En mis ojos
Lo que hay de más profundo en el hombre, es la piel.
Paúl Valery
Siento la roca debajo de mi espalda, su temperatura confusa, su paisaje en textura.
Acercas despacio tu cabeza y eclipsas el sol que me deslumbra. Mis ojos vuelan de tu boca a los tuyos y observo tu mirada. Miro el cielo, las pocas nubes.
Aprieto tu pecho entre mis brazos, siento con tus pies mis pies descalzos. Tu piel y nuestra trenza de piernas deslizan por mi cuerpo su locura. Tu sonrisa no para de pintarme con besos y otra ves, cierro los ojos.
Y mientras mis oídos flotan entre tus palabras escucho mis latidos y sientes mis temblores, como el vibrar de las hojas cuando las atraviesa el viento.
Tienes el cielo tras tu espalda y a tierra se desliza tras la mía.
Estamos impregnados de sol y aire. Somos otra roca entre las rocas, somos parte de una de ellas. Tú y yo como un cachito de sol que cayó en la montaña.
Las aves no se percatan de nuestro estar, de tu piel entre mis plumas, de tu sol sobre mi roca. Las nubes nos olvidan y llueves en mi río.
Lo mismo vamos hacia el mar que hacia una estrella, lo mismo entre las hojas, en el agua o en la lluvia, lo mismo aquí o allá, lo mismo pero tú y yo siempre, siempre tú y tus ojos, siempre tú en mis ojos.
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Paúl Valery
Siento la roca debajo de mi espalda, su temperatura confusa, su paisaje en textura.
Acercas despacio tu cabeza y eclipsas el sol que me deslumbra. Mis ojos vuelan de tu boca a los tuyos y observo tu mirada. Miro el cielo, las pocas nubes.
Aprieto tu pecho entre mis brazos, siento con tus pies mis pies descalzos. Tu piel y nuestra trenza de piernas deslizan por mi cuerpo su locura. Tu sonrisa no para de pintarme con besos y otra ves, cierro los ojos.
Y mientras mis oídos flotan entre tus palabras escucho mis latidos y sientes mis temblores, como el vibrar de las hojas cuando las atraviesa el viento.
Tienes el cielo tras tu espalda y a tierra se desliza tras la mía.
Estamos impregnados de sol y aire. Somos otra roca entre las rocas, somos parte de una de ellas. Tú y yo como un cachito de sol que cayó en la montaña.
Las aves no se percatan de nuestro estar, de tu piel entre mis plumas, de tu sol sobre mi roca. Las nubes nos olvidan y llueves en mi río.
Lo mismo vamos hacia el mar que hacia una estrella, lo mismo entre las hojas, en el agua o en la lluvia, lo mismo aquí o allá, lo mismo pero tú y yo siempre, siempre tú y tus ojos, siempre tú en mis ojos.
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