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Retales de Teresa
Bla, bla, bla...
Hay dos disciplinas de las que me siento totalmente adicta y presa. Éstas son la literatura y la música. La primera porque me aporta memoria histórica y experiencias; la segunda porque despierta todos mis sentidos. Ambas me divierten por igual... ambas me hacen sentir bien... Sin duda alguna... pequeños retales como estos son los que aportan color a mi vida
Sindicación
Literatura, música y cine en un viaje a través del tiempo
 
LA LIBERTAD
A Mario,

A petición tuya voy a escribir unas líneas sobre la “libertad”, sobre todo lo que este término lleva implícito y sobre la importancia que tiene el respeto a la misma, ya no sólo como vocablo sino como valor moral y como derecho fundamental que ampara (o que, al menos, debería amparar) toda Carta Magna que se considere el principio rector de un estado de derecho y, por qué no, democrático. Hay una multitud de ideas que se agolpan en mi mente así que espero ser clara y no resultar contradictoria.

EL CONCEPTO LIBERTAD

Es sorprendente el valor polisémico que tiene una palabra de tan sólo siete letras. Pero más asombroso es contemplar la posibilidad de que ésta no exista o, en caso de existir, el raudal de sentimientos que entraña poseerla o carecer de ella. No es un asunto baladí.
¿Somos libres? Esta es la eterna duda de todo mortal que se preste a una mera reflexión. Como en todo dilema filosófico, siempre encontraremos apocalípticos e integrados[1]cuya postura se fundamentará en la definición o significado que se le conceda al controvertido concepto. Ahí está el quid de la cuestión. El lenguaje nos subyuga y nos somete y, por ello, es importantísimo rescatar la consciencia lingüística presente en toda la obra de Nietzsche.
La definición más primaria de la libertad es la que la considera como la autonomía que tienen los individuos para proceder de manera aleatoria en su conducta. Partir de este axioma me lleva, irremediablemente, a una rápida conclusión: no somos libres. Principalmente, porque como seres pertenecientes a una sociedad con una cultura característica y, ¡ojo!, con una religión arraigada, siempre estaremos predeterminados en nuestras decisiones. Es así de simple. Por mucho que queramos desprendernos de los valores aprehendidos desde nuestro nacimiento, no lo lograremos. Y si, además, tenemos fe en alguna creencia, si estamos convencidos de que el sentido de todo se llama Dios y de que tenemos un "destino", las dificultades para ser libres se multiplican.

Según Nietzsche, para evitar todo esto tendríamos que abandonar la teodicea y pasar a la cosmodicea, esto es, cambiar a Dios por la Naturaleza y creer en el superhombre. Precisamente de aquí arranca su tesis del eterno retorno, no como una literal repetición infinita de las cosas en el tiempo, no como una valoración del tiempo real como algo con un principio y un final, sino como una transvaloración hacia una visión del mismo tiempo como algo total, eterno, cíclico. Esto es un tanto complicado de entender y, más aún de explicar. En su libro “Así habló Zaratrusta” tenemos un ejemplo:

“Mira ese portón (...), tiene dos caras. Dos caminos convergen aquí: nadie los ha recorrido aún hasta su final. Esa larga calle hacia atrás: dura una eternidad. Y esa larga calle hacia delante es otra eternidad. Se contraponen esos caminos; chocan derechamente de cabeza. Y aquí, en este portón, es donde convergen. El nombre del portón está escrito arriba: "instante". Pero si alguien recorriese algunos de ellos – cada vez y cada vez más lejos: ¿Crees tú (...) que esos caminos se contradicen eternamente? – (...) Desde este portón llamado Instante corre hacia atrás una calle larga, eterna: a nuestras espaldas yace una eternidad. Cada una de las cosas que pueden correr, ¿no tendrá que haber recorrido ya alguna vez esa calle? Cada una de las cosas que pueden ocurrir, ¿no tendrá que haber ocurrido, haber sido hecha, haber transcurrido ya alguna vez?
(ZA; III. De la visión y el enigma; p.230)

Vamos a ver. Para Nietzsche, el eterno retorno rompe con la estructura tradicional del concepto "tiempo"; para él no hay pasado ni futuro, con lo cual, el hombre es libre en tanto en cuanto tiene todo un “futuro” por delante así como la experiencia de todo un “pasado” por detrás. No sé si se entenderá pero éstas, a mi modo de ver, son sus premisas. (Mariado, tú que eres filósofa y habrás estudiado más a fondo su obra, ¿qué opinas? ¿me equivoco?)

