<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed version="0.3" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns="http://purl.org/atom/ns#"><title><![CDATA[RboSS, desde 1986]]></title><link rel="" type="" href="" title=""/><link rel="http://blogs.ya.com/rbass/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/rbass/atom.xml" title="RboSS, desde 1986"/><id><![CDATA[ID]]></id><tagline><![CDATA[tres veces destilado pero auténtico]]></tagline><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><entry><title><![CDATA[De camino hacia espacios sucios y pequeños con hadas y duendes siempre revoloteando]]></title><link rel="RboSS, desde 1986" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/rbass/atom.xml" title="RboSS, desde 1986"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200612]]></issued><modified><![CDATA[200612]]></modified><created><![CDATA[200612]]></created><summary><![CDATA[De camino hacia espacios sucios y pequeños con hadas y duendes siempre revoloteando]]></summary><author><name><![CDATA[IL RaGGaZo Di OCchi VerDi]]></name></author><dc:subject><![CDATA[De camino hacia espacios sucios y pequeños con hadas y duendes siempre revoloteando]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/rbass/c_75.htm"><![CDATA[<br/><br/>Primer apertura era complicado, siempre recibía los vuelos de los “gordos”, si conseguía librarse de ellos estaba hecho.<br/>Si le salía bien, el McFlurry con crunch nunca faltaba.<br/><br/>Cerraba la puerta, los mismos cuatro pasos hasta el ascensor, los mismos cuatro pasos para salir al porche, los mismos cuatro pasos (en este caso unos veinte) para salir del local, unos pocos más para montar en el coche, o salir al portal. Autobús, metro, coche, la cara de trabajadores, la cara de cabezas esperando oír música, beber, susurrar,  gritar,  bailar, esnifar, fumar, besar el cristal de la copa como si a veces fuera la boca de ese de clase o de aquella del colegio.<br/><br/>Salió otra vez, si es de día a veces sopla la brisa, que me da por pensar que sea un viento que da vueltas en la cama como lo hacemos todos, que es un remolón, que como si tuviera una resaca buena, se levanta cuando quiere pero eso sí por la tarde, a ver si por suerte sus padres o en este caso Austro, ya habían levantado el vuelo (nunca mejor dicho).<br/><br/>La botella en la bolsa o en el maletero. Las botellas que se rellenan de arena, de arena de colores, las que se hacen en talleres de verano en campamentos o porque te lo enseña tu amiga a cambio de tu enseñarla a hacer pulseras de nudos.<br/>Cada dibujo, cada capa de tierra de distinto color, se configura como una copa de cada noche, no caen en vacío, componen un cuadro, a veces bizarro, a veces magnífico, a veces incluso cubista, pero que tanto las copas de la primera botella, como los niveles de arena de la otra, forman algo mágico, algo único, tu propio yo. Mi propio tú. Un tú y un mi con un poquito de yo que no sabemos donde acabará.<br/><br/>Y por encima de todo las hadas y duendes que vuelan por el aire, que se producen en grandes conos resonantes, protegidos por cajas negras, a veces escondidos, a veces pocos, demasiados o perfectos como los más pequeños, los que se guardan en tu bolsillo y salen cuando tu quieres, como cuando todos meten la mano en su bolsillo derecho y sacan polvitos mágicos, pues ahí, también hay hadas y duendes. Además vuelan, trepan, andan, se cuelgan, entre haces de luz, montados en las ondas que se expanden, llegando a tus oídos.<br/>Esas hadas y esos duendes que tiran de tus pelos y juegan a gallos con tu piel para que ésta se ponga “gallina”, que se cuelan en tus ojos y se proponen que gotas de agua salgan por el lagrimal, que te evadas absolutamente, que lo malo sea menos malo, que lo bueno se multiplique, sensaciones que se alcanzan con muy poco, que te de igual hacer el ridículo, solo o acompañado, yendo o viniendo o más bien siempre sintiendo.<br/><br/>Probablemente su sonrisa de pícara no le hubiera encandilado así como así, si ella no se encontrara allí también. <br/><br/>Y de postre, los duendes trajeron una exquisitez de la casa, de lo mejorcito que hay…<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Puentes a Babilonia, o a cualquier ciudad, que en realidad están todas algo perdidas y desdibujadas]]></title><link rel="RboSS, desde 1986" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/rbass/atom.xml" title="RboSS, desde 1986"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200611]]></issued><modified><![CDATA[200611]]></modified><created><![CDATA[200611]]></created><summary><![CDATA[Puentes a Babilonia, o a cualquier ciudad, que en realidad están todas algo perdidas y desdibujadas]]></summary><author><name><![CDATA[IL RaGGaZo Di OCchi VerDi]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Puentes a Babilonia, o a cualquier ciudad, que en realidad están todas algo perdidas y desdibujadas]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/rbass/c_74.htm"><![CDATA[La gota siguió su camino, hacia el suelo, paso por delante de una rubia, que miraba, miraba desconsolada desde su ventana, ventana de aquel bloque de cemento, del cemento de las calles, de las calles mojadas, mojadas sus mejillas, mejillas sonrojadas por el miedo a no seguir, seguir viviendo, como el mirlo en el parque, parque de gritos, parque de niños, de abuelas, de abuelos, de yonkis, de inmigrantes sin trabajo, de jóvenes con ansias de tocar, de sentir, de apretar fuerte la hierba, la cintura o los labios, de historias perdidas, como ella, la morena de la parada, que solloza enfurruñada, ya sea por su madre o por su hermano, o por el chico que le gusta o porque quiere dejar de ir a misa los domingos, porque la llaman rara por querer ayudar a los demás, y el bus que pasa, que pisa el charco, de gotas encaminadas, que llegaron al final de su camino, que volverán al ciclo, como ciclo son los días, de la rubia de la ventana, del niño en la plaza y la morena de la parada, la rutina, el descanso, que no es tal, más es desenfreno ante los cinco días de semana, que sin más, pasan, como pasan las gotas una detrás de otra cuando llueve.