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retinorama
reunión de parpadeos y cuatro paredes
Acerca de
Curiosidad: impulso que oscila entre lo grosero y lo sublime. Lleva a escuchar detrás de las puertas o a descubrir América.
Sindicación
 
ojos de perro azul
Ahora, junto al velador, me estaba mirando. Yo recordaba que antes también me había mirado así, desde aquel remoto sueño en que hice girar el asiento sobre sus patas posteriores y quedé frente a una desconocida de ojos cenicientos.

Fue en ese sueño en el que le pregunté por primera vez: «¿Quién es usted?». Y ella me dijo: «No lo recuerdo». Yo le dije: «Pero creo que nos hemos visto antes». Y ella dijo, indiferente: «Creo que alguna vez soñé con usted, con este mismo cuarto». Y yo le dije: «Eso es. Ya empiezo a recordarlo». Y ella dijo: «Qué curioso. Es cierto que nos hemos encontrado en otros sueños».

 
de mi reino
Mis armas son los dedos que sujetan,

se estiran los tendones,

sujetan con fuerza los cables

de mi fortaleza,

que soy dueña de mi imperio,

que entra quien yo quiera

 nadie que pueda hacer daño

 a los que me viven dentro

y  a los que me viven fuera.

Mis armas son las manos,

que escriben, rasgan, teclean,

pintan, friegan, y a veces se crispan

se hincan las uñas,

y luego  acarician,

se cierran en torno a otras,

y dicen lo que mis palabras no pueden.

Mis pistolas son palabras, porque son mias,

mia es mi voz, al menos esta,

la que nunca oimos,

aunque le chiste más de la cuenta,

y yo elijo sus balas, porque soy su dueña,

faltaría más,  es mi reino

para que digan que soy,

ni más ni menos, lo que soy.

Lo que odio, lo que amo ser

lo que no quiero ser y soy.

Lo que quiero seguir siendo.

Cada dia con 24 horas más,

De alegrias, tristezas, nervios y carcajadas

De miradas, de señales, de reflejos

De besos robados y besos ausentes
 
Amor, eso que dicen los libros...(y ii)
Yo le quería con ese amor de las novelas, con ese amor sin fundamentos, hechos de aire, de palabras y de distancias. La primera vez que le vi, imponente y vertical, llevaba una corbata negra . Recuerdo eso y recuerdo que pensé que le conocía. Sentí que le conocía pese a estar segura que era la primera vez que le veía, y sacudí la cabeza e incluso creo que sonreí al comentario de mi compañero de mesa.Joer que pinta de serio, parece un ministro, y era cierto, porque era serio, pero cuando sonreía, sabía sonreír con los ojos, con toda la cara, y cuando le conocí tuve que reconocer que era un encanto, que me lo pasaba pipa con él, porque era de ese tipo de personas que no solo pasan por el mundo, sino que lo observan, y porque me gustaba escucharle hablar, su voz de susurros.Por todo  eso, y algunas cosas más le besé,  y me instalé en una realidad distinta que ni siquiera se desvaneció cuando escuché todo lo que me dijo después. Y viví de letras, de horas arañadas, y me comí la impotencia de querer verle a todas horas, la masticaba deprisa y la tragaba sin pensar en su sabor. Horas de lluvia, de miles de pasos, de abrazos que eran capaces de hablar, palabras, risas, cervezas, canciones, llamadas a lo largo de los meses, encuentros, el azar,  desencuentros, o el destino, viviendo todo aquello de prestado. Y era poderosa, y era valiente, y sobretodo, era yo, más yo que nunca, nunca he vuelto a sentir nada igual.  Lo entendí tarde, y  lo entendí mal y por eso decidió desaparecer. Los dos huíamos, pero yo le encontré y sentí que la única opción que yo podría escoger libremente de entre todas las vidas posibles, era la de estar a su lado. El día que me dijo con la voz firme y rota, con un cansancio infinito en ella,  que lo que yo sentía no tenía razón de ser,  me partió el corazón, exactamente, por la mitad. Y durante mucho tiempo se convirtió en mármol.

