgull. Echó un vistazo al María Cristina y cruzó el Urumea por el puente.
Ante él se abría la Zurriola y el Kursaal que brillaba con su luz arcoiris ante la noche que caía en la ciudad. Continuó y torció ya cerca del txofre. Vio descargar mercancías en la tienda de Loreak Mendian, el subconsciente le dijo -quien pudiera atracar el camión, te forrabas-.
Se tomó un zurrito de cerveza en Aizko y entró en casa. Desde la terraza del ático se dibujaban las nubes en el horizonte sobre un mar totalmente negro.
Le daba tiempo a poner el Morning View, arreglar un poco la casa, ducharse y vestirse. Antes de nada hizo lo que siempre hacía la noche de los sábados. Apagó las luces y encendió un montón de velas. Le encantaba la iluminación de la llama, un surco ondeante de luz que iba y venía por las paredes y techos de su casa.
Lavándose los dientes abrió el armario y se fijo en el bote de Prozac. Cenaría y después un buen chute con un buen whisky y a vivir la noche. Se dirigió a la cocina para tomar un vaso de agua.
No le dio tiempo, Candela llamó al telefonillo, tuvo que guardar el prozac para mejor ocasión. –“Te traigo un regalito de París, llegué esta mañana y tenía ganas de verte que hace mucho que no te veo”. Pulsó el interruptor y la puerta del portal cedió al empuje de la mujer. El ascensor sonó y fue a abrir la puerta.

Una agitación le hizo darse con la cabeza con algo duro –“tío que te has quedado dormido, levanta anda que son más de las diez”-. Tenía toda la espalda entumecida de la humedad y el aire frío. El abuelo que le despertó parecía Hemingway, con barba poblada, achaparrado y una Moleskine en la que dibujaba. Le dio las gracias y se puso en pie. Le quedaba una hora de camino hasta Irún. El sueño había estado muy chulo, ya podía hacerse realidad en pocos años porque estaba muy harto de todo.

Le quedaban diez días para empezar los exámenes. No era creyente pero quería creer en esas fechas, cualquier ayuda es buena y más si es de carácter divino.


 
Año nuevo
Me despierto que no se ni donde estoy. Me acuerdo de más bien poco de la noche de ayer pero fijo que me lo pasé bien. Mi cabeza parece una máquina de tren, no para de zumbarme. La luz que entra por la ventana me hace daño en los ojos, me duelen los párpados, tengo legañas, de los pelos que tengo de la noche anterior mejor ni hablamos. Me duele todo. Yo creo que sigo bajo los efectos del alcohol. Restos de rimel y maquillaje en la almohada y el sujetador sobre la pantalla del ordenador. El pijama me parece hasta bonito, -¿ayer me lo puse yo?- No lo recuerdo aunque diría que no. -¿Llegué sola o acompañada?- Creo que no vuelo y yo entré en casa levitando o en los brazos de otra persona para ser más exactos así que alguien me trajo. -¿Nada más traerme se fue?- No lo sé pero la cama de invitados está desecha y si estoy tumbada en ella es porque vino alguien más, sino hubiera dormido en la cama con ella; la habitación de Raquel está cerrada, al menos todavía duerme pobrecilla debe estar destrozada de cansancio. Tengo una sed increíble creo que será mejor ir al baño.
Por el pasillo huele a café, que rico olor para despertar. Alguien trastea en la cocina no se quien es, supongo que el padre o la madre de Raquel. Cierro la puerta y acto seguido oigo pasar a esa persona meneando una cucharilla en una taza.
Me miro en el espejo, en la esquina derecha hay un reloj-calendario que indica que son las 13´37 del 1 de Enero, pienso para mis adentros que si esto es el anticipo de lo que será el año… me sale una sonrisilla por la comisura de los labios, desde luego es mejor arrepentirse de algo que hayas hecho que dejar algo por hacer, así que me miro de nuevo al espejo (estoy lamentable de aspecto) y me digo tía eres cojonuda. Meo, me sueno los mocos bebo agua y vuelvo a dormir. Me fijo en algo que antes no había visto, hay una corbata tirada en el parqué y me es muy familiar, comienzo a recordar. Es de mi chico, y si la corbata esta aquí supongo que el también. En efecto la luz de la mesilla está dada vuelve a sonar la cucharilla y le oigo toser. Creo que me trajo él. Menos mal que sino no se que hubiéramos hecho las dos. En fin, bienvenido sea el 2006…