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resaca de desencanto
Un precioso viaje por la complicada mente de un ser obtuso
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en breve, esto exige mucho tacto y dedicación....
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otra vida es posible
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Que dia......
Mi vida es un completo galimatías, solo la ingesta de alcohol me permite diferencial entre el plano racional y el sencillamente sentimental y no es una opción. De cualquier modo la anulación de la razón nos permite descubrir facetas de uno mismo que permanecen ocultas por expreso deseo de nuestro yo reflexivo, ya que las conclusiones de uno y otro son radicalmente opuestas y mutuamente destructivas. La cuestión es por cual decantarse. Llevo treintaytres años de existencia racional y por mis muertos que voy a darle una oportunidad a esa otra parte de mi.
Gracias, amigo.
 
La geometría del desamor
Abro con este texto: Va por todos los que lo hemos padecido.

Comenzaré por el concepto principal; El dolor del corazón es horizontal. Es imposible mantenerse erguido cuando uno se consume. Pero es lógico, los pedazos en los que se parte el corazón reposan sobre los pulmones y te impiden respirar con normalidad. Así, cuando uno está vencido por la pena se deja llevar por la horizontalidad, a ser posible acompañado por un almohadón mullido con el que oprimir la sangría del alma a modo de torniquete. La falta de la cantinela de la respiración se soluciona con rítmicos suspiros con los que uno, si tiene suficiente práctica, se puede entretener eternamente. Las lágrimas afloran como un torrente sin fin debido a que el fluido corporal presente hasta la altura de las rodillas, o como mucho de los muslos en posición vertical, se desparrama a lo largo de nuestro cuerpo encontrando un generoso drenaje en las cuencas de los ojos. Las piernas se doblan para impedir la visión de los estúpidos dedos de los pies que ajenos a toda circunstancia, siguen su propio baile absurdo, mientras que los puños se cierran con fuerza con la única finalidad de meterse dentro del cuerpo para intentar reparar semejante destrozo.
Mientras tanto el cerebro nos inunda con preciosas estampas de todo aquello que nos produce la menor de las satisfacciones porque el muy imbécil aun no se ha enterado de la situación con toda su crudeza. El estómago no se siente querido, se vuelve infantil y en su enorme egoísmo se enfada y niega a procesar los alimentos. El aparato reproductor se vuelve loco, no acepta la posibilidad de volver a la inactividad e inicia una compleja operación militar con el fin de apoderarse del mando. Una vez capturados los puntos clave tras extrañas batallas nunca antes conocidas, el genocidio está asegurado. El objetivo: la total aniquilación de cualquier vestigio de grasa. Esto no sería posible sin la inestimable colaboración de la masa muscular a cambio de un mayor protagonismo en el futuro gobierno, promesa que casi siempre queda en el olvido.
Así las cosas, comienza un lento proceso donde la claridad mental, la capacidad de concentración, el estado anímico y el deseo se van sucediendo con una disonancia casi poética y a poco que uno intente recuperar la verticalidad, la gravedad de lo sucedido nos devuelve a un estado de mínima energía perdiendo de nuevo el exceso de líquidos ayudados por la posición.
Pero nada importa, ya que el proceso de reconstrucción sentimental es imparable, lo dictan las leyes del mercado de la soltería. La regeneración será total, aunque a veces en el dudoso gesto de una economía mal entendida el reaprovechamiento de los pedazos puede provocar inestabilidades estructurales que en el peor de los casos obligaría a una nueva demolición. Esto es terriblemente costoso y por eso resulta muy aconsejable no escatimar esfuerzos en la correcta elección de los nuevos materiales, valorando aspectos como fiabilidad, belleza, durabilidad, coste y sobre todo plazo de entrega. Recordad que uno de los mayores peligros de una rehabilitación de estas características es que se pueda descontrolar en términos temporales. Corre uno el riesgo de habituarse a la horizontalidad y convertirse en serpiente.