DE EMIGRANTE A LEYENDA URBANA: UNA CUESTION DE DIALECTICA SOCIATA
Como expresar mi desazón, mi angustia o, simplemente mi rabia contenida no es fácil. Tendría que remontarme a mucho antes de tener conciencia crítica (política, social y sentimental), pero eso, os aburriría y no es sitio esta para contar mi vida. Baste decir que en el año 2000, con 19 años deje mi casa, mis amigos, mi familia, mis RAICES para, de mejor o peor manera, ganarme la vida. Estas raíces, simbólicas si se quieres, crecieron hondo en la tierra, que por gracia o desgracia, recibe el nombre de Principado de Asturias.
Mi primer recuerdo de Gijón, ciudad plomiza que me viera crecer, es las dos contenedores que, ardiendo, caían por la avenida de la constitución contra la policia. Eran los obreros de los astilleros públicos. Luego vino la reforma en la minería, no se si la segunda o la tercera, después de la “huelgota” de los 60. También la siderurgia y así una tremenda espiral que hasta bien entrados los 90, siguió candente. Era tiempo de lucha. Tiempo que se acabó con las prejubilaciones, dichosas estas al hipotecarnos a todos, de por vida.

Recuerdo también que cuando era más joven, con 14 o 15 años, el grupo de amigos al que uno pertenece (y a esa edad se pertenece con mayúsculas) éramos una tropa de 15 o más. (este ejemplo es extrapolable al resto de la juventud asturiana). Ahora quedan 3 o cuatro, y no por que ya no seamos amigos que, si se puede aún lo somos más, (la adversidad une, o eso dicen, hasta en la distancia) sino por la puta precariedad laboral de una sociedad estancada y puteada por 20 años, casi in-interrumpidos de socialismo (cuando no nacional o regional, siempre local)

Esteban está en Londres, Oscar, tras su paso por Australia, esta aquí, en Madrid, Pablo en Normandía, Ana y Alvaro, decidieron seguir juntos, pero en Santiago de Compostela y la la la la. Esta es la situación. Y a lo que iba. Sr. Tinin Alvares Areces. Sr. Presidente ¿cómo tiene la desfachatez de decir que en Asturias hay empleo para todos?¿cómo tiene la desfachatez de decir que no es necesario salir de Asturias para poder vivir honestamente?¿Cómo tiene la desfachatez de decirnos que somos, y cito textualmente, que somos "leyendas urbanas? es usted un cara dura.
Esta claro que usted no se molesta en mirar las estadísticas a pie de calle, esta claro que usted no ve la drástica reducción de la población joven por las calles de cualquier ciudad, pueblo o villa asturiana. Pero, aún así, creo que ya se a que se refiere. Tenemos trabajo en su famoso plan piles donde cientos de licenciados, y me consta que algunos muy inteligentes y capacitados, se matan a tomar el sol mientras se supone arreglan calles o pintan paredes en los andamios (siempre mas barato que contratar una empresa en condiciones). También en el campo, deje que me ría, donde no hay trabajo ni para la cada vez menor población rural o se refiere a los cuerpos de servicio público, bomberos, policía, conductores de autobuses donde (según las estadísticas extraoficiales) más del 60% de los empleados están afiliados al partido socialista.
Señor Areces (Tortillina, Fartón) usted a hecho de la tierra que me viera crecer un lugar donde el nepotismo, los mangoneos y la desesperación campan a sus anchas. Un Lugar donde tenemos uno de los mayores índices de alcoholismo, drogodepencias y suicidios de España. No es de extrañar, por tanto, que los que no queramos terminar así, nos veamos en la carretera, de un día para otro, mirando por el retrovisor como Asturias perece pasto de las llamas de su hipocresía. Sr. Areces, un día volveré y le haré meterse sus millones (nuestros en realidad), su falso socialismo (caciquismo de "izquierdas) por el culo.
No le extrañe entonces que las próximas elecciones la verdadera gente de izquierdas se vea obligada a votar a la derecha. Es usted un ladrón de mucha categoría, eso si lo reconozco. Púdrase por favor y déjenos volver.
Mi primer recuerdo de Gijón, ciudad plomiza que me viera crecer, es las dos contenedores que, ardiendo, caían por la avenida de la constitución contra la policia. Eran los obreros de los astilleros públicos. Luego vino la reforma en la minería, no se si la segunda o la tercera, después de la “huelgota” de los 60. También la siderurgia y así una tremenda espiral que hasta bien entrados los 90, siguió candente. Era tiempo de lucha. Tiempo que se acabó con las prejubilaciones, dichosas estas al hipotecarnos a todos, de por vida.

Recuerdo también que cuando era más joven, con 14 o 15 años, el grupo de amigos al que uno pertenece (y a esa edad se pertenece con mayúsculas) éramos una tropa de 15 o más. (este ejemplo es extrapolable al resto de la juventud asturiana). Ahora quedan 3 o cuatro, y no por que ya no seamos amigos que, si se puede aún lo somos más, (la adversidad une, o eso dicen, hasta en la distancia) sino por la puta precariedad laboral de una sociedad estancada y puteada por 20 años, casi in-interrumpidos de socialismo (cuando no nacional o regional, siempre local)

Esteban está en Londres, Oscar, tras su paso por Australia, esta aquí, en Madrid, Pablo en Normandía, Ana y Alvaro, decidieron seguir juntos, pero en Santiago de Compostela y la la la la. Esta es la situación. Y a lo que iba. Sr. Tinin Alvares Areces. Sr. Presidente ¿cómo tiene la desfachatez de decir que en Asturias hay empleo para todos?¿cómo tiene la desfachatez de decir que no es necesario salir de Asturias para poder vivir honestamente?¿Cómo tiene la desfachatez de decirnos que somos, y cito textualmente, que somos "leyendas urbanas? es usted un cara dura.
