¡QUÉ ADELANTADO PARA LA ÉPOCA!
Estoy harta de escuchar la injuriosa frase “¡qué adelantado para la época!” cada vez que alguien repara en un texto pasado que se ajusta como un guante al presente más inmediato. Estoy muy harta.
Existe una errónea concepción colectiva que sitúa al mismo nivel el avance tecnológico con el avance intelectual. La historia nos dice que ambos desarrollos no van en paralelo sino a la inversa. Esto es, a más tecnología de tercera generación, más incultura. ¡Qué curioso! ¿Por qué será?
En materia educativa, nuestra sociedad está muy por debajo de la de épocas anteriores. Es paradójico porque mientras, antiguamente, la educación era un bien elitista sólo al alcance de una minoría llamada nobleza, hoy, en cambio, la educación es un bien democratizado. No obstante, su esencia se ha desvirtuado y el ser tan accesible ha acabado por sepultar su valor intrínseco. Antes, leer un libro era un privilegio. Hoy, para muchos, una pérdida de tiempo.
Pues bien señores, os invito a viajar por el túnel temporal y a adentraros en el oscuro y decadente siglo XVII barroco español. Os invito, además, a que descubráis la obra de Quevedo; una literatura, la suya, marcada por el agotamiento y el cansancio de la formalidad y la temática renacentista pero, en cualquier caso, una literatura sagaz, creativa e irónica como ninguna. Y, por último, os invito, ya de paso, a que os replanteéis esa incomprensible posición de superioridad que creéis que os concede el ser ciudadanos del siglo XXI.
Para mí Quevedo es un artista de la palabra y su obra una delicia que ha traspasado la barrera temporal para seguir teniendo en el presente el mismo significado original aunque en un contexto reciclado. Este agudo literato se sirvió de la sátira y la burla para mostrar su crítica más severa del mundo que le rodeaba. Atacó, sin piedad, los defectos morales y la hipocresía social, y ,además, lo hizo como un señor... con una elegancia formal que quita el hipo.
Por respeto a quien sí se tomaba en serio esto de las palabras… abandonemos para siempre el comentario “¡qué adelantado para la época!” porque para atrasados, nosotros. Esta actitud sería más justa y más noble… si es que nos queda un ápice de dignidad.
Os dejo un par de ejemplos. Yo ya tengo mi opinión. ¿Cuál será la vuestra?
DESENGAÑO DE LAS MUJERES
Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.
Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.
Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;
y como puto muera yo quemado
si de otras tales putas me pagare,
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.
AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra, que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso linsojera;
mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa;
Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido.
Polvo serán, mas polvo enamorado.
Existe una errónea concepción colectiva que sitúa al mismo nivel el avance tecnológico con el avance intelectual. La historia nos dice que ambos desarrollos no van en paralelo sino a la inversa. Esto es, a más tecnología de tercera generación, más incultura. ¡Qué curioso! ¿Por qué será?
En materia educativa, nuestra sociedad está muy por debajo de la de épocas anteriores. Es paradójico porque mientras, antiguamente, la educación era un bien elitista sólo al alcance de una minoría llamada nobleza, hoy, en cambio, la educación es un bien democratizado. No obstante, su esencia se ha desvirtuado y el ser tan accesible ha acabado por sepultar su valor intrínseco. Antes, leer un libro era un privilegio. Hoy, para muchos, una pérdida de tiempo.
Pues bien señores, os invito a viajar por el túnel temporal y a adentraros en el oscuro y decadente siglo XVII barroco español. Os invito, además, a que descubráis la obra de Quevedo; una literatura, la suya, marcada por el agotamiento y el cansancio de la formalidad y la temática renacentista pero, en cualquier caso, una literatura sagaz, creativa e irónica como ninguna. Y, por último, os invito, ya de paso, a que os replanteéis esa incomprensible posición de superioridad que creéis que os concede el ser ciudadanos del siglo XXI.
Para mí Quevedo es un artista de la palabra y su obra una delicia que ha traspasado la barrera temporal para seguir teniendo en el presente el mismo significado original aunque en un contexto reciclado. Este agudo literato se sirvió de la sátira y la burla para mostrar su crítica más severa del mundo que le rodeaba. Atacó, sin piedad, los defectos morales y la hipocresía social, y ,además, lo hizo como un señor... con una elegancia formal que quita el hipo.
Por respeto a quien sí se tomaba en serio esto de las palabras… abandonemos para siempre el comentario “¡qué adelantado para la época!” porque para atrasados, nosotros. Esta actitud sería más justa y más noble… si es que nos queda un ápice de dignidad.
Os dejo un par de ejemplos. Yo ya tengo mi opinión. ¿Cuál será la vuestra?
DESENGAÑO DE LAS MUJERES
Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.
Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.
Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;
y como puto muera yo quemado
si de otras tales putas me pagare,
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.
AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra, que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso linsojera;
mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa;
Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido.
Polvo serán, mas polvo enamorado.
