June 27, 2006...
Pidiéndole al sueño que venga a robarse lo ultimo que le queda a esta noche, el fantástico día que fue creado solo para mi, un sol maravilloso que me dio los alientos suficientes para separarme de esa cama en la que placenteramente descansaba; ese día que era mío, solo mío y todo para mi, alcancé a disfrutarlo. Sintiendo el viento entrando por mis ventanas. El calor similar al de la ciudad que me vio crecer… era un día maravilloso.
Me preguntaba cuando crucé la calle, que pasaría si este fuera el último día de mi vida? Y quien me asegura que no lo es? Me imagino que mis ganas de vivir, de ver a mis sobrinos crecer, a mis papas envejecer, la proyección que he hecho de mi vida y esos sueños que me ayudan a levantarme, a dejar la pereza, son los que me aseguran que no es el último día de mi vida. Pero y si sí? Habrá tiempo para arrepentimientos?.. No lo creo.
Le temo mucho a parecerme a alguien que no soy, o convertirme en una de esas personas que en algún momento critiqué; le temo a muchas cosas. Le temo a este impulso y esta ira que invade mi cuerpo en este momento, le temo a mi intolerancia y al pobre análisis que puede hacer mi cerebro movido por otras cosas que dan vueltas y provocan reacciones en el resto de mi cuerpo.
Metida entre las cobijas, deseando que la noche fuese más corta y que el cansancio de este día me elevara en un sueño donde todo fuera mucho más fácil. En esta noche desearía uno de esos sueños controlados y placenteros que llenan de felicidad mis mañanas solitarias. Todas las tantas mañanas en donde me he encontrado sola y llena de deseos.
Mientras escucho la voz de una de mis artistas favoritas en el TV, recuerdo escenas de ese show que me ha acompañado en muchas tristes noches, y me eleva a instantes felices, me río de las cosas, hay situaciones maravillosas que pienso y entiendo que es más saludable recordar las situaciones buenas, en momentos en que nos sentimos débiles.
Hoy por primera vez supere el miedo a la sangre, y a los exámenes médicos, hoy como una valiente villana me pare en frente de la batalla y salí vencedora, sin mareos, si palidez, salí del doc con la frente en alto. Encontré una de esas enfermeras maravillosas.
Adiós al miedo, a la sangre; aunque debo admitir que es parte de el control que siento tener ahora sobre mi cuerpo. Mientras ella sacaba tres tubos de sangre de mi delgado brazo me sumergí al mundo maravilloso inspirado por terceros, un mundo donde soy feliz, donde huele a rosas y el aire es claro, puro.
Puro control mental y físico. Creo que eso es lo que necesito ahora, controlar mis emociones y dejar que el tiempo madure las situaciones. Poder hablar con calma y entender el porque de algunas cosas que desde acá, lucen poco claras.
Quizás lea esto algún día y recuerde los verdaderos pensamientos que cruzaban por mi cabeza en este momento, quizás un día le pueda contar a alguien que me siento feliz de poder controlar mis emociones y no sentir miedo de la sangre que por una buena causa sale de mi pequeño cuerpo.
“Que hago con este cementerio de suenos y con toda mi mitad? con esta deuda de afectos y con tanta libertad?"
Me preguntaba cuando crucé la calle, que pasaría si este fuera el último día de mi vida? Y quien me asegura que no lo es? Me imagino que mis ganas de vivir, de ver a mis sobrinos crecer, a mis papas envejecer, la proyección que he hecho de mi vida y esos sueños que me ayudan a levantarme, a dejar la pereza, son los que me aseguran que no es el último día de mi vida. Pero y si sí? Habrá tiempo para arrepentimientos?.. No lo creo.
Le temo mucho a parecerme a alguien que no soy, o convertirme en una de esas personas que en algún momento critiqué; le temo a muchas cosas. Le temo a este impulso y esta ira que invade mi cuerpo en este momento, le temo a mi intolerancia y al pobre análisis que puede hacer mi cerebro movido por otras cosas que dan vueltas y provocan reacciones en el resto de mi cuerpo.
Metida entre las cobijas, deseando que la noche fuese más corta y que el cansancio de este día me elevara en un sueño donde todo fuera mucho más fácil. En esta noche desearía uno de esos sueños controlados y placenteros que llenan de felicidad mis mañanas solitarias. Todas las tantas mañanas en donde me he encontrado sola y llena de deseos.
Mientras escucho la voz de una de mis artistas favoritas en el TV, recuerdo escenas de ese show que me ha acompañado en muchas tristes noches, y me eleva a instantes felices, me río de las cosas, hay situaciones maravillosas que pienso y entiendo que es más saludable recordar las situaciones buenas, en momentos en que nos sentimos débiles.
Hoy por primera vez supere el miedo a la sangre, y a los exámenes médicos, hoy como una valiente villana me pare en frente de la batalla y salí vencedora, sin mareos, si palidez, salí del doc con la frente en alto. Encontré una de esas enfermeras maravillosas.
Adiós al miedo, a la sangre; aunque debo admitir que es parte de el control que siento tener ahora sobre mi cuerpo. Mientras ella sacaba tres tubos de sangre de mi delgado brazo me sumergí al mundo maravilloso inspirado por terceros, un mundo donde soy feliz, donde huele a rosas y el aire es claro, puro.
Puro control mental y físico. Creo que eso es lo que necesito ahora, controlar mis emociones y dejar que el tiempo madure las situaciones. Poder hablar con calma y entender el porque de algunas cosas que desde acá, lucen poco claras.
Quizás lea esto algún día y recuerde los verdaderos pensamientos que cruzaban por mi cabeza en este momento, quizás un día le pueda contar a alguien que me siento feliz de poder controlar mis emociones y no sentir miedo de la sangre que por una buena causa sale de mi pequeño cuerpo.
“Que hago con este cementerio de suenos y con toda mi mitad? con esta deuda de afectos y con tanta libertad?"





