Era joven y su piel era increíblemente suave. Le conoció fuera del entorno en que solía conocer hombres y creyó que era un buen presagio.
Lo tenía todo. Era cortés sin ser exagerado, culto sin ser pedante, gracioso y con una pizca de artista. Cariñoso, dulce, y tenía un abrazo firme, de los que hacen que el fin del mundo importe poco.
Bebieron, fumaron, y fueron al monte a mirar las estrellas. Él la desnudó y cuando empezó a resoplar, a ella le dio un asco tremendo. Intentó sacárselo de encima pero pesaba demasiado, se escabullía como podía pero él ganaba. Al final se lo dijo, estate quieto o ponte algo.
Él no estaba acostumbrado a obedecer, así que sonrió con cara de pillo y continuó a lo suyo, babeando y resoplando. Ella se lo saca de encima, se levanta y se tumba en las piedras mirando al cielo.
"¿Te pasa algo?" - ella se preguntó cómo podía ser tan imbécil. Cómo los hombres podían serlo tanto. Pensó en irse caminando, sin ropa, y buscar un taxi. Pero igual sería peor el remedio que la enfermedad. Le pidió que le llevase a casa y él le dijo que le dolía el corazón.
Ella se prometió que no volvería a hacer algo así y se proponía llevar una vida mejor. Pensó que sería capaz, esta vez, que habría aprendido la lección. Hizo planes y tomó la firme decisión de ser coherente y prevenir tonterías. Sólo quería llegar a casa para quitarse su olor de encima, llorar de asco y vomitar de miedo, lavarse ls lágrimas contaminadas y su sudor compartido hasta que no quedase ningún rastro de él. Y volver a empezar.
El canto del loco gritaba incoherencias sobre zapatillas en la radio y él conducía, cabreado, a más velocidad de la permitida. El alcohol hizo mella en su capacidad de concentración y el camión que parecía suficientemente estrecho resultó ser demasiado ancho, no dio tiempo a adelantar, y se estrellaron contra una mujer que volvía de limpiar unas oficinas, en un coche rojo que acababa de terminar de pagar. 
Ella no volvió jamás a cometer tamaño error.
Ni ese ni ninguno, murió en el accidente. Su hermoso cuerpo, su increíble piel sedosa, sus tiernos morritos, quedaron atravesados por cristales, chafados por el chasis, cosidos por el metal para siempre.
Encontraron en su bolsillo un mechero gastado y una pajarita que le regaló en el bar, mientras jugueteaba con la servilleta, el primer día que la besó.
Él se rompió un brazo y se partió la nariz. En un mes apenas se notaba ya el bulto en el puente y volvió a ser el mismo chico adorable de siempre, alegre y detallista.
Y cuando veía un coche rojo que venía en contra dirección, sólo entonces si lo observabas atentamente, por unos instantes se ensombrecía su mirada y se quebraba su sonrisa. Por unas décimas de segundo. Y Dani seguía queriendo entrar en el garito con zapatillas y el mundo seguía. Seguía para todos, menos para ella y los que la quisieron de algun modo.
Lo es..... De lo mejor que has escrito.
El millor que has escrit.
Relativament parlant, és clar.
Argh.
Si es que tenías que haber rematado el post con esa frase tuya...se va a convertir en un clásico me temo...porque cabrón por cabrón... en fin, qué le vamos a hacer si el mercado está tan malisimamente!
Abracitos varios y consuelos dulces para días agrios y noches de poca lentejuela!
Que ahora mismo estoy con la lágrima fácil T_T
Snif. Menos mal que no eres la chica de la pajarita, que ya estaba yo pensando...pero qué coño le ha pasao a esta con el chico ese?? Aunque sip, ya me dirás, con este panorama como para pensar que todo es rosa...
Lorza: dícese de sendas protuverancias situadas a ambos lados de los riñones que a la mínima presión ejercida por pantalón, cinturón o similar, tienden a realizar un movimiento de elevación propulsado hacia atrás de manera que resultan inmunes a cualquier estrategia por disimularlas con camisetas largas. xD
Va a ser que me vienes genial, Xexe. Vivan los culos hermosos!! Podríamos montar un club!
Cuántas veces habré oido eso de "si tu culo fuera pan, necesitaríamos remos para untar la mantequilla"
Se está perdiendo el romanticismo"





