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“CUANDO LA EXPERIENCIA SUPERA EL ARREPENTIMIENTO, DESAPARECE LA CULPA" Mohamed Chukri.
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TIME Y MAGNUM:CóMO ACERCARSE A LA OBRA DE ALEX WEBB

Edición "on line" de una de las partes del fotoensayo de webb sobre la frontera usa-mexicana, en TIME.

Recuerdo, hará ya casi 7 años de esto, un día compartido en la destartalada vida de algún compañero. Una sidrería cargada de humo y cinco o seis locos alrededor de un libro de fotografía de Alex Webb. Eran los tiempos de la escuela de arte. Dentro de aquel libro, más que fotografías, lo que veíamos, era un espectáculo increíble de luz y color, una manera poco sutil de utilizar la diapositiva con la que, desde entonces, un servidor peregrina por el mundo . Cuento esto porque, a continuación, trataré de hacer una comparativa entre las diferentes formas de acceder a su obra a través de la red.

Para ser sincero, Alex Webb, no es uno de esos autores que den lugar a controvertido debate (por lo menos, uno que vaya más lejos de los círculos viciosos de la profesión). Pero es, según el punto de vista los verdaderos especialistas, uno de los más representativos fotógrafos del nuevo documental, junto a Rio Branco o Martin Parr. Lo que, sin duda, le hace referencia mundial y, en consecuencia, uno de los fotógrafos con mas nº publicaciones Web. Ahora bien, ni en todas las paginas aparece la misma cantidad de información biográfica y, solo en una, a parece su trabajo en practica totalidad.

Así, al introducir el nombre en google, casi todos los resultados que obtendremos nos llevarán a deleitar sus últimos trabajos. En particular, su recorrido obsesivo a lo largo de la frontera gringo-mexicana. Trabajo en color que, por cierto, se expone aquí, en Madrid, hasta el 16 de Enero (el que diga que no tiene tiempo…). Serán muchas las paginas, serán grandes, serán pequeñas y, algunas, puede que ni sean, o sean lo que no son. Así que destacaré, a renglón seguido, dos de ellas. Las que yo considero más fiables.


Primeros trabajos de Alex Webb en b/n visto desde magnumphotos.com

La página de la revista TIME con la que a publicado este “foto ensayo” (por utilizar la Jerga al uso) con total gusto y mimo. Respetando la idea, la concepción original de un foto ensayo que no es otra que la de ser publicada en un medio impreso. Así, la maquetación, los pies de foto y la estructura están totalmente supeditados al poder visual de la fotografía. Además, el orden y la claridad con la que se estructuran las diferentes partes del ensayo y los temas, así como la posibilidad de acceder a los textos que lo acompañaron en su día, permite una concepción completa de la calidad de esta persona como foto-documentalista.

Ahora, que si lo que pretendemos es tener una visión global de la obra del autor deberemos acudir a la Web de la agencia mágnum, de la que es miembro desde 1979.Lo maravilloso de esta página es la posibilidad de acceso (visionado) a lo mejor de sus trabajos. Incluida su primera etapa en blanco y negro. Algo que para nosotros, los fetichistas, dice mucho. Así, nos podemos dar cuente que, la pasión de Alex por el color es algo que se ha ido incubando poco a poco y que, sin embargo, el alto contraste y los negros empastados son algo innato.

Por otro lado, también podemos acceder a una corta biografía del autor acompañada por sus numerosas publicaciones, sobre las que podemos clicar para más información, compra o precio. Creo que, para el interesado, puede estar muy bien seguir su evolución de forma más incisiva y en riguroso orden cronológico (de edición). Además y para finalizar, comentara que en al final del portal existe una dirección de E-mail, para contactar con el propio autor. Y, si, contesta. Lo que no se es quién.

Espero que están referencias sean útiles al que las lea y le ayuden, en un momento dado, a acercarse a un fotógrafo sin perder el hilo dentro de la red.

uno de los últimos trabajos de Webb visto desde magnum.


