shh....
voy pasando por tus horas de puntillas, porque,
entiéndeme, en cualquier momento
un trueno azul
un enorme cielo negro
una pistola, una espada, un puñal
las palabras o su ausencia,
o mi memoria
levantará la mano para señalarme
y me descubrirás mirándote a hurtadillas,
sin haber acabado de reunir el valor
para contarte tu historia.
Tu cuerpo se dará cuenta
de que he entrado de puntillas, sin respirar,
para pasearte por dentro,
respirarte, olerte, tocarte por dentro,
aguantando el aliento mientras rozo
las paredes de tu cuerpo
de este tiempo
en los que la vida enmudece
y mi silencio se inclina
en una profunda reverencia.
entiéndeme, en cualquier momento
un trueno azul
un enorme cielo negro
una pistola, una espada, un puñal
las palabras o su ausencia,
o mi memoria
levantará la mano para señalarme
y me descubrirás mirándote a hurtadillas,
sin haber acabado de reunir el valor
para contarte tu historia.
Tu cuerpo se dará cuenta
de que he entrado de puntillas, sin respirar,
para pasearte por dentro,
respirarte, olerte, tocarte por dentro,
aguantando el aliento mientras rozo
las paredes de tu cuerpo
de este tiempo
en los que la vida enmudece
y mi silencio se inclina
en una profunda reverencia.
2x1=2?
- Y... claro, yo a esta chica me la miro y es una tia com deu mana, guapa, inteligente, culta, buena persona, un encanto ...pero la miro y me quedo con ganas de preguntarle: pero a ver tia,,, el altruismo y todo ese rollo está muy bien, la vida sana, y todo eso... pero... voy a poder follarte desinhibidamente en plan guarro? O vamos a ser educados y morales para todo lo demás?...
Aquí el discurso de un hombre harto de buscar en los extremos: amarse como dioses, follarse como diablos.
Se puede tener todo?
Aquí el discurso de un hombre harto de buscar en los extremos: amarse como dioses, follarse como diablos.
Se puede tener todo?
después del amor
Después de dos años, escucharle hablar todavía me gusta. Marcos articula las palabras con una perfección que embelesa porque fluye por sí sola, con una voz grave y masculina, casi de noble. Le gustan las palabras y las ha sabido utilizar a su favor, y siempre ha tenido un aire de lejano poder. Por eso le llegué a querer de una manera tan férrea, porque sólo éramos iguales en los extremos. Y entre esos dos polos, un abismo entre dos personas que se miraban sin poder llegar jamás a un acuerdo.
Le tengo preparado un cd porque se que le va a encantar y que llevará el mismo puesto desde hace siglos, es para salir de marcheta, gracias, tia... llevo el de paul oakenfold, que pasada, hombre porfavor, pero tú que te has creído, y me cuenta como le va el proyecto, el curro, horas, coche, arriba, abajo y le veo liarse un peta, estirajarse en el sofà y ponerse cómodo a ratos, a otros moviendose sin parar, escuchándole hablar como siempre que le he conocido, sus juergas, sus rolletes, parece que ha encontrado una que le importa, que le empieza a importar. Cuando se marcha de mi casa, se va con un tuper de sopa caliente bajo el brajo, un cd y los libros que me pidió. Cuando le doy dos besos, caigo en algo. Marcos me comprende la sonrisa con un leve asentimiento de cabeza, que me recuerda que, pese a todo, siempre hemos sabido contar el uno para el otro.
Y que hicimos bien en quedarnos, cada uno, en un extremo.
Le tengo preparado un cd porque se que le va a encantar y que llevará el mismo puesto desde hace siglos, es para salir de marcheta, gracias, tia... llevo el de paul oakenfold, que pasada, hombre porfavor, pero tú que te has creído, y me cuenta como le va el proyecto, el curro, horas, coche, arriba, abajo y le veo liarse un peta, estirajarse en el sofà y ponerse cómodo a ratos, a otros moviendose sin parar, escuchándole hablar como siempre que le he conocido, sus juergas, sus rolletes, parece que ha encontrado una que le importa, que le empieza a importar. Cuando se marcha de mi casa, se va con un tuper de sopa caliente bajo el brajo, un cd y los libros que me pidió. Cuando le doy dos besos, caigo en algo. Marcos me comprende la sonrisa con un leve asentimiento de cabeza, que me recuerda que, pese a todo, siempre hemos sabido contar el uno para el otro.
