WILLIAM KLEIN:¿MÁS ALLÁ DE NEW YORK?
Cruzas la puerta y te das de narices con una enorme copia en papel varitado: enormes masas de negros, alto contraste, grano estirado hasta el extremo, primeros planos sin aires y composiciones casuales en la que se diluye la (supuesta) representación tridimensional de la fotografía. Es la obra de William Klein y cuelga desde el pasado jueves en las paredes de la sala “Pedro Rivera”, en el C. Cultural Conde Duque.

W. KLEIN: New York 1955.
La exposición reúne la obra del autor en torno al tema del festival (yo añadiría que también el propio del autor): “la ciudad”. En este caso, New York, Madrid, Paris, Roma y Tokio. Recorrido que también puede hacerse de forma cronológica destapando así, su evolución en la estética visual. Siendo esta forma la más interesante a mi juicio y la que me ayude a acercaros su obra.
Cuando Klein regresa de Europa a Nueva York en 1954 era un artista, pintor, enormemente influido por la abstracción (Como el mismo dice. “…me encontraba en Paris realizando contundentes obras geométricas”), apenas había utilizado una cámara de fotos y su forma de entender la ciudad había cambiado. Tres factores indispensables para que la obra temprana de Klein marcara una ruptura con la “fotografía de calidad e informativa”. Séase Bresson, Smith o compañía.
Sin duda, son fotos que rebosan inocencia, y con esto no quiero decir una falta de crítica, de humor negro, de acidez. Quiero referirlo más bien a lo técnico y a la forma. Es el resultado de una experimentación, de una búsqueda. Está probando los límites. Si se quiere, las primeras fotografías de Klein (dejando a un lado su evolución hasta “obra de culto”) gozan de un aura de ritual iniciático, parodia y etnografía descarnada que las hace, desde mi punto de vista, lo mejor de su obra fotográfica.
A partir de ahí, con la llegada de los 60, la obra de Klein abandona poco a poco la abstracción y comienza transpirar influencias pop. Si la búsqueda del cartel dentro de la metrópoli es tema recurrente en sus primeras fotografías, ya en el 58 se convertirá en una obsesión como se puede apreciar en su film “Broadway by Light”. También se puede apreciar como, en esta década, Klein se deja seducir por la fotografía documental representando, cada vez más a menudo, encuadres y planos mucho más formalistas dominados, en muchos casos, por la nitidez.
Sin abandonar determinadas características específicas que hacen su obra inconfundible: grandes masas de sombra, contrate, grano en su máxima expresión, un humor ácido, etc. Nos encontramos, en la última obra de Klein, un fotógrafo aburrido de su trabajo, sin motivaciones nuevas, cansado de su juguete. Solo en su obra final en color(y voy a finalizar jugándomela con los puristas) se nota un Klein extrovertido, juguetón, pillo y, de nuevo enamorado de la fotografía.

W. KLEIN: New York 1955.
La exposición reúne la obra del autor en torno al tema del festival (yo añadiría que también el propio del autor): “la ciudad”. En este caso, New York, Madrid, Paris, Roma y Tokio. Recorrido que también puede hacerse de forma cronológica destapando así, su evolución en la estética visual. Siendo esta forma la más interesante a mi juicio y la que me ayude a acercaros su obra.
Cuando Klein regresa de Europa a Nueva York en 1954 era un artista, pintor, enormemente influido por la abstracción (Como el mismo dice. “…me encontraba en Paris realizando contundentes obras geométricas”), apenas había utilizado una cámara de fotos y su forma de entender la ciudad había cambiado. Tres factores indispensables para que la obra temprana de Klein marcara una ruptura con la “fotografía de calidad e informativa”. Séase Bresson, Smith o compañía.
Sin duda, son fotos que rebosan inocencia, y con esto no quiero decir una falta de crítica, de humor negro, de acidez. Quiero referirlo más bien a lo técnico y a la forma. Es el resultado de una experimentación, de una búsqueda. Está probando los límites. Si se quiere, las primeras fotografías de Klein (dejando a un lado su evolución hasta “obra de culto”) gozan de un aura de ritual iniciático, parodia y etnografía descarnada que las hace, desde mi punto de vista, lo mejor de su obra fotográfica.
A partir de ahí, con la llegada de los 60, la obra de Klein abandona poco a poco la abstracción y comienza transpirar influencias pop. Si la búsqueda del cartel dentro de la metrópoli es tema recurrente en sus primeras fotografías, ya en el 58 se convertirá en una obsesión como se puede apreciar en su film “Broadway by Light”. También se puede apreciar como, en esta década, Klein se deja seducir por la fotografía documental representando, cada vez más a menudo, encuadres y planos mucho más formalistas dominados, en muchos casos, por la nitidez.
Sin abandonar determinadas características específicas que hacen su obra inconfundible: grandes masas de sombra, contrate, grano en su máxima expresión, un humor ácido, etc. Nos encontramos, en la última obra de Klein, un fotógrafo aburrido de su trabajo, sin motivaciones nuevas, cansado de su juguete. Solo en su obra final en color(y voy a finalizar jugándomela con los puristas) se nota un Klein extrovertido, juguetón, pillo y, de nuevo enamorado de la fotografía.





