III
- Y bien, mi querido desconocido... ¿cuál es tu historia? – Me preguntó.
¿Cuál es mi historia?, ¿qué significa exactamente esa pregunta?. Mi historia. ¿Pretende que le explique, entre lametazo y lametazo a un cucurucho de pistacho, todo aquello que en mis 35 años de vida ha sucedido y es digno de ser recordado? Mi historia reciente, mis orígenes, mi crecimiento, mi educación, mi vida laboral o la sexual o la sentimental, mis pensamientos, mis creencias, mis traumas, mis miedos, mis emociones ... Pareció leerme el pensamiento.
- Bueno, a lo mejor la pregunta es demasiado amplia. Realmente lo que quiero es conocerte bien y seguramente la mejor forma es utilizar preguntas más concretas, ¿prometes contestármelas todas?.- Claro, siempre y cuando tu las contestes igualmente. – Si me pregunta de qué me arrepiento la respuesta es fácil: de no haber escogido el sabor a turrón.
- Bien, es justo ... empecemos. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste?
Tengo que reconocer que inicialmente la pregunta me sorprendió y es probable que mi expresión no pudiera disimular esa sorpresa. Un poco de reflexión bastaba para darse cuenta que la pregunta no era en absoluto absurda. Si para definir a alguien de quien no sabemos absolutamente nada sólo dispusiéramos de una pregunta para hacerle, probablemente ésa sería una de las mejores.
No tuve que hacer mucha memoria para recordar aquella última vez.
- Fue hace tres días, al despertarme - La invité a sentarnos en uno de los bancos junto a una de las fuentes frente al edificio de La Caixa – Lo que me despertó fue el llanto de mi vecina, la señora Dolores. Era un llanto sincero, profundo, ... silencioso, casi imperceptible pero a la vez ensordecedor. El llanto de la decadencia, de quien ha vivido mil historias, mil emociones, mil sorpresas y es plenamente consciente que no volverán; el llanto de la soledad, de quien ha conocido miles de personas, miles de amores, miles de odios y sabe bien que ninguno de éllos reaperecerá. El llanto de la derrota, del perdedor, de quien se ve superado por la propia vida, de quien se ha creido siempre invencible hasta que el tiempo, inexorable, ha acabado por demostrarle que no es nadie, que no es más que una hoja más dentro de la inmensidad del bosque que acabará por caer, por desaparecer. Era el sonido más triste que recuerdo haber escuchado nunca.
Estuvimos en silencio durante casi un minuto. Cuando rematé mi cucurucho y me fijé en ella ví que no había podido evitar derramar una lágrima.
- Vaya, ya no hace falta que me contestes tú a la pregunta.-
Sonrió al mismo tiempo que no podía evitar ruborizarse ligeramente.
- Perdona, debes pensar que soy una estúpida. Pero me ha parecido tan bello y tan triste a la vez. ¿Te parece bonito?, primero me pisas, llenas de mierda mis zapatos nuevos y luego me haces llorar, pasando por alto que no he conseguido el trabajo y que he sido yo quien ha pagado los helados. No está mal para hacer apenas dos horas que te he conocido ¿no?
Me había sentido atraido por aquella mujer desde nuestro encontronazo inicial. Me había atraido su aspecto físico: su cabello, sus ojos, sus labios, sus pechos, todo lo que sus pantalones invitaban a imaginar. Pero cada vez que hablaba incrementaba mi interés por ella más allá de lo físico: cada una de sus frases, sus tonos de voz, su sentido del humor, sus pausas, la inteligencia que se le presumía ... Vale, el amigo Cupidín se había precipitado en el pasado más de una vez al lanzarme una flecha envenenada, pero la sensación era tan agradable que no me importó verle de nuevo alejándose entre la multitud. Se giró y me guiñó un ojo. Nunca había hecho eso antes.
¿Cuál es mi historia?, ¿qué significa exactamente esa pregunta?. Mi historia. ¿Pretende que le explique, entre lametazo y lametazo a un cucurucho de pistacho, todo aquello que en mis 35 años de vida ha sucedido y es digno de ser recordado? Mi historia reciente, mis orígenes, mi crecimiento, mi educación, mi vida laboral o la sexual o la sentimental, mis pensamientos, mis creencias, mis traumas, mis miedos, mis emociones ... Pareció leerme el pensamiento.
- Bueno, a lo mejor la pregunta es demasiado amplia. Realmente lo que quiero es conocerte bien y seguramente la mejor forma es utilizar preguntas más concretas, ¿prometes contestármelas todas?.- Claro, siempre y cuando tu las contestes igualmente. – Si me pregunta de qué me arrepiento la respuesta es fácil: de no haber escogido el sabor a turrón.
- Bien, es justo ... empecemos. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste?