Esta claro que usted no se molesta en mirar las estadísticas a pie de calle, esta claro que usted no ve la drástica reducción de la población joven por las calles de cualquier ciudad, pueblo o villa asturiana. Pero, aún así, creo que ya se a que se refiere. Tenemos trabajo en su famoso plan piles donde cientos de licenciados, y me consta que algunos muy inteligentes y capacitados, se matan a tomar el sol mientras se supone arreglan calles o pintan paredes en los andamios (siempre mas barato que contratar una empresa en condiciones). También en el campo, deje que me ría, donde no hay trabajo ni para la cada vez menor población rural o se refiere a los cuerpos de servicio público, bomberos, policía, conductores de autobuses donde (según las estadísticas extraoficiales) más del 60% de los empleados están afiliados al partido socialista.
Señor Areces (Tortillina, Fartón) usted a hecho de la tierra que me viera crecer un lugar donde el nepotismo, los mangoneos y la desesperación campan a sus anchas. Un Lugar donde tenemos uno de los mayores índices de alcoholismo, drogodepencias y suicidios de España. No es de extrañar, por tanto, que los que no queramos terminar así, nos veamos en la carretera, de un día para otro, mirando por el retrovisor como Asturias perece pasto de las llamas de su hipocresía. Sr. Areces, un día volveré y le haré meterse sus millones (nuestros en realidad), su falso socialismo (caciquismo de "izquierdas) por el culo.
No le extrañe entonces que las próximas elecciones la verdadera gente de izquierdas se vea obligada a votar a la derecha. Es usted un ladrón de mucha categoría, eso si lo reconozco. Púdrase por favor y déjenos volver.
Trashumancia: Diario de un oficio en extinción
Lastiesas Altas. 1 de julio de 2004.
Sobre mis manos puedo leer toda una vida. Mi piel curtida es casi cuero, el grosor de mis dedos y mis uñas, siempre negras, hablan sin palabras de una vida trabajada y extraída de la tierra. Para mí, hace años que no existen los domingos ni los días de fiesta, tampoco existen vacaciones pagadas, huelgas o bajas por enfermedad. Mi vida se ha acoplado, desde que tengo uso de razón, al ritmo de las estaciones, a las necesidades de mis ovejas y a los caprichos de este Pirineo tan despiadado como generoso. Soy pastor y mi vida es esto.
trashumancia_pasada_por_agua
Cuando me preguntan los turistas y los antropólogos (no se muy bien que es eso), contesto que soy un apasionado de mi trabajo y de la tierra que me viera nacer y, a buen seguro, me verá morir. He permanecido aquí mientras los inviernos iban aislándome, mientras familia y vecinos morían o, simplemente, desaparecían con el coche lleno de trastos en dirección a otra ciudad sin nombre. Para mi todas son iguales. En Lastiesas Altas, en mi pueblo, ahora yo soy el dueño, yo soy vecino y alcalde. Yo soy el único. Y, aunque la soledad me ataca algunas noches, sobre todo en las noches frías en las que el brillo de la luna no me deja dormir, el ganado no me deja tiempo para sentirme solo. Mi vida es dura, sí, pero también es gratificante.
Esta noche de junio es mi última noche solo por los próximos meses. Esta noche no puedo cenar y, a buen seguro, tampoco podré dormir. Siempre, desde que comencé a acompañar a mi padre en la subida a puerto, los nervios atenazan esta noche previa. Aquí quedarán mi casa, la comodidad y los aperos de labranza. Mañana avanzaremos guiados por el instinto pastores y ovejas, ovejas y pastores, hacia los verdes pastos de estío. Volveré a gozar de la compañía de mi cuadrilla, sentiré al dios implacable del pirineo y al buitre acechando sobre mi cabeza mientras, lento, el rebaño avanza por las afiladas gargantas camino de Candanchú. Mañana será un largo pero hermoso día.
Aísa. 2 de julio de 2004
Ya hace más de un mes que marcamos y esquilamos el ganado en el establo de Manuel, cinco Kilómetros más abajo, en Fraginal. El cielo ha amanecido claro tras la bruma. Manuel, su hijo José Manuel y Licos, mis tres compañeros, esperaban mi llegada.
Guardado el rebaño, las bromas no se han hecho esperar al desayuno que, copioso y con carajillo, nos ha dado las energías* suficientes para comenzar el viaje. Las puertas se abren y comienza el nervioso desfile: Las ovejas corren en tropel, cabizbajas y azuzadas, a ladrido y mordisco, por Michela y Gadaffi, nuestros perros, trabajadores incansables y protagonistas en la sombra de todo nuestro trabajo.