 
PASTORES: RETRATO DE UNA VIDA EN SOLITARIO.
Sobre las manos de José Miguel se puede leer toda una vida. Su piel curtida; cuero, el grosor de sus dedos y sus uñas siempre llenas de tierra, hablan sin palabras de una vida trabajada y extraída de la tierra. Para José Miguel no existen los domingos ni los días de fiesta, tampoco existen vacaciones pagadas, huelgas o bajas por enfermedad. Su vida se acopla, desde que tiene uso de razón, al ritmo de las estaciones, a las necesidades de sus ovejas y a los caprichos del Pirineo aragonés. Es pastor.


Jose Miguel en su casa de Lastiesas Altas. Foto: Manu Brabo.

Pozo de Lastiesas Altas.Foto: Manu Brabo

Apasionado de su trabajo y de esta tierra, la que le viera nacer, ha permanecido aquí mientras los años le iban aislando, mientras familia y vecinos morían o, simplemente, desaparecían con el coche lleno de trastos en dirección a otra ciudad sin nombre. En Lastiesas Altas, su pueblo, él es dueño, él es vecino y alcalde, él es el único. Aunque, a decir verdad, esto no parece importarle ya demasiado. “El ganado no me deja tiempo para sentirme solo” Comenta mientras el porrón va y viene de sus manos a las mías. Hoy la noche cae fría allí, fuera, en el pirineo.

Son pocos y cada vez son menos, apenas tres ganaderos, los que trashuman por este valle oscense en dirección a Candanchú, a los pastos de estío. José Miguel, José Manuel y Licos. Los tres tomando la carretera que subraya el río Estarrún hasta el pueblo de Aísa, Por delante de ellos una histérica masa de lana emitiendo balidos, ladridos y cencerros. 3000 cabezas en total (8.000 en 1941)* que, sabiamente y entre los tres, han decidido subir juntos a puerto todos los años. “Así nos ahorramos el contratar un pastor” Me comenta José Manuel, único pastor del valle que no supera la treintena de años.


José Manuel y Michela atentos al rebaño. Foto: Manu Brabo

“El día que a estos les de por cerrar el grifo, a ver que pasa” Para Julián “estos” son la consejería aragonesa de agricultura y “el grifo”, las subvenciones. Subvenciones que, por otro lado, solo llegan si el ganado pertenece a especies autóctonas como ojinegra o rasa aragonesa. La cultura pastoril se ha transformado en una cultura extremadamente frágil que, gracias a las subvenciones y las escasas explotaciones ganaderas, a duras penas se mantiene.

Hoy son nueve los pueblos, solo en la Jacetanía, que no superan los 10 habitantes.

Durante mi estancia allí, en la inmensidad del montaña, en el viaje trashumante pude observar como, a cada paso del rebaño, aparecían viejos compañeros, vecinos y conocidos que, por c o por b (normalmente por vacaciones) se encontraban de vuelta en el valle. Pude observar también como la decrepitud ha invadido casas, escuelas, iglesias y aldeas en general hasta dejarlas en la nada. Viejas piedras amontonadas sobre las que crece la hiedra. Son más de 200 las olvidadas desde el año 60, cuando se aceleró el éxodo.


Rebaño pastando en el valle Aísa, al pie de las gargantas.
Foto: Manu Brabo

La desertización demográfica del pirineo, lejos de frenarse, sigue aumentando. Hoy son nueve los pueblos, solo en la Jacetanía, que no superan los 10 habitantes. De la mano de este abandono del medio rural, también se va la forma de vida pastoril que ha caracterizado esta región desde que el hombre consiguió dominarla. Poniendo en peligro un ecosistema que durante los últimos 2000 años ha contado con la colaboración de los grandes rebaños para su formación.

Xavier Pujol ecologista y becario en el Instituto de Estudios Pirenaicos (órgano dependiente del CSIC) llegó aquí buscando finalizar su tesis. Ahora, cuatro años después, ha decidido comprarse unas tierras y ganado. “Soy el único loco que hace este camino al revés” me comenta mientras observo los progresos de sus trabajos de recuperación del ecosistema que lleva a cabo en sus terrenos.