Tengo que reconocer que inicialmente la pregunta me sorprendió y es probable que mi expresión no pudiera disimular esa sorpresa. Un poco de reflexión bastaba para darse cuenta que la pregunta no era en absoluto absurda. Si para definir a alguien de quien no sabemos absolutamente nada sólo dispusiéramos de una pregunta para hacerle, probablemente ésa sería una de las mejores.
No tuve que hacer mucha memoria para recordar aquella última vez.
- Fue hace tres días, al despertarme - La invité a sentarnos en uno de los bancos junto a una de las fuentes frente al edificio de La Caixa – Lo que me despertó fue el llanto de mi vecina, la señora Dolores. Era un llanto sincero, profundo, ... silencioso, casi imperceptible pero a la vez ensordecedor. El llanto de la decadencia, de quien ha vivido mil historias, mil emociones, mil sorpresas y es plenamente consciente que no volverán; el llanto de la soledad, de quien ha conocido miles de personas, miles de amores, miles de odios y sabe bien que ninguno de éllos reaperecerá. El llanto de la derrota, del perdedor, de quien se ve superado por la propia vida, de quien se ha creido siempre invencible hasta que el tiempo, inexorable, ha acabado por demostrarle que no es nadie, que no es más que una hoja más dentro de la inmensidad del bosque que acabará por caer, por desaparecer. Era el sonido más triste que recuerdo haber escuchado nunca.
Estuvimos en silencio durante casi un minuto. Cuando rematé mi cucurucho y me fijé en ella ví que no había podido evitar derramar una lágrima.
- Vaya, ya no hace falta que me contestes tú a la pregunta.-
Sonrió al mismo tiempo que no podía evitar ruborizarse ligeramente.
- Perdona, debes pensar que soy una estúpida. Pero me ha parecido tan bello y tan triste a la vez. ¿Te parece bonito?, primero me pisas, llenas de mierda mis zapatos nuevos y luego me haces llorar, pasando por alto que no he conseguido el trabajo y que he sido yo quien ha pagado los helados. No está mal para hacer apenas dos horas que te he conocido ¿no?
Me había sentido atraido por aquella mujer desde nuestro encontronazo inicial. Me había atraido su aspecto físico: su cabello, sus ojos, sus labios, sus pechos, todo lo que sus pantalones invitaban a imaginar. Pero cada vez que hablaba incrementaba mi interés por ella más allá de lo físico: cada una de sus frases, sus tonos de voz, su sentido del humor, sus pausas, la inteligencia que se le presumía ... Vale, el amigo Cupidín se había precipitado en el pasado más de una vez al lanzarme una flecha envenenada, pero la sensación era tan agradable que no me importó verle de nuevo alejándose entre la multitud. Se giró y me guiñó un ojo. Nunca había hecho eso antes.
Comentario:
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Mr. Nova,
Después de lo que me costó volver a encontrarlo por Barcelona, hacer que una chica fantástica y deliciosa ofreciera sus zapatos nuevos para regalarle un encontronazo (y la pasta que le tuve que pagar...). Por no hablar de las patas de gallo que me están saliendo del tiempo que llevo en la misma posición de guiñarle el ojo... (que ni los mimos de las Ramblas!) Hágame el favor de continuar con su relato, estamos todos ansiosos, o quítele el "cotidiana" del nombre. Un afectuoso flechazo, tuerto...
Después de lo que me costó volver a encontrarlo por Barcelona, hacer que una chica fantástica y deliciosa ofreciera sus zapatos nuevos para regalarle un encontronazo (y la pasta que le tuve que pagar...). Por no hablar de las patas de gallo que me están saliendo del tiempo que llevo en la misma posición de guiñarle el ojo... (que ni los mimos de las Ramblas!) Hágame el favor de continuar con su relato, estamos todos ansiosos, o quítele el "cotidiana" del nombre. Un afectuoso flechazo, tuerto...
Comentario:
Los monologos Shakesperianos no existen en la vida cotidiana y real. Al menos no existen de manera tan organizada. Por lo demás el relato tiene fuelle.
Ueda
Ueda
Comentario:
Espero con ganas la continuacion de su relato.
Un beso
Un beso
Comentario:
Estimado Joan: Gracias sinceras por el comentario en mi bitácora. La verdad es que esto de los blogs es un invento, tienes tus píldoras diarias que te animan y que sin proponérselo, como farmacopea divina, te muestran otros ingredientes para reforzar la terapia. Me dejaré caer de vez en cuando por aquí, me gustan las novelas por entregas. Un saludo.
Comentario:
De invitado nada, en todo caso invitada..o dejemoslo en despistada.
Comentario:
¿Hubo intercambio de telefonos?, no la dejarias marchar sin mas..
Un beso
Un beso
Comentario:
Sigo tu historia a ver qué pasará con los dos personajes.
Adelante con la cuarta parte.
Saludos!
Adelante con la cuarta parte.
Saludos!





