Noviembre Tercer Sabado
En verdad no sé cómo comenzar a expresar mi amor hacia una persona tan incomparable como vos. No me importa si para ti mis sentimientos no tengan valor alguno y tan sólo sean una niebla de palabras, sólo te pido que tengas algo de misericordia y comprendas este desesperado intento de contarte mi amor.
Ha pasado más de un año que te conozco, pero tú eras una estrella fugaz que pasaba dejando una estela de deseo y belleza y yo una simple espectadora de aquel fantástico espectáculo, alguien que no podía pasarse del límite; desearte era una utopía.
Espinas venenosas protegen a tu corazón de amores no correspondidos. Si alguien llegara a desearlo se vería envuelto en una tempestad de amor, solo, luchando para no caer en el olvido.
Más de una noche he soñado contigo. Tristes son mis pesadillas, en las cuales muero ahogado en el mar de la angustia al tratar de cruzar el laberinto de tu amor.
He acumulado tanto miedo. Pero tú sigues ahí, resplandeciente como nunca. No me animo a hablarte, pareces una sombra que va y viene, no me animo a muchas cosas ya que no soy ni la mitad de lo que la mujer de tus sueños tiene.
Es tiempo del ocaso sentimental y trataré de olvidarme de ti, mas no sea para calmar el dolor que pesa sobre mi. No quiero que mi sola presencia, directa o indirecta, cause en tí rechazo o repugnancia alguna.
Pero antes de cruzar el oeste, te rogaré humildemente que no tires esta carta ni me lo devuelvas aunque yo te ruegue de rodillas. Me sentiría mejor si la carta se pudriese en el olvido de tu cajón, mezclada entre tantas otras.
Sé que estas cansado, así que me despediré silenciosamente para no despertar tu furia.
Ha pasado más de un año que te conozco, pero tú eras una estrella fugaz que pasaba dejando una estela de deseo y belleza y yo una simple espectadora de aquel fantástico espectáculo, alguien que no podía pasarse del límite; desearte era una utopía.
Espinas venenosas protegen a tu corazón de amores no correspondidos. Si alguien llegara a desearlo se vería envuelto en una tempestad de amor, solo, luchando para no caer en el olvido.
Más de una noche he soñado contigo. Tristes son mis pesadillas, en las cuales muero ahogado en el mar de la angustia al tratar de cruzar el laberinto de tu amor.
He acumulado tanto miedo. Pero tú sigues ahí, resplandeciente como nunca. No me animo a hablarte, pareces una sombra que va y viene, no me animo a muchas cosas ya que no soy ni la mitad de lo que la mujer de tus sueños tiene.
Es tiempo del ocaso sentimental y trataré de olvidarme de ti, mas no sea para calmar el dolor que pesa sobre mi. No quiero que mi sola presencia, directa o indirecta, cause en tí rechazo o repugnancia alguna.
Pero antes de cruzar el oeste, te rogaré humildemente que no tires esta carta ni me lo devuelvas aunque yo te ruegue de rodillas. Me sentiría mejor si la carta se pudriese en el olvido de tu cajón, mezclada entre tantas otras.
Sé que estas cansado, así que me despediré silenciosamente para no despertar tu furia.