Y que hicimos bien en quedarnos, cada uno, en un extremo.
diálogos ii
- Perdona, tienes fuego?
Levanté la vista, y bajé de golpe de las nubes. Se estaba bien en aquel parque, y aquella noche, el calor me había arrancado de las sábanas, calzada con las chanclas marrones y una camiseta de tirantes, superviviente de algún verano. Eran las once y media de la noche del segundo jueves de agosto y había decidido quedarme en casa.. Habia noches en la que conectaban el sistema de riego automático y en mi banco, se estaba bien. Se escuchaba el agua y podía pensar.
-... Si, espera... - le alargué el mechero y le miré torcer la cabeza para conseguir el ángulo adecuado con el cigarrillo, prender ligeramente la brasa y exhalar una buena calada. Tenia ganas de fumar -pensé mientras le observaba batallar con el mechero, medio gastado y que debía reposar en el bolsillo trasero del tejano desde hacia unos cuantos meses. Dejé de fumar durante un tiempo. Luego volví, pero no me gustaba acordarme de por qué. Me alargó el mechero y me miró. Tenía los ojos marrones, corrientes, del mismo color vulgar que compartimos la gran mayoría de mortales, ojos de rostro anómino, los mismos ojos que podía compartir cualquiera, pero no la misma mirada, y la suya me inspiró una lejana sensación de compañía, labios bien dibujados, una nariz de hombre, un rostro que me resultaba familiar pese a estar segura de que no le habia visto nunca.
- Creo que hacemos los dos cara de cansados.... estás trabajando el agosto?
- Si... este año me ha tocado quedarme sin vacaciones...- afirmé, tomando el mechero que me alargaba para guardarlo en el mismo bolsillo.
- Yo acabo de salir ahora mismo de trabajar, pero al menos, trabajo por la tarde noche y no estoy todo el dia dando vueltas. Es un consuelo.... –contestó suspirando, mientras se sienta a el banco - mi banco, pensé-.
Sentí una súbita señal de alarma, porque los desconocidos no tienen porqué sentarse en tu banco, y luego curiosidad, porque en ningún sentido su presencia me inspiró amenaza o desconfianza alguna, sino más bien al contrario, aunque no hubiera sabido decir porqué. .Tiene un pelo bonito-pensé- negro, negro.. Recordé cómo me gustaba tocarle el pelo recién cortado a mi hermano, y me sorprendí pensando en pasarle la mano por el pelo al igual que lo hacía con él, levantarle la raiz con la yema de los dedos para ver esa cortina cerrándose otra vez, pero me dí cuenta de que ese era un gesto que denotaba demasiada familiaridad, para acto seguido preguntarme porqué habia sentido ese impulso. Lo tenía ligeramente mojado, parecía recién salido de la ducha y me pregunté dónde trabajaría mientras le observaba frotarse con energia la cara, para despejarse, para quedarse mirando algún punto impreciso del parque...
- Es raro, verdad?
- El qué?
- El silencio de las ciudades en agosto... te da una idea de lo que serían si no estuviéramos aquí...
- ... yo a veces lo siento siniestro.
- El qué? El silencio?
- O la ciudad... o quizá solo sea este parque –está lleno de fantasmas, añadí mentalmente-.
-No te gusta el silencio....
- En esta época, ahora, no...por qué te gusta tanto?
- No digo que me guste el silencio. Digo que me gustan las situaciones que se viven en silencio... me permites?- me dice pidiéndome el mechero con la palma abierta al ver que decidía encenderme otro cigarro-... el silencio me parece más sincero que las palabras
Porque es su ausencia, pensé. Mientras le observaba mirarse las manos, algo muy lejano, remotamente anclado en mi memoria reconoció esas palabras como si las hubiera escuchado alguna vez, hacía años, más de los que yo había ya vivido y lo encontré extraño, y familiar, todo a la vez.Yo ya no sabía, porque yo había pensado lo mismo y el silencio me falló una noche, en aquel mismo banco, hacía algo más de un año. El silencio también es la más rotunda de las respuestas. Para mí, por aquellos entonces, el silencio tenía sabor, y era el más amargo de todos.