<br/><br/>Cuando llovía se ponía triste, le daban ganas de ponerse el pijama, y antes de eso comprar helado y alquilar una película, o ver antena 3, lo mejor de la pantalla, silenciar el teléfono y leer, o música. El pelo recogido como cuando iba a trabajar o a la facultad pero mas suave, mas lacio, más juguetón si cabe al saber que estaba en casa. En ningún sitio como en casa, agradable, coma la sonrisa del bebé, fruto de noches de euforia, euforia de amor, amor de primavera de invierno de otoño o de verano, verano con su calor, su odioso calor, odioso, como cuando se rompen las escaleras del metro y hay que subir andando, andando como aquel chico de pantalones de pitillo, pitillos que te piden chicas en mitad de la noche, noches de alcohol y de música, música que va dentro del corazón, corazón roto o vacío, vacía en general la nevera y la cartera, cartera de ejecutivo, visión de futuro, probablemente una ejecución en masa, masa de pizza, de plan de sábado antes de salir, salir y entrar en todos sus sentidos, gusto tacto, el gusto es mío, como mío es lo tuyo, y tu y yo iremos más allá de donde acaban las vías, las vías que aguantan nuestro ritmo cardíaco, cardíaco te pones justo antes de.<br/>Vaqueros, tabaco, alcohol y música, corazones cardíacos envueltos en pijamas con manchas de helado.<br/><br/>Hielo y fuego, si uno existe, el otro lejos. La sonrisa es fuente de alimento al espíritu o al menos te hace sentir bien. <br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/rbass/files/a5blog.JPG" alt="" border="0" width="" height=""/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Restaurantes, bares, una rubia y un puño americano]]></title><link rel="RboSS, desde 1986" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/rbass/atom.xml" title="RboSS, desde 1986"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200610]]></issued><modified><![CDATA[200610]]></modified><created><![CDATA[200610]]></created><summary><![CDATA[Restaurantes, bares, una rubia y un puño americano]]></summary><author><name><![CDATA[IL RaGGaZo Di OCchi VerDi]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Restaurantes, bares, una rubia y un puño americano]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/rbass/c_73.htm"><![CDATA[<br/>La primera vez le recordó a la última pelvis que botó sobre él y su cama, la italiana del apartamento H. Ya iba a hacer un año y no salía de su asombro.<br/><br/>Buba no estaba acostumbrado a que su sex appeal de tipo duro, grande y regordete y su apariencia en general algo sucia, le reportara a aquella rubia hija del infierno (así se llamaba el bar donde la conoció) tanta atracción y tensión sexual.<br/><br/>Probablemente se derivaba por el mero hecho de que era la segunda vez que le salvaba la vida (ya fuera el cañón de una pistola o un bravucón violador), con lo que Carla parca en palabras, agradecía en el mejor modo que pudiera apreciar Buba, su sentimiento de cariño hacia su único ángel. <br/>Además era de los poquitos hombres que conocía desde que llegó a la gran ciudad que le trataba bien. La acariciaba, le daba besos, y la decía cosas bonitas. Ya era un paso ante los generales empujones broncas y “sal de mi cama puta” con los que muchos otros daban fin a su compañía.<br/><br/>Desde que dejó aquel antro de moteros de la avenida 77 Carla había encontrado sustento en Buba para intentar crear un hogar e incluso una familia si se daba tal evolución.<br/>En sus ratos libres de camarera en el Jeffrey´s, su nuevo empleo, le gustaba salir a fumar a la calle y buscar casas en el periódico. Rodear con el bolígrafo un “tres dormitorios baño alicatado, cocina nueva y terraza de 27 metros” le hacía volar hacia un futuro próximo y prometedor. Dejar atrás el viejo almacén de cereales del puente Meridiana donde un casero sin escrúpulos alquilaba cajas de cerillas a riñón.<br/><br/>(**********)<br/><br/>Buba era un “visitador de parte del alcohol”. <br/>Trabajaba (es un decir, porque verdaderamente estaba más cerca de la ilegalidad, amenazas, coacciones y trifulcas) como recaudador de los pagos de partidas de alcohol de la zona en la que mandaba Barkley -el fiera-. <br/>En cada antro, bar, o restaurante de postín se sacaba un 10 o 15% de comisión de la bebida por sistema. Estos últimos, los de clientela fina que bajaban cada noche desde Cotton´s hill a la zona del río, eran los primeros en pagar.<br/><br/>Buba los primeros día de mes hasta se ponía chaqueta y se peinaba, entraba, hablaba con el encargado, se le entregaba un sobre y salía, hasta se le invitaba a un café o un bourbon de vez en cuando.<br/>A partir del día quince cambiaba la situación. Se guardaba el puño americano en el bolsillo (nunca estaba de más para ir a las tres esquinas de Bellushis), el peine quedaba en el mueble y la chaqueta aguardaba en el armario hasta la misa del domingo. Sus puños y el resto de su conocida mala leche harían el resto.