nueve menos dos
Todavía no sé bien porqué pasó aunque me lo hayan contado. La cuestión es que yo no quise esperar. Ni siquiera tenia consciencia, pero debe ser que la impaciencia me empujó, y de alguna manera sentí que no podía seguir estando ahí dentro sin correr el riesgo de ni siquiera ver la luz. Así que empujé, empujé cuando no me tocaba y contra toda la seguridad de mi propia supervivencia. Debió ser entonces cuando vi por primera vez la luz, y para eso parecí estar preparada, pero no para respirarla, o para alimentarme, siquiera para sobrevivir.
Como nací cuando no me tocaba, cuando nadie excepto mi madre me esperaba, nadie fue capaz de encontrar un vientre de plástico para mi, apenas un kilo y medio de persona, con los pies y los brazos y todo muy pequeño, y un lunar en la cara que todavía conservo. Apenas me dejaron ver a mi madre, porque me metieron en una ambulancia dirección barcelona a los veinte minutos, mientras mi padre nos seguia subido a su ducatis maldiciendo al conductor, porque no llegábamos, ni él ni yo ni nadie, porque era cuestión de horas y al mundo le importaba un carajo que yo me debatiera por estar en él. Y tuve suerte, porque mis padres no tenian dinero para pagar aquella clínica privada, la más cara de la ciudad, pero nadie nunca se lo exigió ni les pasó factura por salvarme la vida.
El otro dia alguien me dijo que los sietemesinos son luchadores que se aferran mucho a la vida, porque al fin y al cabo, desde que nacen se ven obligados a pelear de más para estar en ella. Y sé que soy una persona con suerte, que mis pulmones están bien, y mis ojos están bien aunque tenga la retina tan miope. Sin embargo, a veces no puedo dejar de preguntarme cómo hubiera sido yo con sesenta dias más, si hubiese nacido en pleno verano y no en la primavera, si hubiese tenido paciencia y mi madre menos problemas, si alguien hubiera pedido una factura a mi padre, y me doy cuenta de que eso, en el fondo, no importa, porque la suerte vino a mi favor. Lo que importa es el espíritu que alguna vez me empujó a querer seguir viviendo, en un vientre de plástico, esperando a que el tiempo pasara lo suficiente para poder salir a la vida. Y vivir.

Como nací cuando no me tocaba, cuando nadie excepto mi madre me esperaba, nadie fue capaz de encontrar un vientre de plástico para mi, apenas un kilo y medio de persona, con los pies y los brazos y todo muy pequeño, y un lunar en la cara que todavía conservo. Apenas me dejaron ver a mi madre, porque me metieron en una ambulancia dirección barcelona a los veinte minutos, mientras mi padre nos seguia subido a su ducatis maldiciendo al conductor, porque no llegábamos, ni él ni yo ni nadie, porque era cuestión de horas y al mundo le importaba un carajo que yo me debatiera por estar en él. Y tuve suerte, porque mis padres no tenian dinero para pagar aquella clínica privada, la más cara de la ciudad, pero nadie nunca se lo exigió ni les pasó factura por salvarme la vida.
El otro dia alguien me dijo que los sietemesinos son luchadores que se aferran mucho a la vida, porque al fin y al cabo, desde que nacen se ven obligados a pelear de más para estar en ella. Y sé que soy una persona con suerte, que mis pulmones están bien, y mis ojos están bien aunque tenga la retina tan miope. Sin embargo, a veces no puedo dejar de preguntarme cómo hubiera sido yo con sesenta dias más, si hubiese nacido en pleno verano y no en la primavera, si hubiese tenido paciencia y mi madre menos problemas, si alguien hubiera pedido una factura a mi padre, y me doy cuenta de que eso, en el fondo, no importa, porque la suerte vino a mi favor. Lo que importa es el espíritu que alguna vez me empujó a querer seguir viviendo, en un vientre de plástico, esperando a que el tiempo pasara lo suficiente para poder salir a la vida. Y vivir.

CMYK
Me senté el último dia de diciembre del año pasado delante de todos mis meses.. Ese dia me lo guardé para mi sola, todos los años lo intento, levantarme, poner musica, apagar telefonos, fumarme un cigarro con un café largo, con leche, y dos de azúcar.Por fin el último dia para empaquetar recuerdos, cafés, ciudades, aviones, personas, conciertos, libros. Me busqué en todos los diciembres desde hace tres años, y me parecieron iguales. Luego me recordé a mi misma, exactamente, en el mismo dia y el mismo minuto doce meses atrás, cuando yo todavia levantaba la vista y no me daba miedo mirar, cuando creia que sabía ver, cuando me embobaba mirando el sol sin negativo, cuando me enamoraba sin ver, cuando yo todavia no sabia que lo unico que hacia era quemar cartuchos de tinta.
De repente, todo empezó a parecerme gris. los colores, esos
que estaban fuera, empezaron a apagarse, primero en blanco, luego
en gris, al principio imperceptible, pero se empezaron a alargar
las sombras, cada vez más gris, y más quieto, cuando por fin, todo
lo que vi fue un fundido en negro. Y mi retina mudó de color
porque de repente, recordé que sus colores estaban con ella. Y
debe ser verdad, porque en la retina están los colores, y los
colores en la mirada. Y en la mirada, yo.
De repente, todo empezó a parecerme gris. los colores, esos
que estaban fuera, empezaron a apagarse, primero en blanco, luego
en gris, al principio imperceptible, pero se empezaron a alargar
las sombras, cada vez más gris, y más quieto, cuando por fin, todo
lo que vi fue un fundido en negro. Y mi retina mudó de color
porque de repente, recordé que sus colores estaban con ella. Y
debe ser verdad, porque en la retina están los colores, y los
colores en la mirada. Y en la mirada, yo.