- Una vez leí que el silencio también es una bonita guarida para los cobardes.
- Y es cierto, pero también de esos momentos se hace la vida. A veces hay que aprender a ser cobarde para luego poder aprender valiente.
- Eso es lo especial, supongo...
- De qué? -preguntó, apagando el cigarro en el suelo con cuidado.
- Lo especial del silencio. El poderlo asociar con emociones tan distintas y que sea la expresión más intensa de todas ellas. Mirar a quien amas en silencio. Mirar a quien odias en silencio. Mirar al que compadece en silencio. Que te miren en silencio.
- Vaya... te has hecho algún psicoanálisis ultimamente?-preguntó risueño.
- Pues el último hace media hora...
- Es curioso, porque me pareces una persona muy cuerda...
- Si? Pues puede que sea ese el problema...que intento explicarmelo todo.
- Quizá no sabes vivir el silencio.
- Puede ser...
Me quedé mirándolo porque senti que alguien me había leido el alma, y volví a sentir que le conocía, de alguna manera, pese a estar absolutamente segura de que era la primera vez que le veía. Me levanté para irme, y él me imitó, me despedí de él y le recomendé ver la zona vieja del parque, sobretodo por la noche. Me miró con sus ojos de calma y me dijo que no tenía prisa. Le dije que yo tampoco, y sin darnos cuenta empezamos a andar. Al llegar a la ermita, le quise señalar el campanar, pero me cogió la mano y me puso el dedo índice en los labios.
- Déjame probar una cosa... cómo te llamas?
- Lucía –respondí.
- Pues déjame probar algo, lucía –me dijo,siseando con los labios, igual que se susurra a los niños pequeños.
Simplemente, echamos a andar. Caminamos durante casi dos horas, sin hablarnos nunca, pero recordé cómo olían los árboles recién regados, el ruido de los aspersores y el de los grillos, el olor a jazmín de las noches de verano, como en las noches de mi infancia. De repente me dí cuenta de que con aquellos pasos iba haciendo las paces con mi silencio, y sentí que él asistía atentamente a todo el proceso, corraborándose a sí mismo, con una sonrisa leve y aquella mirada...Me gustó esa mirada y me dije que quería mirarle yo también. El resto del paseo me dediqué a observarle y cuando se dio cuenta, me acarició la cara con una ternura antigua, como si fuera a besarme, pero no lo hizo. Seguimos caminando. Al llegar a la puerta del parque me dí cuenta de algo.
- No me has dicho tu nombre.
- Me llamo Gabriel.
- Me dejas probar algo, gabriel?
Fui hacia él y, siempre en silencio, le abracé.
Levanté la vista, y bajé de golpe de las nubes. Se estaba bien en aquel parque, y aquella noche, el calor me había arrancado de las sábanas, calzada con las chanclas marrones y una camiseta de tirantes, superviviente de algún verano. Eran las once y media de la noche del segundo jueves de agosto y había decidido quedarme en casa.. Habia noches en la que conectaban el sistema de riego automático y en mi banco, se estaba bien. Se escuchaba el agua y podía pensar.
-... Si, espera... - le alargué el mechero y le miré torcer la cabeza para conseguir el ángulo adecuado con el cigarrillo, prender ligeramente la brasa y exhalar una buena calada. Tenia ganas de fumar -pensé mientras le observaba batallar con el mechero, medio gastado y que debía reposar en el bolsillo trasero del tejano desde hacia unos cuantos meses. Dejé de fumar durante un tiempo. Luego volví, pero no me gustaba acordarme de por qué. Me alargó el mechero y me miró. Tenía los ojos marrones, corrientes, del mismo color vulgar que compartimos la gran mayoría de mortales, ojos de rostro anómino, los mismos ojos que podía compartir cualquiera, pero no la misma mirada, y la suya me inspiró una lejana sensación de compañía, labios bien dibujados, una nariz de hombre, un rostro que me resultaba familiar pese a estar segura de que no le habia visto nunca.