Otra de las iniciativas de recuperación del Instituto Pirenaico, ha puesto en marcha un proyecto para crear una escuela de pastores en el valle de Broto. Federico Fillat, científico titular del Instituto y padre del proyecto, pone encima de la mesa todo lo que hay que organizar. Profesores de educación física, ganaderos, artesanos, cursos de orientación y supervivencia en alta montaña, nociones de veterinaria etc.

“Se trata de poner todas las facilidades a disposición de aquellos que quieran este modo de vida” Aunque su gran esperanza es institucionalizar estos estudios: “Que pertenezcan, en un par de años, a la formación profesional”. Pero son intentos que no evitan, a corto plazo, que la cosa esté como está. “Abandonada”.


Rebaño en plena salida. Fraginal Foto: Manu Brabo

Bajo la tormenta. Foto: Manu Brabo

Todo esfuerzo parece poco para evitar una muerte anunciada. Y aquellas formas de explotación económica (ecoturismo, turismo activo, etc) que, en un principio, parecían ser la salvación de los núcleos rurales, se han demostrado como altamente incompatibles con la cultura tradicional de esta zona
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Coches todo terreno y telefonía móvil hacen que, muchas noches, puedas dormir en casa

Los beneficios de la temporada de esquí son enormes pero son de iniciativa privada y las constructoras que antes se afilaban los colmillos, ahora disfrutan con la boca llena del exquisito manjar que supone un nuevo eje de construcción. ¿Cómo se sopesan 2 millones de euros ante los 4 o 5 euros de beneficio de un borrego? Cuando el empresario pone el dinero encima de la mesa, la gran mayoría de las veces, ni se sopesa. Se venden las tierras, se coge el dinero y se compra un apartamento en la ciudad, Jaca.

El valle del río Aragón se ha transformado, desde Jaca hasta las estaciones de esquí de Astún y Candanchú, en un reguero de construcciones de estilo alpino ideales para el turista y que nada tienen que ver con las construcciones oriundas de esta tierra. Es la nueva trashumancia. Hordas de urbanitas que, tanto en invierno como en verano, llegan al Alto Pirineo alejándose del bullicio de la metrópoli.

Juana, vecina de jaca, ha dejado estudios para poner una franquicia de ropa y complementos deportivos. Renovarse o morir parece ser aquí el lema. Cuando le pregunto los motivos, me mira como si fuera tonto y responde: “En temporada alta, cuando esto se llena de madrileños y vascos, puedo poner los precios que me parezca. La gente lo compra todo”. Y es que mirando los escaparates de esta pequeña ciudad uno se encuentra con jerséis, de lana para más inri, a 220 euros.

“¿Por qué hay gente, entonces, que sigue pastoreando? ¿Que les lleva a querer mantener una profesión que requiere tanta dedicación a cambio de tan poco dinero? “¿Que les lleva a anclarse en el pasado?” piensa uno. Pues en cierto modo, por que ese pasado, no es tan pasado y los medios técnicos de los que se dispone ahora hacen que el trabajo sea más llevadero.

“Coches todo terreno y telefonía móvil hacen que, muchas noches, puedas dormir en casa” Pastores eléctricos que te permiten cercar el ganado y olvidarte de él durante horas, piensos enriquecidos que aseguran un peso idóneo del animal, medios de transporte para el ganado y un largo etcétera de medios que permiten adecuarse a las exigencias de producción del mercado y acercarse a los niveles de calidad de vida de un país primermundista

Me levanto todos los días por que quiero, por que trabajo en lo que me gusta.

Así, podemos encontrarnos con que muchos de los ganaderos jóvenes como José Manuel y su cuñado son una extraña mezcla de tradición rural y moda juvenil urbana. Un día los ves ataviados su ropa de trabajo, oliendo a oveja y bebiendo de la inseparable bota y el sábado por la noche visten a la moda, huelen a perfume y piden gin-tonic. Los dos.