<br/>Una noche cuando salía del “infierno”con su comisión bajo el brazo vio movimiento en un callejón. Alguien intentaba violar a una esbelta rubia de maquillaje barato y desgastado. Buba pidió con respeto, como siempre hacía antes de emplear la fuerza, que la soltara. No hubo respuesta.<br/>                   -&#9;Entonces vas a tener que conocer a mis dos muñecas.<br/>                   -&#9;¿Me vas a traer a otras dos putitas? –a continuación le dio un bofetón- Al menos que sean más guapas y la chupen mejor que esta reprimida, que parece una de esas secretarias de broker que solo se agachan detrás de la mesa.<br/>                   -&#9;Me refería a mis muñecas, gilipollas – Buba se remangó el sweater y aparecieron sus terribles brazos.<br/><br/><br/>No le hizo falta el puño americano, le tumbó al segundo gancho.<br/>Agarró de la mano a la rubia y marchó hacia el coche.<br/>                    -Entro contigo a por tus cosas y me haces el favor de irte de este antro de cuarta fila. Es más, te vienes esta noche a mi apartamento y mañana puedes irte donde quieras, pero no te quiero volver a ver aquí cuando vuelva el próximo mes.<br/>                    - Gracias –a Buba le sonó ese gracias como el que le daba el maitre del Queen´s of Boston de la avenida Crochester- . Me llamo Carla.<br/><br/>Buba dejo el rastro de sangre de sus nudillos en el volante y antes de ir a casa recogió una pizza de su amigo Hesh (su antiguo compañero en las recaudaciones difíciles, hasta que le dispararon y quedó cojitranco).<br/><br/>Casi había cumplido el récord,  día 27 y todos los pagos al día. A Barkley este mes le tocaba dar un extra a sus muñecas preferidas. Barkley había sido preparador de boxeadores y siempre decía que sin un buen juego de muñecas, flexibles, fuertes y con el escafoide sano, no se podía tener la base de cualquier éxito en un buen derechazo.<br/><br/>Durante una semana Buba descansaba. Los restaurantes finos se recaudaban en solo dos días.  Aprovechaba para ir a algún museo, o alguna exposición. Era la única influencia que le quedaba de su hermana y casi el único recuerdo. Aunque no lo reconociera ante tipos de su oficio, le encantaba. Era un homenaje a su querida Lisa y a sí mismo como recompensa por el trabajo bien hecho.<br/><br/><br/><br/>Carla le envolvió demasiado y a Buba esa semana no se le vio por ninguna sala de arte. Bastante tenía en casa. Del apartamento K solo salían para comprar algo de comida o alquilar alguna película. Buba se había vuelto un ser dulce, besucón, y usaba sus brazos para algo más que para dar guantazos o destrozar una barra o mesa de bar.<br/><br/>El lunes siguiente después de la primera ronda por la nouvelle cuisine, Buba volvió a casa y encontró una nota bajo la puerta.<br/>&#9;“He cogido dinero del sobre. Te he comprado cosas sanas para la nevera y un traje nuevo y camisas. Para que en la próxima recaudación te inviten a comer en los restaurantes caros. Tarde o temprano tendrás noticias mías, te lo prometo. Besos de tu pequeño colibrí.”<br/><br/>Una puerta se cerró en el mismo pasillo. Daniela dio dos vueltas a la llave del apartamento H y caminó hacia Buba. Mientras se encendía un cigarrillo esputó - Va a  volver, tranquilo. Tú te lo mereces - .<br/><br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/rbass/files/texto_blog_buba.jpg" alt="" border="0" width="496" height="384"/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Las reflexiones de Nacho y Lidia; que no eran los novios]]></title><link rel="RboSS, desde 1986" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/rbass/atom.xml" title="RboSS, desde 1986"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200609]]></issued><modified><![CDATA[200609]]></modified><created><![CDATA[200609]]></created><summary><![CDATA[Las reflexiones de Nacho y Lidia; que no eran los novios]]></summary><author><name><![CDATA[IL RaGGaZo Di OCchi VerDi]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Las reflexiones de Nacho y Lidia; que no eran los novios]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/rbass/c_72.htm"><![CDATA[<b>Pinturas y cansancio</b><br/><br/>Lidia me decía que buscara en el cielo, que preguntara en cada estrella, que en alguna estaría él, haciendo lo mismo, mirándola desde la ventana, buscando una tenue luz que alumbrara su amor insomne.<br/>Las últimas flores en el portal, aún marchitas en el jarrón de la mesa. Porque como ella decía era una cuestión más de orgullo que de sentimiento, dejar crecer nueva hierba, dar una capa de blanco sobre el lienzo ya pitado, acrílicos mezclados con lágrimas, temperas que dejan su rastro sobre manos, cuerpos manchados de azul, romper los espejos para evadirse de la soledad. <br/><br/>También le dimos nombre entre las dos de “cansancio”, un día fue pero ya no, demasiado fuerte el estar “enamorado”, cansarse ya del mismo hombro, el mismo pelo, los mismos susurros. Encontrar la salida del laberinto de sus labios.<br/><br/>Cafés de máquina en cafetines del centro, mi amiga como una función de mi yo interior, poder hablar conmigo misma, respuestas coherentes y algo de cordura, ante la normal irracionalidad. Se pone a llover y pensar que antes bajo el paraguas que él llevaba, yo bailaba absorta, protegida.