SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ
San Miguel de Nepantla (México) 1651 - Ciudad de México 1695
Soneto
Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata,
maltrato a quien mi amor busca constante.
Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata
y mato al que me quiere ver triunfante.
Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
de entre ambos modos infeliz me veo.
Pero yo, por mejor partido, escojo,
de quien no quiero, ser violento empleo,
que de quien no me quiere, vil despojo.
En el siglo XVII, las mujeres entran con fuerza en el mundo de la actividad literaria, hasta entonces reservado, como el resto de las actividades públicas, a los hombres. La nómina de poetisas es muy amplia pero, tal vez, es sor Juana Inés de la Cruz la más importante porque su lírica está a la altura de los más grandes poetas de este siglo.
Aunque, en general, las mujeres escribieron sobre los mismos temas que los hombres, en ocasiones, podemos advertir ciertos aspectos derivados de una perspectiva femenina. En este sentido, el soneto que nos ocupa me parece salerosamente original. Retrata una verdad como una casa… A las mujeres parece que nos suelen gustar los tipos duros que nos ignoran mientras que, a los que nos quieren, no les hacemos ni caso! ¡qué irónica es la vida!
De esta poesía me gustaría reseñar dos cosas. La primera es que, cuando dice “hallo diamante”, el diamante es metáfora de frialdad y dureza afectiva. La segunda es que los dos cuartetos están compuestos desde la perspectiva barroca de la contradicción, utilizando con gran habilidad la conmutación o retruécano.
Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata,
maltrato a quien mi amor busca constante.
Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata
y mato al que me quiere ver triunfante.
Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
de entre ambos modos infeliz me veo.
Pero yo, por mejor partido, escojo,
de quien no quiero, ser violento empleo,
que de quien no me quiere, vil despojo.
Comentario:
Es verdad eso que os pasa a las mujeres. Suena a tópico, pero quizá no lo sea tanto.
Las mujeres entraban con fuerza, si, pero ya anteriormente con seudónimos masculinos existían a manos llenas. En esta época, eclesiásticas como Sor Juana Inés eran quienes más facilidades tenían para transmitir sus creaciones.
Las mujeres entraban con fuerza, si, pero ya anteriormente con seudónimos masculinos existían a manos llenas. En esta época, eclesiásticas como Sor Juana Inés eran quienes más facilidades tenían para transmitir sus creaciones.