- Creo que hacemos los dos cara de cansados.... estás trabajando el agosto?
- Si... este año me ha tocado quedarme sin vacaciones...- afirmé, tomando el mechero que me alargaba para guardarlo en el mismo bolsillo.
- Yo acabo de salir ahora mismo de trabajar, pero al menos, trabajo por la tarde noche y no estoy todo el dia dando vueltas. Es un consuelo.... –contestó suspirando, mientras se sienta a el banco - mi banco, pensé-.
Sentí una súbita señal de alarma, porque los desconocidos no tienen porqué sentarse en tu banco, y luego curiosidad, porque en ningún sentido su presencia me inspiró amenaza o desconfianza alguna, sino más bien al contrario, aunque no hubiera sabido decir porqué. .Tiene un pelo bonito-pensé- negro, negro.. Recordé cómo me gustaba tocarle el pelo recién cortado a mi hermano, y me sorprendí pensando en pasarle la mano por el pelo al igual que lo hacía con él, levantarle la raiz con la yema de los dedos para ver esa cortina cerrándose otra vez, pero me dí cuenta de que ese era un gesto que denotaba demasiada familiaridad, para acto seguido preguntarme porqué habia sentido ese impulso. Lo tenía ligeramente mojado, parecía recién salido de la ducha y me pregunté dónde trabajaría mientras le observaba frotarse con energia la cara, para despejarse, para quedarse mirando algún punto impreciso del parque...
- Es raro, verdad?
- El qué?
- El silencio de las ciudades en agosto... te da una idea de lo que serían si no estuviéramos aquí...
- ... yo a veces lo siento siniestro.
- El qué? El silencio?
- O la ciudad... o quizá solo sea este parque –está lleno de fantasmas, añadí mentalmente-.
-No te gusta el silencio....
- En esta época, ahora, no...por qué te gusta tanto?
- No digo que me guste el silencio. Digo que me gustan las situaciones que se viven en silencio... me permites?- me dice pidiéndome el mechero con la palma abierta al ver que decidía encenderme otro cigarro-... el silencio me parece más sincero que las palabras
Porque es su ausencia, pensé. Mientras le observaba mirarse las manos, algo muy lejano, remotamente anclado en mi memoria reconoció esas palabras como si las hubiera escuchado alguna vez, hacía años, más de los que yo había ya vivido y lo encontré extraño, y familiar, todo a la vez.Yo ya no sabía, porque yo había pensado lo mismo y el silencio me falló una noche, en aquel mismo banco, hacía algo más de un año. El silencio también es la más rotunda de las respuestas. Para mí, por aquellos entonces, el silencio tenía sabor, y era el más amargo de todos.
- Una vez leí que el silencio también es una bonita guarida para los cobardes.
- Y es cierto, pero también de esos momentos se hace la vida. A veces hay que aprender a ser cobarde para luego poder aprender valiente.
- Eso es lo especial, supongo...
- De qué? -preguntó, apagando el cigarro en el suelo con cuidado.
- Lo especial del silencio. El poderlo asociar con emociones tan distintas y que sea la expresión más intensa de todas ellas. Mirar a quien amas en silencio. Mirar a quien odias en silencio. Mirar al que compadece en silencio. Que te miren en silencio.
- Vaya... te has hecho algún psicoanálisis ultimamente?-preguntó risueño.
- Pues el último hace media hora...
- Es curioso, porque me pareces una persona muy cuerda...
- Si? Pues puede que sea ese el problema...que intento explicarmelo todo.
- Quizá no sabes vivir el silencio.
- Puede ser...