He encabezado la marcha seguido por los tres chotos, el rebaño con José y Licos y, cerrando el grupo dentro del Patrol, Manuel. “Parece mentira que, tras tantos veranos*, estos animales no se sepan el camino de memoria”. La jornada ha transcurrido, hasta el almuerzo, sin incidentes excepcionales. Lo mismo de siempre: el río Estarrún rugiendo a nuestra derecha, el pirineo, vigilándonos desde sus almenas de mas de dos mil metros*, al frente, a los flancos, bosque y, desde la ribera, desde donde crece el cereal que nos alimenta, el sol, me zurra con gana en la espalda. Nada queda ya de la bruma de esta mañana y, ahora, cuando levanto la mirada, alcanzo a ver el paso de montaña que mañana o pasado (según le dé al de arriba) tendremos que afrontar. Creo que fue al levantar la mirada por tercera vez cuando decidí parar a almorzar.
Las nubes, agarradas a los picos más altos durante la mañana, se han precipitado repentinamente sobre el valle y el almuerzo, que normalmente se hace largo, apenas ha durado media hora ante la inminente tormenta. Así, apenas sin tiempo a masticar un pedazo de longaniza, hemos recogido el ganado, preparado los paraguas y emprendido la marcha derechos a las tinieblas que bajaban por el valle. “Las nubes nacen en Francia” decía mi padre
El viento, era el frío robado de los neveros y el espesor de las nubes que nos envolvían ya nos había empapado antes de que éstas soltaran con violencia su descarga. La lluvia ha caído con furia durante horas y a nuestro paso, Aísa, normalmente radiante bajo el sol de Julio, más parecía un pueblo fantasma. Las casas gris piedra parecían entrechocar sus tejados chorreando, por sus canalones ríos de agua turbia que bajaba, formando remolinos, por todas las calles del pueblo. En el valle, solo nuestras estampas mudas y el replicar de los cencerros. Bajo el agua, hasta las ovejas callan.
Hemos salido de Aísa con el aire de un ejercito derrotado y, a unos cientos de metros, nos hemos resguardado en la nave de Julio que, ha modo de improvisada borda, nos sirve de refugio por esta noche. Bajo nuestras mantas, la charla, ahora sí, es liviana y la lluvia, como el redoble de tambores, retumba contra chapa. Espero que mañana podamos continuar el viaje sin problemas.
3 de julio de 2004
Anoche, durante la cena, discutimos largo y tendido sobre la ruta de hoy. La tormenta nos ha hecho perder media jornada por lo que decidimos que, si el tiempo, nuestras fuerzas y las de nuestras ovejas lo permitían, hoy deberíamos recuperarla.
He amanecido con los huesos húmedos y los músculos entumecidos. La edad comienza a dejarse notar y, en esta noche de julio tan fría como inesperada, tampoco el sueño a querido venir a visitarme. Así que, hasta el primer trago de vino, no he sentido fuerzas para encarar la dura jornada que nos espera. El día estaba claro y el barro y algunas ramas y hojas, arrancadas a los árboles, eran el único rastro que quedaba de la tormenta de ayer. De nuevo el rebaño lanza al viento balidos enfrentados. Creo que, por fin, son conscientes de la cercanía de las gargantas, creo que, por fin, son conscientes de que¡ algunas no llegarán a mañana.
El paso de la granja a la carretera, el reagrupamiento, nos ha supuesto la primera baja. Un grupo de ovejas nerviosas se negaba a seguir la senda marcada y, al ir a encauzarlas, una de ellas se partido una pierna entre dos rocas. José Manuel la ha cargado en brazos cerca de un kilómetro hasta el “Patrol” y, una vez en el remolque la han bajado a Fraginal. ¡Una que no come verde este año! ¡Una que no verá puerto!
La cabañera no cesa de empinarse y,este pasillo entre montañas por el que circulamos, a cada paso, se estrecha. La carretera se va deshaciendo, poco a poco, bajo nuestros pies hasta transformarse en pista de montaña. Unos minutos después el camino se ha transformado en un hilillo color marrón rodeado de verde, para más tarde desaparecer. A estas alturas, los árboles ya han desparecido, apenas algún caído tronco solitario o algún boj seco y blanquecido, como yo, por los años.
Es, la zona previa a las gargantas, espacio de praderas inmensas, fuentes y nacimientos de ríos que serpentean bajo el sol, mostrando la destreza plateada de sus aguas. Un lugar donde huele a romero, espliego y té de montaña y donde, perfectamente, pudo haber comenzado la vida. Por desgracia, la tormenta ha dificultado el acceso al pie de las gargantas así que, pese a la jornada de perdida que se acumula, hemos decidido esperar a la jornada de mañana para encarar la parte mas dura del trayecto. Hoy apenas hemos hecho 8 km.
Al caer la tarde, nuestro pequeño campamento ha comenzado a crecer con las visitas degente de ciudad desorientada, compañeros y vecinos del valle. Nos hemos transformado en una especie de espectáculo. Yo, que me saturo rápido de esta algarabía, he ido a visitar a mis compañeras de viaje y de vida. A estas horas en las que la sombra de la montaña cae sobre nosotros, estos tontos animales, son capaces de transmitir algo parecido a la calma. Se mimetizan, se funden sobre los pastos, una textura sobre la otra. Creo que he estado allí con “Gadafi” (mi perro) un par de horas, apoyado sobre mi bastón y con la vista perdida en lontananza. Hasta que el holor de la cena sobre el fuego ha llegado a mi.