No obstante y, sin ánimo de criticar al maestro, pienso que como lo que lo que plantea no existe, en algún recoveco de nuestra mente siempre brillará con fuerza todo el proceso de asimilación del entorno y de enseñanza labrado con los años que nos impedirá ser libres.
“Y se oyó un ruido de cadenas… ha nacido un hombre”. Me pides que interprete esta frase y, bueno, creo que mi visión ya ha quedado explicada en el párrafo anterior. Coincido con Nietzsche al afirmar que no somos libres pero me surgen serias dudas en torno a su idea del eterno retorno. En cualquier caso, pienso que somos el resultado de un engranaje llamado sociedad cuyo funcionamiento hace que rueden las cadenas, que surjan nuevas generaciones, pero creando siempre un mismo producto final llamado hombre.


UNA POSIBLE LIBERTAD

La única libertad que considero posible es la que se deriva de su definición como valor social de convivencia (en un Estado, en un grupo de amigos, en una relación de pareja…) que debe ser defendido y respetado a capa y espada.

Pero, para considerar la libertad como un derecho a defender, en primer lugar tenemos que reconocernos como personas y, en segundo, adquirir cierta educación para saber torear con inteligencia la más que tendente intolerancia social. La historia nos ha dejado suficientes ejemplos de esto que planteo. Sólo hay que echar la vista atrás o buscar en el diccionario la palabra “esclavo/a”.

Mi humilde punto de vista me lleva a aseverar que mi libertad termina donde empieza la de los demás. Como en muchos otros aspectos, debemos marcar unos límites para hacer prevalecer este bien, ¿o acaso la democracia no tiene los suyos?, ¿por qué, entonces, la ley de partidos?, ¿por qué, si no, someternos a la Justicia?
Es nuestra responsabilidad poner el freno a quienes intentan arrebatárnosla. No se puede tolerar la intolerancia porque, de permitirlo, siempre saldría victoriosa esta última. Hay una infinidad de ejemplos. Desde siempre han existido personas que han estado convencidas de poder manejar a su antojo las libertades de terceros. Basta con recordar a los piratas, a los monarcas déspotas, a los que pensaban que eran una raza superior, etc, etc. En definitiva, la libertad como derecho fundamental es una garantía que debe ser respetada porque, de lo contrario, su precio puede costar muy caro.


CONCLUSIÓN FINAL

El genio Quevedo escribió una vez “poderoso caballero es don dinero”; yo podría extender tan aguda y mordaz frase para aportar una nueva versión: “poderosas majestades son las pelas y las libertades”. No es una premisa tan ingeniosa como la primera pero se podría entender como una derivación. Ambos conceptos mueven montañas, ambos determinan tu tránsito por la vida y ambas son deseadas por todos los homo sapiens[2] que vagamos por el mundo. Y ésto no lo digo solamente yo... Es una declaración de principios transversal a cualquier época que también está presente en las canciones (ej. Para la libertad - Serrat o Libre- Nino Bravo), en los poetas del Romanticismo (ej. La canción del pirata - José de Espronceda), en el cine (Braveheart), en la historia, en la mitología, en la pintura, en la escultura, en la publicidad (deseo a alcanzar que se verá satisfecho con la compra de un producto, ej. Amena) y en todas las artes.

Mario, desconozco si era esta la reflexión que me pedías. He intentado darle un enfoque más funcional que teórico, más adaptado a la realidad social en la que nos encontramos. Acepto tus posibles críticas al respecto. Es más, las espero con ansias. La verdad es que es un gusto poder reflexionar y debatir sobre temas tan interesantes como estos. Sólo con que la gente parara, de vez en cuando, el reloj de la inercia social y analizara el espacio (¿predeterminado?) que bulle a su alrededor y que lo condiciona, conseguiríamos entre todos tener un mundo mejor. Ser conscientes de todas estas realidades no sólo nos permite dar un paso adelante a nivel intelectual sino que nos acerca un poco más al foco del problema para facilitarnos el planteamiento de posibles soluciones.

Ignacio Ramonet decía que “informarse cansa”; parece que “pensar” también es una tarea molesta y exánime. Mientras seamos pocos los que de verdad valoremos todo esto y critiquemos la opresión y, mientras sean muchos los que, en calidad de políticos que representan al pueblo, en lugar de buscar soluciones estudien como someter a los que están por debajo, el mundo estará perdido. ¡Respeto, respeto, respeto! Ahí está la clave para deambular con más soltura y tener, quizás, algo de libertad.

Gracias por darme la idea para un nuevo ensayo y por despertar las ganas de reflexionar y escribir. Un besete.



[1] Término empleado por Umberto Eco para referirse a las personas que están de acuerdo o en desacuerdo con un determinado asunto.
[2] Empleo el término homo sapiens para remarcar el carácter animal e instintivo de los humanos.
No
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