Vistos así, nada los diferencia del resto de la juventud de España, nada parece indicar que se dediquen a un oficio olvidado y marginado. Nadie diría que son pastores y orgullosos de ello. Tanto, que cuando les pregunto, por mera curiosidad, si no necesitan salir de allí, si no echan de menos los cánones y las falsas necesidades impuestas por la televisión, José Manuel contesta: “Yo he visto el mar, conozco la capital (Zaragoza) y me levanto todos los días por que quiero, por que trabajo en lo que me gusta. ¿Conoces mucha gente que pueda hacer eso?”

La respuesta me deja planchado y, sin lugar a dudas, viéndolo desde ese ángulo, resultan gente privilegiada. Gente que, pese a las carencias que puedan padecer, saben exprimir hasta el límite los placeres y la soledad que les regala su trabajo, su vida. ¿Seremos nosotros los que tendremos que aprender de ellos? Seguramente si.


Esperemos que nunca se llegue ver la trashumancia por el retrovisor. Foto: Manu Brabo.

* Fuente: “Cuadernos de trashumancia Nº6.” Ministerio de Agricultura.
 
APROXIMACIÓN EXPERIMENTAL AL PERIODISMO GONZO (2ª PARTE) : WOMAD.

la gente reza, aún, lemas olvidados. FOTOS: Manu Brabo

El coche engulle las líneas de la carretera, el cielo parece no poder aguantar el peso de mas estrellas y la espesa oscuridad que rodea la autopista A-5 solo me permite percibir donde iluminan los faros de mi coche , a veces, el pobre alumbrado de algún pueblo solitario. Por el tiempo que llevo conduciendo, una hora y media, creo estar ya en la provincia de Cáceres, aunque el tercer porro que me pasa Gastón podría haberme desorientado. Decido parar en un área de servicio mi vejiga está a punto de estallar y se nos acaba el papel de arroz.

Cáceres se nos presenta como una ciudad confusa. Desde el coche la gente parece correr, excitada y sin sentido, en todas direcciones. Son las 3 de la mañana y el festival lleva dos días quemando las neuronas de una generación, la mía, que poco tiene de contracultural. Un gilipollas me salta al capó del coche , no se que coño balbucea, pero por sus pupilas, decido no darle bola y esperar a que se aparte. Cosas del juego. Decido ir al recinto de conciertos a echar un ojo. Aparco a la vera de tres lecheras (furgonetas policiales) me parece el sitio más seguro para el coche, aunque para mi, quizás no lo sea tanto. Todo depende de lo discreto que pueda llegar a ser, del auto control.

Nace un nuevo día. FOTO: Manu Brabo

Despierto a Gastón, lleva dormido una hora más o menos, lía otro canuto y vamos a comprobar las medidas de seguridad en el acceso. Nefastas, nulas, nos hemos colado sin pagar y sin ser registrados. Aunque ya estoy dentro, ni si quiera me interesa la banda de turno (Niño de los Ojos Rojos), solo estoy aquí en un esfuerzo de reventar con mi generación, creo recordar que fue una guapa punk la que nos ayudo en tal empeño. El LSD comienza a dilatar mis pupilas y las piernas me flojean. Necesito sentarme, salir del bullicio y de la nube de polvo, pero entre Gastón y yo no sumamos una persona.

Sin saber muy bien cómo, hemos llegado a una explanada poblada de carpas, furgonetas y tiendas de campaña. Deambulamos como dos siameses, unidos por un vínculo espiritual más allá de la sustancia, de la amistad que nos une, como si nada fuéramos el uno sin el otro, somos una hermandad lisérgica, indestructibles. La gente hace corrillos alrededor de pequeñas hogueras, otros duermen, otros bailan y los que más, parecen seguir un rumbo marcado por el ritmo cíclico de pun-chis-pun / pun-chis-pun. El sol despunta y Jara se aparece como un ángel bendito de la mañana, blanca, hermosa y con las pupilas lo suficientemente dilatadas como para tragarme. Quiero que me traguen.

