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retinorama
reunión de parpadeos y cuatro paredes
Acerca de
Curiosidad: impulso que oscila entre lo grosero y lo sublime. Lleva a escuchar detrás de las puertas o a descubrir América.
Sindicación
 
my weakness sleeps until autumn - ii


La ciudad sigue estando mojada, como siempre lo estará en mi memoria, solo que ahora lo está de verdad; siempre está en otoño. El caos, las obras, el tráfico, la gente que se mira al pasar, los niños, los perros, las palomas mojadas, ese bicho triste y sucio colgado en racimos de semáforos negros que no indican nada, las primeras luces de navidad.

La ciudad sigue estando mojada, y paso por ella con pasos cautos, me niego a girar donde una odiosa voz automática me indica con cansinez infinita solo para no pasar por esa calle con nombre de musico alemán donde deben arrastrarse todavia mis lamentos, mis insomnios, mis vergüenzas en forma de viento, levantando las hojas traicioneras para ponerlas a mis pies, por si acaso me da por resbalar otra vez sobre el lecho húmedo de las nostalgias.

No se trata solo de la lluvia, como siempre ha venido siendo, ni de que mi coche sea el mismo y no tenga alarma, ni de que me robaran la radio-cd y escuche por sistema las mismas cintas que hace cinco años porque ni siquiera tengo un reproductor de cintas a las que pasar los mp3, ni siquiera que por capricho del autoreserve suene apart justo en ese cruce en una cinta negra donde ya no se ven las letras. Algo parecido le pasa a mis recuerdos, porque soy incapaz de recordar sus frases y sin embargo, todavia recuerdo, todavia resiento y miro a hurtadillas la puerta de aquel bar, el primero que encontré alguna de aquellas veces en las que todo -el caos, las obras, el tráfico, la gente mirandose al pasar, los niños, los perros, las palomas- me importaba lo mismo que nada.

Ahora las estaciones ya no llegan, ni siquiera pasan, sino que te golpean, te tumban, te esperan a traición en alguna esquina para saltarte al cuello y la nariz y yo, demasiado incauta para abrigarme, demasiado inconsciente en mis suelas de goma, y demasiado constante en mis debilidades, no puedo evitar sucumbir a la memoria de mis suspiros en el mismo momento en el que suspiro al sentir el frio, a aquellos dias en los que en vez de respirar, suspiraba, de que en vez de vivir, soñaba, de que en vez de querer, amaba. Ciegamente, sordamente, mudamente, absurdamente, es cierto. Pero esa era la verdad, quizá la única verdad a que queria agarrarme entonces.

Ya no me pregunto si hice lo correcto, porque a veces uno solo puede hacer lo único posible. No me pregunto qué hubiera sido de mi si no me hubiera dejado llevar por aquel diablo que me susurró en el oido, porque a estas alturas creo que siempre hubo un camino, no de ida, sino de retorno.

Pero hoy si me pregunto si alguna vez tú te preguntarás lo mismo. Si la ciudad, que siempre estará mojada, cogerá tus recuerdos, tus lamentos, tus vergüenzas, tus insominos, girando en un viento repentino y traicionero, resbalando por encima de las hojas mojadas con la única intencón de hacerte tropezar, otra vez, con mi recuerdo.