Dentro
Nace desde dentro, creo que en dirección equivocada
Restos de sal, saltos de mar, el viento sopla, la tarde cae
Parte de lo vivido, reflejos en la retina.
Una noche, otra fiesta
Quiero volver a esa rutina.
Me elevo, pero solo son sueños,
Volar para luego caer,
Una burbuja, un mundo que rompe
Me sobrepasa
Me paraliza
La luz somos, energía comprimida
Todos son ciegos, todo en penumbra
Poca luz, ave nocturna
Sí, soy yo
Los discos ya no suenan
Mente diáfana, más bien llena
Pero de materia no importante
Materia olvidadiza
Desertar, una opción
Donde ir peor solución
Me quedo mejor
Un chico soy,
Un día seré hombre
Muy grande por fuera y
Todavía por formar por dentro.
Menos mal que sonríes
Es poco lo que se salva
Mirando atrás
Dibujar, a veces tu cara
Sólo es uno, solo es mío
Cambiando maneras
Sólo siendo joven.
Escrito en un tren de cercanías el día quince de junio
Un sueño, un descarte (delete dream)
Abro los ojos, no peso, me muevo con ligereza, es más, me teletransporto.
Ya sé, estoy muerto, ahora lo entiendo todo.
Pienso en si es cierto eso que dicen que después de morir tu alma tarda en trasladarse y se queda unos días vagando por tus sitios de siempre, despidiéndose ya siendo ánima de tu gente querida.
Es duro, sabes que no vuelves, que el camino sigue para los demás, y esperas que siga bien, que no afecte demasiado lo que acaba de ocurrir. En un futuro inmediato el impacto es grande pero el tiempo todo lo cura. No sabía que después de muerto se pudiera seguir pensando, pero veo que en efecto sí es así.
Viajo a varios sitios en pocos minutos.
Una cafetería en el centro, de espaldas sentada en la barra, hay una chica un moño deshecho, hermosamente deshecho, Tania, toma un té, llora descontroladamente, el continuo moqueo y sollozo le hace imposible dar más de un trago. Su cabeza no para de girar semejando un no, no es posible. Un no querer imaginarlo, un no hacerse a la idea.
Se oye un golpe seco, del baño sale un tipo moderno evidentemente le conozco, Dani, también ha llorado, pero ahora esta en calma. Parece que sienta una rabia inherente, una extraordinaria gana de gritar, de darle un puñetazo a algo. Se pide su nestea de siempre. No cruzan palabra. No son capaces, bastante tienen consigo mismo.
De ahí voy a la universidad, vuelo hacia la facultad de biología. Sentadas en el pasillo central hay dos estudiantes. Una llora, la otra fuma. Maya se tapa la cara con ambas manos, como no queriendo dejar ver sus lágrimas a los demás. Paloma le conocía poco algún día de farra, pero le parecía un tipo cojonudo. Es un auténtico shock.
Vuelvo a la capital, al Retiro para ser exactos, desciendo desde arriba. Dejando atrás al ángel caído pasea un tipo que fuma, fuma sin parar.
Es rubio, ya sé quien es. Jaime. No se porque pero lleva bajo su brazo el 100x70 que me regalo por mi diecinueve cumpleaños. Estoy en el aire, delante de él.
No dice nada porque no tiene a nadie a quien decírselo, pero su cabeza da mil vueltas, el paquete de Lucky pierde peso cada siete minutos. Se acuerda de su protector de baraja, del golpe de la esquina, puto Boss. Una mueca se dibuja, cierra los ojos un momento, respira el humo por la nariz.
Marco vuelve en coche a casa, conduzco con él un rato. Demasiado deprisa. Ha dejado a Pablo en casa que, sin verle, se que está tocando la guitarra.
Muy cerca a escasos quinientos metros, dos chicas comen ensaimada en una cocina. La cocina tiene una jaula y dos pájaros y una ensaimada encima de la mesa a la que le falta un cacho, justo el centro. Lus se mueve en la silla, una fina lágrima cae por su pómulo, se muerde los labios de dolor. Marta bebe agua, tanto llorar la ha hecho tener sed. Su cara está congestionada, un montón de kleenex están dentro del bolsillo del pantalón. Piensa, y recuerda, llora, recuerda, piensa, solloza, mira a Gona.