Esta ha sido copiosa, caliente y tranquila, y esta noche, el cielo no podría aguantar el peso de más estrellas. Hoy si dormiré bien y mañana… Mañana será otro día.
La Tuca (Candanchú). 4 de Julio de 2004
La noche ha sido de lo mas agradable al raso, junto al fuego y arropados por gruesas mantas. Creo que he soñado con mi infancia y me siento pletórico, dispuesto a atacar la montaña, dispuesto a llegar con mi ganado hasta el final. Hoy, el sol, que pica ya desde primera hora, parece haberse despertado tan animado como nosotros y ya lleva unas horas secando nuestra senda. Esto y la espera de ayer harán que, pese a la dureza del camino, tengamos una jornada mas facil de lo previsto*
Dejamos atrás las praderas de la cara sur y, sin perder de vista la mole de piedra que nos separa del otro lado, nos vamos adentrando en ella. Imponentes paredes calizas se alzan a derecha e izquierda, y nos fuerzan, como un redil, a seguir una ascensión que comienza a salpicarse de enormes rocas arrancadas por los años a la montaña. Que pequeño me siento, y que frágil.
La pendiente, a cada paso se endurece, y las rocas que antes solo salpicaban el paisaje han cubierto el camino, haciendo de este una sucesión de saltos y resbalones de ganado y pastores. Al frente José Manuel y Michela, y detrás, empujando Licos, Gadafi y yo. El rebaño comienza a partirse y, aquellas mas débiles no pueden evitar sufrir las consecuencias de la selección natural. Sudo. Buitres, quebrantahuesos y cuervos llevan rato planeando, de un lado a otro de la garganta, de pared a pared, sobre nuestras cabezas.
Los primeros neveros para nosotros, últimos del invierno hace meses agotado, aparecen por sorpresa en la sombra y, poco a poco, se harán una mancha constante cubriendo este incomodo camino de trampas. Solo ahora caminaremos “cómodos” Aunque, para algunas ovejas, quizás sea tarde. Hemos tenido que dejar a dos de ellas, viejas ya, a su suerte. En esta parte del camino no puedes esperar, o se llega o no se llega. No se cuando habrán coronado, pero si las he visto descender por los riscos, dejándome en ridículo ante mi montaña.
Arriba, una mirada nostálgica sobre el “Midi”, sobre todas esas cumbres que, desde la ribera, parecen querer tocar el cielo y, ahora, se quedan chicas. Durante el descenso Licos y Manuel se han deslizado sobre la lengua de nieve como dos chavales, mientras, el rebaño, en fila india, ha cogido el camino de los sarrios. Un imposible, una transversal perfecta sobre un muro vertical con una caída que, a ojo, tiene más de 60 metros. Los buitres quedaron al otro lado, seguramente hambrientos Aquí, en las pistas, el “edelweiss” (flor de nieve) sale en pequeños ramilletes a nuestro paso. El sol sigue presidiendo desde lo alto y ya casi se puede saborear el final del viaje.
Cabaña y pastores hamos ido llegando hasta La tuca, entrando por lo alto de la pista, en un descenso suave hasta la cabaña. La misma que utilizan en invierno, los empleados de la estación de esquí. Manuel, que ha llegado antes con el patrol por la otra vertiente, subiendo el valle de río Aragón, ya tiene las botas preparadas y el calderete se cuece al fuego. El rebaño, ya sabe que no se tiene que mover y nosotros, tras descalzarnos, recuperamos, por fin, el habla. Solo para pedir vino, al principio y para felicitarnos y bromear, como siempre, sobre la debilidad de alguna que otra oveja, casi siempre sobre las mías.
La comida ha sido copiosa y el vino abundante y tras esta, mis tres acompañantes han bajado el valle en dirección a Jaca. Mañana subirá Manuel a darme el relevo y, en adelante, pasaremos periodos alternativos cuidando del ganado. Son otros tiempos los que corren. Los coches te plantan aquí en pocos minutos y el teléfono móvil parece hecho a medida para este trabajo. Sin duda, si son otros tiempos los que corren
Ahora, cae la noche sobre el pirineo y el todo es un silencio. A mis espaldas, en la cabaña los perros duermen, solo yo sobre una roca sigo despierto. Hoy, es un final y un principio. No quiero que el viaje, este viaje, la cabañera, se apague ante mis ojos el día que yo me apague. No quiero que esta noche Lastiesas, mi pueblo, sea un pueblo abandonado, no quiero que sea un pueblo cuyo nombre ya solo se escribe en mi diario. No quiero morir.
trashumancia_pasada_por_agua
Sobre mis manos puedo leer toda una vida. Mi piel curtida es casi cuero, el grosor de mis dedos y mis uñas, siempre negras, hablan sin palabras de una vida trabajada y extraída de la tierra. Para mí, hace años que no existen los domingos ni los días de fiesta, tampoco existen vacaciones pagadas, huelgas o bajas por enfermedad. Mi vida se ha acoplado, desde que tengo uso de razón, al ritmo de las estaciones, a las necesidades de mis ovejas y a los caprichos de este Pirineo tan despiadado como generoso. Soy pastor y mi vida es esto.