LOS 'PRIMISNOBS'
Arrancamos un nuevo año todavía con el sabor del trago más dulce que ingerimos en Nochevieja. Arrancamos y lo hacemos con ganas de cambiarlo todo, pisando fuerte y con la esperanza de mejorar ciertos puntos que, por “descolgados” o “aparcados”, nos impiden ser plenamente felices.
En verdad, la cuesta de enero tiene un significado más trascendental que material. No es que estemos arruinados. Quizás nunca hicimos bien las cuentas y sólo ahora nos paramos a pensarlo. Pero la cuestión es más profunda y viene, precisamente, de nuestro afán por aportar novedades al día a día. Estamos a dos de enero y ya he perdido la cuenta de la gente que me ha dicho una sarta de disparates que quieren hacer este año…
En fin, que ni metrosexuales ni metrovirtuales ni metronada… somos más primitivos de lo que nos creemos. Somos los “primisnobs” y por eso nos apuntamos a la moda de la permuta. ¡Qué bajeza! Cambiar de año no tendría por qué implicar un cambio de actitud. ¿Alguien se ha parado a pensar que nuestro deseo de mudar costumbres es el resultado de ancestrales ritos paganos? ¿Acaso el cambio de año no viene a ser como un ritual de renovación? ¿Por qué el 16 de enero quemamos la hoguera de San Antonio en Canals? Cachis! Lo hacemos porque el fuego es sinónimo de renovación y, por lo mismo, la conmemoración del nacimiento de Jesús se entiende como el inicio de una nueva etapa. Ésta y no otra es la razón de que empecemos enero haciendo una lista de buenos propósitos para renovarnos aunque, si bien es cierto, casi nunca los cumplimos. Pero, volviendo al símil anterior, ¿no es el mismo acto pero con distinto nombre? ¿visteis como mi idea de que no somos libres se cumple? ¿os disteis cuenta de que la religión sigue marcándonos el paso aunque sólo sea en nuestra mitad inconsciente y conformista con los valores tradicionales?
Yo, personalmente, no me he marcado nada. Mi carácter tiene tal solidez que ni el David de Goliat me lo cambiaba a base de lapidaciones. Otra cosa son mis aspiraciones. Ambición tengo y mucha pero también tengo bien claro que los ‘grandes cambios’ hay que trabajárselos día a día y durante mucho tiempo…. Cuando una hace esto, no tiene sentido buscar ni esperar el gran momento porque éste siempre llega por sí sólo.
Así que, a seguir con vuestras vidas… Dejaros de ingenuidades y empezad a ver la vida con una mirada más crítica y menos infantil. Analizad bien la situación, vuestro ‘fuera de juego’, y tratad de ver qué es lo que falla y cómo hacer para luchar por algo mejor.
¡¡¡ Feliz Año Nuevo!!!
En verdad, la cuesta de enero tiene un significado más trascendental que material. No es que estemos arruinados. Quizás nunca hicimos bien las cuentas y sólo ahora nos paramos a pensarlo. Pero la cuestión es más profunda y viene, precisamente, de nuestro afán por aportar novedades al día a día. Estamos a dos de enero y ya he perdido la cuenta de la gente que me ha dicho una sarta de disparates que quieren hacer este año…
En fin, que ni metrosexuales ni metrovirtuales ni metronada… somos más primitivos de lo que nos creemos. Somos los “primisnobs” y por eso nos apuntamos a la moda de la permuta. ¡Qué bajeza! Cambiar de año no tendría por qué implicar un cambio de actitud. ¿Alguien se ha parado a pensar que nuestro deseo de mudar costumbres es el resultado de ancestrales ritos paganos? ¿Acaso el cambio de año no viene a ser como un ritual de renovación? ¿Por qué el 16 de enero quemamos la hoguera de San Antonio en Canals? Cachis! Lo hacemos porque el fuego es sinónimo de renovación y, por lo mismo, la conmemoración del nacimiento de Jesús se entiende como el inicio de una nueva etapa. Ésta y no otra es la razón de que empecemos enero haciendo una lista de buenos propósitos para renovarnos aunque, si bien es cierto, casi nunca los cumplimos. Pero, volviendo al símil anterior, ¿no es el mismo acto pero con distinto nombre? ¿visteis como mi idea de que no somos libres se cumple? ¿os disteis cuenta de que la religión sigue marcándonos el paso aunque sólo sea en nuestra mitad inconsciente y conformista con los valores tradicionales?
Yo, personalmente, no me he marcado nada. Mi carácter tiene tal solidez que ni el David de Goliat me lo cambiaba a base de lapidaciones. Otra cosa son mis aspiraciones. Ambición tengo y mucha pero también tengo bien claro que los ‘grandes cambios’ hay que trabajárselos día a día y durante mucho tiempo…. Cuando una hace esto, no tiene sentido buscar ni esperar el gran momento porque éste siempre llega por sí sólo.
Así que, a seguir con vuestras vidas… Dejaros de ingenuidades y empezad a ver la vida con una mirada más crítica y menos infantil. Analizad bien la situación, vuestro ‘fuera de juego’, y tratad de ver qué es lo que falla y cómo hacer para luchar por algo mejor.
¡¡¡ Feliz Año Nuevo!!!