Visiones psicodélicas de mañana FOTOS: Manu Brabo


La mañana transcurre en torno a un fuego, Gastón sigue a mi lado y la hermandad creada, en un principio a dúo se extiende al círculo de toda esa gente cuyo nombre no puedo recordar: Hay tres o cuatro personajes andaluces que, en pleno subidón desde hace un par de horas, no paran de levantar las carcajadas del resto; Jara y compañía; tres perros y una niña de dos años, Enara, por la cual, desde el momento en que la vi, siento una terrible admiración. No es fácil criarse entre (neo)hippies y si no que le pregunten a Kurtney Love. Se ha hecho tarde, o temprano, según se mire y, la sombra de una arboleda parece la mejor opción para descansar. La tarde parece prometedora dentro del casco antiguo de Cáceres y no me lo quiero perder.

La tarde se nos hecha encima y la temperatura, aún bajo la sombra, se hace insoportable para semejante descontrol biológico, aún así, el LSD no baja y me permite no encontrarme tan mal como si lo hubiera hecho. Mi físico responde, mi cabeza, aunque no lo parezca, también. Es tiempo de despedidas, el círculo se ha roto y cada mochuelo busca su olivo. El mío, el de Gastón es seguir aquí, al fin y al cabo, se supone que tenemos algo que contar. El resto, incluida Jara, buscan ya camino a casa.

La gente nos mira en el supermercado, aquí, por primera vez, me estoy sintiendo un bicho raro. Me gusta. Degusta sentirme ajeno a la raza humana, a su condición de rebaño, a su visión unidimensional. Me pueden tachar de esnob, o de tarado si quieren, pero en estos momentos me siento muy por encima de todos ellos aunque me reprochen con sus miradas. Me siento niño.

FOTO: Manu Brabo

El lento deambular por el casco histórico de Cáceres se hace maravilloso. Sobre el empedrado, entre muralla y muralla, por las estrechas calles, en cada plaza la gente se divierte, se hermana, se abraza sonríe y baila. Escucho diálogos poderosos en cada esquina, unos hablan de sueños, otros de rabia contenida y los que más de una revolución que nos toca encarrilar a esta generación de la pereza. Comienzo a pensar: “No todo está perdido”. Y vienen a mi memoria lucidas frases de la juventud de otras épocas: “¡Queremos el mundo y lo queremos ahora!”.

Residuos contraculturales FOTO:Manu Brabo
 
APROXIMACIÓN EXPERIMENTAL AL PERIODISMO GONZO (1ªPARTE)
Hoy se acaba el material, no me apetece hablar sobre la tercera reelección de Mr. Blair, tampoco de la entrevista (conspiración, según qué filtro) entre ZP y el Sr. Ibarretxe, ni siquiera me importan las noticias que llegan de Irak, donde, por fin (pensara la camarilla de Bush) las bajas comienzan a ser casi exclusivamente iraquíes. Hoy, en definitiva mi cabeza está agotada.

Supongo que sería un día como hoy, uno en el que no te apetece escribir el artículo de turno o, simplemente, no encuentras nada que merezca ser rescatado para la polémica, cuando Hunter S. Thompson comenzó aquello que luego, él mismo, definió como periodismo “gonzo”: Esa apuesta por la narratividad como forma de relatar el hecho noticioso en la que, el periodista se transforma en el marcapasos de la acción y la noticia queda, por un momento, al margen de los acontecimientos.

Me paro. Ya no escribo y miro la misma mierda por la ventana. Sigo con arcadas, no logro vomitar un mínimo de dos palabras hilvanadas, acerca de cualquier tema de esta mísera actualidad. Hoy la actualidad no viene a mi, hoy habrá que ir a buscarla al mas puro estilo Thompson: psicoactivos, alcohol, un festival de música y letras, muchas letras. Estoy en Madrid, son las 23:40. Dentro de unas tres horas estaré en Cáceres para contar, de primera mano, que es eso del “Womad”.


Mañana o pasado (algo pasado seguro) os contaré.
 