trashumancia_pasada_por_agua
Cuando me preguntan los turistas y los antropólogos (no se muy bien que es eso), contesto que soy un apasionado de mi trabajo y de la tierra que me viera nacer y, a buen seguro, me verá morir. He permanecido aquí mientras los inviernos iban aislándome, mientras familia y vecinos morían o, simplemente, desaparecían con el coche lleno de trastos en dirección a otra ciudad sin nombre. Para mi todas son iguales. En Lastiesas Altas, en mi pueblo, ahora yo soy el dueño, yo soy vecino y alcalde. Yo soy el único. Y, aunque la soledad me ataca algunas noches, sobre todo en las noches frías en las que el brillo de la luna no me deja dormir, el ganado no me deja tiempo para sentirme solo. Mi vida es dura, sí, pero también es gratificante.
Esta noche de junio es mi última noche solo por los próximos meses. Esta noche no puedo cenar y, a buen seguro, tampoco podré dormir. Siempre, desde que comencé a acompañar a mi padre en la subida a puerto, los nervios atenazan esta noche previa. Aquí quedarán mi casa, la comodidad y los aperos de labranza. Mañana avanzaremos guiados por el instinto pastores y ovejas, ovejas y pastores, hacia los verdes pastos de estío. Volveré a gozar de la compañía de mi cuadrilla, sentiré al dios implacable del pirineo y al buitre acechando sobre mi cabeza mientras, lento, el rebaño avanza por las afiladas gargantas camino de Candanchú. Mañana será un largo pero hermoso día.
Aísa. 2 de julio de 2004
Ya hace más de un mes que marcamos y esquilamos el ganado en el establo de Manuel, cinco Kilómetros más abajo, en Fraginal. El cielo ha amanecido claro tras la bruma. Manuel, su hijo José Manuel y Licos, mis tres compañeros, esperaban mi llegada.
Guardado el rebaño, las bromas no se han hecho esperar al desayuno que, copioso y con carajillo, nos ha dado las energías* suficientes para comenzar el viaje. Las puertas se abren y comienza el nervioso desfile: Las ovejas corren en tropel, cabizbajas y azuzadas, a ladrido y mordisco, por Michela y Gadaffi, nuestros perros, trabajadores incansables y protagonistas en la sombra de todo nuestro trabajo.
He encabezado la marcha seguido por los tres chotos, el rebaño con José y Licos y, cerrando el grupo dentro del Patrol, Manuel. “Parece mentira que, tras tantos veranos*, estos animales no se sepan el camino de memoria”. La jornada ha transcurrido, hasta el almuerzo, sin incidentes excepcionales. Lo mismo de siempre: el río Estarrún rugiendo a nuestra derecha, el pirineo, vigilándonos desde sus almenas de mas de dos mil metros*, al frente, a los flancos, bosque y, desde la ribera, desde donde crece el cereal que nos alimenta, el sol, me zurra con gana en la espalda. Nada queda ya de la bruma de esta mañana y, ahora, cuando levanto la mirada, alcanzo a ver el paso de montaña que mañana o pasado (según le dé al de arriba) tendremos que afrontar. Creo que fue al levantar la mirada por tercera vez cuando decidí parar a almorzar.
Las nubes, agarradas a los picos más altos durante la mañana, se han precipitado repentinamente sobre el valle y el almuerzo, que normalmente se hace largo, apenas ha durado media hora ante la inminente tormenta. Así, apenas sin tiempo a masticar un pedazo de longaniza, hemos recogido el ganado, preparado los paraguas y emprendido la marcha derechos a las tinieblas que bajaban por el valle. “Las nubes nacen en Francia” decía mi padre
El viento, era el frío robado de los neveros y el espesor de las nubes que nos envolvían ya nos había empapado antes de que éstas soltaran con violencia su descarga. La lluvia ha caído con furia durante horas y a nuestro paso, Aísa, normalmente radiante bajo el sol de Julio, más parecía un pueblo fantasma. Las casas gris piedra parecían entrechocar sus tejados chorreando, por sus canalones ríos de agua turbia que bajaba, formando remolinos, por todas las calles del pueblo. En el valle, solo nuestras estampas mudas y el replicar de los cencerros. Bajo el agua, hasta las ovejas callan.
Hemos salido de Aísa con el aire de un ejercito derrotado y, a unos cientos de metros, nos hemos resguardado en la nave de Julio que, ha modo de improvisada borda, nos sirve de refugio por esta noche. Bajo nuestras mantas, la charla, ahora sí, es liviana y la lluvia, como el redoble de tambores, retumba contra chapa. Espero que mañana podamos continuar el viaje sin problemas.
3 de julio de 2004
Anoche, durante la cena, discutimos largo y tendido sobre la ruta de hoy. La tormenta nos ha hecho perder media jornada por lo que decidimos que, si el tiempo, nuestras fuerzas y las de nuestras ovejas lo permitían, hoy deberíamos recuperarla.
He amanecido con los huesos húmedos y los músculos entumecidos. La edad comienza a dejarse notar y, en esta noche de julio tan fría como inesperada, tampoco el sueño a querido venir a visitarme. Así que, hasta el primer trago de vino, no he sentido fuerzas para encarar la dura jornada que nos espera. El día estaba claro y el barro y algunas ramas y hojas, arrancadas a los árboles, eran el único rastro que quedaba de la tormenta de ayer. De nuevo el rebaño lanza al viento balidos enfrentados. Creo que, por fin, son conscientes de la cercanía de las gargantas, creo que, por fin, son conscientes de que¡ algunas no llegarán a mañana.