<br/><br/><br/><b>Tormentas durante la noche</b><br/><br/><br/>Nacho siempre me daba la razón, se rompió el amor, se partió el papel, se arrugó, se mojo, podría secar o recomponerse, pero el vaso se había llenado demasiado como para intentar cualquier movimiento brusco. Una tempestad imprevista, ventolera que levantó todo de cuajo, tormenta, empapado en el portal, y el cielo de nuevo en calma, negro y raso, incitando a recordar.<br/><br/>Lo que decía Nacho, el salir por olvidar.<br/> Beber porque sí, descuidar el tiempo, si total no puedo pasarlo con ella, al menos de noche en las caras no se reconoce la tristeza, se resguarda bajo combinados, humo y estupefacientes. Incluso la música me hace llevar a sus movimientos rítmicos, como si de lanzamiento de martillo fuera, lo hecho lejos, pero es que hay veces que voy yo detrás a caer en el mismo sitio.<br/>Tantas tardes de teléfono (lo más divertido era cuando descolgaba su madre, preguntar por Ignacio) – lo mal que suena esa G antes de otra consonante - . Las teorías de autoconvencimiento, muchas estupideces, pero de vez en cuando algo clarividentes.<br/><br/>No poder sacar de la cabeza su sonrisa, que repiquetea en la mirada como la lluvia al golpear el alféizar. Multiplicidad de planes, la imposibilidad de no estar solo para evitar pensar en el ayer, vista atrás en el adiós: una opción prohibida.<br/><br/><br/><br/><b>Listas de la compra</b><br/><br/><br/>Espuma de afeitar <br/>Pavo, jamón <br/>Pasta rellena<br/>Su piel <br/>Su pelo<br/>Sus labios<br/><br/><br/>Queso fresco<br/>Crema hidratante<br/>fruta<br/>Sus ojos<br/>Sus brazos rodeándome<br/>Sus caricias<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/rbass/files/Dibujo.jpg" alt="" border="0" width="437" height="373"/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Dos de corazones]]></title><link rel="RboSS, desde 1986" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/rbass/atom.xml" title="RboSS, desde 1986"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200609]]></issued><modified><![CDATA[200609]]></modified><created><![CDATA[200609]]></created><summary><![CDATA[Dos de corazones]]></summary><author><name><![CDATA[IL RaGGaZo Di OCchi VerDi]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Dos de corazones]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/rbass/c_71.htm"><![CDATA[Rebeca era hija de una joven argelina. A los cuatro meses de dar a luz ya en España, Cedryl, su madre, desapreció sin dejar rastro. <br/>Antes de irse la envolvió en el capacho y tocó a la puerta de un piso en el edificio donde trabajaba de limpiadora. Cuando Paula abrió la puerta se le cayó el mundo a los pies, ¿como podía haber alguien que hiciera algo así? Evidentemente la recogió para esperar a su novio, que sin comerlo ni beberlo tenía pastel preparado para el postre.<br/><br/>Éste no lo entendió le dijo que suficientes esfuerzos hacía ya a sus veinticinco para tener un piso alquilado que mas que alquilado parecía un asesino a sueldo que le cogía por el cuello cada mensualidad, como para tener en casa un bebé que no era suyo, que no sabían como andaba de salud, y que era demasiado joven. No contento con eso la advirtió que eligiera entre él o la pequeña.<br/><br/>Paula se quedó compuesta y sin novio, pero algo en su interior le decía que era lo correcto. No era la llamada del reloj biológico, pero en sí mismo sentía que le debía algo a la niña, que tenía que ayudarla como ayudaron a su padre los Marqueses de Bessa cuando quedó huérfano a muy corta edad. Era su deber.<br/> Hablo con los de asuntos sociales y arreglo como pudo los papeles para hacerse cargo de la niña, de su manutención y futura adopción.<br/>Los de asuntos ya especificaron que si en algún momento reaparecía la madre o algún familiar de consanguinidad sería difícil que pudiera continuar con la custodia de la niña, siempre que se dieran los requisitos mínimos para ello.<br/>Con ayuda de su madre, que la atendía hasta que ella volvía de trabajar y con mucho esfuerzo y amor fue sacando adelante a la pequeña, a la que llamó desde el principio Rebeca (siempre le había hecho mucha gracia que una prenda de ropa tuviera nombre de persona, o que una persona fuera como una prenda de ropa).<br/><br/>Cuando Rebeca tenía un año y medio conoció a Stefano, un siciliano cansado de estar rodeado de agua que pidió el traslado en su empresa a la Península. Fue todo maravilloso. Lo primero que le dijo fue que tenía una niña de tres años a lo que Paula contestó rápidamente - “abbiamo già la coppia”, yo tengo una de dieciocho meses-.<br/><br/>Fue el encuentro de la horma de su zapato, el café y la leche, el tomate, pepino y sal del gazpacho, y las cosquillas en los pies cuando las dos dormían al fin a las tantas de la madrugada. Stefano dejó su empresa y consiguió un cargo en la administración. Las cosas les marchaban aceptablemente.<br/><br/>A su madre la dijeron que debía vender las tierras de su pueblo por un PAU que iban a desarrollar. La constructora les ofrecía dinero en efectivo o viviendas en distintas zonas donde la promotora desarrollaba varias obras a la vez. Llamó a su hija y la contó las nuevas noticias. Quería que la casa fuera para ellos, nada le haría más feliz. Se llevaba genial con Stefano y le quería tanto que su deseo era que su familia fuera a mejor.<br/>Aceptaron previa condición de que ella también viviera con ellos, cosa que Margarita aceptó encantada. Ya viuda desde hacía un lustro se sentía demasiado sola y no pudo decir que no.<br/><br/><br/>Cuando Rebeca cumplió los seis, y estaba tan contenta con el uniforme de su segundo curso de primaria, un día llegó a casa y había un coche que no era el suyo.