El aire sopla en su boca ¿por qué?, no hay respuesta.
Salgo por la ventana de la bandera, por encima del sillón de diván de psicólogo. Ahora voy mucho más rápido, llego al mar. Asciendo para finalmente hundirme.
Ya sé, estoy muerto, ahora lo entiendo todo.
Todo son recuerdos en modo negativo, negativo fotográfico.
Despierto.

Hoy en la siesta, lo he soñado tal y como lo he escrito
Ya sé, estoy muerto, ahora lo entiendo todo.
Pienso en si es cierto eso que dicen que después de morir tu alma tarda en trasladarse y se queda unos días vagando por tus sitios de siempre, despidiéndose ya siendo ánima de tu gente querida.
Es duro, sabes que no vuelves, que el camino sigue para los demás, y esperas que siga bien, que no afecte demasiado lo que acaba de ocurrir. En un futuro inmediato el impacto es grande pero el tiempo todo lo cura. No sabía que después de muerto se pudiera seguir pensando, pero veo que en efecto sí es así.
Viajo a varios sitios en pocos minutos.
Una cafetería en el centro, de espaldas sentada en la barra, hay una chica un moño deshecho, hermosamente deshecho, Tania, toma un té, llora descontroladamente, el continuo moqueo y sollozo le hace imposible dar más de un trago. Su cabeza no para de girar semejando un no, no es posible. Un no querer imaginarlo, un no hacerse a la idea.
Se oye un golpe seco, del baño sale un tipo moderno evidentemente le conozco, Dani, también ha llorado, pero ahora esta en calma. Parece que sienta una rabia inherente, una extraordinaria gana de gritar, de darle un puñetazo a algo. Se pide su nestea de siempre. No cruzan palabra. No son capaces, bastante tienen consigo mismo.
De ahí voy a la universidad, vuelo hacia la facultad de biología. Sentadas en el pasillo central hay dos estudiantes. Una llora, la otra fuma. Maya se tapa la cara con ambas manos, como no queriendo dejar ver sus lágrimas a los demás. Paloma le conocía poco algún día de farra, pero le parecía un tipo cojonudo. Es un auténtico shock.
Vuelvo a la capital, al Retiro para ser exactos, desciendo desde arriba. Dejando atrás al ángel caído pasea un tipo que fuma, fuma sin parar.
Es rubio, ya sé quien es. Jaime. No se porque pero lleva bajo su brazo el 100x70 que me regalo por mi diecinueve cumpleaños. Estoy en el aire, delante de él.
No dice nada porque no tiene a nadie a quien decírselo, pero su cabeza da mil vueltas, el paquete de Lucky pierde peso cada siete minutos. Se acuerda de su protector de baraja, del golpe de la esquina, puto Boss. Una mueca se dibuja, cierra los ojos un momento, respira el humo por la nariz.
Marco vuelve en coche a casa, conduzco con él un rato. Demasiado deprisa. Ha dejado a Pablo en casa que, sin verle, se que está tocando la guitarra.
Muy cerca a escasos quinientos metros, dos chicas comen ensaimada en una cocina. La cocina tiene una jaula y dos pájaros y una ensaimada encima de la mesa a la que le falta un cacho, justo el centro. Lus se mueve en la silla, una fina lágrima cae por su pómulo, se muerde los labios de dolor. Marta bebe agua, tanto llorar la ha hecho tener sed. Su cara está congestionada, un montón de kleenex están dentro del bolsillo del pantalón. Piensa, y recuerda, llora, recuerda, piensa, solloza, mira a Gona.
El aire sopla en su boca ¿por qué?, no hay respuesta.
Salgo por la ventana de la bandera, por encima del sillón de diván de psicólogo. Ahora voy mucho más rápido, llego al mar. Asciendo para finalmente hundirme.
Ya sé, estoy muerto, ahora lo entiendo todo.
Todo son recuerdos en modo negativo, negativo fotográfico.
Despierto.

Hoy en la siesta, lo he soñado tal y como lo he escrito