Me quedé mirándolo porque senti que alguien me había leido el alma, y volví a sentir que le conocía, de alguna manera, pese a estar absolutamente segura de que era la primera vez que le veía. Me levanté para irme, y él me imitó, me despedí de él y le recomendé ver la zona vieja del parque, sobretodo por la noche. Me miró con sus ojos de calma y me dijo que no tenía prisa. Le dije que yo tampoco, y sin darnos cuenta empezamos a andar. Al llegar a la ermita, le quise señalar el campanar, pero me cogió la mano y me puso el dedo índice en los labios.
- Déjame probar una cosa... cómo te llamas?
- Lucía –respondí.
- Pues déjame probar algo, lucía –me dijo,siseando con los labios, igual que se susurra a los niños pequeños.
Simplemente, echamos a andar. Caminamos durante casi dos horas, sin hablarnos nunca, pero recordé cómo olían los árboles recién regados, el ruido de los aspersores y el de los grillos, el olor a jazmín de las noches de verano, como en las noches de mi infancia. De repente me dí cuenta de que con aquellos pasos iba haciendo las paces con mi silencio, y sentí que él asistía atentamente a todo el proceso, corraborándose a sí mismo, con una sonrisa leve y aquella mirada...Me gustó esa mirada y me dije que quería mirarle yo también. El resto del paseo me dediqué a observarle y cuando se dio cuenta, me acarició la cara con una ternura antigua, como si fuera a besarme, pero no lo hizo. Seguimos caminando. Al llegar a la puerta del parque me dí cuenta de algo.
- No me has dicho tu nombre.
- Me llamo Gabriel.
- Me dejas probar algo, gabriel?
Fui hacia él y, siempre en silencio, le abracé.
diálogos i
no lo hubiera imaginado, pero ahí estaba ella. mirándome de frente entre un mar de cuerpos, con dos ojos que se me dispararon como lanzas, y le aguanté la mirada, no porque le estuviera desafiando, sino porque aceptaba lo que iba a pasarme, porque me iba a enfrentar a una furia que yo conocía muy bien. lo merecía, lo tenía merecido. había jugado sucio, sin tener más remedio. y lo aceptaba.
la ví venir, y la ví guapa. mucho más delgada, ojerosa, pero guapa. debe salir mucho últimamente, debe haber recuperado la memoria de follar con un hombre nuevo después de tantos años de monotonía, de ponerse unas botas y medias de media pierna, la sombra de rímel corrido alrededor de sus ojos, y la repasé tranquilamente mientras ella no dejaba de mirarme con sus dos ojos clavados como garras, y se acercaba a mí usándome de ancla para hacerme recordar que yo también sentí furia, rabia, impotencia y una nostalgia atroz que me comía el corazón. pero eso fue antes, y antes fue al revés.
hola, tú eres carla.....apenas abrí los labios, me partió la cara de una de las mejores hostias que he recibido en mi vida. Fuerte, contundente, como un misil contra la mejilla, pero no me moví, y le devolví la mirada a tiempo para ver que tenía el mentón afilado, los ojos redondos, y aquella noche, la mano larga, porque la sujeté justo a tiempo de evitar que volviera a abofetearme. Cuando le devolví la mirada entrecerró los ojos con odio, y empezamos a forcejear con violencia, pero no la solté.
Cuando logró zafarse, se me abrazó y se puso a llorar.
la ví venir, y la ví guapa. mucho más delgada, ojerosa, pero guapa. debe salir mucho últimamente, debe haber recuperado la memoria de follar con un hombre nuevo después de tantos años de monotonía, de ponerse unas botas y medias de media pierna, la sombra de rímel corrido alrededor de sus ojos, y la repasé tranquilamente mientras ella no dejaba de mirarme con sus dos ojos clavados como garras, y se acercaba a mí usándome de ancla para hacerme recordar que yo también sentí furia, rabia, impotencia y una nostalgia atroz que me comía el corazón. pero eso fue antes, y antes fue al revés.
hola, tú eres carla.....apenas abrí los labios, me partió la cara de una de las mejores hostias que he recibido en mi vida. Fuerte, contundente, como un misil contra la mejilla, pero no me moví, y le devolví la mirada a tiempo para ver que tenía el mentón afilado, los ojos redondos, y aquella noche, la mano larga, porque la sujeté justo a tiempo de evitar que volviera a abofetearme. Cuando le devolví la mirada entrecerró los ojos con odio, y empezamos a forcejear con violencia, pero no la solté.