<br/>Dentro esperaban dos agentes de asuntos sociales. Su madre biológica reclamaba a su hija. Tras un exhaustivo estudio, los de asuntos habían decidido que volviera con ella. Vivía en Sant Boi de Llobregat, un pueblo de Barcelona. Desde allí quedaba a menos de una hora. Su madre se había casado con un congoleño que llevaba viviendo en España siete años. Vivían en un piso de unos cincuenta metros donde eran diez personas, -eso evidentemente no lo sabían los de asuntos sociales- fue algo de lo que Paula tuvo conocimiento después, por Rebeca.<br/><br/> No pudo reprimir las lágrimas desde que le comunicaron la noticia. Luchó por seguir viéndola, pero solo obtuvo un fin de semana al mes y las vacaciones de verano, como si fuera un convenio al uso de un hijo de padres separados.<br/>Habló con Cedryl para que, ya que al ser musulmanes ambos no celebraban la navidad, la niña pudiese pasarla en su casa con ellos. Cedryl no objetó y aceptó lo que decía Paula. De camino a casa tras las vacaciones del colegio (que Paula seguía pagándole porque así lo hizo constar cuando tuvo que devolver a Rebeca) la vio cambiada, como triste. Condujo rápido para llegar pronto a casa.<br/><br/>-       ¿Está la yaya cuando lleguemos?<br/>-&#9;La yaya vendrá mañana, que vuelve de la excursión con sus amigas al balneario, ¿sabes lo que es un balneario?<br/>-&#9;Lo vi en la tele, tiene muchas piscinas y sale gente que la echan tierra y agua.<br/>-&#9; Sí eso es. Pues se fue con sus amigas, si quieres vamos a recogerla a la estación de autobuses mañana cuando llegue.<br/>-&#9;Sí, que bien.<br/>-&#9;¿qué tal con Nbema?<br/>-&#9;No sé, hay muchos días que llego del colegio y están hablando muy alto, y luego oigo a mi madré llorar. Me ha dicho un niño de mi clase que sus padres también lo hacen, que se llama discutir.<br/>-&#9;Bueno tu tranquila,  seguro que contigo nunca discute ¿a que no?<br/>-&#9; Yo no quiero estar allí. No me gusta. Quiero estar contigo y Stefan con la yaya y con Livia. <br/>-&#9;Yo también querría pero ya te lo he dicho, no podemos. Tu madre es tu madre.<br/>-&#9;Pero es que yo solo quiero tener una madre, no dos, y quiero que la de verdad seas tú. Y Stefan mi papá, tener una hermana y una abuela. <br/><br/><br/>Rebeca se puso de pie en el asiento delantero y agarró a Paula como cuando jugaban a princesas y caballeros en el patio de casa. La dio un beso en la mejilla y se volvió a sentar.<br/>Paula se mordió el labio de amargura y metió la cuarta velocidad.<br/><br/>- Mamá, quiero un helado, ¿compramos uno porfi porfi? ¡De los de chocolate con trocitos!. Porfiii!!<br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/rbass/files/blog.jpg" alt="" border="0" width="360" height="524"/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Hard to explain]]></title><link rel="RboSS, desde 1986" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/rbass/atom.xml" title="RboSS, desde 1986"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200608]]></issued><modified><![CDATA[200608]]></modified><created><![CDATA[200608]]></created><summary><![CDATA[Hard to explain]]></summary><author><name><![CDATA[IL RaGGaZo Di OCchi VerDi]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Hard to explain]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/rbass/c_70.htm"><![CDATA[<br/><br/>Aún no me acuerdo si subí o bajé las escaleras de la resaca que tenía entre pecho y espalda, pero el caso es que la vi.<br/>Un ángel en medio de la tempestad casi cirrótica a la que me enfrentaba aquella larga mañana. Imagine su cuello como tantas veces había hecho ya, una basa estilizada o el comienzo de un fino fuste que simulaban una columna que me llevaba a ver el friso de su cara (en el sentido de belleza no de “hecha un cristo” de fealdad), pero no era del todo así. En este caso no tenía cara.<br/>La tela estaba mojada disimulando de una manera bastante inútil su desnudez. Para ser realistas  le daba mucho más énfasis, más morbo, más sensualidad.<br/><br/>Me recordaba a otras noches, de despertar, solo que me era excesivamente molesto el ruido de la muchedumbre, de los corrillos de mayores y correteos de pequeños.<br/>Era como estar absorto entre la tranquilidad de mi pensamiento y el ruido de un ejército de cucarachas insensibles, ñiñiñi, que en mi estado de cabeza de embudo, mi dolor de articulaciones y el funcionamiento de mi cerebro a un nivel bastante lamentable, hacían que me dieran ganas de darle un croché a algún adulto bobo que por allí andaba a sus anchas.<br/><br/>Decidí volver a mirarla para retomar la dosis de relajo para mi sensible estado a esas primeras horas de la tarde. Era la mujer soñada, curvas, altiva, lo que se denominaba en el mundo como canon.<br/>Podía haber tomado un café con ella, leyéndola u observándola, pero no hubiera sido tan espectacular como lo estaba siendo ahora.<br/>Me daba alas, como para salir volando. Quizá fuera porque en realidad las tenía. Era realmente una mujer poderosa.<br/><br/>Un poco venusiana, una atracción como del planeta a su luna, o más fuerte, como la gravedad, como lo que le costaba salir del planeta a un cohete, su inercia, el despegarse de tan buena compañía, volver a la realidad, a la verdad y a la mentira, a su crudeza, y sobretodo a la falsa sensación de felicidad que había que rellenar de nuevo, sin recurrir a ser posible, a estimulantes externos para sobrellevar la complejidad o mejor dicho simpleza de cada una de nuestras vidas.<br/>Según pensaba esto último abandone el edificio por la pirámide nueva, por la del centro de la C de su dibujo.