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RboSS, desde 1986
tres veces destilado pero auténtico
Acerca de
Un gilipollas que intenta abarcar en un blog las filosofias profundas sobre la vida en general, y que con la ansiedad de descubrirlo todo rapidamente se le va la mano con las comas. (definición MªLaura)
Sindicación
 
De camino hacia espacios sucios y pequeños con hadas y duendes siempre revoloteando


Primer apertura era complicado, siempre recibía los vuelos de los “gordos”, si conseguía librarse de ellos estaba hecho.
Si le salía bien, el McFlurry con crunch nunca faltaba.

Cerraba la puerta, los mismos cuatro pasos hasta el ascensor, los mismos cuatro pasos para salir al porche, los mismos cuatro pasos (en este caso unos veinte) para salir del local, unos pocos más para montar en el coche, o salir al portal. Autobús, metro, coche, la cara de trabajadores, la cara de cabezas esperando oír música, beber, susurrar, gritar, bailar, esnifar, fumar, besar el cristal de la copa como si a veces fuera la boca de ese de clase o de aquella del colegio.

Salió otra vez, si es de día a veces sopla la brisa, que me da por pensar que sea un viento que da vueltas en la cama como lo hacemos todos, que es un remolón, que como si tuviera una resaca buena, se levanta cuando quiere pero eso sí por la tarde, a ver si por suerte sus padres o en este caso Austro, ya habían levantado el vuelo (nunca mejor dicho).

La botella en la bolsa o en el maletero. Las botellas que se rellenan de arena, de arena de colores, las que se hacen en talleres de verano en campamentos o porque te lo enseña tu amiga a cambio de tu enseñarla a hacer pulseras de nudos.
Cada dibujo, cada capa de tierra de distinto color, se configura como una copa de cada noche, no caen en vacío, componen un cuadro, a veces bizarro, a veces magnífico, a veces incluso cubista, pero que tanto las copas de la primera botella, como los niveles de arena de la otra, forman algo mágico, algo único, tu propio yo. Mi propio tú. Un tú y un mi con un poquito de yo que no sabemos donde acabará.

Y por encima de todo las hadas y duendes que vuelan por el aire, que se producen en grandes conos resonantes, protegidos por cajas negras, a veces escondidos, a veces pocos, demasiados o perfectos como los más pequeños, los que se guardan en tu bolsillo y salen cuando tu quieres, como cuando todos meten la mano en su bolsillo derecho y sacan polvitos mágicos, pues ahí, también hay hadas y duendes. Además vuelan, trepan, andan, se cuelgan, entre haces de luz, montados en las ondas que se expanden, llegando a tus oídos.
Esas hadas y esos duendes que tiran de tus pelos y juegan a gallos con tu piel para que ésta se ponga “gallina”, que se cuelan en tus ojos y se proponen que gotas de agua salgan por el lagrimal, que te evadas absolutamente, que lo malo sea menos malo, que lo bueno se multiplique, sensaciones que se alcanzan con muy poco, que te de igual hacer el ridículo, solo o acompañado, yendo o viniendo o más bien siempre sintiendo.

Probablemente su sonrisa de pícara no le hubiera encandilado así como así, si ella no se encontrara allí también.

Y de postre, los duendes trajeron una exquisitez de la casa, de lo mejorcito que hay…