Cuando logró zafarse, se me abrazó y se puso a llorar.
mejor, sin etiquetas
que cómo lo llamaría... no se si llamarlo convicción o fe, porque no sé donde tiene más fuerza, si en el corazón o en la cabeza. Amor? Pero... es verdad? de verdad existe??
mi caja de cartón
Era mi caja, y la tenía en lo más profundo del que fue mi armario de casa de mis padres.
Sin embargo, no es la primera, porque antes ya tuve una, y es esa la que echo más de menos. Aquella era marrón, de cartón corriente, con los cantos abiertos, y ni siquiera tenía tapa, se cerraba doblando los cuatro cierres uno encima del otro, y llevaba almacenando cosas desde que tenía más o menos trece años. La abrías y te encontrabas con una concha con un dibujo por dentro, dos iniciales y un corazón, un par de libretas con lo primero que me daba por escribir, puro atormento de la edad del pavo. En aquella caja, encontrabas una bola de billar que me dio una tarde andreu, un punky muy amigo mio del instituto, y una chapa de su chupa de cuero negra, que le quedaba tan quien con aquella moto y con los moretones que de tanto en tanto lucía como heridas de guerra cuando le daba por pegarse con algún niñato que se las daba de skin; por aquellos entonces era una moda, ordas de niñatos rapados que te perdonaban la vida con la mirada en las puertas de aquellas discotecas.
en algún momento se rompió, y me hice adulta sin darme apenas cuenta, así que no me extrañó un día que fuí a cogerla y ví que mi madre la había sustituido por otra mucho más fuerte, estampada, y fue entonces cuando el contenido de mi adolescencia se mezcló, irremediablemente, con el resto de recuerdos que todavía me da por coleccionar. Tenía pensado llevármela a casa, pero no lo hice.
Ya es hora de una caja nueva, así que me he quedado con una donde estaban embalados los nuevos altavoces para el ordenador. Es marrón, de cartón corriente, y todavía no tiene los cantos abiertos. Ahora tiene dos entradas de cine, sala cuatro, de color verde, de aquellos tickets que ya solo te dan en los cines de barrio, que es donde mejor se ven las películas, un domingo por la tarde de invierno.
Sin embargo, no es la primera, porque antes ya tuve una, y es esa la que echo más de menos. Aquella era marrón, de cartón corriente, con los cantos abiertos, y ni siquiera tenía tapa, se cerraba doblando los cuatro cierres uno encima del otro, y llevaba almacenando cosas desde que tenía más o menos trece años. La abrías y te encontrabas con una concha con un dibujo por dentro, dos iniciales y un corazón, un par de libretas con lo primero que me daba por escribir, puro atormento de la edad del pavo. En aquella caja, encontrabas una bola de billar que me dio una tarde andreu, un punky muy amigo mio del instituto, y una chapa de su chupa de cuero negra, que le quedaba tan quien con aquella moto y con los moretones que de tanto en tanto lucía como heridas de guerra cuando le daba por pegarse con algún niñato que se las daba de skin; por aquellos entonces era una moda, ordas de niñatos rapados que te perdonaban la vida con la mirada en las puertas de aquellas discotecas.
en algún momento se rompió, y me hice adulta sin darme apenas cuenta, así que no me extrañó un día que fuí a cogerla y ví que mi madre la había sustituido por otra mucho más fuerte, estampada, y fue entonces cuando el contenido de mi adolescencia se mezcló, irremediablemente, con el resto de recuerdos que todavía me da por coleccionar. Tenía pensado llevármela a casa, pero no lo hice.
Ya es hora de una caja nueva, así que me he quedado con una donde estaban embalados los nuevos altavoces para el ordenador. Es marrón, de cartón corriente, y todavía no tiene los cantos abiertos. Ahora tiene dos entradas de cine, sala cuatro, de color verde, de aquellos tickets que ya solo te dan en los cines de barrio, que es donde mejor se ven las películas, un domingo por la tarde de invierno.