 

Mi futuro estaba ya pensado? Lo había pensado yo?  Y eso qué es, inteligencia o cobardía? Sinceridad?  Y sobretodo, cuándo aprendí yo eso?
 
Amor eso que dicen los libros....
El me quería con ese amor de los boleros. Me lanzaba piropos largos como sus  increíbles piernas, y me contaba historias que leía en los libros. Me llevaba de tapas a lugares que yo nunca hubiera encontrado, buen ambiente, buena música donde él siempre se encontraba con alguien, o conocía al camarero que nos invitara a las copas, al que toca la batería, y me llevaba de la mano de fiesta en fiesta,  porque con él la vida era de colores y serpentinas. Un restaurante colgado del mar, en una cala del sur, la lluvia de estrellas, aquel increíble cielo, el mejor, el más cielo de todos los cielos que ví nunca, lo vi con él, toda la vía láctea cruzando el firmamento de miles de estrellas, a dos mil metros de altura en medio del port de la bonaigua. No sabía de qué herida me estaba curando, pero sabía hacer de todo, y si no, inventaba un remedio dibujándolo en el aire. Yo sí sabia de qué herida se curaba él. Por eso no sabía hasta donde éramos un remedio y hasta donde una oportunidad. Así que sin darme cuenta, empezó a serme necesario. De noche en noche, de tarde en tarde y al final, de día en día.

 

Se me ponía cara de mala solo con mirarle. Se me colgaba una sonrisa traviesa debajo de las pecas, porque sabía que había llegado el momento de las gamberradas. Y él era el más gamberro de todos los gamberros, el alma de las fiestas y pandillas, el más alto de todos, el más simpático, el de la espalda enorme y morena que se miraban todas las demás. El me quería, y me sabía querer, y por eso sólo me lo dijo dos veces. Pero le escuché muchísimas más, en cada detalle que me encontraba andando por un camino que él adornaba para mí, mientras yo era la niña más mimada del mundo, e iba con mi cesta recogiendo flores, boleros, caricias, besos, risas. Por todo eso, y porque era bueno, yo le quería con una ternura tan viva que me quemaba el corazón. Por todo eso, y por todo lo demás, yo nunca hubiera permitido, jamás, a nadie que osara tocarle para hacerle el más mínimo rasguño. Eso me acabaría, tarde o temprano, incluyendo a mí. Ya lo estaba haciendo.

 

Mi futuro estaba ya pensado? Lo había pensado yo?  Y eso qué es, inteligencia o cobardía? Sinceridad? Cuándo aprendí yo eso?<

 
cuatro
Cuatro horas de vuelo, cuatro horas de sueño, llevo cuarenta y cuatro horas en pie. Anoche estaba en una ciudad de lengua rasposa, esta noche cenaré en chueca. Cuatro ciudades, cuatro viajeros, cuatro  idas y cuatro vueltas. Hace 4 meses que no sé nada de tí. Desde  la cuarta vez que nos vimos, después de todo. Un cartel de jerez me llena de recuerdos, no puedo evitar ponerme triste ante el recuerdo de un hombre que me sigue escribiendo a pesar de no entender nada, y ese pensamiento es más doloroso que el que me atosiga por las noches en sueños, pidiéndome que le saque de sí mismo, que tuvo la suerte de cruzarse en mi vida y romperme el corazón. Exactamente cuatro veces. Ahora, que ya lo siendo unido, entero, mio, late en su sóla función de válvula, ironías del destino que ya ni siquiera me cuelga el sarcasmo de los labios. Qué extraña sensación de que nada me remueva dentro, qué ajena y qué propia. Esta rara paz mientras cruzo fronteras y miradas con gente que no volveré a ver, sin sentir el más mínimo temblor. Me duelen los pies, y tengo sueño. Simplemente soy, estoy, mi cuerpo funciona, maquinaria de carne, huesos y sangre,  mi sistema hormonal también, y ahora entiendo este estado de ánimo. Soy, simplemente, sin nada más. No estoy acostumbrada a esta sensación, ni siquiera tengo nombre para ella