El paso de la granja a la carretera, el reagrupamiento, nos ha supuesto la primera baja. Un grupo de ovejas nerviosas se negaba a seguir la senda marcada y, al ir a encauzarlas, una de ellas se partido una pierna entre dos rocas. José Manuel la ha cargado en brazos cerca de un kilómetro hasta el “Patrol” y, una vez en el remolque la han bajado a Fraginal. ¡Una que no come verde este año! ¡Una que no verá puerto!
La cabañera no cesa de empinarse y,este pasillo entre montañas por el que circulamos, a cada paso, se estrecha. La carretera se va deshaciendo, poco a poco, bajo nuestros pies hasta transformarse en pista de montaña. Unos minutos después el camino se ha transformado en un hilillo color marrón rodeado de verde, para más tarde desaparecer. A estas alturas, los árboles ya han desparecido, apenas algún caído tronco solitario o algún boj seco y blanquecido, como yo, por los años.
Es, la zona previa a las gargantas, espacio de praderas inmensas, fuentes y nacimientos de ríos que serpentean bajo el sol, mostrando la destreza plateada de sus aguas. Un lugar donde huele a romero, espliego y té de montaña y donde, perfectamente, pudo haber comenzado la vida. Por desgracia, la tormenta ha dificultado el acceso al pie de las gargantas así que, pese a la jornada de perdida que se acumula, hemos decidido esperar a la jornada de mañana para encarar la parte mas dura del trayecto. Hoy apenas hemos hecho 8 km.
Al caer la tarde, nuestro pequeño campamento ha comenzado a crecer con las visitas degente de ciudad desorientada, compañeros y vecinos del valle. Nos hemos transformado en una especie de espectáculo. Yo, que me saturo rápido de esta algarabía, he ido a visitar a mis compañeras de viaje y de vida. A estas horas en las que la sombra de la montaña cae sobre nosotros, estos tontos animales, son capaces de transmitir algo parecido a la calma. Se mimetizan, se funden sobre los pastos, una textura sobre la otra. Creo que he estado allí con “Gadafi” (mi perro) un par de horas, apoyado sobre mi bastón y con la vista perdida en lontananza. Hasta que el holor de la cena sobre el fuego ha llegado a mi.
Esta ha sido copiosa, caliente y tranquila, y esta noche, el cielo no podría aguantar el peso de más estrellas. Hoy si dormiré bien y mañana… Mañana será otro día.
La Tuca (Candanchú). 4 de Julio de 2004
La noche ha sido de lo mas agradable al raso, junto al fuego y arropados por gruesas mantas. Creo que he soñado con mi infancia y me siento pletórico, dispuesto a atacar la montaña, dispuesto a llegar con mi ganado hasta el final. Hoy, el sol, que pica ya desde primera hora, parece haberse despertado tan animado como nosotros y ya lleva unas horas secando nuestra senda. Esto y la espera de ayer harán que, pese a la dureza del camino, tengamos una jornada mas facil de lo previsto*
Dejamos atrás las praderas de la cara sur y, sin perder de vista la mole de piedra que nos separa del otro lado, nos vamos adentrando en ella. Imponentes paredes calizas se alzan a derecha e izquierda, y nos fuerzan, como un redil, a seguir una ascensión que comienza a salpicarse de enormes rocas arrancadas por los años a la montaña. Que pequeño me siento, y que frágil.
La pendiente, a cada paso se endurece, y las rocas que antes solo salpicaban el paisaje han cubierto el camino, haciendo de este una sucesión de saltos y resbalones de ganado y pastores. Al frente José Manuel y Michela, y detrás, empujando Licos, Gadafi y yo. El rebaño comienza a partirse y, aquellas mas débiles no pueden evitar sufrir las consecuencias de la selección natural. Sudo. Buitres, quebrantahuesos y cuervos llevan rato planeando, de un lado a otro de la garganta, de pared a pared, sobre nuestras cabezas.
Los primeros neveros para nosotros, últimos del invierno hace meses agotado, aparecen por sorpresa en la sombra y, poco a poco, se harán una mancha constante cubriendo este incomodo camino de trampas. Solo ahora caminaremos “cómodos” Aunque, para algunas ovejas, quizás sea tarde. Hemos tenido que dejar a dos de ellas, viejas ya, a su suerte. En esta parte del camino no puedes esperar, o se llega o no se llega. No se cuando habrán coronado, pero si las he visto descender por los riscos, dejándome en ridículo ante mi montaña.
Arriba, una mirada nostálgica sobre el “Midi”, sobre todas esas cumbres que, desde la ribera, parecen querer tocar el cielo y, ahora, se quedan chicas. Durante el descenso Licos y Manuel se han deslizado sobre la lengua de nieve como dos chavales, mientras, el rebaño, en fila india, ha cogido el camino de los sarrios. Un imposible, una transversal perfecta sobre un muro vertical con una caída que, a ojo, tiene más de 60 metros. Los buitres quedaron al otro lado, seguramente hambrientos Aquí, en las pistas, el “edelweiss” (flor de nieve) sale en pequeños ramilletes a nuestro paso. El sol sigue presidiendo desde lo alto y ya casi se puede saborear el final del viaje.
