II
La acompañé hasta la entrada del edificio donde tenía la entrevista. Era uno de esos edificios enormes de oficinas en la Diagonal con 4 puertas giratorias que chorrean sin cesar caras trajeadas y corbatas con prisas. Al entrar al vestíbulo tenías la sensación de haberte dejado fuera la luz y los colores. No había rojos, ni amarillos, ni verdes …acababas de entrar en el hogar del gris y sus amigos, allí estaban todos: gris marengo hablaba con negro (“te veo más delgado”), azul oscuro leía la prensa económica, gris acero hablaba por el móvil con un tono excesivamente alto,…
- Mucha suerte, te espero en la cafetería.
- Gracias por acompañarme pero no hace falta de verdad.
- Venga, no puedo irme a casa después de mi torpeza sin saber cómo te ha ido . Estáte tranquila y sé tu misma ¿vale?.
Sin darme ni cuenta le di un beso en la cara al mismo tiempo que le volvía a desear suerte. Ella sonrió. “Me llamo Blanca”, me dijo girándose mientras se introducía en uno de los ascensores.
Me dirigí a la cafetería, al final del vestíbulo, y me senté en una de las mesas desde donde se tenía una visión majestuosa del edificio. Era un auténtico hormiguero humano, los ascensores panorámicos subían y bajaban a gran velocidad, la misma con la que toda la gente que deambulaba por el vestíbulo o por los pasillos de los pisos superiores lo hacía. Ninguna de todas aquellas personas creían que podían permitirse el lujo de no correr, de pensar por un momento que aquello que tenían entre manos no era realmente tan urgente.
Presté atención a la conversación que mantenían en la mesa de al lado gris perla y negro azabache:
- Debemos encontrar un nombre para la campaña antes de mañana. Es indispensable tenerlo para la presentación al Comité de Dirección. ¿Está ya preparada la presentación?
- No te preocupes, trabajaremos durante toda la noche si es necesario. La presentación estará preparada con un ingenioso nombre para la campaña en la portada – Gris perla hablaba con seguridad y confianza pero su mirada era tensa y su frente se mostraba humedecida por el sudor.
- Eso espero. Recuerda que nos jugamos mucho y que es nuestro cliente principal. Venga, volvamos al trabajo.
Mientras gris perla buscaba con manos temblorosas las monedas para pagar el café, negro azabache ya subía por uno de los ascensores.
Miré la nota que me había dejado la camarera: Café París. 1 cerveza San Miguel 2’50 euros. Me sorprendió el nombre del café. En un lugar como aquel hubiera esperado un nombre como “La corbata apresurada” o algo parecido . Quizás la persona que decidió el nombre del local pensó algo así pero finalmente optó por utilizar París que no deja de ser mucho más comercial que su anagrama “Prisa”.
Blanca regresó al cabo de unos diez minutos. Se mostraba cansada y nerviosa.
- Necesito salir de aquí cuanto antes.
Salimos a la calle donde nos reencontramos con la luz, el aire y el color. Blanca respiraba hondo y poco a poco parecía recobrar la normalidad.
- No me cogerán. Mi inglés no les ha parecido suficientemente bueno.
- No me malinterpretes pero me alegro que no hayas conseguido ese trabajo
Me miró con cierta sorpresa durante unos instantes, al rato asintió:
- Sí, creo que yo también me alegro. ¿Me invitas a un helado?.
- Mucha suerte, te espero en la cafetería.
- Gracias por acompañarme pero no hace falta de verdad.
- Venga, no puedo irme a casa después de mi torpeza sin saber cómo te ha ido . Estáte tranquila y sé tu misma ¿vale?.
Sin darme ni cuenta le di un beso en la cara al mismo tiempo que le volvía a desear suerte. Ella sonrió. “Me llamo Blanca”, me dijo girándose mientras se introducía en uno de los ascensores.
Me dirigí a la cafetería, al final del vestíbulo, y me senté en una de las mesas desde donde se tenía una visión majestuosa del edificio. Era un auténtico hormiguero humano, los ascensores panorámicos subían y bajaban a gran velocidad, la misma con la que toda la gente que deambulaba por el vestíbulo o por los pasillos de los pisos superiores lo hacía. Ninguna de todas aquellas personas creían que podían permitirse el lujo de no correr, de pensar por un momento que aquello que tenían entre manos no era realmente tan urgente.
Presté atención a la conversación que mantenían en la mesa de al lado gris perla y negro azabache:
- Debemos encontrar un nombre para la campaña antes de mañana. Es indispensable tenerlo para la presentación al Comité de Dirección. ¿Está ya preparada la presentación?
- No te preocupes, trabajaremos durante toda la noche si es necesario. La presentación estará preparada con un ingenioso nombre para la campaña en la portada – Gris perla hablaba con seguridad y confianza pero su mirada era tensa y su frente se mostraba humedecida por el sudor.
- Eso espero. Recuerda que nos jugamos mucho y que es nuestro cliente principal. Venga, volvamos al trabajo.
Mientras gris perla buscaba con manos temblorosas las monedas para pagar el café, negro azabache ya subía por uno de los ascensores.
Miré la nota que me había dejado la camarera: Café París. 1 cerveza San Miguel 2’50 euros. Me sorprendió el nombre del café. En un lugar como aquel hubiera esperado un nombre como “La corbata apresurada” o algo parecido . Quizás la persona que decidió el nombre del local pensó algo así pero finalmente optó por utilizar París que no deja de ser mucho más comercial que su anagrama “Prisa”.
Blanca regresó al cabo de unos diez minutos. Se mostraba cansada y nerviosa.
- Necesito salir de aquí cuanto antes.
Salimos a la calle donde nos reencontramos con la luz, el aire y el color. Blanca respiraba hondo y poco a poco parecía recobrar la normalidad.
- No me cogerán. Mi inglés no les ha parecido suficientemente bueno.
- No me malinterpretes pero me alegro que no hayas conseguido ese trabajo
Me miró con cierta sorpresa durante unos instantes, al rato asintió:
- Sí, creo que yo también me alegro. ¿Me invitas a un helado?.
Comentario:
Comentario:
seguro que la cerveza era San Miguel????
Comentario:
No sabia que la historia continuaba y ha sido una agradable sorpresa. Te enlazo para no perdermela, me gusta leer algo bueno por las noches.
Un beso
Un beso





