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Retales de Teresa
Bla, bla, bla...
Hay dos disciplinas de las que me siento totalmente adicta y presa. Éstas son la literatura y la música. La primera porque me aporta memoria histórica y experiencias; la segunda porque despierta todos mis sentidos. Ambas me divierten por igual... ambas me hacen sentir bien... Sin duda alguna... pequeños retales como estos son los que aportan color a mi vida
Sindicación
Literatura, música y cine en un viaje a través del tiempo
 
LA SOLEDAD
Ahora que se acerca la Navidad creo que es un buen momento para hablar de la soledad. De hecho, considero que diciembre debería ser reconocido como su mes estrella. Las luces, los villancicos, las cenas, las visitas, las aglomeraciones en los grandes almacenes, los regalos, las risas, el champagne y la “masa” que inunda la ciudad acentúan la necesidad de sentirse acompañado. De no saciar este apetito de amistad y este afán por tener a alguien con quien pasar unas fechas tan familiares, la soledad te puede reducir y, hasta aplastar, porque es una de las peores enemigas del hombre.

Sin embargo, desde una perspectiva mucho más abierta, he de reconocer que hay infinidad de oportunidades para sentirse solo así como muchas formas de soledad. Por ejemplo, ésta puede ser eventual o perpetua, puede estar ocasionada porque al buscar manos sólo encuentres puños o puede estar derivada de una carencia emocional; puede estar motivada por la ausencia de gente con quien hablar o por una excesiva presencia de personas que no te aportan nada y que te empujan, irremediablemente, a sentir nostalgia por la que te falta. Hay multitud de causantes. Ya lo decía Ana Frank en su Diario, “una persona puede sentirse sola aún cuando haya mucha gente que la quiera”.

La soledad no es ajena a nuestros tiempos. Es más, considero que va ligada a la brutal transformación que están sufriendo las sociedades modernas para ser globales. La mundialización y el desarraigo pueden llegar a sobrepasarnos. Y aquí viene el problema. Nadie aprende a soportar la soledad y cada cual, a su manera, trata de esquivarla. Algunos se aferran al primer clavo ardiendo que encuentran y otros dicen que “mejor solo que mal acompañado”. En ambos casos, su actitud es muy hipócrita. No sé de ninguna persona a la que no le guste que no se preocupen por ella. Necesitamos testigos de todo lo que hacemos. Alguien que nos dé su parecer y que sepamos que nos acompaña aun cuando físicamente no esté con nosotros. Necesitamos seguridad.

Todos nos hemos sentido invisibles en algún momento. El modo más habitual es el de sentirse solo por no poder estar con ese alguien al que adoras. Pero, ¿qué hacer cuando la única persona que puede hacer que dejes de llorar es aquella por la que lloras?, ¿qué hacer cuando resulta imposible que acuda a tu rescate? Es entonces cuando la soledad se hace más fuerte y se crece para recordarte que está ahí porque la raíz del problema sigue bajo la piel; es entonces cuando uno tiene que darse cuenta de que la solución reside en uno mismo por difícil que sea vislumbrarla. Está en ser valiente, en saber afrontar el problema, neutralizarlo y buscar nuevas motivaciones que te ayuden a seguir tirando. Como decía Newton, “la gente se siente sola porque construye murallas en lugar de puentes”. A veces es necesario derribar esquemas y desmitificar a las personas. La soledad es una prisión que sólo puede abrirse desde dentro. Otras basta con viajar en el tiempo y evocar recuerdos agradables. Arjona dijo una vez “realmente no estoy tan solo, ¿quién te dijo que te fuiste? si cargaste con el cuerpo, pero no con el recuerdo”.

En cualquier caso, sentir el desierto a tu alrededor es un estado de ánimo nada deseable aun sabiendo que, como animales, hemos nacido para ser seres independientes. A mí los solitarios me despiertan ternura. Creo que son los antihéroes de la sociedad y un grupo más dentro de los olvidados del sistema. Viven en un vacío donde sus sentimientos se confunden y se replantean constantemente y donde no hay lugar para el sosiego. Sufren en silencio porque nadie se preocupa de pensar en su dolor o, quizás, porque nadie se da cuenta. Es muy fácil compartir una sonrisa pero muy difícil soportar una lágrima y, precisamente por esto, muchas veces los solitarios aprenden a controlar su pena en público. Aprenden a mandar de su dolor. Por ello, esos millones de personas que parecen llevar una vida perfecta son los que, al caer el día, se sienten más vacíos. La quietud que otorga la noche les puede resultar muy traicionera. Digo yo que algo habrán perdido en el camino.

Pero no voy a ser pesimista. No es mi estilo. Puede que algún día un acontecimiento extraordinario y repentino les sacuda su existencia y les devuelva al “juego”. Mientras tanto, tenemos que pensar que si nos caemos siete veces, nos podemos levantar ocho. Los/las que sufrís de mal de amores no os preocupéis. Cuando menos os lo esperéis aparecerá esa personita que os pondrá el mundo en la palma de la mano. Todo llega porque como dice Mikel Erentxun, “siempre quedará el mañana”.

¡Feliz Navidad Solitarios!

... y muchos besos…


 
Comentario:
Hola Teresa, desde Canarias he leído y me ha encantado tu ensayo.
Enhorabuena.
Feliz Navidad
 
Comentario:
Hola Teresa, desde Canarias he leído y me ha encantado tu ensayo.
Enhorabuena.
Feliz Navidad
 
Comentario:
Hola Teresa, me ha encantado tu ensayo de la soledad y en muchos aspectos me siento identificada con lo que dices, pero considero que en determinados momentos de la vida la soledad te puede ayudar a conocerte a ti misma. Felicidades y Feliz Navidad
 
Comentario:
Te felicito por esa claridad de pensamiento y por lo tanta de ideas. Aunque no estoy de acuerdo en todo ya que creo que en ocasiones la soledad nos aporta algo positivo. Felicidades
No
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