10 DIAS AL OTRO LADO DEL ESTRECHO

foto: Manu Brabo
Ver atardecer en Asilah, esta pequeña aldea situada en el Atlántico marroquí (52 Km al sur de Tánger) es dejarse arropar por el silencio, por la paz, casi sepulcral, de una villa pescadora, donde se conjugan lo europeo y lo musulmán con extremo gusto y delicadeza. Paseos, casi infinitos, a lo largo de sus kilométricas playas salpicadas por dunas y cuevas, acogedoras casas encaladas propias de las islas griegas, pateras en dique seco dispuestas a ser repintadas y animadas charlas de café. Sin duda, un idílico paraje donde finalizar un pequeño tour, mochila al hombro y sin muchos gastos, por el norte de Marruecos.

Nuestra primera etapa, casi la mas emocionante, supone la entrada en una cultura, un país y un continente diferente, en los apenas 15 Km. que separan Algeciras de Ceuta (Sebta, para los marroquíes) Allí, tras las lentas y tortuosas gestiones burocráticas con la aduana, cruzaremos la frontera. Lo primero que se observa en Marruecos, aparte del mediterráneo y la cordillera del Riff (norte y sur), es un enjambre de taxis que, aparcados, esperan hacer su Agosto en cualquier mes del año. Conducidos por simpáticos taxistas (“Si pagas bien, sonrío bien”. Parecen pensar), estos vehículos, nos pondrán en cualquier punto del país. En este caso Chef Chaouen.

foto: Oscar Díaz

Chef Chaouen se abre entre dos montañas de nombre Tissuka (2050m) y Meggu (1616m). Los cuernos. Y, si miramos sus alrededores nos percataremos, entre otras cosas, del porqué es la capital, en dura pugna con Ketama, de la producción nacional de hachis. Enclavada a 600m de altura, en mitad del Riff-Este, su vieja medina es una sinfonía de olores a especias, calles estrechas y paredes encaladas en tonos azulados que, hacen del paseo un original regalo para los sentidos.

Dormir en una de las recatadas fondas del interior de la medina no solo es barato (3 a 5 Eu.), si no, además, un grato y rico compartir de experiencias entre viajeros de cualquier rincón del mundo. Son pequeños paraísos para el mochilero que se adentra en el continente negro. Tras dos o tres días en Chef Chouen, a no ser que se quiera disfrutar de actividades al aire libre (montañismo, trecking, etc.), el viaje continúa por la tortuosa carretera de Ouezzane, hasta Fez.

En Marruecos podemos encontrar varias compañías de autobuses haciendo el mismo recorrido. La más fiable, y cara (50 dirhams hasta Fez), es la Companie Nacionale du Transports (CNT), aunque el viaje a través de cualquier otra compañía resulta más barato, divertido y cercano, si lo que se pretende es vivir de cerca una cultura.

Cargando los bultos en el autobus. foto: Manu Brabo


Viajar en autobús por Marruecos es todo un acontecimiento que, muchas veces, se tinta de aventura. Reparaciones mecánicas con esparadrapo, gente sin asiento, aperos de labranza o equipajes en el techo. También vendedores de remedios milagrosos y comerciantes en general. Por comerciar, en este país, se comercia hasta con el billete. Aquí no existen taquillas. Aquí todo parece estraperlo.

La llegada a Fez (minero o picador, según la traducción) nos obsequia magníficas vistas de los 25 Km. de muralla que rodean la vieja medina (Fez el-Bahli) Esta ciudad creada por el Mulay Idris Hassan ben Ali, allá por el S VIII alberga, dentro de sus 9400 calles, la universidad mas vieja del mundo: Medersa bu Inania, construida en el año 1350. Pero este pequeño rincón de las mil y una noches, la medina, es solo una parte de la gran metrópoli de Fez. Además, podemos encontrar el Barrio Andalusí, zona de la ciudad que recibe su nombre por haber sido (sus semejanzas con el Albaicín no dejan lugar a la duda) hogar adoptivo para los musulmanes expulsados de Granada. Fez el-Jedid y, por último, la Nouvelle Ville, diseñada a la europea durante la ocupación francesa 1912-56.