5423
Llega y parece que le ví ayer, y no hace cuatro meses, y todo vuelve a ser tan fácil como enfocar la calle lanzando pitidos con el coche entre carcajadas, pero bueeeeno, como estamooosss, por qué pitas, pa unirme al ruido, y sigue siendo flexible, vertical, moreno y ole, y viene de traje, si, todo el dia en el coche, problemas en la empresa, trapicheos en precio/unidad y fabricados en taiwan, teles de plasma por trescientos euros y el mundo del que quien no corre, vuela. Y a el le divierte hacerlo, torearse al destino por puro instinto y eso hubiera ido a su favor sino tuviera un corazón cargado de buena fe, y que eso le salga tan poco rentable. Luego, unas cervezas, como me mola portishead, nada que ver con esosss, si esosss, quienes eran masssiveeee? si hombre, y que masss, y no oses comparar, donde vamos a parar, y este libro, eragon, christopher paolini, si un chavalin de veinte años, muy guapo, te va a gustar, pillalo si quieres, yo estoy con garcia marquez, porque si con alguien puedo hablar de literatura fantástica , es con él, es una eminencia. Por eso, le gustaba contarme sus sueños, y hace poco, dice que nos vimos. Que se veía en un prado enorme, verde, en la montaña, y mucha gente corríamos a través de ella, y me vio subida a una pendiente llamando a todos, corred, venid, venid, coged, coged, rápido y señalando algo con los brazos, que no alcanzaba a ver, pero que sabía era bueno y yo lo intentaba repartir entre la gente.
- No te ha pasado nada muy bueno últimamente? ya veo que no...que raro, tendrias que haber comprado lotería.
No le he corregido, no hacía falta. Pero al pasar por una caseta de los ciegos, mientras esperaba he visto un cinco, que es mi número, porque nací un 23 y los dos suman cinco, y también tuve suerte en eso, y una moneda de dos euros que lleva dias enganchada en el forro de la chaqueta se cae al suelo. Mientras la recojo, pienso que fue un tres fue el dia en el que encontré lo que estaba buscando en esa pradera enorme por la que corríamos. Este, por favor, digo mientras planto el dedo en un vidrio epañado tras el cual cuelga una ristra de tres cupones, el tres, si.... 5423, Torrejón de Ardoz, Madrid para el 13 de enero, un euro y medio... me pregunto qué es lo que habrá allí...
- No te ha pasado nada muy bueno últimamente? ya veo que no...que raro, tendrias que haber comprado lotería.
No le he corregido, no hacía falta. Pero al pasar por una caseta de los ciegos, mientras esperaba he visto un cinco, que es mi número, porque nací un 23 y los dos suman cinco, y también tuve suerte en eso, y una moneda de dos euros que lleva dias enganchada en el forro de la chaqueta se cae al suelo. Mientras la recojo, pienso que fue un tres fue el dia en el que encontré lo que estaba buscando en esa pradera enorme por la que corríamos. Este, por favor, digo mientras planto el dedo en un vidrio epañado tras el cual cuelga una ristra de tres cupones, el tres, si.... 5423, Torrejón de Ardoz, Madrid para el 13 de enero, un euro y medio... me pregunto qué es lo que habrá allí...
alba
Es curioso, porque yo siempre guardo el primer recuerdo de la gente a la que conozco. Recuerdo el lugar, las circunstancias, retazos de aquella conversación, y sin embargo, no tengo memoria de cuándo la conocí.
De pequeñas nos parecíamos tanto que hasta su madre, que era nuestra profesora, nos había llegado a confundir, y recuerdo el patio de mi colegio, mientras jugaba con ella, y corría delante de mí con una bata de cuadritos verdes.
