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RboSS, desde 1986
tres veces destilado pero auténtico
Acerca de
Un gilipollas que intenta abarcar en un blog las filosofias profundas sobre la vida en general, y que con la ansiedad de descubrirlo todo rapidamente se le va la mano con las comas. (definición MªLaura)
Sindicación
 
Hard to explain


Aún no me acuerdo si subí o bajé las escaleras de la resaca que tenía entre pecho y espalda, pero el caso es que la vi.
Un ángel en medio de la tempestad casi cirrótica a la que me enfrentaba aquella larga mañana. Imagine su cuello como tantas veces había hecho ya, una basa estilizada o el comienzo de un fino fuste que simulaban una columna que me llevaba a ver el friso de su cara (en el sentido de belleza no de “hecha un cristo” de fealdad), pero no era del todo así. En este caso no tenía cara.
La tela estaba mojada disimulando de una manera bastante inútil su desnudez. Para ser realistas le daba mucho más énfasis, más morbo, más sensualidad.

Me recordaba a otras noches, de despertar, solo que me era excesivamente molesto el ruido de la muchedumbre, de los corrillos de mayores y correteos de pequeños.
Era como estar absorto entre la tranquilidad de mi pensamiento y el ruido de un ejército de cucarachas insensibles, ñiñiñi, que en mi estado de cabeza de embudo, mi dolor de articulaciones y el funcionamiento de mi cerebro a un nivel bastante lamentable, hacían que me dieran ganas de darle un croché a algún adulto bobo que por allí andaba a sus anchas.

Decidí volver a mirarla para retomar la dosis de relajo para mi sensible estado a esas primeras horas de la tarde. Era la mujer soñada, curvas, altiva, lo que se denominaba en el mundo como canon.
Podía haber tomado un café con ella, leyéndola u observándola, pero no hubiera sido tan espectacular como lo estaba siendo ahora.
Me daba alas, como para salir volando. Quizá fuera porque en realidad las tenía. Era realmente una mujer poderosa.

Un poco venusiana, una atracción como del planeta a su luna, o más fuerte, como la gravedad, como lo que le costaba salir del planeta a un cohete, su inercia, el despegarse de tan buena compañía, volver a la realidad, a la verdad y a la mentira, a su crudeza, y sobretodo a la falsa sensación de felicidad que había que rellenar de nuevo, sin recurrir a ser posible, a estimulantes externos para sobrellevar la complejidad o mejor dicho simpleza de cada una de nuestras vidas.
Según pensaba esto último abandone el edificio por la pirámide nueva, por la del centro de la C de su dibujo.
Me perdí por el parque y me compré un algodón de azúcar, menos mal que todavía era sábado.

Louvre, Victoria de Samotracia, Tullerías, París.