<br/>Me perdí por el parque y me compré un algodón de azúcar, menos mal que todavía era sábado.<br/><br/>Louvre, Victoria de Samotracia, Tullerías, París.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/rbass/files/111_1179bis.jpg" alt="" border="0" width="480" height="556"/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Verano en la ciudad]]></title><link rel="RboSS, desde 1986" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/rbass/atom.xml" title="RboSS, desde 1986"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200607]]></issued><modified><![CDATA[200607]]></modified><created><![CDATA[200607]]></created><summary><![CDATA[Verano en la ciudad]]></summary><author><name><![CDATA[IL RaGGaZo Di OCchi VerDi]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Verano en la ciudad]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/rbass/c_69.htm"><![CDATA[<br/><br/><b>*** Globos que surcan el cielo, explotan, se escapan, perduran.</b><br/><br/><br/>Supuestamente sin llorar, sin pensar, sin entender, sólo supuestamente. El dolor haciendo su trabajo, callado, como la recolección de las hormigas, pequeño, poco a poco, silencioso, percutor y arduo.<br/>Bajo, pesado, hundido en la cama. No sé hasta donde puede llegar el abatimiento.<br/>Algo similar a un miedo, un tipo de paranoia se acerca, golpea la puerta, quiere pasar, instalarse en mis cuatro paredes.<br/>De la noche al día. Siempre la misma historia.<br/>De noche los globos cargados de aire de fiesta, debería ser así, solo llenarse de aire de fiesta, de disfrute, sin aparecer cualquier objeto que los haga daño. Debilidad como la pompa de jabón. Dulce y mágica hasta su explosión, su desintegración, seca y súbita.<br/>Al menos me quedan lejos, yo soy quien las sopla o quien infla los globos.<br/>Cierta distancia, cierto respiro, algo que me ayude a encontrar, a diferenciar.<br/><br/>Dejar atrás mi querida nube de globos, ligera y sensual, meditando el amor.<br/><br/>En cuanto a religión no quiero a Buda, ni a Mahoma, ni a Jesucristo, totalmente agnóstico. Pero confuso cuando cualquiera de los tres toma forma de mujer, sin ley, sin medios, sin tiempo, sin espacio. ¿Volver a meditar? No creo, los globos con el tiempo se deshinchan  poco a poco, muy lentamente, igual que los recuerdos.<br/><br/>Cuando la ciudad duerme yo ando. Un agujero, camino distinto, nuevo, emocionante, un universo que gira, que te envuelve, que reaviva.<br/>La luna me llama, me mira, ella es la sabia de las confesiones, mi consejera, un cráter por cada pregunta lanzada al aire, por cada pensamiento nocturno acotado al insomnio, una llamada, petición de consejo, tan lejos y tan cerca con respuesta inmediata, tu propia respuesta, la de cada uno, la más válida.<br/><br/><br/><br/><br/><b>*** La noche no es más que el día visto en tonos amarillos, blancos y negros, muchos tipos de luces y un conjunto de sombras chinescas.</b><br/><br/><br/>Verdaderamente no se si conozco la carretera elegida, cubierta de oscuridad.<br/>Conocerte en el camino, una posibilidad. Pero no creo que me baje en marcha.<br/><br/>Antes de salir los corredores y las calles estaban atestadas, un agobio innecesario ante la paz de que la única compañía sea tu mirada, siguiendo mis pasos, buscando mi verdad particular, de carácter aterrador, pero poco miedo comparado a mi satisfacción por encontrar la luz que me guíe, no importa el color, incluso tu piel me serviría.<br/>No hace falta que todo vaya bien. Sólo el camino por el que voy.<br/><br/>En cuanto a tus secretos no me importan, secretos son y no se cuentan, con romper la noche y darle color está bien, iluminarnos uno a otro, recoger la bombilla y hacerla brillar, o de haber algo que brille, formar sombras chinescas, formas conjuntas.<br/><br/>Ser una sombra sólida, definida por el tiempo. Dos cuerpos difuminados, sombras definidas, imperfectas incluso, porque es así como funciona. Picos y formas que sobresalen, laderas y depresiones que acentúan nuestras formas, un puzzle a medio hacer en penumbra, un color apagado pero vivo, más que nunca, sin ti no habría luz, sería un camino al agujero negro.<br/><br/>No tener miedo, electrocutarme, una opción fantástica, dejarme recorrer por tu energía, watios de luz, de claridad sobre mi ser tan oscuro, que se haga de día en mí, iluminarme como la vela ilumina el aire de su alrededor, rítmicamente, a escondidas, cambiando de dirección sin preguntar, descubriendo juegos y bailes desde la sombra cómplice de su movimiento.<br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/rbass/files/penumbra.jpg" alt="" border="0" width="371" height="500"/><br/><br/>El haz de luz comenzó a dibujar un ángulo cada vez más ancho. La ventana haciendo caso omiso a su función, fue secuaz del astro y sus tentáculos se extendieron sobre mi cama, sobre mis pies y las sábanas. Se estaba haciendo de día. El sol iba tomando altura por encima de las colinas del sur de la ciudad.<br/><br/>Ahora menos todavía, pero nunca había sido capaz de aguantar la sensación de acostarme cuando el sol ya da cuerpo a un nuevo día. No lo llamaría angustia, simplemente me sabía mal el mero hecho de saber que mientras la ciudad comenzaba a funcionar yo pasaba a descansar, un sistema invertido de vida en el que me sentía casi forzadamente a gusto.<br/><br/>Gracias a tu luz propia y la que provocábamos ambos, ahora siempre hay claridad. Nunca me había gustado estar en penumbra.