Cabaña y pastores hamos ido llegando hasta La tuca, entrando por lo alto de la pista, en un descenso suave hasta la cabaña. La misma que utilizan en invierno, los empleados de la estación de esquí. Manuel, que ha llegado antes con el patrol por la otra vertiente, subiendo el valle de río Aragón, ya tiene las botas preparadas y el calderete se cuece al fuego. El rebaño, ya sabe que no se tiene que mover y nosotros, tras descalzarnos, recuperamos, por fin, el habla. Solo para pedir vino, al principio y para felicitarnos y bromear, como siempre, sobre la debilidad de alguna que otra oveja, casi siempre sobre las mías.
La comida ha sido copiosa y el vino abundante y tras esta, mis tres acompañantes han bajado el valle en dirección a Jaca. Mañana subirá Manuel a darme el relevo y, en adelante, pasaremos periodos alternativos cuidando del ganado. Son otros tiempos los que corren. Los coches te plantan aquí en pocos minutos y el teléfono móvil parece hecho a medida para este trabajo. Sin duda, si son otros tiempos los que corren
Ahora, cae la noche sobre el pirineo y el todo es un silencio. A mis espaldas, en la cabaña los perros duermen, solo yo sobre una roca sigo despierto. Hoy, es un final y un principio. No quiero que el viaje, este viaje, la cabañera, se apague ante mis ojos el día que yo me apague. No quiero que esta noche Lastiesas, mi pueblo, sea un pueblo abandonado, no quiero que sea un pueblo cuyo nombre ya solo se escribe en mi diario. No quiero morir.
trashumancia_pasada_por_agua
SGRENA Vs. BUSH: UNA CUESTION DE CREDIBILIDAD
La imagen del pasado día siete era la imagen de miles de italianos ante el féretro de Nicola Calipari, espía italiano que diera su vida por salvar la de Giuliana Sgrena, corresponsal en irak del "Corriere de la Sera". Jamás hubiera pensado que un agente secreto, salvo 007, pudiera ser velado por tantas personas. Resulta paradójico y conmovedor que una persona, cuyo trabajo necesita en un 90% del anonimato, fuera, de la noche a la mañana, héroe nacional. Pero la muerte, según la forma en la que se nos presente (y en la que nosotros nos presentemos a ella) traza la memoria de los hombres en los hombres.
La memoria de Calipari la traza una muerte indigna y con tintes épicos: parando con el cuerpo los proyectiles, “made in U.S.A.”, con el nombre de Giuliana. Algo que no será extraño en una guerra y que quizás tampoco lo sea para el gremio del espionaje. Pero que, para la opinión pública huele sucio, escama. ¿Por qué estos proyectiles ivan dirigidos a una periodista (y ya no se cuantos van), símbolo, para EE.UU, del “como no actuar ante un secuestro en Irak”, símbolo insoportable de irreberencia?
De todos es sabido que la política Negroponte, en cuanto a los secuestros de occidentales en Irak, es la de mirar para otro lado. La de ignorar y, a la vez, dar macabra difusión de estos a sus “chicos palurdos de la América profunda” * (a sus soldados, presentes y futuros). Lo que no sabíamos y ahora sabemos es que, además de monopolizar mundialmente el concepto "libertad", también monopolizan las formas de actuación en casos de secuestro sobre suelo irakí.
Tal es su soberbia que sobre las declaraciones de la periodista (en las que aseguraba que ya había sido advertida del peligro que suponían las tropas usamericanas) han tendido un grueso manto de mierda, cuyo hedor no permite distinguir la verdad de la mentira. De este modo, si el primer día todos jurábamos contra de la reincidente actuación de estos "chicos palurdos" del tío Sam, a día de hoy dudamos.
Han transformado esto en una cuestión de confianza en la que el peso, la influencia histórica, el nombre de una nación (otrora sí, modelo de libertades) aplastan la credibilidad de quien sea. El Corriere de la Sera no es marketing para competir con la casa blanca.
Si por lo menos el gobierno italiano reconociera fallos, y en caso de no haberlos, apoyara (no solo en la foto) la versión de sus servicios secretos; la de la própia periodista.
Si la actitud de EE.UU. parece maquiavélica, la del ejecutivo Berlusconi solo se puede calificar, de cobarde. Entre la espada y la pared, agacha la cabeza y espera a que amaine el temporal. No se moja. Bueno, un poco y encima la cagan. Ayer, reconocio que "quizas se aviso de la operación in extremis". Ahora, las preguntas es fluyen.
¿Desde cuando se sabe?¿Porqué callaron mientras Giuliana quedaba sola, desbarrando alrrededor de sus trahumas?¿Por que permiten que su pueblo, que la opinión publica sea victima del juego yanky de la confusión?¿Porqué? Preguntas todas ellas que, como en el caso de muchos otros periodistas, ahí quedará, guardado como un secreto entre los escombros de Bagag.