Foto: Manu Brabo

La organización de la ciudad pasa por una estructura ordenada de sus barrios. En cada uno de ellos, según la teoría, debemos encontrar, por tanto: un horno para cocer el pan, una fuente, una escuela coránica y, como no, un hamman que, a parte de ser lugar para la higiene personal, funciona como centro social donde hombres (en horario de mañana) y mujeres (en horario de tarde) fraternizan y fortalecen sus relaciones sociales. Un lugar, este del hamman, donde el ruido y nervio propio de las calles no son, ni tan siquiera, bien recibidos.


Asimismo si hubiera que rescatar un rasgo que realmente diferencie Fez del resto de Marruecos, es por sus azoteas; mares de antenas parabólicas (orientadas a España) donde, escondida a la curiosa y a veces indiscreta mirada del turista, trascurre la otra vida de Fez. Así, no es extraño, poder observar desde la azotea del hotel, grupos de fessíes que, alrededor de una improvisada mesa, cierran tratos, juegan o, simplemente, charlan de manera animada, mientras el sol cae tras los incontables minaretes de otras tantas mezquitas. Una escena cautivadora, sin duda alguna, que hace de Fez un lugar difícil de dejar.

La carretera de Rabat, una de las pocas autopistas del país, nos llevará en un cómodo y corto trayecto, a la capital de la aceituna marroquí: Seitunne (Aceituna) o Meknes. Ambos nombres, delatan las raíces de esta metrópoli: el primero por su vocación olivarera y el segundo; por su fundación. No en vano, su traducción habla de los primeros musulmanes que poblaron esta ciudad. La “gente de la meca” (meknes)

La ciudad se divide en tres partes bien definidas: la vieja medina, la ciudad imperial y la Ville Nouvelle (recuerdo, siempre, de la colonización francesa)
foto: Manu Brabo

En la medina, a parte de los rasgos clásicos de una medina (miles de callejuelas, zocos, ajetreo, mezquitas ocultas salvo por sus minaretes, etc) nos podemos encontrar con paredes que hablan. Así, los colores con los que se pinta cada casa, detallan el origen étnico de sus dueños. El amarillo pertenece a los musulmanes, el rojo pálido a los beréberes y la mezcla entre ambos detalla su origen mixto. Entre este decorado bicromático encontramos, también, casas mausoleo donde descansan los restos de viejos filósofos, (estas con puertas y muros verdes) aquellas donde vivió y descansa un sofista, (caracterizadas por un rojo vivo) y las de los poetas (fácilmente identificables por su policromía)

Otro aspecto, alejado de las guías turísticas, y tremendamente atractivo para el viajero que no se conforma con el paso continuo de un monumento a otro, es su organización gremial. Encontrándonos que cada barrio, por pequeño que sea, aglutina entre sus muros decenas de comercios dedicados a un solo fin. Caminaremos, pues, por el barrio de los forjadores, el barrio de los curtidores o el barrio de los carpinteros, según doblemos la esquina a derecha o izquierda. De esta manera, en todos y cada uno de estos lugares, a veces tan próximos al medioevo, uno puede ser testigo de primera mano de todo el proceso de trabajo, a poco que se insista.

Dejamos Meknes en el rápido de Tánger camino de Asilah. Atrás quedan las altas cumbres del Rif, las terrazas fessies y el verde oliva que rodea Meknes, el camino se torna fácil para la locomotora y el Atlántico ya se intuye cerca. La estación de Asilah, recuerdo arquitectónico de los tiempos del protectorado español, marca solitaria nuestra última parte del viaje: desde este pequeño pueblo atlántico, a Tánger.

El sol cae tras el perfil de esta vieja ciudad de fachada arrogante, Tánger, mientras el mediterráneo nos abre paso a España. Adiós a la vida frenética de este puerto, adiós al cous-cous con cordero y al delicioso te de menta. A mi espalda, ya, una tierra llena de contrastes, de colores, de misticismo y de cultura, el recuerdo de un pueblo que, pese a las necesidades, se muestra acogedor hasta lo infinito. Una bendición, un regalo para los sentidos y sentimientos, un milagro escondido al otro lado del estrecho. Hasta pronto, Marruecos.

foto: Oscar Díaz