<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Valquiria]]></title><link rel="RboSS, desde 1986" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/rbass/atom.xml" title="RboSS, desde 1986"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200607]]></issued><modified><![CDATA[200607]]></modified><created><![CDATA[200607]]></created><summary><![CDATA[Valquiria]]></summary><author><name><![CDATA[IL RaGGaZo Di OCchi VerDi]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Valquiria]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/rbass/c_68.htm"><![CDATA[Mi hermano tenía barba bonita, como de unos cuantos días, de peinado dejado pero cuidado y sus pantalones se sujetaban por gracia divina (los llevaba demasiado bajos, cuando digo demasiado digo culo desprotegido, no caídos, no no, sino por debajo del pompis). <br/>Ya estaba en la universidad, siempre me había gustado que el fuera por delante, la voz de la experiencia y los consejos eran algo característico, y yo evidentemente le hacía caso porque nunca me había dicho nada en balde. <br/>Me sacaba casi dos años y medio. Antes no me daba cuenta, cuando éramos más pequeños yo estaba a lo mío, con mis chorradas haciéndole chinchar, mamá siempre le acusaba a él y yo feliz de ello, al fin y al cabo es la base de la adolescencia entre hermano y hermana.<br/>Pero a partir de los dieciséis la cosa cambió. Yo me hice “mayor” (se que suena ridículo, pero empecé a salir, amigas, chicos, colegio) fue entonces cuando descubrí en él a mi segundo padre, a mi mejor amigo, a mi confesor, mi apoyo, en definitiva a la persona que más quiero o quería.<br/><br/>La concepción del amor y los sentimientos es lo que más me ha influido de muchas de las cosas que siempre me ha dicho. <br/><br/>Decía de las mujeres que las había “pegadoras” (te abofeteaban el corazón pero se curaba con el tiempo), “pesopluma” (pasaban de puntillas y de manera rápida por tu vida) a estas últimas también las conocíamos como estrellas fugaces, término de mi propia cosecha; y después estaban las “valquirias”, las más complicadas, las que te tocaban en lo más dentro, las que no se olvidaban, las que realmente merecían la pena.<br/><br/>Rubén que así se llamaba mi hermano, me hizo comprender desde un punto de vista distinto al que creía, esos tipos de mujeres. Es más, las del último tipo.<br/><br/> Cada una de ciertas divinidades de la mitología escandinava que en los combates designaban los héroes que habían de morir, y en el cielo les servían de escanciadoras, esas eran las valquirias, él decía que los héroes eran sus elegidos, y que la muerte llegaba después del final.<br/><br/>Me hacía gracia cuando yo le preguntaba que de que tipo las había tenido, a lo que respondía:<br/>“me han dado dos guantazos mientras veía pasar tres estrellas fugaces, hoy he vuelto a soñar que me servía vino en el cielo”.<br/>Últimamente estaba triste, siempre andaba diciendo “la valquiria acechaba tras la puerta”, yo no lo entendía pero supuse que sería una metáfora como si le asaltara en sueños a modo de pesadilla o pensamientos continuos.<br/><br/>Cuando llamaron el jueves de noche, creí que era Rafa o Jaime, sus dos colegas inseparables, pero no, era una secretaria judicial con voz refinada. Acababan de proceder al levantamiento del cadáver de Rubén del Olmo, de mi hermano. A la mañana siguiente debíamos ir al anatómico forense para su identificación ocular y la posterior autopsia, aunque ya nos dijo la secretaria judicial que había sido atropellado, al parecer por temeridad suya, por cruzar en verde para los vehículos (testigos de por medio).<br/><br/> Allí estaba amoratado, sobre una mesa de metal, cubierto por una sábana. Si ya hacía frío fuera, dentro me encontraba entumecida. Era el sin duda, su triskell en el omóplato derecho le delataba.<br/><br/>Volví a casa aún en estado de shock, al llegar me tumbé en su cama a llorar puede que durante dos o tres horas fácilmente. Me senté en su mesa, cos sus cds desperdigados, sus notas, su paquete de marlboro, bajo unas hojas del banco había otro sobre en el que ponía mi nombre “Sara” bueno exactamente, “Sara mi dulce valquiria”<br/><br/>No supe como enfocarlo. Pero era evidente que el atropello lo tenía premeditado y era su despedida.<br/>Cogí el tabaco y salí a la terraza.<br/><br/>Releí ya no sé las veces la carta. No daba crédito a lo que Rubén escribió. Estaba perdidamente enamorado de mí desde hacía más de un año, hasta el punto de pedir a algún “pesopluma” que llevó a casa a que se pusieran ropa mía. Que su verdadera valquiria era yo, y que el resto del tiempo lo gastaba con pegadoras o pesopluma para hacerse ver que no era el camino correcto, que no era esa la solución que debía encontrar a otra, pero que la perdición la tenía en su propia casa.<br/><br/>Fue entonces cuando entendí que la valquiria acechaba tras la puerta.<br/>No sé que hubiera preferido, saberlo o no saberlo, el caso es que con el tercer cigarrillo la quemé, no lo olvidaría jamás… en el recuerdo quedaría.<br/><br/>Eran cosas de hermanos.<br/><br/><br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/rbass/files/valquiria.jpg" alt="" border="0" width="512" height="384"/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Dentro]]></title><link rel="RboSS, desde 1986" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/rbass/atom.xml" title="RboSS, desde 1986"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200606]]></issued><modified><![CDATA[200606]]></modified><created><![CDATA[200606]]></created><summary><![CDATA[Dentro]]></summary><author><name><![CDATA[IL RaGGaZo Di OCchi VerDi]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Dentro]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/rbass/c_67.htm"><![CDATA[<br/><br/>Nace desde dentro, creo que en dirección equivocada<br/>Restos de sal, saltos de mar, el viento sopla, la tarde cae<br/>Parte de lo vivido, reflejos en la retina.