La memoria de Calipari la traza una muerte indigna y con tintes épicos: parando con el cuerpo los proyectiles, “made in U.S.A.”, con el nombre de Giuliana. Algo que no será extraño en una guerra y que quizás tampoco lo sea para el gremio del espionaje. Pero que, para la opinión pública huele sucio, escama. ¿Por qué estos proyectiles ivan dirigidos a una periodista (y ya no se cuantos van), símbolo, para EE.UU, del “como no actuar ante un secuestro en Irak”, símbolo insoportable de irreberencia?
De todos es sabido que la política Negroponte, en cuanto a los secuestros de occidentales en Irak, es la de mirar para otro lado. La de ignorar y, a la vez, dar macabra difusión de estos a sus “chicos palurdos de la América profunda” * (a sus soldados, presentes y futuros). Lo que no sabíamos y ahora sabemos es que, además de monopolizar mundialmente el concepto "libertad", también monopolizan las formas de actuación en casos de secuestro sobre suelo irakí.
Tal es su soberbia que sobre las declaraciones de la periodista (en las que aseguraba que ya había sido advertida del peligro que suponían las tropas usamericanas) han tendido un grueso manto de mierda, cuyo hedor no permite distinguir la verdad de la mentira. De este modo, si el primer día todos jurábamos contra de la reincidente actuación de estos "chicos palurdos" del tío Sam, a día de hoy dudamos.
Han transformado esto en una cuestión de confianza en la que el peso, la influencia histórica, el nombre de una nación (otrora sí, modelo de libertades) aplastan la credibilidad de quien sea. El Corriere de la Sera no es marketing para competir con la casa blanca.
Si por lo menos el gobierno italiano reconociera fallos, y en caso de no haberlos, apoyara (no solo en la foto) la versión de sus servicios secretos; la de la própia periodista.
Si la actitud de EE.UU. parece maquiavélica, la del ejecutivo Berlusconi solo se puede calificar, de cobarde. Entre la espada y la pared, agacha la cabeza y espera a que amaine el temporal. No se moja. Bueno, un poco y encima la cagan. Ayer, reconocio que "quizas se aviso de la operación in extremis". Ahora, las preguntas es fluyen.
¿Desde cuando se sabe?¿Porqué callaron mientras Giuliana quedaba sola, desbarrando alrrededor de sus trahumas?¿Por que permiten que su pueblo, que la opinión publica sea victima del juego yanky de la confusión?¿Porqué? Preguntas todas ellas que, como en el caso de muchos otros periodistas, ahí quedará, guardado como un secreto entre los escombros de Bagag.
11-M o El Festival de la Carroña
Uno amanece como amanece todos los viernes. Se lava la cara, se despeja y se prepara el desayuno. Como a muchas otras persona de este planeta, a mi, degusta desayunar escuchando las noticias. Ahora, hasta que me compre otra radio, las veo. Normalmente llega a ser parecido, pero hoy ha sido bochornoso. Las mismas imágenes, los mismos comentarios en todos y cada uno de los canales. La tragedia del 11-M explotada, como si de una mina de diamante se tratara, por todos sus ángulos. El morbo como piedra preciosa.
En el breve espacio de tiempo que he estado tonteando con el mando, apenas 20 minutos, he podido viajar dentro del cercanías Guadalajara-Atocha, desde tres canales de televisión distintos. También he visto en otros tantos canales, si no más, el corazón de velas que luce a modo de homenaje en la estación de Sta. Eugenia y un sin fin de notas de recuerdo que, la gente corriente se ve obligada a depositar en los puntos ferroviarios por los que se significa esta tragedia, posiblemente (y solo digo lo que veo) con afán de que sea la suya la que aparezca en la foto lastimera del diario de turno.
También he podido constatar que el tono de todos los informativos. Mejor dicho, de los informadores, hoy, inducía al suicidio colectivo, en vez de a la esperanza. Y, cuando en alguna crónica, por accidente, se escapaba un halo de la misma, lo hacía tendiendo sobre ella un manto de amargura facilona, cliché de nuestra tragedia rosa. El periodismo informativo no debiera dejarse contaminar por formas específicas del periodismo de entretenimiento.
¿Y que pensarán las victimas directas de todo este circo montado sobre sus espaldas? Pues no tengo ni idea, pero a mi, personalmente, me jodería. Me jodería que siguieran metiéndome el dedo en el culo, cómo si no hubiera sido suficiente con mi utilización política, como si no hubiera sido suficiente. Y ya. Desde luego, no querría que la gente olvidara, pero tampoco querría que se la torturara como hoy, un año después, se ha hecho. Pero es, en el fondo, pasta gansa para todos. Y si no que se lo digan a “El Mundo T.V.”
Podrán pensar ustedes que soy un insensible, un desalmado, un mequetrefe. Pero piensen además en lo innecesario de este bombardeo. Banderas de España con crespones negros en todas las cadenas (la mas grande, la de antena tres), minutos de silencio, paros, inauguraciones de parques con mas pompa que solidaridad. Joder, hasta en los deportes nos han enseñado los minutos de silencio de media liga: El Zaragoza en circulo, en el Deportivo de la mano, en el Madrid con los ojos cerrados y un etcétera insoportable. Un “sinsetido”.
Hoy, en definitiva, he sido testigo de cómo aún queda carroña el las estaciones de El Pozo, Sta. Eugenia y Atocha. Carroña suculenta para los mas carroñeros: políticos y medios.