A partir de ahí, tengo memoria de que siempre la he querido mucho, y porque siempre ha estado ahí para escuchar, porque su opinión siempre ha sido importante, su personalidad realista, y la recuerdo en el instituto saliendo del campo con ese pelazo rizado lleno de briznas, fumando porros en el viaje de bup a holanda, aquella noche de invierno del año pasado, las dos solas, tiradas en el suelo de la risa a las siete de la mañana buscando el coche por el raval, o pasándonos chuletas, trucando exámenes, las risas en aquel concierto de sabina, las borracheras, y toda la memoria que abarca desde mis cinco años, que es cuando la conocí, y por eso no la recuerdo. Ha estado conmigo desde siempre.
Cuando abro la puerta y la veo estirada en la cama, con gasas en los pezones, es la alba de siempre, y cuando miro a la derecha veo a viçent sentado en una silla sosteniendo al primer hijo de una de mis mejores amigas. Un puño me agarra las entrañas y me tiro encima de ella a darle un abrazo y un beso, y me pongo a hablar, como estás, pues aquí, es enooormeeee, diosmio, a veer, tres kilos seiscientos, pero no está gordo, es grande, si, tiene una fuerza.., y me acerco a mirar un bebe con cara de extasiado, no paran de darle cólicos, y solo se calma si le tocas la barriga, ves?, he traido la cámara, soy el reportero del hola, jajaa...tiene cara de chino arrugao, jaja, anda ya, que mofletes más chulos.
Cuando el padre de la criatura pone en mis brazos a ese bebe, que tiene cara de estar sufriendo mucho, y que ahora duerme con las facciones apretadas, está rojo de calor, una ternura muy viva y muy antigua me cae por dentro como un manto de agua tibia. Cuando al fin, paul puede abrir los ojos y mirarme, justo antes de ponerse a buscar cualquier cosa parecida a un pezón que tuviera a un centímetro de los labios, me da tiempo a decirle hola paul... yo soy la laura.
felicidades a alba, que acaba de ser madre y que siempre ha sido uno de mis pilares. Te quiero, guapa!
De pequeñas nos parecíamos tanto que hasta su madre, que era nuestra profesora, nos había llegado a confundir, y recuerdo el patio de mi colegio, mientras jugaba con ella, y corría delante de mí con una bata de cuadritos verdes.
A partir de ahí, tengo memoria de que siempre la he querido mucho, y porque siempre ha estado ahí para escuchar, porque su opinión siempre ha sido importante, su personalidad realista, y la recuerdo en el instituto saliendo del campo con ese pelazo rizado lleno de briznas, fumando porros en el viaje de bup a holanda, aquella noche de invierno del año pasado, las dos solas, tiradas en el suelo de la risa a las siete de la mañana buscando el coche por el raval, o pasándonos chuletas, trucando exámenes, las risas en aquel concierto de sabina, las borracheras, y toda la memoria que abarca desde mis cinco años, que es cuando la conocí, y por eso no la recuerdo. Ha estado conmigo desde siempre.
Cuando abro la puerta y la veo estirada en la cama, con gasas en los pezones, es la alba de siempre, y cuando miro a la derecha veo a viçent sentado en una silla sosteniendo al primer hijo de una de mis mejores amigas. Un puño me agarra las entrañas y me tiro encima de ella a darle un abrazo y un beso, y me pongo a hablar, como estás, pues aquí, es enooormeeee, diosmio, a veer, tres kilos seiscientos, pero no está gordo, es grande, si, tiene una fuerza.., y me acerco a mirar un bebe con cara de extasiado, no paran de darle cólicos, y solo se calma si le tocas la barriga, ves?, he traido la cámara, soy el reportero del hola, jajaa...tiene cara de chino arrugao, jaja, anda ya, que mofletes más chulos.
Cuando el padre de la criatura pone en mis brazos a ese bebe, que tiene cara de estar sufriendo mucho, y que ahora duerme con las facciones apretadas, está rojo de calor, una ternura muy viva y muy antigua me cae por dentro como un manto de agua tibia. Cuando al fin, paul puede abrir los ojos y mirarme, justo antes de ponerse a buscar cualquier cosa parecida a un pezón que tuviera a un centímetro de los labios, me da tiempo a decirle hola paul... yo soy la laura.
felicidades a alba, que acaba de ser madre y que siempre ha sido uno de mis pilares. Te quiero, guapa!