<br/>Una noche, otra fiesta<br/>Quiero volver a esa rutina.<br/><br/>Me elevo, pero solo son sueños,<br/>Volar para luego caer, <br/>Una burbuja, un mundo que rompe<br/>Me sobrepasa<br/>Me paraliza<br/><br/>La luz somos, energía comprimida<br/>Todos son ciegos, todo en penumbra<br/>Poca luz, ave nocturna<br/>Sí, soy yo<br/><br/>Los discos ya no suenan<br/>Mente diáfana, más bien llena<br/>Pero de materia no importante<br/>Materia olvidadiza<br/>Desertar, una opción<br/>Donde ir peor solución<br/>Me quedo mejor<br/><br/>Un chico soy, <br/>Un día seré hombre<br/>Muy grande por fuera y <br/>Todavía por formar por dentro.<br/><br/>Menos mal que sonríes <br/>Es poco lo que se salva<br/>Mirando atrás<br/>Dibujar, a veces tu cara<br/>Sólo es uno, solo es mío<br/>Cambiando maneras<br/>Sólo siendo joven.<br/><br/><br/><br/><br/>Escrito en un tren de cercanías el día quince de junio<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Un sueño, un descarte (delete dream)]]></title><link rel="RboSS, desde 1986" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/rbass/atom.xml" title="RboSS, desde 1986"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200606]]></issued><modified><![CDATA[200606]]></modified><created><![CDATA[200606]]></created><summary><![CDATA[Un sueño, un descarte (delete dream)]]></summary><author><name><![CDATA[IL RaGGaZo Di OCchi VerDi]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Un sueño, un descarte (delete dream)]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/rbass/c_66.htm"><![CDATA[Abro los ojos, no peso, me muevo con ligereza, es más, me teletransporto. <br/>Ya sé, estoy muerto, ahora lo entiendo todo.<br/>Pienso en si es cierto eso que dicen que después de morir tu alma tarda en trasladarse y se queda unos días vagando por tus sitios de siempre, despidiéndose ya siendo ánima de tu gente querida.<br/>Es duro, sabes que no vuelves, que el camino sigue para los demás, y esperas que siga bien, que no afecte demasiado lo que acaba de ocurrir. En un futuro inmediato el impacto es grande pero el tiempo todo lo cura. No sabía que después de muerto se pudiera seguir pensando, pero veo que en efecto sí es así.<br/><br/>Viajo a varios sitios en pocos minutos. <br/><br/>Una cafetería en el centro, de espaldas sentada en la barra, hay una chica un moño deshecho, hermosamente deshecho, Tania, toma un té, llora descontroladamente, el continuo moqueo y sollozo le hace imposible dar más de un trago. Su cabeza no para de girar semejando un no, no es posible. Un no querer imaginarlo, un no hacerse a la idea.<br/>Se oye un golpe seco, del baño sale un tipo moderno evidentemente le conozco, Dani, también ha llorado, pero ahora esta en calma. Parece que sienta una rabia inherente, una extraordinaria gana de gritar, de darle un puñetazo a algo. Se pide su nestea de siempre. No cruzan palabra. No son capaces, bastante tienen consigo mismo.<br/><br/>De ahí voy a la universidad, vuelo hacia la facultad de biología. Sentadas en el pasillo central hay dos estudiantes. Una llora, la otra fuma. Maya se tapa la cara con ambas manos, como no queriendo dejar ver sus lágrimas a los demás. Paloma le conocía poco algún día de farra, pero le parecía un tipo cojonudo. Es un auténtico shock.<br/><br/>Vuelvo a la capital, al Retiro para ser exactos, desciendo desde arriba. Dejando atrás al ángel caído pasea un tipo que fuma, fuma sin parar.<br/>Es rubio, ya sé quien es. Jaime. No se porque pero lleva bajo su brazo el 100x70 que me regalo por mi diecinueve cumpleaños. Estoy en el aire, delante de él. <br/>No dice nada porque no tiene a nadie a quien decírselo, pero su cabeza da mil vueltas, el paquete de Lucky pierde peso cada siete minutos. Se acuerda de su protector de baraja, del golpe de la esquina, puto Boss. Una mueca se dibuja, cierra los ojos un momento, respira el humo por la nariz.<br/><br/>Marco vuelve en coche a casa, conduzco con él un rato. Demasiado deprisa. Ha dejado a Pablo en casa que, sin verle, se que está tocando la guitarra.<br/><br/>Muy cerca a escasos quinientos metros, dos chicas comen ensaimada en una cocina. La cocina tiene una jaula y dos pájaros y una ensaimada encima de la mesa a la que le falta un cacho, justo el centro. Lus se mueve en la silla, una fina lágrima cae por su pómulo, se muerde los labios de dolor. Marta bebe agua, tanto llorar la ha hecho tener sed. Su cara está congestionada, un montón de kleenex están dentro del bolsillo del pantalón. Piensa, y recuerda, llora, recuerda, piensa, solloza, mira a Gona.<br/> El aire sopla en su boca ¿por qué?, no hay respuesta.<br/><br/>Salgo por la ventana de la bandera, por encima del sillón de diván de psicólogo. Ahora voy mucho más rápido, llego al mar. Asciendo para finalmente hundirme.<br/><br/>Ya sé, estoy muerto, ahora lo entiendo todo.<br/><br/>Todo son recuerdos en modo negativo, negativo fotográfico.<br/><br/>Despierto.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/rbass/files/DSCN4467blog.jpg" alt="" border="0" width="474" height="356"/><br/>Hoy en la siesta, lo he soñado tal y como lo he escrito]]></content></entry></feed>
